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El Sueño de Gaztambide en invierno

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Jueves 31 de enero, 20:00 horas. Teatro de la Zarzuela, Madrid. J. Gaztambide (1822-1870): El sueño de una noche de verano, ópera cómica en tres actos con libreto de Patricio de la Escosura, estrenada en el Teatro del Ciro de Madrid el 21 de febrero de 1852. Nueva producción del Teatro de la Zarzuela, edición de Tomás Garrido (Archivo SGAE, Madrid 2018). Dedicado a la memoria de Gustavo Tambascio. Entrada butaca: 42 €.

Defendiendo y difundiendo nuestro patrimonio, rescatando una zarzuela de 1852 en su teatro de la calle Jovellanos, sin reparar en gastos y homenajeando al desaparecido Gustavo Tambascio, acudía a la quinta representación (finalizarán el 10 de febrero retransmitiéndola por Facebook©) de El sueño de una noche de verano conociendo el libreto original y algunas críticas en los distintos medios, también digitales pero dejándome llevar por una música de calidad con sus altibajos lógicos, reparto vocal conocido en un momento idóneo, último día de enero frío con el llamado primer reparto, vestuario bellísimo (Jesús Ruiz), variado y colorido, más decorados verdaderamente logrados (Nicolás Boni), destacando sobre todo el bosque mágico o el parque de Richmond.

Lo que se mi hizo difícil fue comprender la acción del siglo XVI en Londres pasada a la Roma de la “Dolce Vita” de los años 50, abocetada por Tambascio y adaptada por Raúl Asenjo junto a la escena de Marco Carniti, debiendo introducir unas partes habladas que alargan innecesariamente la partitura de Gaztambide casi hasta las tres horas, pues sin ellas aún resultaría más loco este argumento rehecho. Hay guiños que chocan para esa década cuando se juega con personajes actuales, el teatro dentro del teatro y dentro del teatro pienso que es rizar el rizo ya rizado, perdiendo la propia crítica del tudelano hacia la monarquía borbónica a partir de los personajes de Shakespeare, con citas a los años franquistas de rancio gusto en estos tiempos.

De los rebautizados personajes podría comentar otro tanto. Primero los añadidos Orson Wells (el doble que termina siendo él), un Director General de Cinematografía y Teatro, o Don Liborio Barón de Brisa, incluso Maruxa con su hermano Mighello / Mr. Random, bien representados por el cuadro de actores (Sandro Cordero, Jorge Merino, Pablo Vázquez, Ana Goya y Miguel Ángel “Mighello” Blanco, respectivamente), después la Reina Isabel que pasa a ser la Princesa Isabella Tortellini, Shakespeare Guillermo del Moro (sí, no es una errata) y Sir John Falstaff Juan Sabadete que además tarareará un Tintarella di luna de Mina transmutada a José Guardiola, todo para que “ambiente el ambiente” cinematográfico o distintas inicios de arias verdianas para el personaje de un tenor que “perdió hasta la voz” esperando debutar como barítono en el Teatro Reggio de Palma cantando Falstaff. El acento italiano de Olivia de Plantagenet será otra ocurrencia para la acción romana aunque la trattoría no sea una taberna inglesa y Tobías un jefe de comedor ¿de Porriño? en vez de “chigrero” que diríamos en Asturias. Ya puestos a “recrear” personal de restauración hasta Mighlello resultó ser emigrado desde Argentina a la capital italiana.

Pero al final lo que importa es la música y sus intérpretes, pese a “obligarles” con añadidos o movimientos escénicos que por momentos pueden perturbar la atención del público (muchos extranjeros aunque se les sobretitula en inglés todo, incluyendo los diálogos). Dos partes de una hora abundante, agrupando los actos segundo y tercero conformaron este sueño casi pesadilla. Comenzar destacando al Maestro Miguel Ángel Gómez-Martínez que se entrega siempre en estos proyectos (El Juramento o La Marchenera aún los recuerdo en Oviedo con agrado), mimando las voces y sacando lo mejor de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, con un clarinete solista inspirado. Sonido claro y equilibrado, disfrutamos con la formación tanto en el prólogo como en el preludio de la segunda parte o la marcha entre el terceto y cuarteto final, habiendo ligeros cambios en el orden de los quince números que conforman este Sueño. No puedo decir lo mismo del Coro Titular que dirige Antonio Fauró, algo corto en efectivos y emisión, por momentos detrás de la orquesta (sobre todo cuando está colocado atrás) y en el “coro de guardabosques” (vestidos de Beefeater con tenores y bajos descompensados.

