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Liturgia leónigan

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Miércoles 8 de noviembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, concierto nº 1594: 20 años de El León de Oro (LDO), Marco Antonio García de Paz (director). Obras de Tavener, Byrd, Victoria, Pärt, Nystedt, Stanford, Rachmaninov, Arnesen y Lauridsen. Entrada no socios: 10 €.

Como todo declarado leónigan convencido, no importa peregrinar o repetir concierto porque cada uno es distinto, de nuevo Gijón esta vez teatro, otra acústica y algunas obras más que en la iglesia de La Laboral, pero toda la liturgia de una música coral religiosa que abarca 500 años para los veinte del LDO.

Repaso a parte del repertorio de esta vida coral que entra en plena madurez, lo antiguo y lo moderno en continua evolución, enseñanzas recientes del director honorífico Peter Phillips en Victoria y Pärt, puede que algo más relajados este miércoles pero igualmente entregados a unas músicas que dominan en todas las formaciones y colocaciones.

No importa la dificultad de la partitura, las disonancias casi imposibles, los dobles coros o las distintas ubicaciones en esa continua búsqueda de sonoridades allá donde van, los leónigans seguimos disfrutando. Vocalidad en estado puro, empaste, afinación, gusto por cada sílaba en latín o inglés, en ruso o castellano de acento mexicano como así lo dedicó el estonio Pärt, este coro sigue enamorando y ganando adeptos, los que no pudieron asistir a “la fiesta” del sábado y los que repetimos, porque así somos sus fieles seguidores, hooligans del LDO sin violencia, es decir leónigans.

Volvíamos a disfrutar de las obras dirigidas por P.P. pero asumiendo toda la responsabilidad Marco, de nuevo Tavener pero cambiando a Frank Martin por un muy sentido William Byrd y su Ave verum corpus “de cámara”, la emoción de la religión incluso para ateos porque la belleza no tiene credo.

En la segunda parte de nuevo Standford compartiendo visiones recuperadas y asentadas como el sorprendente Inmortal Bach (Knut Nystedt) aprovechando escenario y pasillos laterales para cantar a Mein Gott “deconstruido”, el Bogoroditse Devo (Rachmaninov) aún más profundo o ese “inmenso misterio” de Morten Lauridsen tras la “nueva” Even When He Is Silent (Kim André Arnesen, 1980) dominando un repertorio cercano a la propia formación con el amplio bagaje de sus compositores, que lo entienden como estos cantores sin complejos y así lo transmiten, búsqueda de la belleza coral en estado permanente de trabajo.

Interesantes las notas al programa de Miguel Rodríguez Fernández-Bustillo “Sobre el análisis musical” que dejo a continuación.

Contestando el último interrogante, con El León de Oro mis análisis son siempre emocionales, si litúrgicas son las obras, el público estuvo como en Misa (entendida también como puesta en escena) con el milagro de no escuchar toses pese a la penitencia del caramelo cercano, y escuchar al mejor coro asturiano se merece una cena allá donde pueda acudir.
Si hay dios, amén de Bach, seguro que también es musical, los leones sus voces y sus seguidores una parroquia que rogamos celebrar incluso las bodas de oro. El camino más difícil ya está superado, toca seguir disfrutando sin pereza y con toda la diligencia porque igual que el “dios cantor” escribía Soli Deo Gloria, El León de Oro canta a mayor gloria de todos, ateos incluidos ganados para esta causa mágica con la esperanza de seguir juntos este camino.

In Iuvenum Paradiso

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Miércoles 29 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de Sta. María La Real de La Corte, Oviedo: Concierto Coro del CONSMUPA “E. M. Torner” de Oviedo, Marco A. García de Paz (director). Obras de Palestrina, Rheinberger, Lasso, Bruckner, Lauridsen y Fauré. Entrada libre (bien valió la Misa).

