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Milagrosa Suor Angélica

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Sábado 14 de julio, 20:30 horas. X Ciclo Música Relixiosa: Ópera en Barcia de Mera. Giacomo Puccini: Suor Angélica. Entrada: 10 €.


El turismo musical es una actividad ideal para conjugar ocio y cultura, por lo que la escapada de fin de semana al Balneario de Mondariz me hizo encontrarme con la posibilidad de asistir a la representación de Suor Angelica de Puccini (con libreto de Giovacchino Forzano estrenada un 14 de diciembre de 1918 en el MET neoyorquino) dentro del ciclo de Música Religiosa de Barcia de Mera en el concejo de Covelo el pasado sábado en esta joya del barroco gallego, una oportunidad única para disfrutar de la soprano Beatriz Díaz y la mezzosoprano Belén Elvira debutando roles protagonistas junto al maestro J. A. Álvarez Parejo al piano, responsable de toda la dirección musical junto a distintas solistas femeninas del Coro Vox Stellae.

Entorno ideal para este drama femenino con dirección de escena de Luis Martínez y diseño de vestuario de José Miguel Ligero realizado por Cornejo en una iglesia barroca que resultó perfecta en ambientación, con un lleno hasta el coro acogiendo la zona del altar y la sacristía toda la acción conventual con el único acompañamiento de un piano vertical más que suficiente para llevar el peso instrumental, por cierto dificilísimo, bello y recreando el arreglo original del propio Puccini que el inconmensurable Juan Antonio Álvarez Parejo sin un solo respiro, resolvió con maestría sacando del piano japonés unas sonoridades realmente celestiales a lo largo de la hora larga de representación. Con él quería comenzar por las exigencias que supone no solo esta partitura sino también la de llevar la dirección desde su posición en la iglesia para las entradas al coro y solistas fuera de escena (en la sacristía) e “intuir” la propia acción principal con las cantantes dándoles la espalda.

La seguridad del maestro madrileño se transmitió a todas las voces, con la musicalidad y veteranía de un grande que pudo hacernos olvidar la orquesta para recrearla desde las teclas, incluso recrearnos inicio e “interludio” antes de la escena final con la sonoridad sinfónica de un piano exprimido en toda la gama dinámica. Mi sincera admiración hacia Parejo al que pronto volveremos a disfrutar en Gijón en el poco reconocido papel de repertorista sin el que las voces nunca pueden brillar como este sábado gallego.

Nadie diría que la asturiana Beatriz Díaz como Sor Angélica o la canaria Belén Elvira en el papel de Zia Principessa debutaban en sus roles, pues fue tal la entrega de ellas junto al elenco femenino de Vox Stellae que las emociones fueron indescriptibles para un público callado, respetuoso, al que podíamos escuchar respirar acongojados con esta historia conventual donde la luz crepuscular también ayudó a la ambientación. Plantas al pie de las que tomar los remedios para ungüentos varios, la tarima granate, la sacristía desde donde escuchar a las monjas cantar sus oraciones, campanas reales anunciando la llegada de la anciana Zia que comunicará a su sobrina recluida el fatal desenlace del hijo entregado, la silla donde firmar el pergamino, tintero y pluma acercadas a la desgraciada Angélica, la zona trasera del altar donde prepararse el veneno, el crucifijo central y hasta la clemencia final a una Virgen que presidiría la acción final del arrepentimiento de la moribunda y la aparición desde el fondo de la iglesia del hijo (Iria Boullosa) para el milagro místico y redención final, todo adecuado para hacer creíble un relato duro como la propia partitura del genio de Lucca.

Quienes me leen saben que vengo diciendo hace tiempo que Puccini parece haber escrito para Beatriz Díaz, este binomio con el que la allerana crece y siente desde los inicios líricos, afrontando cada uno de sus roles con la madurez que da el tiempo, sin prisas, volcándose en cuerpo y alma con unas partituras muy trabajadas y vividas. Así podemos ir repasando la joven Liu de Turandot, siguiendo la Mussetta con alma de Mimì de Bohème (esperando le llegue el protagonismo deseado) y del llamado Triticco primero la Lauretta de Gianni Schicchi debutada en el Teatro Colón de Buenos Aires y ahora esta Suor Angelica “gallega” en un momento vocal impresionante, unido a su siempre convincente dramatización, calificativo sincero de soprano pucciniana y de raza que volvió a enamorar con su interpretación. La conocida aria Senza mamma puso los pelos de punta por musicalidad, gusto, colorido y emociones aunque cada aparición de la asturiana es entrega total que el público agradece rindiéndose a los pies de “nuestra sopranísima” como la bautizó nuestro común y querido amigo eMe Brabóo.

