Inicio

Celebrando los 333 de Bach en Avilés

Deja un comentario

Miércoles 21 de marzo, 20:15 horas. Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, XLI Semana de Música Religiosa de Avilés (SMRA). Josep Mª Mas i Bonet (órgano). “Música para la Pasión”: obras de Bach, Brahms, Liszt, Franck y Messiaen.

Entramos en la recta final de la cuadragésimo primera SMRA​ en el día del 333 aniversario de Bach, que no podía faltar en un concierto titulado “Música para la Pasión” y con el veterano organista de Centelles (Barcelona) Josep Maria Mas i Bonet, que fue de menos a más en este penúltimo concierto con el órgano de Acitores nuevamente increíble en sonoridades todavía por descubrir, maestría de un intérprete de largo recorrido y obras de gran enjundia.

Comenzó el catalán con la Fantasía en do menor, BWV 562 del kantor, continuando con el Coral De profundis clamavi ad te, de la Cantata BWV 68 y la Fantasía y fuga en do menor, BWV 537, austeras como el propio Bach hubiera deseado, registros sobrios sobre el segundo teclado y el pedal, limpieza de líneas, técnicamente impecable y gustándose sobre todo en la última de las tres partituras de nuestro dios.
En línea similar discurrió Brahms como no podía ser menos al “revisar” al padre de las músicas con el Preludio coral Herzliebster Jesu, was hast du verbrochen  (Querido Jesús, qué culpa has cometido), comedido en su grandeza, homenaje romántico al barroco en el instrumento rey, el órgano de Santo Tomás avilesino en manos y pies de Mas i Bonet, de nuevo maestro con poso al afrontar este muestrario con referencias a la Pasión de Cristo.

Pero llegaría Liszt y rompería el fuego abriendo horizontes sonoros con la Oda fúnebre, muerte esperanzadora, luminosa sin perder dramatismo, registros mucho más variados, la expresión en los pedales que comenzaba a emanar grandeza sonora en distintas dinámicas.
El momento cumbre personalmente llegó con Cesar Franck y su Coral nº 1 en mi mayor, auténtico caleidoscopio sonoro en un Acitores camaleónico que parecía emular los Cavaillé-Coll del romanticismo pleno con variedad tímbrica y transiciones de un teclado a otro delicadas con sabor francés y verdadero “savoir faire” elegante, brillante, variado, jugoso, para la última explosión final del organista catalán.

Olivier Messiaen siempre supone un tributo bachiano y Les Ténèbres su música para esta pasión con truenos y tinieblas de dolor en ese lienzo orgánico antes de la feliz La Résurrection du Christ con el organista catalán siempre cercano a Francia en todo. Paleta barroca con trazo abstracto bien interpretado y exprimiendo el Acitores cada vez más asombroso cuando se le exige, y los cinco autores de este miércoles supusieron otra prueba de un órgano válido para repasar la historia de la música para él escrita.

No podía haber sido mejor cumpleaños de Mein Gott quien decía​
La música es una armonía agradable para el honor de Dios y de los placeres permitidos del alma“, armonías las alemanas y placeres inmejorables los franceses, pues Mas i Bonet se mostró en el órgano avilesino tan francés como Franck y Messiaen.
La agenda me impide asistir al último concierto del viernes 23 con el grupo de cámara santanderino Ars Poliphonica que además estrena espacio en la Iglesia de los Padres Franciscanos (Parroquia de San Antonio), acústica ideal para un programa que va de Dunstable y Gombert hasta Drake o Vince Clarke titulado “Dilecte Mi” a cargo de este grupo de voces graves.

Anuncios

Bach siempre misericordioso

Deja un comentario

Martes 20 de marzo, 20:15 horas. XLI Semana de Música Religiosa de Avilés (SMRA), Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery: Pablo Taboada Jiménez, órgano. Obras de J. S. Bach, C. Franck y O. Messiaen.

Mein Gott Bach todopoderoso y también misericordioso perdonó ofensas pasadas y nos trajo al profesor catalán Pablo Taboada en el tercero de los conciertos programados con un repertorio potente donde estaba el trío de compositores ideales para todo organista que se precie: Bach, Franck y Messiaen cerrando el círculo, tres épocas y estilos con exigencias distintas que el órgano Acitores de Sabugo sigue respondiendo como un grande.

El Preludio y fuga en do menor, BWV 546 calentó tubos, dedos y acústica en un templo no tan lleno como nos gustaría, pues el público es el mejor premio y recompensa para el esfuerzo de Chema Martínez y los suyos. Todavía sin el poso ni el pulso deseado aunque buscando registros adecuados, mejores en la fuga pausada, algo pesante pero marcando todo, usando un pedal discreto igual de virtuoso que los teclados manuales, nunca enturbiando los temas principales, Taboada abrió la espita bachiana antes de continuar con dos corales.

