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Dudoso Fausto proyectado

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Martes 11 de octubre, 20:00 horas. Auditorio “Teodoro Cuesta”, Casa de Cultura de Mieres, proyección en vivo desde el Teatro Campoamor de Oviedo, LXIX Temporada de Ópera: Fausto (Gounod), segunda función.

Volvía la ópera transmitida en directo desde el coliseo ovetense aunque con un título de esos que no enganchan demasiado al público en general, y que en Mieres congregó a unas 40 personas, muchas de las cuales se fueron al descanso, perdiéndose lo mejor que siempre está por venir.

Quiero insistir en este tipo de iniciativas pero con varias reservas. Primero que la iluminación para el teatro no es la mejor para la pantalla (donde hubo auténticos fogonazos), lo que sumado a una pésima realización no es equiparable a las proyecciones profesionales donde se cuida todo para después comercializarlo. Puedo entender la precariedad de medios como tener solo tres cámaras pero son imperdonables los cambios sin sentido en ellas olvidando quién está cantando, zoom no siempre adecuado y no digamos  los enésimos saltos de eje además de enfocar las espaldas de los cantantes o cortarles directamente. Hay profesionales en Asturias capaces de una realización más cuidada y no dejar esta “promoción” en manos equivocadas, al menos para una ópera (y ya viene de tiempo). Lamentar también la pantalla en negro durante los cambios de decorado. Felicitar los subtítulos aunque con ligeros despistes.

La toma de audio fue buena aunque sin olvidar que los micrófonos están sobre el escenario, recogiendo todo tipo de sonidos, y para el espectador no muy ducho en el tema puede parecer que los cantantes siempre suenan más que la orquesta, en segundo plano pero no tanto, totalmente distinto del irrepetible directo en el teatro.
De esta historia de Goethe bastante conocida por el tema de vender el alma al diablo con el protagonista que da título a la obra, Faust, dudando de todo y queriendo alcanzar la juventud y todo lo que conlleva en una autodestrucción con final no exento de moralina como la pérdida de valores, siempre vigente, de tristes finales en los amores y sobre todo cómo todo está corrupto, daría para puestas en escena de lo más variadas si tenemos en cuenta ese “mensaje”, pero esta vez Curro Carreres pienso que no acertó o se quedó a medias, algo bastante compartido por muchos de los que acudieron e incluso patearon la primera función dominical, aunque pueda servir curiosamente de publicidad por esa teoría de que lo viral pone de moda algo que podría pasar desapercibido.

Si algunas escenografías intentan actualizar acciones (algo que yo no entiendo en muchos títulos) parecen no molestar o “chirriar” aunque siempre queda cerrar los ojos y quedarnos con la música, privándonos de la propia esencia operística, esta vez no convenció, de nuevo olvidando que la acción debe cantarse pero nunca obligando a un esfuerzo extra como poner de espaldas a cantantes y coro, incluso con baile aumentando el ejercicio físico para una buena emisión, incluso sentado en una silla de ruedas que debe moverse mientras se canta.
Mucho ambiente de moda con un Satán Lagerfeld de raza negra y pinchadiscos de un vals nada discotequero ni de pasarela, o de una mal llamada orgía de un Baco con rayos de niño Jesús (cosas peores hemos visto), un pase de modelos del avilesino Alberto Valcárcel que no encajaba con los “esperados” soldados, matronas y estudiantes borrachos, y no digamos el abuso de los teléfonos móviles sacando selfies que con ser un reflejo de la sociedad actual, también cansan, haciendo de la primera parte un gran bostezo.

Tras el descanso todo resultó algo más atemporal y llevadero, apenas unos neones y poco más (para un Guantánamo aún abierto), unido a una parte vocal que fue también mejorando aunque no consiguió llegar a convencerme del todo, puede que por estar con la mente recordando al reciente y sorpresivo fallecimiento del joven David López Linares, amigo de la música en las redes sociales cuyo espíritu espero permanezca disfrutando de la luz eterna y renacido como en el final de la ópera.

Entrando en lo estrictamente musical, de todo el reparto me quedo en primer lugar con Borja Quiza entregado desde el principio, cantando “dentro del servicio” (velado) o en una silla de ruedas demostrando poderío físico, escénico y vocal, atravesando un momento artístico de primera, papel romántico y la conocida aria Avant de quitter ces lieux perfecta.

Bien el Mefistófeles de Mark S. Doss con una presencia ideal para su papel bien cantado, convincente y verdadero diablo vestido de Lagerfeld. Tiene buen timbre el tenor rumano Stefan Pop aunque pienso que puede ganar enteros y seguridad en los agudos, con un dúo de amor sin pasión y poco encajado con la soprano (pendiente del monitor más que del tenor), especialmente el final. Habrá que seguir su progresión.