Otro tanto de la lanzaroteña Belén Elvira que puso su excelente buen hacer desde la tesitura de “las malas”, una mezzo igualmente en momento dulce para el rol de la Zia Principessa que defendió desde la convicción y el buen cantar para el verismo donde se mueve realmente cómoda, color homogéneo en todo su registro, buena proyección y empaste ideal con la asturiana que la cercana Filarmónica de Vigo ya disfrutase de ambas con el piano de Parejo hace ya tres años, puede que la llave de esta nueva puerta abierta en Barcia de Mera donde parte de la organización conocía el buen hacer de este trío protagonista.

No puedo olvidarme del resto de monjas del coro Vox Stellae, papeles exigentes todos en una de las óperas más complejas y difíciles de Puccini, con pocas referencias para ellas que se comportaron al mismo nivel de las protagonistas tanto en los bellos momentos corales (caso del inicial Ave María) como en las breves intervenciones solistas desde las voces graves de la Madre Abadesa (Mariola González), la Celadora (Aida Cruz) o la Maestra de novicias (Malena Pazos) hasta la Enfermera, Dolcina y Osmina de Aida López además de las sopranos para las hermanas Genoveva (Alba López Trillo), postulante y conversas Xiana Insua junto a Cecilia Rodríguez. Un plantel que funcionó en todos los aspectos redondeando una representación magnífica.

El trabajo bien hecho tiene la recompensa esperada y este convento pucciniano obró otro milagro desde la calidad y profesionalidad de una producción “inesperada” para esta iglesia de San Martiño. Mi más sincera enhorabuena a la organización por la apuesta que acertó con este dramón de final feliz e intérpretes de casa donde tuvimos dos grandes a las que podemos añadir artículo al apellido, La Díaz y La Elvira. Un placer haber disfrutado este debut.

Lírica en Gijón

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Jueves 12 de octubre, 20:30 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Sociedad Filarmónica, Gala Lírica: Carlos Álvarez (barítono), Rocío Ignacio (soprano), Jorge de León (tenor), Juan Antonio Álvarez Parejo (piano).

Magnífica fiesta lírica con tres generaciones de voces españolas triunfando por el mundo y un pianista que sigue al pie del cañón trabajando repertorios tan variados como el de este Día de la Hispanidad.
Concierto de calidad y cercanía tocando todos los palos, el musical, la opereta, nuestra zarzuela y la ópera, la voz como verdadera protagonista organizada a la usanza de solos y dúos bien buscados para llegar a un público fiel aficionado a la lírica venido de distintos puntos de Asturias al abrir la centenaria sociedad gijonesa la taquilla, ampliando un aforo que los asociados no pueden llenar.

Tras la salida a escena del cuarteto de artistas dándonos la bienvenida el “veterano” barítono malagueño, comenzó el tenor canario Jorge de León con esa bellísima Maria del “West Side Story” (Leonard Bernstein) pletórico y lleno de matices tomando el relevo Carlos Álvarez con el “Sueño imposible” (Impossible dream) de “El hombre de La Mancha” (Mitch Leight), dos óperas más que musicales del siglo pasado también llevadas a la pantalla y conocidas en versiones más o menos líricas. Y cual musical la opereta del “rey Lehar” especialmente “La viuda alegre” para disfrute de la sevillana Rocío Ignacio con Vilja oh Vilja más reposado de lo habitual, y el dúo con el tenor canario del vals cantado en español, páginas conocidas y bien interpretadas, sentidas y mimadas desde el piano de Álvarez Parejo antes de acometer nuestra zarzuela.

Dificultades y exigencias aún mayores, cantantes y actores más que a la inversa para cuatro joyas de nuestra zarzuela defendidas como debe ser para alcanzar la calidad que se merece. Primero la soprano con la romanza Un tiempo fue de “Jugar con fuego” (Barbieri) de amplio registro y color uniforme, buena dicción y expresión, después el poderío y gusto de nuestro barítono más internacional en Luché la fe de “Luisa Fernanda” (F. Moreno Torroba), cantada con sentimiento y estilo único del malagueño para rematar en dúo andaluz del mismo compositor para “La Marchenera” que pudimos disfrutar en Oviedo, esta vez con piano pero igualmente agradecido, empaste, relevo generacional que hace coincidir madurez y frescura.