An Wasserflüssen Babylon, BWV 653, de los dieciocho Corales de Leipzig y Erbarm dich mein, o Herre Gott, BWV 721, ambos de sonidos básicos casi “de libro” donde la melodía luterana sonó con una lengüetería clara de tímbrica sobresaliente mientras el pedalero seguía en un segundo plano con las apariciones puntuales, aguantando los tubos sin ningún ronquido.

El romanticismo de Cesar Franck le va como anillo al dedo al Acitores que ya tiene acento propio, castellano recio con sabor a salitre, rico en registros con los que Taboada acertó, desde reminiscencias al popular armonio hasta los flautados potentes, subiendo intensidades de volumen y emociones, jugando con el trémolo puntual y el pedal de expresión algo tímido en recorrido aunque dejándonos uno de sus tres corales para órgano, Deuxieme Choral en si mineur muy logrado de dinámicas al que le pediría un poco más de “arrebato” acorde con el estilo (del) francés.

Sin abandonar el país vecino y con la misma espiritualidad que el kantor de Santo Tomás (de Leipzig, no avilesino), Messiaen supone cerrar el círculo de Bach, virtuoso no ya en ejecución sino en la búsqueda de los sonidos adecuados, la atmósfera del texto inspirador con la tímbrica complementaria, y así entendió mi tocayo la Apparition de l’église éternelle con el Acitores pletórico, tubería acoplada con el exigente Olivier, de amplias dinámicas y registros inéditos completando una velada que fue calentando a medida que la música se acercaba a nuestro tiempo sin perder el respeto a los orígenes. Todo es mejorable, pero el maestro Mas Bonet estaba al lado ayudando y tomando nota para su concierto del miércoles donde al trío de ases de hoy se sumarán Brahms y Liszt en una verdadera fiesta sonora del órgano astur-palentino bajo el sugerente título “Música para la Pasión”.

La veteranía es un grado y los años dan el poso necesario no solo para la interpretación sino para la recreación de unas partituras siempre únicas y distintas según el órgano, el día, la temperatura… y el ánimo tanto del ejecutante como del oyente. Ya lo contaremos desde aquí mientras los organizadores de la SMRA siguen subiendo temas al Canal de YouTube©.

Briggs sinfónico en el KLAIS

Deja un comentario

Jueves 21 de septiembre, 21:00 horas. XXXIV Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE): David Briggs (órgano). Obras de J. S. Bach, F. J. Haydn, D. BriggsO. MessiaenM. Ravel, G. Mahler y N. Rimsky-Korsakov. Entrada libre. Precio del programa general: 1 €.

San Mateo además de fiesta en Oviedo (y Logroño), está marcado normalmente en mi calendario como el inicio del FIOCLE hasta noviembre con el patrocinio del CNDM (dentro del ciclo Músicas Históricas de León), que este año alcanza su trigésimocuarta edición mientras sigue presumiendo de su “bicho”, el órgano KLAIS ante el que los más reputados intérpretes comienzan a rendir pleitesía y admiración, como este primer concierto con el británico David Briggs (1962), que repetía visita a la Pulchra Leonina tras su participación en Todo Bach, comentando a los presentes en español antes de arrancar el concierto su devoción por un instrumento que en manos como las suyas volvió a sorprender a un público que hizo larguísima cola (llegando por la calle Ancha casi hasta la Casa Botines), porque a León acuden aficionados y peregrinos que mantienen año tras año un festival variado con el “rey de los instrumentos” como verdadero protagonista, articulado en torno a la música francesa en los diecisiete conciertos previstos para esta edición. Enhorabuena.

Si el “bicho” ya está sonando a lo largo del año celebrando los 25 años de la muerte de Olivier Messiaen cual Bach del siglo pasado en cuanto a la magnitud de su producción para órgano, qué mejor que unir a ambos en este primer programa, entretenido y variado donde las transcripciones orquestales junto a las improvisaciones también encontraron hueco. El amante de los pájaros seguirá con su monográfico dentro del festival con Giampaolo Di Rosa pero muchos conciertos también le recuerdan y David Briggs no dudó en sumarse al homenaje.