Maite Alberola debutaba esta Margarita que solventó de menos a más, más cantada que sentida, faltando el dominio que dan las funciones, con un “aria de las joyas” más de bisutería que piedras preciosas (con Siebel y Marthe en escena aunque luego se asombra del baúl con el que ya ha estado jugando) pero excelente y dramática en su aria final aunque algo insegura en el trío previo a la bajada del telón.

La ovetense María José Suárez es otra de las voces que aseguran calidad y oficio sobre las tablas, una Marthe contundente ideal para su color, empastando y apoyando siempre en escena. Desigual Lidia Vinyes Curtis que se limitó a hacer elegante una partitura a la que puede sacarle mucho más juego; finalmente correcto Pablo Ruiz. Finalizar apuntando lo difícil que puede resultar cantar en francés y evitar nasalizar.

El coro que dirige Elena Mitrevska también sufrió lo suyo, tanto las voces blancas fuera y dentro de escena, como las graves, algo retrasadas con respecto a la orquesta, en cierto modo pesantes aunque se vinieron arriba en el famoso coro de soldados. Supongo que faltó más tiempo para preparar este título tras el duro Mazepa que bordaron, pero su juventud y profesionalidad les permiten afrontar estos compromisos aunque no haya sido de los inolvidables.

Finalmente la Oviedo Filarmonía en foso pareció estar demasiado comedida (recuerdo los micrófonos enfocados al escenario) y casi adormecida, con un Albiach limitándose a concertar pero sin sacar sonoridades más románticas de las que quisiera incluso en las oberturas, por momentos frenando tiempos que restaron brillantez al conjunto. Está bien mimar las voces pero sin menoscabo de una instrumentación que en vez de engrandecer se limitó a subrayar.

Quedan tres funciones incluyendo el “viernes joven” con segundo reparto de este Fausto que volvía a Oviedo desde hace muchos años, y devolvía a los pueblos la posibilidad de vivirlo gratis desde casa, porque realmente parece que la ópera está de moda.

Faust: Stefan Pop
Méphistophélès: Mark S. Doss
Valentin: Borja Quiza
Wagner: Pablo Ruiz
Marguerite: Maite Alberola
Dirección musical: Álvaro Albiach
Dirección de escena: Curro Carreres – Diseño de escenografía: Italo Grassi – Diseño de vestuario: Alberto Valcárcel – Diseño de iluminación: Eduardo Bravo
Nueva producción de la Ópera de Oviedo en coproducción con la Ópera de Tenerife
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Butterfly de Oviedo a Mieres

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Miércoles 19 de noviembre, 20:00 horas. Casa de Cultura de Mieres, retransmisión en directo desde el Teatro Campoamor de Oviedo de la tercera función de Madama Butterfly (Puccini).

Volvía la ópera televisada a Mieres con una buena entrada, una toma de sonido ligeramente alta, engañosa por la cercanía de los micrófonos que recogían todo (ruidos de pisadas incluidos), realización buena aunque no estuviese pensada para aguantar primeros planos pero con una iluminación que ayudó y una satisfacción media por parte de los asistentes.

Un elenco muy equilibrado, aunque destacasen más los secundarios, una orquesta sonando como debe hacerlo con Puccini, y la dirección musical del ovetense Pablo González que volvió a mandar desde el conocimiento de una obra difícil para sacar lo mejor de la Oviedo Filarmonía en foso.

No entraré en detalles porque siempre comento que el directo no tiene nada que ver con la proyección por lo apuntado al inicio, si bien las sensaciones las reflejaré tras dejar el reparto a continuación, incluyendo fragmentos de la prensa regional preparando este tercer título de la temporada asturiana, algunas críticas así como fotos tomadas durante la proyección en mi pueblo, que esta vez parecía transcurrir por momentos directamente en el escenario mierense. Por supuesto volver a agradecer a Telecable, CajAsturLiberbank y a la propia Ópera de Oviedo la iniciativa de transmitir de forma gratuita en pantalla gigante sus títulos, acercando un género que como siempre, sigue de moda aunque eche en falta más juventud.