La formación musical de nuestros jóvenes comienza en la escuela aunque los políticos dicten leyes que parecen desear alejada del currículo esta parte esencial de nuestra educación. La profesional específica ha mejorado desde mis años de estudiante y ahora Oviedo tiene tanto conservatorio profesional como superior aunque nuevamente los dirigentes sigan ignorando lo importante que es mantener en activo a su profesorado porque las aulas no pueden dar la espalda a los conciertos, puede que lo más agradecido para todo músico. Y como políticos siguen dando largas mientras perdemos profesorado que también es concertista.
La tradición coral asturiana es antigua aunque como la propia vida ha tenido altibajos. Pero podemos presumir de tener a una formación capaz de competir al más alto nivel mundial como El León de Oro, a cuyo director Marco Antonio García de Paz ha fichado el CONSMUPA para sembrar en este mundo coral y asegurar un futuro donde hacer música pueda considerarse profesión y no solo afición, pensando incluso en continuar exportando talento si los distintos gobiernos mantienen no ya esta miopía musical sino cultural.

El Coro del CONSMUPA se presentaba en La Corte antes de su gira con un programa donde no podían faltar referentes históricos que el propio Marco conoce y lleva trabajando hace mucho tiempo. Así abrieron velada en una iglesia abarrotada con el intimista Sicut Cervus (Palestrina) a cuatro voces más el monumental Abenlied op. 69 nº 3 (Rheinberger) a seis, demostrando el arduo estudio para lograr la deseada afinación, el empaste y por supuesto la musicalidad en dos obras al alcance de esta juventud preparada que carece de vicios adquiridos en otras formaciones adultas, cantando con naturalidad y buena interpretación ambas partituras, perfectamente llevadas por Marco.

La polifonía también se hacía con instrumentos, optando por un trío de trombones ubicado en el coro rememorando aquellos ministriles que con los sacabuches divulgaban una música sacra no siempre doblando las voces. Héctor Gómez Sorrigueta, Javier Ulises Esteban Martín y Miguel Ramiro Artero nos interpretaron a Palestrina (Motete), Orlando di Lasso (Adoramus Te, Christe) y el original Bruckner (Aequale nº 1 WAR. 114) cantando una letra no escrita, respirando como un trío vocal y llenando La Corte de sonoridades de antaño con el ímpetu juvenil y majestuoso de tres partituras diría que orgánicas en cuanto a presencia y dinámicas.

No podemos olvidar que estamos en plena Cuaresma y la música religiosa ha dado maravillosas obras, siendo las siguientes dos claros ejemplos:
Primero el O Magnum Mysterium (M. Lauridsen) que García de Paz probablemente haya ensayado cientos de veces con “los leones” y otros coros, por lo que dominar tan maravillosa como complicada obra supone contagiar a este coro sabiduría y confianza. La interpretación ayudada por la acústica del templo estuvo plagada de buen gusto y hacer por todos, ricos matices, voces limpias en emisión con tesituras extremas donde las sopranos brillaron bien contrapesadas por una cuerda de bajos consistente, pero seguro lo habrán tomado como un examen sobre el que seguir trabajando los próximos ensayos. Así es el mundo de la música.