Las voces solistas estuvieron todas a buen nivel, destacando sobre todas Luis Cansino como Falstaff todopoderoso, voz rotunda e intérprete completo, convincente, simpático, metiéndose al público en el bolsillo pese a un personaje poco agradecido que el barítono madrileño de sangre viguesa engrandece, incluso “llevando al coro” en el nº 8 para no retrasarse como estábamos notando.

La soprano tinerfeña Raquel Lojendio reinó como Isabel, incluso bailando clásico mientras cantaba con una voz timbrada de técnica sobresaliente, manteniendo mientras bailaba sobre las puntas su color hermoso, y haciendo gala del belcantismo puro en su dúo con el tenor (¡Oh, bosque umbrío! / No soy Julieta). Perfecto complemento en empaste y actuación de Beatriz Díaz como Olivia desde la primera intervención, un papel de registros extremos para una mezzo cantado por la soprano asturiana que solventó sin dificultad, descubriéndonos unos graves bien emitidos aunque ella brille en toda su extensión como es habitual, tanto en los tercetos con la Reina y Falstaff (Alto, lindas fugitivas, nº 3, A Guillermo tú esta noche… nº 13) como en el cuarteto final (Ven amiga, y dí a Guillermo, nº 14), sin olvidarme el desparpajo que tiene como actriz, siendo ideal en estos personajes que los agranda por pequeños que sean.

El tenor argentino Santiago Ballerini está en el grupo de voces agudas pero algo metálicas cuyo color aún se puede pulir, su Guillermo no desentonó dentro de los protagonistas, con una sentida romanza antes del dúo con Isabel. El barítono coruñés Javier Franco como Arturo Látimer completaría este plantel con poderío en las dinámicas fuertes que desequilibró a su favor en el dúo nº11 (Cuando a la lid te provoco…) con el tenor.

Citar también con nota alta al barítono mallorquín Pablo López, el Tobías con acento gallego o la Margarita de la soprano Milagros Poblador (componente del coro) redondeando este elenco vocal del sueño, con un movimiento en escena por momentos complejo (la bicicleta debería haber sido una Vespa), sobre todo en el desfile de cocineros recitando los platos múltiples, pero donde la música sale bien parada a pesar del tiempo transcurrido, con un argumento algo flojo en el original cuya “actualización” no ayudó en absoluto.

Ciclogénesis wagneriana

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Miércoles 16 de septiembre, 19:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo. LXVIII Temporada de Ópera: Wagner: Die Walküre (La Walkiria), tercera función. Entrada última hora: 15 €. © foto-alfonso en la web “Ópera de Oviedo“, y escaneadas.

En plena vorágine climática y de inicio de curso, al que dedicaré otra entrada, arrancaba esta nueva temporada de ópera en la capital asturiana con un equilibrio total capaz de asombrar incluso con casi cinco horas, conociendo el timing que las óperas de “La Tetralogía” tienen.

No hay un momento de respiro para nadie en una obra llena de brutales contrastes en todos y cada uno de los elementos de esta “obra de arte total” que concibió el músico de Leipzig, y la tensión mantenida supuso un esfuerzo titánico para todos, alcanzando momentos sublimes.

Quiero comenzar por la dirección musical de Guillermo García Calvo que de nuevo demostró con creces su dominio wagneriano tras su debut con Tristán asombrando como entonces y volviendo a conseguir una química con la OSPA que se notó desde el inicio de la obra, sacando lo mejor de todos los músicos para una plantilla reducida en número pero completa en calidades, intervenciones solistas acertadas cargadas de la emoción bien planteada desde la batuta del madrileño, sonoridad plenamente germana con un equilibrio impensable a la vista pero contundente al escucharlo, esa ciclogénesis de dinámicas que son las verdaderas protagonistas, la música pura con pianísimos capaces de cortar la respiración y fortísimos pletóricos, precisos, redondos, cada leitmotiv bien dibujado para alcanzar un color acorde con la escena. Bravísima la formación asturiana que este curso cumple sus bodas de plata en su mejor momento, madurez y entrega cuando la dirigen autoridades que con el dominio transmiten seguridad y confianza a todos sus componentes.