Como “prueba de fuego”, que también se cita en el programa general de este concierto inaugural, nada mejor que comenzar con J. S. BACH (1685-1750) y su popular Toccata y fuga en re menor, BWV 565 para hacer “rugir el bicho” desde unos ornamentos plenamente barrocos pero con registraciones e interpretación de lo más romántica. David Briggs optó por registros puede que “distintos”, especialmente en la fuga mezclando nasardos cuya afinación no sea del todo idónea en las contestaciones, así como un rubato continuo pero buscando el contraste típico desde un mayor impacto tímbrico que por la disposición de los tubos consiguió efectos estereofónicos muy logrados.

También jugó el británico con sonidos encontrados esta vez perfectos para las Tres Piezas para reloj musical (de “Flötenuhrstücke“, 1772/93) de FRANZ JOSEPH HAYDN (1732-1809), verdadero juguete en las manos del virtuoso intérprete que brilló mucho más en sus Variations on Greensleeves (2005), en una lenguaje actual lleno de disonancias explorando los registros del KLAIS donde a la conocida melodía tradicional inglesa se la reconocía revestida de unos sonidos y ropajes cercanos al siempre innovador y celebrado OLIVIER MESSIAEN (1908-1992) de quien Briggs eligió Le banquet céleste (1928), registros ya conocidos en el gran órgano alemán que resultaron como si para él fuesen indicados directamente por el galo al inglés.
Comentaba unas líneas más arriba que la música francesa será el eje vertebrador de esta 34º edición del FIOCLE, más allá de Messiaen, y así pudimos disfrutar de “la orquesta KLAIS” gracias a la transcripción que Eugenio Maria Fagiani hizo de La Valse (1919/20) de MAURICE RAVEL (1875-1937), tal vez majestuosa aunque poco clara en su escucha desde mi posición (esta vez a la entrada de la catedral, con la consola colocada en medio del coro y el público sentado en bancos y las “sillas de tortura” plegables rellenando todos los huecos posibles). Hubo momentos de sonoridades más logradas, la utilización del pedal de expresión consiguiendo efectos verdaderamente sinfónicos, la “pegada” del pedalero como contrabajos aerófonos (nunca la cuerda encontrará equivalencia en el órgano o el piano) y por supuesto los registros de trompeterías y lengüetería que ayudaron a darle esa pátina tan impresionista llena de colores de esta partitura inigualable en instrumentación de la que Ravel fue único y Fagiani parece haber buscado casi al detalle, faltando solamente una ejecución a la altura del compositor y transcriptor.

El propio Briggs hizo su propia transcripción del emocionante Adagietto de la Sinfonía nº 5 (1901/02) de GUSTAV MAHLER (1860-1911) que a diferencia con la anterior de Ravel buscó sonoridades propias en vez de intentar recrear unas cuerdas siempre imposibles en un órgano no electrónico. Puede que las emociones y recuerdos que afloran con esta música, en cualquier versión que elijamos, sean especiales para muchos de los presentes, dolor del alma que han hecho del Adagietto de la Quinta un himno a la pena “cantado” desde el respeto a la partitura por parte del organista inglés.
Continuó la fiesta sinfónica en el “bicho KLAIS” con NICOLÁI RIMSKY- KORSAKOF (1844-1908) y su conocidísimo El vuelo del moscardón (1899-1900) en arreglo de Willi Nagel, breve y virtuoso contagiando el humor de esta partitura orquestal que en el órgano con Briggs sirvió de contrapunto emocional del gran Mahler.

Y como David Briggs además de compositor y transcriptor es un reconocido maestro del órgano, las improvisaciones no pueden faltar en un concierto suyo. Así desde dos melodías tan conocidas como la Oda a la alegría de Beethoven más el himno God Save The Queen, el intérprete británico nos dejó una peculiar Improvisación: Tríptico Sinfónico sobre ambos temas con estructura propia, “Introducción y Scherzo – Fuga – Finale”, verdadera lección de una técnica que parece haberse recuperado por parte de muchos músicos como siempre se hizo desde los orígenes, esta vez con el lenguaje ya comentado de música atonal pero deudora de toda una vida transitando por la historia de la literatura musical como los propios compositores han afrontado sus obras. Búsqueda de registros que siguen apareciendo nuevos, luminosos como las vidrieras, oscuros como las interioridades pétreas, mosaico sonoro del órgano de Bonn cuyos tubos van tomando recio acento castellano en las catedralicias piedras seculares leoneas. La química entre intérprete e instrumento trasciende a los aficionados que seguiremos peregrinando para disfrutar con tantos maestros como está previsto sigan haciendo Música desde sus teclados, el único lenguaje universal. Un breve regalo de virtuoso con sonoridad americana (si se quiere canadiense) tras hora y media disfrutando.

Di Rosa y el dragón

1 comentario

Sábado 10 de junio, 21 horasCatedral de León 2017: El Misterio de la Redención, integral para órgano de Olivier Messiaen (1908-1992): Messe de la PentecôteGiampaolo Di Rosa (órgano).