Y como “Proyecto final” el esperado Réquiem, op. 49 (versión 1893) de Gabriel Fauré, una de las obras que más habré escuchado, cantado y sobre tocado al órgano, esta vez un excelente Carlos García Álvarez, más un conjunto instrumental liderado por el profesor de viola Paulino Jardón, con un plantilla que dejo recogida en la copia del programa más arriba, sumándose un contrabajo (René Ispierto Jiménez), una trompa, dos trompetas, el trío de trombones más los timbales de Vanesa Menéndez Alonso, el solo de violín de Alejandro Trigo-Asensio en el Agnus, y dos solistas del propio coro aunque veteranos pese a su juventud: la soprano Olaya Álvarez Suárez (Pie Jesu) y el barítono Manuel Quintana Aspra (Offertoire y Libera me). La partitura tiene momentos gloriosos con el sello propio del francés y los instrumentistas deben sonar presentes sin tapar las voces, algo que Marco A. García de Paz tuvo presente desde el principio. Supo sacar esas armonías tan características sin perder la belleza melódica y todo el ropaje instrumental de los siete números, con los balances no siempre perfectos ante la reverberación, especialmente en los tempi más ligeros. Pero volví a disfrutar y poner la piel de gallina con el Introit et Kyrie, luz perpetua que sigue iluminando muchos momentos, el Pie Jesu de la soprano con voz angelical, limpia, afinada, sentida, casi infantil, o el Libera me de este barítono que prefirió el buen gusto a la potencia. No hubo problemas con las intervenciones del tutti, el órgano casi siempre se mantuvo en su sitio, salvo en In Paradisum que quedó algo atrás, los metales perfectamente ensamblados con las voces en el “Cordero de Dios“, los timbales lo suficientemente presentes para “la ira de Dios”, y una cuerda más que suficiente para garantizar un réquiem más que digno a nivel global aunque el protagonismo lo lleva el coro, la voz del pueblo que ojalá tuviese la misma formación que esta juventud musical sacrificada y siempre apoyada por las familias sin las que su esfuerzo no se vería tan recompensado como en estos conciertos.

Enhorabuena a todos por llevarnos a este paraíso juvenil en uno de los “Réquiem” más luminosos y esperanzadores que se han escrito (curiosamente por alguien poco creyente) y a Marco Antonio García de Paz por continuar creyendo en la música coral desde nuestra tierra.

Cocinando de cine con la banda

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Domingo 22 de enero, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo: Banda de Música “Ciudad de Oviedo”, Christian Brandhofer (trombón), David Colado Coronas (director). Obras de Rossini, J. de Meij, M. Lauridsen y A. Boublil-C. M. Schönberg. Entrada libre.

Buena tarde dominical con música de banda, algunas transcripciones que son otra forma de hacer llegar el repertorio sinfónico y coral, pero sobre todo la escrita específicamente para estas formaciones, que en el caso de la banda ovetense sin llegar a sinfónica dio mucho juego con el programa elegido. A falta de notas en el programa, en cada partes, sin descanso, fueron leídas por una de las clarinetes, que sirvieron para conocer un poco más las obras.

La obertura de La Gazza Ladra (Rossini) es conocida por su utilización tanto en publicidad como en el cine, especialmente en “El honor de los Prizzi” por un grande como el italiano que también se dedicaría a la cocina, un poco el ambiente dominical. Aunque no se tratase de la interpretación sinfónica, este arreglo para banda de música nos acerca fidedignamente los solos de oboe y clarinete para lucimiento de los primeros atriles, disfrutando igualmente de la pareja de cajas y especialmente de los cambios de tiempo bien marcados por un David Colado curtido en todo tipo de formaciones instrumentales que tomaba la batuta en este primer concierto del año, con la intención y sonido tan rossiniano que logró sacar una versión más que correcta.

La obra estrella de la noche fue el T-Bone Concerto de Johan de Meij (Voorburg, 1953), que tiene tanto versión con piano, para brass-band y lógicamente para banda, un concierto para trombón con el solista de la OSPA Christian Brandhofer, organizado tanto en el título como en sus tres movimientos con un juego de palabras curioso, trombone y T-Bone cual formas de preparar este manjar para los carnívoros y melómanos: el primero Rare (Poco hecho), amplio de sonoridades con juegos entre las secciones más un rítmico piano, incluyendo además alguna intervención solista con sordina buscando texturas al oído cual paladar y con unos fraseos realmente hermosos. El Medium (En su punto) es el movimiento central de ritmo ternario muy majestuoso y con un grupo de cámara dentro del tutti para la parte B más rápida antes de volver a la A casi triunfal pero “apianando y ritardando” para un perfecto diálogo bien “cantado” entre solista y banda. El último Well done (Muy hecho) resultó juguetón, movido, equilibrado además de perfectamente ejecutada esta partitura llena de complicidades y complicaciones (el compositor es además de director, trombonista, como David Colado, y bombardino), con una percusión casi siempre subrayando toda la melodía con placas varias (xilófono, glockenspiel…) donde tampoco faltaron las campanas, también variando los tempi a lo largo del segundo tema retomando el vivo en una fiesta multicolor tras este T-bon bien cocinado por un Brandhofer en su salsa. Un placer paladear música compuesta para banda por un músico como el holandés afincado en los EE.UU. (esperemos que Trump no le eche) que domina la tímbrica como nadie y tiene partituras realmente excelentes.