Música de Giacomo Puccini (Lucca, 1858-Bruselas, 1924). Libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, inspirado en la obra teatral “Madame Butterfly” de David Belasco y en el relato homónimo de John Luther Long.
Tragedia giapponese en tres actos.
Estrenada en el Teatro alla Scala de Milán, el 17 de febrero de 1904.
Producción del Theater Magdeburg.
PERSONAJES E INTÉRPRETES
Madama Butterfly: Amarilli Nizza
Suzuki: Marina Rodríguez-Cusí
Kate Pinkerton: Marina Pinchuk
F.B. Pinkerton: Viktor Antipenko
Sharpless: Manuel Lanza
Goro: Mikeldi Atxalandabaso
El Príncipe Yamadori/El Comisario Imperial: José Manuel Díaz
El Tío Bonzo: Víctor García-Sierra
Yakusidé: Manuel Valiente
El Oficial del Registro: Manuel Quintana
La Madre de Butterfly: Marina Acuña
La Tía: Ana Peinado
La Prima: María Fernández
Dirección musical: Pablo González
Dirección de escena: Olivia Fuchs
Diseño de escenografía y vestuario: Niki Turner
Diseño de iluminación: Alfonso Malanda
Coreografía: Tim Claydon
Director del coro: Patxi Aizpiri
Orquesta Oviedo Filarmonía.
Coro de la Ópera de Oviedo.

Vocalmente comenzaremos por  “La Nizza“, protagonista que fue creciendo musicalmente como el personaje, aunque algo sobreactuada y faltando más calidez en su línea de canto, por otra parte apropiada aunque poco creíble en el perfil de Cio Cio San. Lleva todo el peso de la ópera y estuvo bien arropada desde el foso, atento González a los devenires de “la diva“. En su haber experiencia más que demostrada y poderío, por momentos excesivo, en el registro agudo, segura en afinación pero con volúmenes no siempre acordes al momento dramático.

El Pinkerton del tenor ruso no me convenció del todo por un registro agudo algo tenso, transmitiendo más angustia que gusto, si bien el color vocal es bello. Faltó más lirismo y en el dúo con Butterfly quedó un escalón por debajo. En el teatro desconozco cómo corre su voz, actoralmente cumplió y tendré que escucharle en otros roles, pero Antipenko no me parece que tenga mucho más recorrido del apreciado este miércoles a pesar de la amplificación cercana.

Lanza fue el más completo y personalmente quien más me gustó, siendo un barítonoconvincente en todas sus intervenciones, entregado a su papel de Sharpless llegándonos a todos. A la par la excelente mezzo Marina Rodríguez-Cusí que dibujó una Suzuki plena, cantando con buen gusto y dominando todos los registros.

No quiero olvidarme del estupendo Goro de Atxalandabaso, seguro siempre, de trayectoria bien asentada, excelente actor y tenor ideal para dar equilibrio a repartos que sin cantantes como los antes citados, dejarían coja la función. En repartos amplios tenores como el vasco son necesarios e imprescindibles.

Bien el resto de voces que cumplieron en sus intervenciones más o menos breves, incluyendo al niño actor que bordó sus apariciones con una madurez increíble.

El coro que dirige Aizpiri volvió a estar a pleno rendimiento, un poco destemplado en el arranque del primer acto pero yendo a más, siendo conmovedora la intervención fuera de escena a boca cerrada, en un empaste con la orquesta de muchos quilates, siendo Pablo González artífice de ese equilibrio y sonoridad celestial.

Leía en algunas críticas que la puesta en escena resultó minimalista, cierto pero creíble, sin barbaridades y donde la luz ayudó a hacer creíbles los tres actos, con plataformas recordando nenúfares, escaleras con planos paralelos a la emotividad del momento y que sonaban percusivamente al caminar los cantantes sobre ellas por la cercanía de los micrófonos. Incluso la urna transparente y hasta la bandera estadounidense dieron mucho juego, así como un vestuario algo desigual (algunos de los kimonos, especialmente el primero de Cio Cio San era bellísimo, los trajes muy “clásicos” y el uniforme más del ejército del aire que la marina, aunque bien en percha) y el esperado para esta ópera. Los primeros planos descubrieron poco maquillaje en la Butterfly que con más “carga” hubiese dado mejor en la pantalla, pero como suelo decir para los montajes, “no crujió” ni desvió el espíritu japonés.

Volver a destacar el peso del director asturiano capaz de armar toda la función con sutiles intervenciones orquestales, tiempos marcados a menudo por los solistas, especialmente la soprano, y logrando una sonoridad pucciniana algo menguada para una formación que esta vez cumplió sobradamente, acompañando, subrayando y coprotagonizando una acción de todos conocida.

El viernes estaré en el teatro para repetir con el segundo reparto, pero ya lo contaremos al día siguiente. El directo siempre es irrepetible…

La juventud triunfa

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Viernes 31 de enero, 20:00 horas. Teatro Campoamor, LXVI Temporada de Ópera de Oviedo: Don Giovanni (Mozart), función “Ópera joven“. Fotos datadas: ©foto-Alonso para ÓperaOviedo.