Sigue paso a paso bajo la dirección artística de Samuel Rubio, quien presenta cada concierto organizado por el Cabildo S. I. Catedral de León, esta maratón Messiaen desde “el bicho de KLAIS“, fin de semana litúrgico desde la convicción del compositor francés con L’Ascension, Quatre méditations symphoniques y este sábado Messe de la Pentecôte (“Misa de Pentecostés”) a cargo del organista residente de la S. I. Catedral de León, congregando a unos fieles en el amplio sentido de la palabra, que disfrutamos con verdadero recogimiento este “bautismo de fuego”.

La Misa de la Pentecostés terminada en 1950, está formada por cinco momentos litúrgicos, síntesis de la función de los organistas con la improvisación litúrgica, esta vez cincuenta días después de la Pascua, cinco veces diez como los cinco números escritos por Messiaen, siete semanas con la meditación desde los Hechos de los Apóstoles que recordó antes del concierto Samuel Rubio Álvarez, también los pilares del compositor (fe católica, amor a los seres humanos y la admiración por los pájaros), la simbología con el dodecafonismo, los doce sonidos tratados con toda la magnificencia tímbrica que “el bicho KLAIS” de la Pulchra Leonina guarda en sus entrañas, y que este segundo sábado resultó ser un dragón escupiendo fuego, literalmente Pentecostés con la palabra hecha música de órgano. Mi ubicación de nuevo sentado en el coro me permitió sentir cada nota musical con toda la fuerza y delicadeza en los registros sabiamente elegidos por Giampaolo Di Rosa, dominando cada vez más ese animal cual San Jorge y el dragón con el órgano como lanza certera, al igual que los aspectos fundamentales recogidos en el programa de mano (para todo el ciclo).

1. Entrée, la entrada que representa “las lenguas de fuego” del Espíritu Santo a través del uso de ritmos irracionales, la métrica griega y rápidas alternancias tímbricas, lengüetería con ataques cortos en ilustración sonora para la liturgia.

2. Offertoirecomentario musical de “las cosas visibles e invisibles”, Símbolo de Nicea, catarata de matices con registros extremos combinados a la perfección, silencios para el recogimiento, monodias imposibles y cambios sonoros desde las dos fachadas, torrentes de graves casi inaudibles contrapuestos a flautados minúsculos, el pedalero más bajo posible cual campanadas o incluso sirenas de faro para ayudar a navegar con niebla antes de emprender el vuelo ingrávido de disonancias precisas y medidas, subidas celestiales con bajadas infernales rítmicas, conjunción de sonido y silencio en los momentos idóneos, trabajando el trémolo y el pedal de expresión plenamente románticos desde un lenguaje rompedor todavía en nuestros tiempos.

3. Consécration, el “regalo de la sabiduría”, la misma que para la elección de los registros del KLAIS catedralicio Di Rosa conoce, como pocos, el “Aleluya” de Veni Sancte Spiritus sobre el que después vendrían las improvisaciones, preparando oído y espíritu, nuevas meditaciones vibrando de los pies a la cabeza, el canto gregoriano inspirador como realce de la palabra y ahora la música pura del órgano.

4. Communion reúne todos los elementos impresionistas descriptivos de la naturaleza que Messiaen utiliza en su obra, “los pájaros y los manantiales”, cantos intraducibles pero refejados en las notas y gotas de agua salpicando el momento álgido del banquete católico, nuevo despliegue de registros escondidos en “el bicho”, el baño tímbrico refrescante tras el calor del fuego, oboes pastoriles flotando sobre un lecho acuoso recreado en agudos tintineantes con el efecto del vibrato en un acorde final que parece no terminar nunca.

5. Sortiecual gran tocata bachiana desde el lenguaje del siglo XX evocando “El viento del Espíritu Santo”, forma sobrecogedora casi amenazante por volúmenes capaces de emocionar y conmocionar, el Bach francés del nuevo lenguaje organístico, virtuosismo del intérprete para recrear al compositor, marcha de salida capaz de mover el aire de los tubos cual vendaval sonoro, mover y conmover que finaliza en un cluster hipnótico.