El reparto vocal estaba encabezado por Stuart Skelton que esta vez no falló y fue el tenor esperado para Siegmund, timbre apropiado, dinámicas también ciclogenéticas, poderío escénico y una verdadera lección de canto wagneriano. El Hundig de Liang Li fue el esperado de un bajo, registro rotundo con volúmenes que no se oscurecieron en parte por el mimo con el que el maestro García Calvo trata a todas las voces, exigiendo la presencia idónea en cada momento. Un poco decepcionado por Tómas Tómasson con un Wotan algo desigual, supongo que arrastrando el catarro (lógico ante un tiempo climatológico realmente de locos) desde la primera función, lo que llevó a cambios de color en una voz (más barítono que bajo) demasiado incómodos para dotar a su personaje de identidad propia, aunque lo suplió con el dominio de la partitura y con momentos íntimos, casi hablados, proyectando su voz hasta “mi anfiteatro”. Trío masculino equilibrado que ya es un triunfo.

Pero las féminas son aquí el punto diferenciador, desde la Sieglinde de Nicola Beller Carbone dándolo todo sin dejarse ni un matiz (todavía recordada su Pepita Jiménez), hasta la Brünnhilde de Elisabete Matos que sigue siendo una voz en ascenso, brutal para este rol creciendo a lo largo de los tres actos convenciendo en dramatismo y línea de canto. La Fricka de la mezzo Michelle Breedt no desentonó con sus compañeras aunque tampoco su personaje resulta “agradecido” en la partitura, pero los colores quedaron bien diferenciados. Mención especial a las walkirias con acento español, voces de primera para el acto final que dibujaron un verdadero coro guerrero de empaste perfecto, agudos delirantes y necesarios, ocho guerreras con nombres y apellidos conocidos: Isabella Gaudí, Raquel Lojendio, Sandra Ferrández, María Luisa Corbacho, Maribel Ortega, Marina Pardo, Anna Alàs i Jovè y Marina Pinchuk, todo un lujo que ayudó a un reparto escénico redondo, unido a una dirección de escena que ayuda colocando los cantantes para la mejor proyección posible de su voz, en alto como la pasarela dentro del escenario, delante de la propia caja escénica, sentados sobre el foso e incluso en la esquina derecha frente a una de las bolsas, hasta las voces “fuera de cuadro” sonaron equilibradas, importantísimo a la vista de muchas barbaridades actuales.

Enlazo la dirección escénica con toda la escenografía, lograda con el ya casi habitual “Video Mapping” que dejó cuadros elegantes como la bajada de la espada Nothung, sombras muy logradas con luces resaltando la explosión y el dolor en perfecta sincronía con la música, sumando el elemento de las fichas de dominó que pudo resultar algo reiterativo aunque efectivo, incluso en el ruido, y un vestuario más que suficiente y de colores buscados e identificables para cada personaje cual “leit motiv” de ropaje.

Mención aparte los figurantes infantiles, personalmente un toque genial, la mitología de jugar con el tiempo, duplicar los protagonistas, verdaderos actores desde los protagonistas hasta las “miniwalkirias”, siendo muy emotivo el beso de Wotan a la niña Brünnhilde para despojarla de su divinidad mientras la adulta con la corte de hermanas guerreras niñas compone una escultura yacente, caso, lanza y escudo bien colocados, y esa despedida infantil colocando el atrezzo con mimo, rigor y verdadera profesionalidad con dotes actorales dignos de mención.

Aún queda la cuarta función del sábado 19, coincidiendo con otra cabalgata, la del “Día de América en Asturias”, que supongo rematará este título tan esperado para intentar completar la tetralogía con repartos equilibrados pese a la dificultad de acertar, una orquesta capaz de ella, ninguna mejor que la OSPA, y maestros como Guillermo García Calvo que saben trabajar meticulosamente todos los detalles para lograr representaciones de calidad y emoción como esta Valquiria que abre el festival escénico “El anillo del Nibelungo”.


Ficha técnica
(más detallada en el programa de mano incluido en esta entrada)
Siegmund: Stuart Skelton HundingLiang Li Wotan: Tómas Tómasson
Sieglinde: Nicola Beller Carbone Brünnhilde: Elisabete Matos Fricka: Michelle Breedt
 Gerhilde: Isabella Gaudí
Ortlinde: Raquel Lojendio
Waltraute: Sandra Ferrández
Schwertleite: María Luisa Corbacho
Helmwige: Maribel Ortega
Siegrune: Marina Pardo
Grimgerde: Anna Alàs i Jové
Rossweisse: Marina Pinchuk
Dirección musical: Guillermo García Calvo
Dirección de escena, escenografía y vestuario: Michal Znaniecki
Video Mapping: MOOV
Diseño de iluminación: Bogumil Palewicz
Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias

Musika Música toma 8 cerrando con pasión

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Domingo 8 marzo 2015, 14:00 horas: Músika-Música 2015, Bilbao. Palacio EuskaldunaSala Príncipe Leopoldo: Raquel Lojendio (soprano), Olatz Saitua (soprano), Maarten Engeltjens (contratenor), Andrew Tortise (tenor), Pablo García López (tenor), Stephan Loges (bajo-barítono), Javier Jiménez Cuevas (bajo), Coro El León de Oro (Marco A. García de Paz, director)Forma AntiqvaAarón Zapico (director): HaendelOratorio “Johannes Passion”Entrada: 8€.

Para cerrar este “finde” tan completo nada mejor que volver a mis pasiones reconocidas de “leónigan” y “en forma antiqva“, unidos de nuevo y con solistas ya escuchados, incluso en esta maratón, sumándose otros y con Händel que también tiene su Pasión según San Juan, gran redescubrimiento que armaron todos estos intérpretes en una sala dedicada a quien en Köthen, pequeña y hermosa ciudad digna de conocerse, hizo posible que Bach pudiese desconectar un poco de la música para la iglesia, ahora con el relevo del nacionalizado inglés que pareció recorrer el camino contrario, por lo que nombre y ubicación idóneos en esta mi última toma, ocho conciertos en dos días y medio que han dado para mucho.
La pasión homónima de Bach en la noche del viernes puede que haya marcado la escucha de esta de Händel, máxime cuando volvió a cojear evitando un resultado óptimo para una obra poquísimo escuchada, puede que eclipsada por la inevitable comparación, y que requiere muchos solistas con pequeñas intervenciones no todas agradecidas y difíciles de encontrar en el panorama actual. Cierto que se trata de una obra de juventud estrenada en Hamburgo en 1704, un oratorio que combina texto del evangelio y glosas poéticas de Postel, musicalmente sencilla pero llena de dramatismo cargado de emotividad.
Para empezar por lo positivo volver a felicitar a Forma Antiqva, imbuidos todavía del “espíritu Halle” después del vespertino del sábado y llenando la “mediana” Sala Príncipe Leopoldo. Encomiable el trabajo de la formación asturiana con Aarón Zapico al frente, pues en los conciertos de Bilbao demostraron porqué son un referente europeo en la interpretación de la música barroca, con un público entregado que disfruta con sus interpretaciones, siempre novedosas al aportar el “plus” de un continuo siempre eficaz, simbiosis necesaria para unas partituras donde llenan momentos teóricamente menores pero iluminados por los gemelos, la “adoptada” Ruth o una Silvia Márquez “alter ego” del hermano mayor. Me consta el trabajo de preparar un solo tras el Mein Sünd’ mich werder kränken sehr trabajado como coral desde el laúd de Pablo, gusto y musicalidad totalmente ceñidos al estilo y ejecutado con la maestría de mi tocayo.
El León de Oro que dirige Marco A. García de Paz no estuvo tan a gusto como el viernes, puede que la colocación no ayudase y además las sopranos carecieron del color característicos para mostrarse menos empastadas de lo que nos tienen acostumbrados. Tampoco puedo decir que las entradas fueran decididas, el gesto de su titular y el de Aarón Zapico son totalmente distintos, por lo que hubo altibajos, bien el coral inicial pero indecisión en el Kreuzige, mejor el siguiente Wir haben ein Gesetz y cuando cantaron a capella, más el coral antes citado (tras la intervención de Pablo Zapico) volúmenes no siempre presentes, algo desequilibrados los planos entre cuerdas y “cortos” en los tutti pero manteniendo la afinación exquisita de la que pueden presumir. Estoy convencido que de haber cantado con la OSPA el resultado hubiese sido magnífico, quedándose en un notable alto por este último concierto, amén del esfuerzo que la maratón ha supuesto para todos los intérpretes.
Destacar la colocación de los solistas, centro para Jesús y el evangelista, con los extremos viniendo al centro para las restantes intervenciones. En las voces solistas teníamos de nuevo haciendo triplete a Lojendio y Loges o doblete de Engeltjes, en la línea de los anteriores conciertos, seguros en sus roles, sumándose el tenor cordobés Pablo García López (que además de la lírica comienza a destacar en estos repertorios religiosos), todos bien en sus intervenciones, color vocal apropiado, empastes hermosos, destacando el dúo de Pablo con el bajo del “león” y ópera ovetense Manuel Quintana Aspra (en la foto superior) realmente ensamblado y agradecido, pero bajando el listón la soprano local Olatz Saitua, voz algo “pequeña” con torpes agilidades -siendo el intríngulis del barroco por excelencia-, y muy flojo el bajo Javier Jiménez Cuevas, a quien es cierto le tocó el papel más difícil, pero suspendiendo por desafinado, falto de mayor técnica, desigualdades en los registros cambiando totalmente el color, careciendo del nivel mínimo para compartir escenario con auténticos profesionales, al menos en este programa.
Siempre con todo el respeto a quien se sube a un escenario, reconociendo el trabajo que supone llegar y mayor en mantenerse, el estudio a lo largo de toda la vida y el cansancio que todo músico pueda arrastrar, debo constatar estos detalles que sin empañar el resultado conjunto, desequilibran la interpretación de una obra como esta Johannes Passion de Händel en la que teníamos muchas esperanzas depositadas pero que no todos se involucraron de igual manera. Mi último concierto no colmó el fin de semana aunque la satisfacción por la experiencia vivida fue tan grande que tendré que dedicar otra entrada más que toma, a modo de epílogo, resumen de vivencias musicales. Al menos este año la agenda nos permitió una escapada que está más cerca de Asturias.