Don Giovanni: Carlos Daza;
El Comendador: Ievgen Orlov;
Donna Anna: Susana Cordón;
Don Ottavio: Pablo García López;
Donna Elvira: Agnieszka Adamczak;
Leporello: Marco Filippo Romano;
Masetto: Davide Bartolucci;
Zerlina: Maren Favela.
Dirección de escena, escenografía e iluminación: Alfred Kirchner.
Diseño de vestuario: María Elena Amos
Coro de la Ópera de Oviedo (director: Patxi Aizpiri). Orquesta Oviedo Filarmonía. Dirección musical: Álvaro Albiach.

Inmensa alegría sentirme mayor en la ópera ante el público asistente al segundo reparto, tan distinto en todo al “percibido” en Mieres, en una iniciativa digna de reseñar (1) como la de invitar a 500 estudiantes asturianos (acompañados de profesores y padres), que además de completar aforo, siempre de agradecer, prepara la afición de mañana, más cercana de lo que intuimos al menos los de mi generación. Felicitaciones por los tres “títulos jóvenes” con abono propio y precios asequibles que además resultaron delicias de elencos (además del aquí reseñado, el Don Pasquale de noviembre y La Traviata de octubre).

Nada como acudir en vivo al coliseo carbayón, disfrutar del espectáculo ya comentado que siempre mejora las malas sensaciones en pantalla, donde escenografía y vestuario cobran más color, pero sobre todo de un elenco vocal muy equilibrado y sobre todo entregado, contagiado de la jovialidad del teatro desde nada más levantarse el telón, cantantes con largo recorrido y experiencia totalmente metidos en sus personajes creíbles, vivarachos, convincentes, con la única rémora de la dirección de Albiach apuntada en la segunda función televisada, diría que negativa en todos los concertantes especialmente los finales de los dos actos que resultaron inquietantes para todos al contagiar la sensación de desconcierto en escena y foso, así como una elección de aires demasiado rápidos para unos números que deben ser cantados sin atropellar nunca respiraciones ni textos. Los lentos tampoco resultaron ajustados ni logró concertar una orquesta ya madura como la OvFi, con imprecisiones y sonoridades desiguales, donde los recitativos fueron salvados por un continuo siempre seguro (el clave de Aarón Zapico y cello de Alegría Solana) poco ayudado desde el podio. Del coro nada que añadir lo comentado en la entrada anterior y sólo señalar lo poco lucido del vestuario masculino.

De las voces voy a comentarlas comenzando por las graves: el donjuanesco Daza que resultó realmente seductor, línea de canto sólida y destacar una sentida serenata (“Deh, vieni alla finestra”) con el acompañamiento de la mandolina de María de Mingo. Por físico y voz Romano parece encasillado en papeles cómicos y su Leporello está en ello, pero no debemos olvidar la parte dramática de un personaje vejado permanentemente por su amo, reflejado en cada aria con “el catálogo” más positivo en lo expresivo que cantado aunque solventado sin problemas. Bartolucci canta Masetto en todas las funciones y se le notó algo cansado vocalmente, más barítono que bajo, sobre todo en los conjuntos donde quedó siempre en segundo plano, algo parecido al Comendador Orlov aunque su breve papel desgaste menos, pero en el final con Don Giovanni su color de voz resultó muy similar al barítono protagonista, puede que por la dificultad de encontrar auténticos bajos profundos en estos tiempos.

Dejo para el final al tenor cordobés Pablo García López que cumplía su sueño de debutar en Oviedo como Don Ottavio, triunfando de cabo a rabo porque resultó perfecto para este personaje por color, estilo, técnica y escenificación. Todavía joven podemos congratularnos del acierto en la elección por parte de los responsables ovetenses de esta voz ideal para este mozartiano rol siempre difícil, más allá de las arias conocidas (mejor “Dalla sua pace” que “Il mio tesoro” por lo apuntado en la dirección) y exigente en todas y cada una de las intervenciones donde el genio de Salzburgo riza el rizo con dúos, tríos… sextetos y hasta septeto. Mi tocayo resultó creíble en su papel con aristas variadas de enamorado resignado a incapaz vengador, desenvuelto y fresco, quedándome con una seguridad interpretativa, su magnífica emisión y su color idóneo.

Foto ©Pablo García López

De las voces blancas la Zerlina de Favela -como su Masetto en las cinco funciones- volvió a cumplir sobradamente, igualmente debutantes en la ópera carbayona como Agnieszka Adamczak en una Elvira digna de primer reparto, perfecto contraste dibujado con la otra triunfadora, la Donna Anna de Susana Cordón, papel difícil escénica y vocalmente, interpretado con más poso que “la Moreno“, en un momento álgido, emocionando en arias y dúos además de empastar los conjuntos escuchándosela bien matizada sin estridencia alguna para redondear la pareja protagonista también en el éxito.