Y casi con la misma duración que la propia misa, llegó la “Improvisación” sobre el Veni Creator. Di Rosa comienza un nuevo viaje imbuido por Messiaen aún resonando en piedras y vitrales del que no sabemos dónde terminará, “ires y venires” buceando en los timbres encontrados, reutilizados, vistiendo y desvistiendo la secuencia medieval, estremecimiento de cardenales, el himno del siglo IX que este sábado dedicábamos a Pentecostés una semana después, la llamada del Espíritu Santo, más lenguas de fuego del dragón escupiendo fortísimos aldabonazos en los tubos de ambas fachadas, discurrir de ríos vertiginosos cromáticos en las dos manos, el ancla del pedal sustentando el vendaval sonoro del por mí bautizado “bicho KLAIS“, múltiples lenguas incomprensibles por momentos antes de encontrar un leve remanso de paz, silencios inexistentes y derroche creativo del organista italiano en el idioma del francés.

Una integral a la que todavía le quedan muchos fines de semana hasta diciembre en León, Catedral “Casa de Luz” y órgano únicos que siguen marcando diferencias con Messiaen sonando en ella.

Los acentos del órgano

Deja un comentario

Sábado 6 de mayo, 21:00 horas. S. I. Catedral de León.“Catedral de León 2017: El Misterio de la Redención”: Integral para órgano de Olivier Messiaen (1908-1992): Livre d’Orgue IIGiampaolo Di Rosa (órgano). Organiza: Cabildo S. I. Catedral de León, dirección artística: Samuel Rubio.

Cuarto concierto en “el bicho de KLAIS“, y segundo dedicado al Livre d’Orgue tras el primero del viernes, del que las notas al programa comentan que “es probablemente el ciclo de mayor complejidad, distinto de todos los demás: sus siete episodios están construidos fundamentalmente sobre la especulación y la técnica combinatoria, con un tratamiento rítmico extremadamente diverso. Fue escrito en 1951 en los paisajes de los Alpes y del Delfinato, cuando el compositor fue invitado a impartir cursos en Darmstadt, renombrada sede de la vanguardia musical de la época. Hay que subrayar el uso del lenguaje dodecafónico, de los ritmos hindúes, así como de los ritmos irracionales, del canto de los pájaros y de la superposición de las duraciones de los tiempos sonoros. Los episodios desde el segundo al sexto, se refieren al tiempo litúrgico indicado, mientras el primero y el último son meramente abstractos”.

Si el día anterior se ofrecían los cuatro primeros, este sábado casi familiar en “la Pulchra Leonina” llegaban los tres últimos presentados antes del concierto por el director artístico antes de pasar a escuchar la vigorosa interpretación del organista “castellano-italiano”, nuevamente generoso en el trabajo técnico que no todos sus compañeros se atreverían, pero especialmente en la búsqueda de registros que “el bicho” guarda, ideales no ya para el propio Messiaen sino aplicables en un repertorio amplísimo que enriquecen lo escrito, arduo trabajo de todo organista y tan importante como la propia ejecución.

La magia del número tres, trío como forma compositiva y simbología de la Santísima Trinidad plasmada en la V. Pièce en trio (pour le dimanche de la Sainte Trinité). Ni Messiaen ni Di Rossa olvidan la numerología para buscar ese uno y trino, unidad expositiva jugando con tres teclados donde el pedalero completa una “divinidad sonora” a partir de la inmovilidad, la contemplación de un glaciar alpino por parte del compositor en un ejercicio de meditación desde un lenguaje que transcurridos más de 60 años sigue resultando rompedor, y los tubos consiguieron generar un clima gélido de tensa calma, más allá del tiempo litúrgico para el que se empleó trascendiendo a lo etéreo desde las notas del órgano.

Nuevamente la inspiración en la liturgia y la Biblia, algo inherente a Messiaen, esta vez a partir de “El carro de fuego” del profeta Elías, un relato musical en lenguaje original del francés, las lenguas de Pentecostés casi como las del anterior glaciar, VI. Les Yeux dans les roues (pour le dimanche de la Pentecôte), la forma tocata grandiosa a lo largo de la historia del órgano y probablemente una de las partituras más complicadas de Messiaen que el organista italiano desarrolló en todo su esplendor. La anécdota de su interpretación en Finlandia para solamente nueve personas que resultaron ser compositores puede ilustrarnos la grandeza de esta obra para nuestro tiempo como fuente de estudio en la búsqueda de sonoridades y ritmos, algo en lo que Di Rosa sigue demostrándonos ser un mago investigando en el KLAIS, infinitas combinaciones para encontrar la adecuada en cada pasaje y cada fragmento. Fuego purificador, destructor y santificador, rara limpieza tras la quema cual castigo del que renace vida; transportado a los sonidos Messiaen consigue desde una meditada irracionalidad entretejer vibraciones en todo el espectro tímbrico y sensaciones este sábado ubicándome en el coro, sintiendo todavía más cercano el empuje del aire en los tubos, el viaje en un arrebato al primer cielo, el atmosférico, las cuatro fachadas soplando aire mágico entre vidrieras y muros catedralicios leoneses.
Faltaba el último número del Libro de órgano, verdadero manual del intérprete, la meditación profana ante una naturaleza veraniega, unos campos que se pierden en el horizonte y la sensación de bochorno en pleno estío, calor y color hechos música en VII. Soixante-quatre durées, una paleta de registros extremos de flautados y fagotes, sesenta y cuatro cromatismos en otro juego númerico junto a pastorales en el idioma dodecafónico más allá de la obsesión siempre presente de traducir el ininteligible canto de los pájaros de Messiaen. En esta página Giampaolo logró sonidos cautivadores desde las disonancias y la inmaterialidad de la contemplación más el juego de expresiones, plasmar lo ingrávido e inalcanzable de un horizonte sin un momento de respiro para el oído, exigente para público e intérprete porque la música de órgano de Messiaen es tan inabarcable como lo que pretendidamente quiere plasmar, más con el empleo de medios tonos que provocan la incomodidad contrapuesta.