Musika Música toma 4

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Sábado 7 marzo 2015, 12:30 horas: Músika-Música 2015, Bilbao. Palacio Euskalduna, Auditorio Jorge I: Raquel Lojendio (soprano), Eugenia Boix (soprano), Maarten Engeltjens (contratenor), Andrew Tortise (tenor), Stephan Loges (bajo-barítono), Sociedad Coral de Bilbao, OSPA, Aarón Zapico (director): Haendel: Dixit Dominus HWV 232; Bach: Magnificat BWV 243. Entrada: 10€.

No parece ser buena hora una mañana de sábado para un concierto, pero en este “maratón” dedicado a los dos alemanes tan cercanos y distintos con dos de sus obras más alegres y además interpretadas por músicos conocidos y conocedores, son más que razón para continuar disfrutando de la capital vizcaína, capital musical este primer fin de semana de marzo. El éxito de público volvió a ser increíble, dando gusto contemplar la gran sala llena para escuchar un concierto “made in Asturias” y traído a la ría del Nervión.
Abría Händel y una selección de su Dixit Dominus HWV 232, que como toda obra con solistas, coro y orquesta necesita tener muy equilibrado el reparto y elección de intérpretes. Los solistas, con diferente peso en la partitura, mostraron lo mejor de ellos, destacando la soprano Raquel Lojendio que repetía junto al tenor Andrew Tortise y la dirección de Aarón Zapico tras el “estreno” del viernes, uniéndose a ellos el contratenor Maarten Engeltjes al que ya conocía de Oviedo, el bajo-barítono Stephan Loges, y muy especialmente Mª Eugenia Boix que gana enteros cada vez que la escucho en estos repertorios, con un color denso que empasta a la perfección con la soprano canaria y que en los solos resultó convincente, incluso cautivadora.
La OSPA en formación para barroco contó con Eva Meliskova de concertino liderando unos intérpretes que volvieron a gustarme en cada sección, dentro de un repertorio poco o nada programado durante la temporada de abono pero que es tan necesario a los músicos como al público.
Aarón Zapico la llevó con mano firme y pulsación matemática cuando así lo requería, especialmente en los números corales, que comentaré más adelante, manteniendo buenas dinámicas en las arias y los concertantes, pudiendo escuchar a todos los intérpretes en el plano correspondiente. Aunque no es su formación, el recorrido del director asturiano con otras orquestas está cuajando (venía de ponerse al frente de la OEX) y la del Principado suena realmente bien con Zapico, que tiene una visión del barroco tan clara que la transmite a los instrumentistas sin problemas, uniéndose la calidad de todos para alcanzar un resultado encomiable.
Capítulo aparte la Coral de Bilbao que nunca encontró su sitio vocal, inseguros, desafinados por momentos, agilidades poco claras, emisión defectuosa, gritona en exceso y problemas en mantener la pulsación que es el eje vertebrador de este repertorio barroco. Una pena que empañase el resultado notable del resto.
El Magnificat BWV 243 de Bach era el complemento perfecto para esta matinal, con arias para lucimiento de todos los solistas, un Et exultavit primoroso de Eugenia Boix en su timbre aterciopelado contrastando con el brillante de Raquel Lojendio en Quia respexit, Loges impresionando con Quia fecit resonando potente, el Deposuit de Tortise más que digno y sin tiranteces, un Esurientes de Engeltjes muy musical y presente con un delicado acompañamiento orquestal, y destacando el dueto Et misericordia con el tenor y el terceto Suscepit Israel con las sopranos en el número más logrado por parte de todos.
El coro local volvió a dar la de arena, un auténtico jarro de agua fría para esta maravillosa obra en latín de “El Kantor de Leipzig”, pues repitió errores del Dixit aún más graves ante las dificultades de esta partitura. No hubo química ni impacto, faltó seguridad y sólo puedo destacar las ganas de gustar y el esfuerzo que a la vista de los resultados no fue suficiente.
La OSPA nuevamente enorme como grupo y por secciones, trompetas vigorosas desde la precisión y color, maderas pletóricas, especiales con los acompañamientos vocales (en el Quia respexit un placer) y una cuerda que siempre es segura (excelente el cello con el bajo en Quia fecit), plegados a las órdenes de Aarón Zapico siempre atento a las dinámicas contrastantes y los amplios matices que los atriles respondieron “al pie de la letra”.
La orquesta asturiana sigue dejando el pabellón en alto, además con un director también de la tierra para interpretarnos a un Bach que no debería faltar todas las temporadas. Casi sin respiro volverían por la tarde con su titular, pero será otra toma. La mañana resultó agridulce aunque el sabor predominante siga siendo barroco.