La propina cual postre americano e internacional en un momento feliz del trombonista equiparable al del compositor, Elegy for Mippy II de L. Bernstein.

La segunda parte comenzaría con O magnum Mysterium (Morten Lauridsen, 1943) que mi admirado coro El León de Oro canta como nadie, esta vez arreglado cual coral sin letra ni batuta para realzar esa polifonía tan del maestro de ascendencia danesa subrayada puntualmente por timbales, bombo o platillos que “magnifican el misterio” aún más terminando, en un pianísimo muy logrado tras unos reguladores de lo más trabajados y como si de un coro a boca cerrada se tratase (especialmente los metales). Difícil transcripción la de H. Robert Reynolds pese a ser especialista y conocedor de la música de banda, que de no conocer el original da mucho juego aunque nada puede compararse con la voz humana.

Y otro tanto sucede con el musical Los Miserables (A. Boublil / Claude Michel Schönberg) en arreglo de Marcel Peeters, selección de cinco temas para cerrar concierto con todos los efectivos al mando de Colado que sacó siempre a primer plano las conocidas melodías de este musical veterano de los años 80 llevado también al cine en 2012, para lucimiento de cada sección, especialmente saxos y bombardinos no siempre reconocidos ni tan protagonistas como el resto. Buen sonido e interpretación idónea para los números elegidos bien contrastados que nos transportaron a la gran pantalla.

Bisaron el final de “La Gazza” un poco más movida que al inicio, para no perder el ambiente cinematográfico y gastronómico para una sala que presentó una entrada de comensales que ya quisiéramos para otros eventos.

Volverán más domingos de febrero (12 y 16) y marzo (12 y 16) para completar un trimestre que sigue apostando por la Banda de Música en Oviedo, tocando madera para que no sigan recortando a la ciudad una tradición que es parte de su propia historia.

Mieres orgulloso de su Banda

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El pasado domingo 1 de mayo en el Auditorio “Teodoro Cuesta” volvimos a escuchar a la Banda de Música de Mieres esta vez con el Coro IES María Guerrero de Collado Villalba, uniendo lazos con otras agrupaciones que conforman el acerbo cultural diario de localidades que no siempre tienen acceso a los grandes auditorios a la vez que forman y encauzan aficiones. A través de coros como el de este instituto del que forman parte profesores, alumnos actuales y antiguos, padres… o bandas de música como la de Mieres que ha sacado del olvido parte de la historia local, acercando jóvenes y veteranos de varias partes de Asturias hasta la cuenca minera han vuelto a demostrar que la unión hace afición, que los valores de cooperación siguen vigentes, que el altruismo cultural sigue vigente, y además con el reconocimiento del pueblo que continúa acudiendo a sus conciertos, algo hasta hace poco considerado de extraordinario.