Y para finalizar siempre la esperada Improvisación, esta vez sobre el canto popular leonés del Himno a la Virgen del CaminoGiampaolo Di Rosa, manteniendo aún el espíritu de Messiaen comenzó a navegar por los registros más insospechados del KLAIS y casi pudimos escuchar campanas, bandas de música, voces sin letra, el asombro de seguir descubriendo sonidos y ambientes, viajes de ida y vuelta en cascadas que el organista explorador y virtuoso emprendía desde la melodía popular recreando diálogos en los extremos, silencios evocadores y explosiones en lleno haciendo vibrar todo el cuerpo de un público fiel que está asistiendo cual apóstoles del evangelio de Messiaen en su totalidad.

«Y aún más que los acentos del órgano y la música
sagrada, conmovióme aquel silencio místico
que llenaba el espacio de indefinidas notas
tan solo perceptibles al conturbado espíritu»
(Rosalía de Castro)

La Ascensión y Pentecostés volverán en junio a la Catedral de León con Di Rosa cual predicador bíblico de Messiaen.

El color leonés de Messiaen

1 comentario

Sábado 22 de abril, 21:00 horas: Catedral de León 2017: El Misterio de la Redención: Integral para órgano de Olivier Messiaen (1908-1992): Obras individuales II. Giampaolo Di Rosa (órgano). Organiza: Cabildo S. I. Catedral de León; dirección artística: Samuel Rubio.

Monumental proyecto hasta diciembre de este año en “el bicho de KLAIS“, una verdadera “maratón Messiaen” para conmemorar el XXV aniversario de su fallecimiento, con el organista Giampaolo Di Rosa que este sábado abordaba el segundo de los conciertos. Tras una palabras del Presidente y Deán del Cabildo D. Antonio Trobajo Díaz y del director artístico, el organista italiano casi “adoptado” en León nos dejaría boquiabiertos con la segunda jornada dedicada a las obras individuales del auténtico genio del órgano del pasado siglo, de difícil asimilación para una parte del público que iba abandonando poco a poco la catedral incapaces de realizar un mínimo esfuerzo de comprensión e interiorización que esta música supone, tal vez reflejo de una sociedad habituada al consumo cómodo y rápido.
Como decía Samuel Rubio, si Bach es el padre del “órgano protestante”, Messiaen lo es del “órgano católico”, por lo que el marco de la Pulchra Leonina reúne todos los ingredientes: ideal por el propio espacio, el autor y su obras, un instrumento único casi diseñado para ello, más el intérprete adecuado para afrontar, puede que por primera vez en España, esta integral que en palabras del propio director artístico, recogidas en el programa del ciclo, “no somos nosotros los que le homenajeamos, sino que es él quien nos da la oportunidad de recordarlo para valorar en su justa medida su gran legado cultural”.