Musika Música toma 1

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Viernes 6 marzo 2015, 18:00 horas: Músika-Música 2015, Bilbao. Palacio Euskalduna, Sala Príncipe Leopoldo: Raquel Lojendio (soprano), Andrew Tortise (tenor), Coro “El León de Oro” (Marco A. García de Paz, director), Forma Antiqva, Aarón Zapico (director). HaendelOda para el día de Santa Cecilia HWV 76. Entrada: 8€.

Inicio del mayor espectáculo musical que podemos disfrutar durante un fin de semana en Bilbao, este año dedicado a Haendel y Bach, con presencia de músicos de mi tierra a los que siempre hay que seguir fuera de ella para pulsar públicos distintos y mostrar todo mi apoyo incondicional.

Tras encajar mi personal puzzle de ocho piezas, comenzamos el espectáculo con mis dos pasiones: leónigan de LDO que en esta obra del de Halle volvió a brillar cuerda por cuerda pese a no estar al completo y continuar el bien preparado relevo, en una obra con pocas pero precisas intervenciones cantadas en inglés, buena pronunciación y emisión global más que correcta: el cuarto número From harmony, con Andrew Tortise en The trumpet’s loud clangot y el gran coro con Raquel Lojendio As from the pow’r of sacred lays, volúmenes adecuados en todos con entradas no muy seguras pero sin desajustes dignos de mención.

Los dos solistas ya mencionados fueron idóneos para la Oda handeliana, el tenor inglés con color ideal para estas obras barrocas y la soprano canaria de timbre algo metálico en el agudo y sonoridad poderosa que le permite alcanzar toda la tesitura con bastante uniformidad. Cierto que las agilidades barrocas son siempre difíciles y las cinco arias exigentes en expresión, pero que Lojendio resolvió con seguridad pese a algunos apoyos más de estilo operístico que religioso.

De Forma Antiqva en formación mediana solamente elogios, desde la Obetura: Larghetto e staccato-Allegro-Minueto se mostraron convencidos, dominadores de un repertorio todos y cada uno de los músicos, con un continuo donde el tándem Zapico (trioba y laúd) más la “hermana” Verona y el órgano-clave de Silvia Márquez conforman el toque propio de la formación asturiana, los acompañados siempre redondeados con intervenciones solistas subrayando las partes vocales, momentos primorosos de cada uno de ellos, o el colorido de la Marcha donde las trompetas naturales sonaron virtuosas sin necesitar excesos dinámicos, además de una formación que adaptada a los distintos programas, siempre suena sin fisuras.

Al frente de todo un Aarón Zapico más cómodo con su formación que en los conjuntos, atento a los solistas más que al coro, pero resultando su visión de la Oda a Santa Cecilia realmente brillante, todo un trabajo de tiempo donde Haendel ocupa un lugar de honor. El público que casi llenaba la sala mediana del Euskalduna brindó una larga y merecida formación en este arranque de “maratón musika” llevando el nombre de Asturias a esta capital barroca del primer fin de semana de marzo.