Triunfo juvenil para un cierre de temporada capeando crisis este primer domingo de febrero, tomando nota de un plantel de buenas voces dignas de más trabajo, aunque escribir de agentes, representantes y repartos daría para una auténtica novela.

NOTA(1): La Consejería de Educación, Cultura y Deportes, a través de “Club Cultura” subvencionó esas entradas, pagando el alumnado solo 5€  demostrando su interés. Gracias a Ópera Oviedo.

Don Giovanni no enamora

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Martes 28 de enero, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta (Casa de Cultura) de Mieres: retransmisión en directo desde el Teatro Campoamor de Don Giovanni (Mozart).

De nuevo Mieres pudo ver y escuchar ópera televisada, buena entrada de los aficionados habituales pero con las mismas carencias de siempre o peores, pues solo llegaba sonido por un canal y la iluminación desde el coliseo carbayón no está preparada ni diseñada para ser televisada (si además está reciente la retransmisión del Così de Haneke en La2, sobra el resto de comentario). Así que este “Don Juan” además de no enamorar tampoco le vimos mucho y escucharlo ¡sólo a medias!. Seguir agradeciendo el esfuerzo por acercar gratis la ópera, lo que no disculpa la poca calidad de emisión y realización.

De lo vivido, casi intuido, en Mieres en esta segunda función del último título de la temporada, me quedo con un Simón Orfila que nos dejó un Leporello de lujo, por lo que de haber cantado el Don Giovanni el resultado global hubiera sido más alto, y la Donna Elvira de Virginia Tola.

Todas las obras de Mozart resultan engañosas por su aparente facilidad pero siempre muy exigentes, probablemente las “óperas italianas” aún más, y encontrar repartos equilibrados no es fácil, no digamos en estos tiempos de crisis y cancelaciones varias, por lo que el resto de voces de este Giovanni resultó equilibrado y mejorable (aunque ya sabemos lo que cambia de estar cerca del micrófono o no), muy distinto del directo pero reconocible y similar a lo que se vivió el día de la primera función por lo leído en prensa y webs.

Del resto y sin entrar a fondo por lo apuntado de microfonía, muy creíbles Masetto (Davide Bartolucci) y Zerlina (Maren Favela), contenida Mª José Moreno como Donna Anna, esperanzador Antonio Lozano como Don Ottavio, desigual el protagonista donjuanesco Rodion Pogossov y convincente el Comendador Orlov, el único que repetirá para el reparto joven junto a la pareja Zerlina-Masetto de este viernes 31 al que espero asistir (tengo sacada entrada en Principal de 42€ hace tiempo, aunque seguro que las regalarán). La Oviedo Filarmonía se escuchó desigual, con el continuo perfecto de mi admirado Aarón Zapico cuya colocación de microfonía dio volúmenes impensables en vivo superiores a la propia orquesta. Bien en el escenario los músicos de la cena-baile finales.

Sobre la dirección musical de Albiach quejarme de un primer acto donde los tempi vivos fueron algo excesivos llevando las voces casi siempre a remolque, “relajándose” algo más en el segundo acto, aunque no demasiado concertador: sin respirar con los personajes ni ayudarles nunca. El coro que dirige Patxi Aizpiri siempre seguro independiente del protagonismo encomendado, por lo que debemos felicitarles otra temporada más.

De esta producción propia (en colaboración con el Teatro de Magdeburg) no puede hablarse de puesta en escena: pobre, limitada a los recurrentes prismas (que acabarán siendo el equivalente actual al “banco y la verja del siglo pasado”) con distintas posiciones, una escalera y la socorrida iluminación que intenta compensar otras carencias, así como la estatua ecuestre (“cuestre lo que cuestre” de Les Luthiers, con más cartón que piedra) del Comendador como único “exceso”, y vestuario de época conviviendo con alguno más actual en una nueva muestra de la crisis (también creativa) que nos afecta en el terreno lírico, aunque Oviedo presume de capearla.

Este fin de mes mozartiano terminará en vivo y con gente joven, esperanzas o realidades en algún caso, que siempre aprovechan estas oportunidades.

Fuego que no quema

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Viernes 1 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”. Rudolf Buchbinder (piano), David Menéndez (barítono), Coro Universitario de Oviedo (director: Joaquín Valdeón), Joven Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (director: José Ángel Émbil), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de G. Fauré (1845-1924), G. Gershwin (1898-1937), Ildebrando Pizzetti (1880-1968) e I. Stravinski (1882-1971).