La obra de Messiaen no es lo suficientemente “conocida” ni muy interpretada por varias razones, primera su profunda religiosidad (que apreciaremos en los siguientes conciertos) reflejada no ya en los títulos sino en ese poso de “teología de la alegría y nunca del pecado” (en palabras de Samuel Rubio), siempre subjetivo y totalmente meditativo. Segunda por la búsqueda del color que para el organista supone la búsqueda de registros apropiados a cada partitura, pues vuelvo a citar a Rubio, “cada frase musical, cada concepto, cada anota tenía para él un determinado color -planteó que el color podrías ser elemento fundamental, estructural de la propia música- transformando así su música en una imagen sonora de tal manera que la combinación entre su uso innovador del color, su concepción personal de la relación entre tiempo y música, o su intento por expresar sus ideas religiosas, nos facilita distinguir una composición de O. Messiaen de una obra de otro compositor contemporáneo occidental”. Tercero y unido a ello, la enorme dificultad en la interpretación de su música desde la libertad y exigencia técnica que emana cada una de sus obras. El trabajo de Giampaolo Di Rosa en estos tres aspectos es encomiable, digno de admiración y un verdadero placer auditivo posible desde el KLAIS que sigue asombrando por el colorido que esconde, el “bicho alemán” que se debe domar en cada concierto y para el que el francés Messiaen parece perfecto en las manos y pies del italiano ya con acento castellano.
Comenzaba el concierto con el Verset pour la fête de la Dédicace, que como indican las notas al programa, fue escrita en 1960 para los exámenes de fin de curso en el Conservatorio de París, basada en el Alleluia Adorabo para la dedicación de la Iglesia y sobre un conjunto de elementos expresivos de alabanza, meditación, consuelo, alegría, súplica y paz. Tratándose de una forma de dimensiones reducidas, se destacan algunos pasajes propios de los últimos grandes ciclos. Delicados registros diferenciados en los teclados, ataques buscando el color sonoro mezclándose con el proyectado por las vidrieras en el crepúsculo abrileño, sonidos hechos luz desde esta “fiesta de la dedicación”, limpiezas disonantes, pinceladas y expresión condensadas en esta obra de madurez compositiva e interpretativa.

Proseguiría con Monodie (1963), cómo desde una “simple” linea melódica flautada puede armarse un cuerpo sonoro etéreo que discurre entre las tuberías de los dos coros cual susurro vital, notas largas y cortas perfectamente combinadas buscando la resonancia de la piedra y el vidrio, algo donde el KLAIS es único gracias a un Jean Guillou que entendió y tradujo al diseño de los alemanes, mientras Di Rosa lo transmite como pocos, fruto de su trabajo con la joya musical fabricada en Bonn.

La tercera obra Offrande au Saint Sacrement, publicación póstuma de 2001, es una obra de juventud, cuyo origen probablemente reside en una improvisación pero que mantiene el lenguaje del compositor francés en cuanto a esa búsqueda espiritual desde el sonido, cromatismos ascendentes y descendentes cual brumas sobre las que planean acordes en tesituras medias con registros casi celestiales, el color de los tubos, las combinaciones de registros de lengüeta con el trémolo justo para mantener esa ingravidez característica de Messiaen bien localizada por el organista italiano entre las infinitas posibilidades combinatorias.

Podríamos decir que asistimos al estreno en España del Prélude para órgano encontrado por Ivonne Loriod, la segunda esposa y musa de Messiaen allá por 1997. Supuestamente escrito por un joven compositor estudiante en París, que podría ser del mismo periodo del Diptyque, donde Messiaen utiliza una escritura muy influenciada por su maestro Marcel Dupré. Lo cierto es que conserva el gusto por las dinámicas “in crescendo” desde un inicio diríamos que meditativo, preparatorio de la liturgia que va ganando en volúmenes “macizos”, rotundos, diría que “bachianos” en concepto pero reinterpretados por un conocedor del instrumento como pocos en su tiempo, jugando con los plenos y tutti en búsqueda del mayor impacto sonoro. Preludio para el último tramo del concierto en otra ceremonia organística que nos llegaría con la noche.

Porque tras las “obras sueltas” vendría el género ideal de todo buen músico, más en los pianistas y organistas, la Improvisación, esta vez sobre la antífona Regina Coeli, expuesta y variada “al estilo Messiaen” como no podía ser menos tras lo anteriormente escuchado. Como en una exploración detallada de los registros utilizados y descubriendo los próximos, Giampaolo Di Rosa tras presentar la melodía fue variando y reconstruyendo esta conocida e inspirada antífona mariana recubriéndola de un arco iris sonoro donde no faltó la parte percusiva o rítmica en vestido francés rico en bordados tímbricos y trenzado artesanal desde el dominio técnico que permite semejante confección musical. Un torrente de luz, explosiones sonoras contrapuestas con momentos íntimos sin perder una globalidad que marcó el segundo concierto de esta integral que vuelve a poner el foco en León y su catedral con el órgano merecido más el regalo de Olivier Messiaen en la ejecución impagable de Giampaolo Di Rosa.