Händel cierra mi 2012

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Viernes 21 de diciembre, 20:00 horas. Catedral de Oviedo: Fundación Príncipe de Asturias, Concierto “Europa canta a la Navidad”: El Mesías, HWV 56 (Händel). Raquel Lojendio (soprano), Carlos Mena (contratenor), Gustavo Peña (tenor), Jochen Kupfer (barítono), Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (director: José Esteban García Miranda), OSPA, Juanjo Mena (director).

Como el famoso anuncio televisivo, el oratorio del alemán nacionalizado inglés “vuelve a casa por Navidad”, siempre Mesías y siempre distinto. Con un coro que domina la obra como nadie y disciplinado ante todos los directores que han abordado esta obra maestra, la otra parte de la OSPA (esta vez con algún refuerzo JASP) que Händel tiene ocupada todo este último mes del año, un cuarteto vocal bien equilibrado y en parte conocido ya de nuestra tierra, con la presencia del contratenor Carlos Mena y su hermano Juanjo al frente, resultó un concierto espléndido en una catedral abarrotada desde media hora antes, con público variopinto, minoría maleducada, pasillos sin un hueco con sillas trasegadas, pantallas gigantes, cámaras por doquier, y las ganas de poner punto final a mi año musical.

El Coro de la Fundación rinde a tope con maestros exigentes y el vitoriano les hizo trabajar en todas las intervenciones, aportando detalles que dan los toques de distinción más allá del “Aleluya”, llevando los tempi alegres con agilidades brillantes y matices ricos donde los ff estuvieron cantados, y un “Amen” realmente brillante. Enhorabuena a mis muchas amistades corales.

La OSPA en pequeña formación y abordando el barroco siempre es un placer (qué bien sonó “Pifa”), esta vez con alguna cara nueva que me llenó de alegría, unos timbales de terciopelo, trompeta solista excelente, oboe genial, la cuerda seguro de éxito, y el clave / órgano de Óscar Camacho, perfecto en todas sus intervenciones, con el maestro Mena llevando cada número bien contrastado, colores tímbricos mimados y planos sonoros bien equilibrados, concertando a la perfección una obra que tiene mucho que dirigir. Destacar la afinación bien mantenida en las dos horas, solamente con un reajuste entre los coros “His yoke” y “Behold the Lamb”. Enhorabuena a la orquesta de todos los asturianos.

Del cuarteto solista destacar al barítono alemán Jochen Kupfer que volvió con un hermoso timbre igualado en toda su tesitura, potente en los recitativos, con cuerpo en el registro central y una línea melódica que dejó unas arias emocionantes, especialmente en “The Trumpet” final a dúo con el holandés. Otro tanto del contratenor Carlos Mena cuya voz fluye en Händel limpia y clara, grosor y color perfectos olvidándome de las versiones femeninas de mezzo o contralto para decantarme por una voz que, gracias a tantos compañeros de cuerda, está volviendo a protagonizar la música barroca. Un placer para el oido cada aria y el precioso dúo “He shall feed His flock” con la canaria Raquel Lojendio que fue a más en su vuelta barroca a Asturias, calentando todos en el discurrir del concierto, con la soprano entregada en la siempre agradecida “Rejoice” y su último “I know that my Redeemer” que resultó como el texto, alzándose sobre el polvo, esta vez frío de invierno recién estrenado. Y enorme satisfacción redescubrir a Gustavo Peña, pensando que Las Palmas algo debe tener para dar tenores tan brillantes, color vocal ajustado al género y estilo, recitativos decididos y seguridad en las arias, completando un elenco de solistas más que aseado para “El Mesías de la Catedral”. Enhorabuena al cuarteto.

Todavía nos regalaría un arreglo para coro y orquesta del villancico más universal, “Noche de Paz” cantado con parte del público (al que no puedo dar la Enhorabuena) y el maestro Mena concertando.

Punto y final para un año 2012 que ha sido completo. La carta a los Magos llegará puntual y aprovecho para desear a mis habituales y quienes aquí lleguen por vez primera, unas musicales y

FELICES FIESTAS

Aleluya barroco

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Miércoles 31 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Conciertos Día Universal del Ahorro 2012. OSPA, Raquel Lojendio (soprano), Aarón Zapico (director). Obras de Geminiani, C. Avison y Vivaldi. Patrocinado por CajAstur; entrada por invitación.