Programa variopinto con música más cercana a nuestro tiempo y donde el protagonismo estuvo compartido entre el magisterio pianístico y el vocal de mi tierra.

Cual pastillas para arrancar la chimenea Le Pas Espagnol de “Dolly Suite para orquesta”, Op. 56 (Fauré) originalmente para piano a cuatro manos en orquestación de Henry Rabaud, breve y agradecido número con la orquesta preparándose para el más puro estilo newyorker.

El Concierto para piano y orquesta en Fa (Gershwin) aún bebe del lenguaje de su “hermana azul” aunque resulte más académico sin perder un ápice el genuino sabor americano pese a que “el Rachmaninov de Broadway” presente la estructura tripartira con pasajes pianísticos realmente hermosos. El fraseo claro y la limpieza de Buchbinder siempre atento a un Conti con quien se entendió a la perfección mantuvieron ese difícil equilibrio entre el swing y el rubato, disfrutando todos de los Allegro extremos y recreándose en el central Adagio – Andante con moto en el más caldeado ambiente con humo de los clubs de jazz. Agradecer esta obra poco programada aunque del amplio repertorio que domina ésta de Don Jorge sea casi una bandeja de carbayones de Camilo de Blas.

Y evidentemente un concierto enmarcado en El Piano, el intérprete austríaco no podía marcharse sin más a pesar del excelente “concierto americano”, por lo que nos regaló una auténtica perla de virtuosismo, limpieza, ritmo vienés y música de piano en estado puro con la paráfrasis sobre “El murciélago” de J. Strauss titulada Soirée de Vienne, Op. 56 (A. Grünfeld) que rubricaba el título de las Jornadas y nos dejaba con ganas de más.

La segunda parte vendría con más fuego que (me) da juego a la colaboración de dos coros jóvenes y con talento como los dirigidos por Valdeón y Émbil, hoy dos coralistas más, capaces de sonar empastados como si llevasen juntos años y logrado olvidar la descompensación entre voces graves y blancas en una obra breve de apenas 12 minutos pero muy exigente para todo el elenco de casa, incluyendo al barítono David Menéndez que sigue mostrando poderío y gusto en cualquier repertorio que le echen. La Sinfonía del fuego (Pizzetti) para barítono, coro y orquesta que Luis Suñén describe a la perfección en las notas al programa, es la invocación a Moloch de la banda sonora en vivo para la película muda Cabiria (1914) dirigida por Giovanni Pastrone y efectos especiales del español Segundo de Chomón, “género filmográfico” que Conti domina y se encarga de traernos con su orquesta, alcanzando niveles de madurez y complicidad con su titular, esta vez con el coprotagonismo vocal de solista y coros, todos en su sitio, vibrando y avivando un fuego que no les quemó. Ojalá los organizadores continúen apostando por formaciones y solistas de la tierra, cuyo nivel no tiene nada que envidiar a muchos de fuera con renombre.

Para acabar esta especie de danza prima invernal y cinematográfica alrededor de las llamas musicales, El pájaro de fuego (versión 1919) de Stravinski para corroborar el excelente momento de la Oviedo Filarmonía en todas sus secciones y solistas en esta música de ballet que Conti llevó de memoria, conocedor de partitura y músicos para transmitir en los cuatro números la calidad de esta formación. Interpretación brillante, solos emocionantes de Miljin, Cadenas, Giménez, Bronte y demás, cuerda que va puliendo una sonoridad propia muy firme y delicada, sin olvidarme de la percusión, consiguiendo sacar adelante un programa peligrosamente inflamable controlando chispas y llamaradas con el “Jefe de Bomberos” Don Marzio responsable de un cálido concierto en una tarde noche fría y lluviosa que siempre es de agradecer.

Camilos carbayones

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Sábado 12 de enero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Alexandre Da Costa (violín), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de C. Saint-Saëns.

Arrancaba mi 2013 del Auditorio ovetense con el regreso del violinista Alexandre Da Costa, esta vez con la OvFi dirigida por su titular y en un monográfico Saint-Saëns que se grabará para el Sello Warner en estos días. Reconozco que el compositor francés no está entre mis elegidos, sin entrar en la “corriente de opinión que desvalorizaba a este compositor acusándolo entre otras cosas de frío academicismo…” que comenta en las notas del programa la profesora Miriam Perandones, pero resultó un placer seguir comprobando el crecimiento artístico de la orquesta carbayona y el buen entendimiento con el maestro italiano que está dándole a la formación nuevos colores y el espíritu mediterráneo del que Haider carece pero que nos hace más cercana en los repertorios y sus interpretaciones.