Verdi no pasa de moda y todavía estamos disfrutándolo estos días desde Oviedo, páginas que a nuestros cantantes les abre puertas en todo el mundo y demostrando su dominio. Dura el aria Come in quest’ora bruna de “Simón Bocanegra” para una soprano con voz creciendo poco a poco, durísimo ganar cuerpo y volumen en el grave pero bien defendida por Rocío Ignacio.
Para cerrar esta segunda parte cuatro números de “Otello“, el Shakespeare verdiano elevado al olimpo lírico para rodar dúos y arias en tres personajes dispares condenados a entenderse. Maravilloso estar cerca del escenario para ver la transformación gestual y actoral en cada número, Già nella notte de soprano y tenor, Desdémona aún más cómplice que la viuda de la primera parte, Credo in un Dio crudele de auténtica recreación a cargo de Carlos Álvarez en un momento álgido olvidado el pasado y disfrutando de una etapa nueva de mayor goce escénico y vocal; Dio mi potevi scagliar… nos descubrió nuevos colores del tenor Jorge de León, con cuerpo en el grave y agudos seguros en todos los matices. Y la guinda del pastel nuestros particulares Otelo y Yago del segundo acto, el dúo Si, per ciel, guiños de entendimiento y sabiduría, paleta de colores complementarios para enriquecer ese lienzo donde la reducción orquestal al piano es verdaderamente endiablada pero la belleza vocal primó de principio a fin. Excelente dúo de altos vuelos “Made in Spain” para un tenor canario que encara este demandado moro de Venecia con solvencia junto a un Yago talismán más que dominado por el barítono malagueño, para quien Verdi siempre es una llave que seguirá abriendo puertas.

De propina nada menos que dos dúos también verdianos: los caballeros Álvaro y Don Carlo en Solenne in quest’ora, el duetto de “La forza del destino” y los andaluces dejándonos a Leonora y El Conde Luna en “Il trovatore”, desigual peso de personajes y voces pero buen cierre para seguir tarareándolo entre las funciones del Campoamor, a donde volverán Carlos y Jorge con el “Andrea Chenier” que cierra año, penúltimo título de la temporada. El buen sabor de boca durará varios días.

P.D.: Crítica de Ramón Avello en El Comercio. Crónica en La Nueva España.

Pasión lírica con más amor que desdicha

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Viernes 13 de febrero, 20:15 horas. Sociedad Filarmónica de Vigo, Auditorio Centro Cultural Afundación, Vigo. Pasión Lírica “Entre el amor y la desdicha”: Beatriz Díaz (soprano), Belén Elvira (mezzo), Juan Antonio Álvarez Parejo (piano). Arias y dúos de ópera y zarzuela.

En pleno siglo XXI mantener sociedades filarmónicas es toda una labor épica, abonados que van dejando por razones obvias su gran afición y poca juventud que tome el relevo. Lástima porque siguen siendo la escuela formativa para mayores auditorios tanto para intérpretes como público. En ellas podemos seguir disfrutando de la llamada música de cámara y recitales líricos con piano que llenarían grandes salas con orquesta.

Ferrol, Coruña y Vigo aunaron esfuerzos para lograr un recital de auténtica pasión con dos mujeres de larga trayectoria y un pianista que ha dedicado toda su vida a este género, acompañando voces que siguen triunfando.

La asturiana de Bóo Beatriz Díaz, la canaria de Lanzarote Belén Elvira y el madrileño Álvarez Parejo organizaron un programa para esta pequeña gira gallega que hizo las delicias del público conocedor de casi todo lo escuchado (más allá de la edad), arias y dúos para soprano y mezzo donde las voces lograron triunfar tanto en solitario como juntas gracias a un empaste perfecto, algo difícil de encontrar en estos tiempos, con alternancia de números que hicieron aún más atractivo el concierto.