 

El órgano orquestal

1 comentario

Lunes 24 de octubre, 21:00 horas. Catedral de León, XXXIII FIOCLE: Daniel Oyarzabal (órgano). Obras de Bach, Mendelssohn, Brahms, Mussorgski, Messiaen Rimski-Korsakov, más Saint-Saëns. En colaboración con el CNDM. Entrada libre.
Regresaba el ideólogo de la integral de Bach en “el bicho Klais” y del vermut sabatino en el Auditorio Nacional madrileño, que vuelve esta temporada con mucho más que “el viejo peluca” aunque siempre vaya asociado al instrumento rey.  Como si se hubiese programado, la última propina de Guillou era la que abriría el concierto del instrumentista vitoriano en este festival que llena la Pulchra (y aún faltan otros dos que seguirán esta línea bachiana para no perder nunca el norte).

La “Sinfonía” de la Cantata “Wir danken dir, Gott” BWV 29 de Bach en los dedos de Daniel Oyarzábal resultó la auténtica acción de gracias divina, brillante en aire y registros, poderosamente barroca con aire joven antes de proseguir con el descubridor y seguidor de “nuestro Dios”, el Mendelssohn romántico que rinde pleitesía al maestro, primero con la Sonata VI en re menor (1845) cuyos seis movimientos comienzan con un Coral luterano respirando Leipzig por todas partes, el Andante sostenuto cual preludio o primera variación de sonoridades aterciopeladas e íntimas antes de las cinco siguientes, empuje de la nueva generación que romperá moldes en el Allegro molto (cuarta y quinta variación) por virtuosismo y plenitud tímbrica bien elegida por el victoriano, antes de la Fuga: Sostenuto e legato, limpieza de líneas preparando el Finale: Andante, vuelta al reposo en volúmenes y registros cual meditación personal tras el tributo bachiano de nuevo lenguaje. Otro tanto podría decir del Preludio y fuga en re menor, op. 37 nº 3 (1837) casi continuación del genio en un portento de aunar tradición y evolución, algo que en Mendelssohn, con Bach siempre presente en el órgano, consigue y Oyarzábal transmite.

Otro alemán como Brahms llevará las formas barrocas, más las propias del instrumento rey y también partiendo, como no puede ser de otra manera, de Bach y la evolución del órgano en cuanto a expresión, del coral (Herzlich tut mich verlangen y O Welt, ich muss dich lassen, ambos de sus Preludios Corales Opus 122) perfectamente entendido y traducido en los registros del intérprete alavés, y el inmenso Preludio y fuga en sol menor, WoO 10, mismas formas, misma herencia, mismo respeto, pero avanzando hacia un horizonte interminable e inalcanzable.
El salto lo dará el inigualable Oliver Messiaen y su Livre du Saint Sacrament (1984), de quien Daniel eligió La Résurrection du Christ, explosión sonora en un órgano como el Klais leonés que es perfecto en estos repertorios tan exigentes en combinaciones, volúmenes y efectos, más la oración tras la comunión íntima, reflexiva, bella y serena de Prière après la communion, herencias de escuela francesa y raíces cristianas comunes donde catolicismo o luteranismo se dan la mano con la música inspirada en la religión.

Impresionante interpretación de Oyarzábal que preparó sabores y sonidos rusos antes con “La cabaña sobre patas de gallina” de los Cuadros de una exposición (Mussorgski), la recreación más que transcripción al órgano de una magnífica obra sinfónica orquestada por Ravel, traspasada incluso por Guillou de rey a rey, confluencia rusa y francesa, pero especialmente con otro ruso pintor orquestal como Rimski-Korsakov, de cuyo Capricho español, op. 34 (1887) el también joven organista alavés Israel Ruiz de Infante preparó unos arreglos endiablados que sólo Daniel Oyarzábal puede afrontar para que “el bicho” supere la propia orquesta sinfónica. La Alborada, la Scena e canto gitano y el Fandango asturiano son mucho más que tres números sacados de tan magna obra, en el órgano pudimos disfrutar de manos y pies con toda la paleta sinfónica en los tubos, juegos de teclados y registros virtuosísticos sin perder nunca presencia las conocidas y populares melodías (que se ha dicho fueron escuchadas por el ruso en una escapada a Ciaño desde aguas mediterráneas, invitado por Don Pedro Duro) engrandecidas más que arregladas por Ruiz de Infante y hechas realidad por su paisano.

Por dos veces volvió Dani Oyarzábal y dos propinas en la misma línea orgánica orquestal pero francesa, Saint-Saëns con su Carnaval de los Animales primero el final donde los dos pianos y la orquesta fueron el pletórico órgano en otro endiablado arreglo lleno de fuerza, humor y virtuosismo, y el cristaliano Aquarium, lírico y sereno como la contemplación de los peces, timbres acuáticos llenos de brillos, pianos como arpas y tubos de ensayo orquestales porque así se adaptan los registros del Klais que finalizaron una velada de juegos sonoros llenos de volúmenes extremos.

Older Entries