Además del protagonismo del virtuoso violinista canadiense y su Stradivarius “Di Barbaro” (1727) con un arco Sartory, cortesía de la Fundación Canimex, una delicia completa, la orquesta con Monti estuvo a su altura, todo un logro haciendo que Oviedo tenga ahora dos Camilos: Camilo de Blas y Camilo Saint-Saëns, destronando a Wolf-Ferrari del repertorio discográfico emprendido con el maestro austriaco.

La Introducción y rondó caprichoso en La m., Op. 28 abría el concierto, obra que tiene mucho de nuestro virtuoso español Sarasate no ya por haberla estrenado y dedicatario de la misma sino por la cantidad de temas hispanos, con una orquestación muy académica pero también exigente desde ese inicio en pianísimo hasta todo el desarrollo cual catálogo de exhibición violinística. El canadiense sacó de la joya una amplísima gama de sonidos siempre presentes en primer plano, con una técnica impactante perfectamente concertada por Conti que llevó a la orquesta a ser perfecta acompañante. El disco dejará constancia de ello.

Más complejo, igualmente estrenado y dedicado a mi tocayo navarro, el Concierto para violín y orquesta nº 3 en Si m., Op. 61 está entre los habituales del repertorio. Sus tres movimientos resultaron bien contrastados y ejecutados, poderío en el Allegro non troppo, lirismo en el Andantino quasi allegretto y fortaleza en el Molto moderato e maestoso, majestuoso encuentro solista y orquesta que la obra, con sus altibajos emocionales, resultó más que aseada, equilibrada y por momentos plena de emotividad. Destacar nuevamente el entendimiento entre solista y orquesta que brillaron con luz propia.

Una versión a solo de la Asturiana de Falla fue un regalo con guiño local desde la universalidad de la música, donde no lloró el pino sino el violín de Alexandre, expléndido nuevamente.

La segunda parte nos trajo la nada habitual Sinfonía nº 3 en Do m., Op. 78 con el compositor Guillermo Martínez al órgano (bien amplificado incluso con un subwoofer) y el piano a cuatro manos de Olga Semouchina y la mierense Silvia Carrera, protagonistas dentro del conjunto orquestal que así concibió Saint-Saëns y volviendo a preguntarme por qué no hay órganos de tubos en todos los auditorios, enriqueciendo una tímbrica que la orquesta ovetense comienza a tener como signo de identidad en todas sus secciones, no ya la cuerda que ha alcanzado su madurez a pesar de la plantilla siempre corta, sino en una madera bien ensamblada, unos metales seguros y nada estridentes, más la percusión siempre con un toque de calidad que envidio para otras formaciones queridas.

Los dos bloques de la sinfonía estuvieron bien delineados por el maestro italiano el Adagio-Allegro moderato – Poco adagio claro de diseño, sacando a flote los recovecos melódicos que esconde y jugando con las dinámicas y cambios de tempo, más la irrupción orgánica y pianística del Allegro moderato – Presto – Maestoso – Allegro perfectamente encajados cual bloque cálido jugando con los protagonismos de todas las familias instrumentales. Versión brillante de esta sinfonía “orgánica” casi pariente lejana aunque con menos recursos que el posterior Preludio Festivo Op. 61 de R. Strauss.

La Jota Aragonesa para orquesta en LA M., Op. 64 fue la propina a plantilla completa para cerrar este monográfico, aunque vuelve mi opinión de la falta de “pegada” en esta partitura del compositor francés dedicada a Paquita Sarasate y deudora de la de Pablo o Tárrega, frente a orquestaciones mucho más brillantes para obras de un folklore como el español que tanto ha inspirado (y lo que queda aún) a músicos de muchas y distintas generaciones, aunque dentro de la grabación ayude a completar la duración y visión española de Monti y la Oviedo Filarmonía. Esperaremos a disfrutarla también en CD.

No es cuento: Volo2 resultó Volo3

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Sábado 1 de diciembre de 2012, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Arcadi Volodos (piano), Oviedo Filarmonía, Michael Francis (director). Obras de Brahms y Mendelssohn.

La anterior visita en mayo de 2009 del gran Volodos me recordó a Shrek porque las apariencias engañan y el monstruo resultó ser encantador, sensible, dulce y tierno. Esta vez Fiona resultó una OvFi que tras el paso por el foso parece salir a flote engrandecida, y Burro, buen amigo en este cuento le correspondió nada menos que al inglés Michael Francis, una estrella en ascenso sin necesidad de doblarlo porque su acento británico era imprescindible para el programa de este primer día del último mes del año. Tres obras y tres patas suficientes para asegurar el equilibrio: orquesta, solista y director. De este cuento El Gato con Botas está independizado (¿el público?) y ocuparía otra película con Antonio Banderas poniendo voz hispana al personaje.