La primera parte la abriría Mascagni con su Cavalleria Rusticana, la escena y oración a piano solo emulando una orquesta con esa música siempre bella, antes del Voi lo sapete, o mamma de la mezzo canaria, continuando con Puccini y dos delicias suyas, Tu che di gel sei cinta de “Turandot” que parece escrito para la asturiana, y el dúo de las flores de Madame Butterfly, dulzura allerana y el perfecto entendimiento entre los tres intérpretes. Esta temporada de ópera en Oviedo pude escuchar dos versiones de Butterfly y el esperado “Samson et Dalila” (Saint-Saëns) del que Belén Elvira desgranó la conocida Mon coeur s’ouvre à ta voix convincente, como si las mezzo canarias tuviesen un don para este rol. Las joyas brillaron con Beatriz Díaz en el “Faust” (Gounod) de Ah! Je ris des me voir, gusto y escena siempre de la mano, con esos rubati impecables y bien entendidos desde el piano, antes de la conocida Barcarolle, dúo de “Los cuentos de Hoffmann” (Offenbach) que confirmó el empaste de ambas voces, a unísono como una sola, con los planos en perfecto equilibrio y un piano siempre pendiente de las protagonistas. El cierre operístico de la primera parte lo puso Bizet con la conocida Habanera de “Carmen” ideal para la mezzo canaria hoy con piano, y Les filles du Cadix (Delibes) que en la voz de la asturiana son otra delicia en versión recital que nunca cansa escuchar, destacando lo difícil que resulta cantar en francés sin cambiar el color de voz, algo que lograron ambas.

El llamado género chico lo es solo de nombre, junto con una zarzuela que seguimos sin saber vender incluso en recital, pese a contar con páginas hermosísimas y de igual o mayor calidad que muchas de sus “hermanas mayores”.

La selección adecuada, exigente y nuevamente completa en registros, escena y acompañamiento, destacando El dúo No merece ser feliz de “Los Gavilanes” (Guerrero) con madre e hija convincentes o el agradecido Todas las mañanitas de “Don Gil de Alcalá” (Penella), donde sólo faltó hacer los coros al público. Sobrios el ¿Qué te importa que no venga? (Serrano) de “Los claveles” por la canaria, y  la petenera Tres horas antes del día (“La marchenera“) de Moreno Torroba por la asturiana, en registros y colores de voz apropiados para ambas para deleitar y recrearse aún más en las siguientes romanzas solistas de la Canción de Paloma de “El barberillo de Lavapiés” (Barbieri), endemoniada para pianistas acompañantes (como toda reducción orquestal) y más para sopranos que logren cantar todo lo escrito además de interpretarla escénicamente, a lo que Beatriz Díaz nos tiene acostrumbrados ¡Brabóo!, y el Chotis del Eliseo de “La Gran Vía” (Chueca), tan castizo en todo que nadie diría que Belén Elvira sea canaria, más un “organillero” de lujo el piano de Parejo. Nada mejor que un poco de humor todos juntos con una página compleja en partitura, con cambios de ritmo difíciles de encajar, y escena simpática como es el dúo de “Los sobrinos del Capitán Grant” (Fernández Caballero), ese En Inglaterra los amantes… donde Miss Ketty Beatriz y Soledad Belén nos hicieron reír con su escenificación, sin escatimar nada en un canto nuevamente bien ensamblado, templado y acertado.

Largos aplausos y dos regalos en solitario también españoles, ese El vito de Obradors que Beatriz Díaz defiende como un auténtico “lied” español mientras Álvarez Parejo protagoniza al fin algo puramente pianístico y no orquestal, exigencias bien resueltas por ambos intérpretes, y La tarántula de “La Tempranica” (G. Giménez), con Belén Elvira que da a lo pícaro altura artística en esta mezzo de amplio registro. Excelente recital con auténtica pasión donde entre el amor y la desdicha reflejadas en las partituras estuvo el buen hacer y calidad de los tres intérpretes.

Como curiosidad seguirán viaje hasta el Baluarte de Pamplona para hacer una antología de zarzuela con coros, orquesta y distintos solistas, comentando que mi admirada Beatriz Díaz cantaba estos recitales gallegos a caballo entre su reciente Oscar de Ballo en la ópera de Bolonia y la Clementina (Boccherini) de mayo en la Zarzuela madrileña. No está nada mal un recital con ambos géneros, más allá de mantener repertorio porque siempre son grandes cuando hay calidad en los intérpretes, algo que se corrobora en cada actuación.