El coro que dirige la argentina Carina Brezzi (1967) no pretende más de lo visto y escuchado: el amor por la música uniendo generaciones y llevando el nombre de Collado Villalba y del instituto desde 2003, supongo que con todos los cambios de plantilla habituales en coros de este tipo, además del sacrificio que supone dedicar “tiempo libre”, más del que muchos se creen, a preparar repertorios como el que trajeron a Mieres, agradable, variado y con música popular de todo el mundo. Desde la Canción de cuna costera (Linares Cardozo) con acompañamiento a la guitarra del “profe de Francés” evocando la patria de la responsable coral, la gallega y triste Lela (Alfonso Daniel Rodríguez Castelao) con algunos problemas de afinación, la coreografiada por coro y público Ipharadisi, con el ritmo al cajón del citado profesor, un tema popular sudafricano agradecido de cantar y compartir, el conocido Hallelujah (Leonard Cohen) con el profesor de música al teclado (supongo que no sea su instrumento habitual) y que en Mieres han cantado varias veces el coro local que dirige Reyes Duarte, para finalizar también con el conocido y bellísimo Dirait On (Morten Lauridsen) una vez resuelto el cambio de tono anterior en el teclado. Esfuerzo plausible pero exigencia de buscar siempre calidad, así como un consejo de veterano para Carina: la tranquilidad se transmite, hay que tener claro el tono del coro antes de arrancar, y por supuesto mejor parar y comenzar de nuevo que seguir mal, decisión correcta que seguramente muchos de los presentes ni se percataron.

Por supuesto cantar con el acompañamiento de una banda es mucho mejor para cualquier coro, y así cerrarían el concierto, aunque lo comentaré más adelante.

La Banda de Música de Mieres lleva desde 1991 luchando contra los elementos por recuperar una historia que incluso ya tiene su estudio con la tesis doctoral a cargo precisamente de uno de sus componentes, el profesor, doctor en Musicología y timbalero José Ramón Vidal, y que con el murciano Antonio Cánovas Moreno (1979) está consolidándose desde su llegada al podio hace ocho años como una joven agrupación de calidad, especialmente apostando por repertorios que conjugan tradición y modernidad, madurez y futuro aplaudiéndoselo como aficionado y profesor, puesto que el mundo de las bandas tiene en esta época un resurgir global con obras adaptadas a las plantillas y que con los ensayos bien aprovechados consiguen triunfar allá donde se lleven, como sucedió este primero de mayo. Aún en mi recuerdo el anterior “concierto de primavera“, las obras de entonces resultaron más trabajadas, empastadas y hasta impactantes, asentadas y asumidas con verdadero convencimiento por todas las secciones que cuentan con solistas excelentes, dando una dimensión de grandiosidad que el público premió con merecidos aplausos.

Desde el pasodoble Marta Agustín (Pere Sanz Alcover, 1975) valenciano como la horchata y con un trompeta de postín hasta el arreglo del holandés Johan Meij (1953) de Star Wars Saga (John Williams) plenamente americano, que con la selección de números del oscarizado compositor en esa adaptación para banda por parte del holandés, referente mundial en el nuevo repertorio, los músicos de Cánovas sonaron sinfónicos. Y otro tanto podemos decir del difícil y complicado Danzón nº 2 (Arturo Márquez, 1950) en arreglo de Oliver Nickel, otro compositor a tener en cuenta como así se encargan estos directores siempre al día en obras, conocedores de la materia prima con la que trabajan, dejándonos una interpretación de calidades superlativas donde quiero destacar a la pianista y a toda la sección de percusión por ser sustento obligado del resto, haciendo ilusionarnos a todos los melómanos y seguidores de nuestra banda.

Las dos obras con el coro fueron la mejor forma de unir y confluir, el arreglo del galés John Glenesk Mortimer (1951) del tema principal de la película 1492: The conquest of Paradise (1992) del griego Vangelis (1943), con un Cánovas escrupuloso en los matices para dejar protagonismo a las voces madrileñas cuando aparecían, sin olvidar la riqueza tímbrica de la propia partitura, y sobre todo el Gospel Train (Norman Tailor), “poutpurri” de espirituales negros sencillos de cantar, excelentemente orquestados y broche sinfónico-coral que levantó de nuevo al público de sus asientos para vitorear esta fiesta musical de un día señalado en el calendario.

Solo pedirle a Ramón Hernández, presidente de la AMAM, que sus notas podrían acompañarse como programa, evitando sus largas exposiciones de presentación de temas y formación (por otra parte sí incluidas en unos programas poco manejables pero completos).