Brahms sería el protagonista de la primera parte, Obertura trágica, Op. 81 contrapuesta a la “académica”, más enérgica que lacrimosa desde la primera nota. El maestro Francis se encargó de trazar las líneas claras de su visión, energía, tensión y dulzura, logrando sonoridades dignas de elogio en la orquesta carbayona, dinámicas extremas donde los pp eran sobrecogedores y capaces de acallar toses pese al frío invernal del exterior, que engrasarían la maquinaria para la obra y solista esperados. Lástima tener más cuerda en la plantilla porque la obra así lo exigía y sólo faltó el lógico volumen y “pegada” en los graves para redondear la perfección buscada por Mr. Francis. Ya indicaba Alejandro G. Villalibre en las notas al programa que esta obertura “no busca agradar tanto como epatar”, aunque personalmente logró ambas cosas.

Sin caer en todos los calificativos que el ruso Arcadi Volodos (San Petersburgo, 1972) es capaz de verter en sus semblanzas biográficas, me quedo con “su virtuosismo junto con su sentido único y fraseo, color y poesía, le han convertido en el narrador ideal de las historias musicales románticas”. Dominador de Rachmaninov o Liszt, “el segundo de Brahms” (Concierto para piano y orquesta nº 2 en SI b M., Op. 83) engrosa su larga lista de interpretaciones geniales, fácil de entender y hasta de acompañar como demostró el tándem OvFi-Francis. Un pianista capaz de sacar miles de matices a un instrumento mínimamente desajustado y sentado en una silla igual al resto como uno más a sumar en esta “sinfonía con piano”, color orquestal desde las teclas como así lo escribió el de Hamburgo, misma paleta y agógica desde la batuta, concertación ajustada en cada uno de los cuatro movimientos, solista pendiente del concertino para “respirar” con sus arcos y un podio atento al teclado. Grandeza de Volodos para quien no hay retos técnicos una vez superados otros anteriores. Allegro non troppo así entendido por solista y director, empaste y complicidad con trompas y maderas, igual que el Allegro appasionato en la línea de bloque orquestal incluyendo el piano, hasta el reposo del Andante, con un Gabriel Ureña haciendo hablar el cello (pediremos a en navidades madera con más solera para redondear el “sabor en boca” que logra siempre el avilesino), protagonismo bien entendido y asimilado por Volodos (lo demostró en la propina). El rondó final del Allegretto grazioso volvió al cuento de “Shrek”, simpático y sobrio, juguetón bien secundado por el buen amigo Francis en este “cuento Burro”, capaz de aligerar toda la densidad del último movimiento redondeando una interpretación excelente en una “Fiona” enamorada y fiel de este “Relato a 3”.

Y de regalo unas variaciones sobre Damunt de tus nomes les flors del gran Mompou, nuevo derroche dinámico e interpretativo lleno de emotividad (también la tiene en YouTube® hacia el minuto 4:23), agradeciendo el recuerdo a nuestra tierra española (o catalana sin Más) suficiente para recordar esta segunda visita al Auditorio.

No nos podemos quejar de Mendelssohn en Oviedo, pero la Sinfonía nº 3 “Escocesa” en La m., Op. 56 que nos dejó Michael Francis con una OvFi que resultó distinta y cercana, nacionalista y británica sentida desde el conocimiento de folclores que flotan como en la rememorada Escocia musicada por Donizetti para su Lucia di Lamermoor, esencia en el germanismo compositivo que no cae en tópicos, ayudado por una orquestación brillante de la que el director sacó todo lo mejor en cada sección. Si Brahms fue sobrecogedor y brillante, Mendelssohn devolvió toda la paleta romántica de texturas, agógicas (cambios de tempo), majestuosidad y empuje sin pausa desde la Introducción: Andante con moto – Allegro un poco agitato – Assai animato – Andante come I, neblina otoñal que nunca impidió perder la línea del horizonte, cuerdas muy trabajadas, maderas empastadas, metales sutiles, timbales aterciopelados siempre a punto para un Scherzo: Vivace non troppo, exigente para todos pero cumpliendo como buen ejército sonoro. Incluso el tránsito del Adagio cantabile al Finale guerriero no dejó tiempo a rupturas indeseadas por el “público enfermo” (toses entre movimientos indeseadas), más pendiente de la hora que de disfrutar una versión distinta a las últimas escuchadas en este auditorio ovetense, orquesta guerrera al mando de un buen general.

Si tras las “galeras” que parece suponer el foso para esta orquesta, nos la devuelven rejuvenecida a escena, bien venidas sean. Claro que la maestría en la dirección tuvo mucho que ver en este “Spa”, y Volo2 resultó Volo3… no es cuento.

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