Comienza para algunos el Puente de los Santos y puede ser causa de las muchas butacas vacías aunque tampoco hubo facilidades para encontrar entradas que no estaban a la venta. Personalmente tengo que agradecer a Forma Antiqva que me hiciesen llegar una para un concierto que suponía el debut de Aarón Zapico al frente de una “OSPA de cámara” para un repertorio que el hermano mayor domina y supo transmitir a esa cuerda que siempre es referente de la orquesta asturiana, con el refuerzo en el contínuo del fagot y los otros dos hermanos Zapico, Daniel y Pablo, perfecto acompañamiento de la soprano tinerfeña (estuvo anunciada Sabina Puértolas aunque ni ella misma lo supo y alguien responderá del entuerto) que dio lo mejor de ella, entregada en alma y cuerpo. El programa de mano no era tal a pesar del “ahorro”, pues no ayudó nunca a parte del público que estuvo más perdido que un pulpo en un garaje. Lástima que el Barroco no tenga más presencia en las salas de concierto, felicitándonos de los tres conciertos del nuevo ciclo “Oviedo Barroco” para los que ya me hice con el abono (44€) en la Sala de Cámara que espero se llene más que la Principal de este último día de octubre.

El mayor de los Zapico y cabeza visible de Forma Antiqva tiene las ideas muy claras en un repertorio donde se mueve como pez en el agua, lo que supo transmitir a la perfección a una orquesta que pareció disfrutar tanto o más que muchos de los presentes. La elección de cuatro motetes para soprano de Vivaldi (que figuraban sin más en el cartoncillo biográfico) y su organización fueron perfectos pese a la “reiteración” estilística que suponen, una dificultad añadida a la interpretación que nunca fue idéntica ni siquiera en los Da Capo, sin perder rigor y gracias a esa claridad buscada por Aarón Zapico bien entendida por todos los músicos.

Geminiani y su Concerto grosso nº 12 “La Folia”, Op. 5/12 abría velada con las cartas boca arriba, sin esconder nada y aprovechando el magisterio de los solistas, impecables todos, Vasiliev, Corpus, Alamá y Atapin, más “el grueso”donde el continuo de guitarra barroca y tiorba equilibraban una plantilla de lujo para la ocasión: 7 primeros, 7 segundos, 3 violas, 2 cellos, 2 contrabajos más fagot y el “dúo Zapico”. Y Aarón no permitió ruptura encadenando el primer motete de Vivaldi, “In turbato mare irato” RV 627 que trajo a escena a una Raquel Lojendio segura, poderosa en los agudos, equilibrada en el medio y suficiente en el grave, con una técnica al servicio de esta música que en vez de instrumentalizar la voz resultó más bien “vocalizar los instrumentos” a lo largo de todo el concierto, con unos fraseos y contrastes en todo que dieron la unidad estilística que la dirección buscó, con tiempos bien elegidos para poder degustar todo el caudal sonoro.

Otro tanto podríamos decir del siguiente y complementario motete “In furore iustissimae irae” RV 627,  potente interpretativamente y frescura total en cada uno de los músicos, con los Aleluya finales tan unificados estilísticamente y tan distintos en su vocalización, un triunfo añadido.

También se organizó la segunda parte sin ruptura entre el Concerti grosso nº 5 en Re m. del inglés Charles Avison plenamente italianizante y “Sum in medio tempestatum” RV 632, microcosmos del “Cura Pelirrojillo” donde más allá de las agilidades vertiginosas del primer movimiento trajeron el recitativo con la guitarra de Pablo profunda en la sencillez y cálida al sumarse la tiorba de Daniel, más aún con Mascarell en el fagot del Aleluya final que redondeó este motete como el mejor del concierto para mi gusto.

Todavía faltaba el más cinematográfico de los motetes, “Nulla in mundo pax sincera” RV 630 brillante culminación del concierto donde fluyó la estructura conocida con nuevos contrastes y la voz de Lojendio pletórica en una durísima interpretación que nos devolvió un barroquismo asturiano pero universal, frescura y personalismo para un repertorio nada manido y poco escuchado del que Aarón Zapico logró nuevas perspectivas siempre fiel al estilo.

La propina hispana con Raquel y los gemelos Zapico a trío corroboraron ese aire asturiano para el veneciano Vivaldi al que los hijos de Eloy Zapico (presente siempre en el recuerdo) y Marga Braña han reinventado hace tiempo.