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41 años de SMRA y otro estreno en Avilés

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Sábado 17 de marzo, 20:30 horas. XLI Semana de Música Religiosa de Avilés, Parroquia de San Nicolás de Bari: coro femenino de cámara Aquam Lauda, Javier Busto (director). Obras de Josu Elberdin (1976), Alfonso X El Sabio (1221-1284), Michael McGlynn (1956), Tomás Luis de Victoria (+1611), Javier Bello-Portu (1920-2004), David Basden (1957), Christine Donkin (1976), Hyun Kook (1967) y Javier Busto Sagrado (1949).

La Semana Santa avilesina tiene una cita previa en el terreno musical, otra veterana y referente de la música religiosa dirigida por Chema Martínez al frente de un equipo que con mucho trabajo y esfuerzo de todo tipo en esta era de recortes siguen apostando por la calidad y ofreciendo conciertos de primera donde sigue el espíritu de los estrenos que marcan parte de estas cuarenta y un ediciones.

Un coro de cámara hoy con 17 voces blancas irundarras con Javier Busto de director era todo un reclamo y cartel ideal para arrancar la edición 2018, primero de los cinco conciertos y tres espacios, con un público abarrotando la iglesia de San Nicolás tanto local como aficionados de toda Asturias y alumnos además de amigos del doctor Busto, muchos “leones” que han bebido de las enseñanzas de esta figura de la música coral internacional. Un lujo tenerlo entre nosotros y volver a disfrutar no solo de la calidad de sus coros sino de los repertorios que explora como conocedor de toda la actualidad coral en los múltiples certámenes internacionales a los que es invitado como jurado.

Aquam Lauda, con todo el juego de su propio nombre, es un coro ideal para cantar partituras de todas las épocas y estilos, apostando por un eclecticismo enriquecedor para coralistas y director, aunque centrándose en la temática religiosa avilesina trajeron una selección desde las Cantigas de Santa María medievales arregladas por el propio Busto (que sigue dando los tonos desde un mini teclado electrónico) hasta nuestros días pero siempre con más peso contemporáneo. Las voces iguales permiten la homogeneidad de color, aún más las femeninas a las que sumando una técnica prodigiosa, un empaste ideal y una musicalidad innata en los coros vascos, da por resultado este canto cristalino.

Desde la sacristía al frente del altar y en corro comenzaron con Beata es, Virgo María (Elberdin) antes de presentarnos las tres cantigas elegidas y arregladas por Javier Busto, las números 257 y 328 con pandero de percusión y vestimenta armónica medieval pero totalmente a capella y sentida de hoy la conocida Santa María (nº 100) en el medio, la vuelta al pasado con los medios actuales, preparando nuestros oídos a una polifonía deliciosamente espiritual.

Mariam Matrem del irlandés Michael McGlynn contó con el solo de Montse Latorre, una soprano de voz pura y cristalina, casi infantil que repetiría en el Dona nobis Pacem (Hyun Kook), antes de nuestro Victoria y su Domine, non sum dignus transportándome estas voces femeninas al Monasterio de las Descalzas Reales madrileño cual otra inspiración del tolosarra Javier Bello-Portu y su O vos omnes, motetes renacentistas de todas las épocas, la polifonía pura que permite orar con música, sin perderse ni una sílaba siguiendo el espíritu tridentino.
La figura de la velada sería el australiano David Basden que de los cuatro cantos sacros escritos para Aquam Lauda, el último, Alleluia, sonaría por vez primera en Avilés, estreno mundial tras Ave Maria, God be in my head y Ave Maris stella, cantos marianos desde las voces blancas, estilos religiosos atemporales pero bien entendidos por compositor e intérpretes.

La mezzo Pili Anuncibay sería la solista en el pasillo central para el complicado Magnificat de Donkin con el coro “abrazándonos” en paralelo a parte del público en un despliegue efectista y efectivo, sin necesidad de director (el trabajo previo nos lo imaginamos) y escucha mutua atenta, donde la unidad tímbrica resultó milagrosa, continuidad de unas voces a otras, disonancias que finalizaban consonantes en un clima irrepetible.
Cerraría este concierto seguido en un silencio casi sepulcral Ubi caritas del propio Javier Busto, este himno religioso antifonal de Jueves Santo y el lavado de pies que comienza cantando “Donde hay caridad y amor, allí está Dios” que han musicado grandes compositores de todas las épocas, amor coral y religiosidad suma en cántico celestial, elevado en el amplio sentido de la palabra por las mujeres de Aquam Lauda que aún nos regalarían otro tema de su director sobre texto de Santa Teresa de Jesús, unión de música y mística por parte del músico de Hondarribia y un himno propio mientras se retiraban a la sacristía dando por finalizada esta verdadera eucaristía coral con Busto de oficiante, común unión vocal.

Alleluia (D. Basden)

 

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Excelencia coral para la clausura

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Domingo 9 de abril, 20:00 horas. Iglesia de San Nicolás de Bari, Avilés: Concierto de clausura de la XL SMRA: Crux Fidelis. Coro CantArte, Mario Morla (piano), Judith Martínez (soprano), Guillermo A. Ares (director). Obras de J. Sheppard, C. Morales, VictoriaBello-Portu, Arvo Pärt, R. Pearsall, A. Alcaraz, O. Gjeilo, J. Tavener y Gregoriano.

Brillante clausura de la cuadragésima edición de la Semana de Música Religiosa de Avilés, que esperamos no sea la última, con el coro leonés CantArte que dirige el antiguo escolano de Covadonga Guillermo A. Ares en su segunda visita al templo de la plaza de Domingo Acebal que volvió a registrar un lleno corroborando el buen estado de esta semana ya histórica dentro de la música religiosa asturiana que cerraba este domingo de ramos con un programa variado, con alguna variación en el orden y omitiendo a Poulenc. El propio director se encargó de explicar el nexo de cada obra desde este domingo hasta el de Pascua, el latín que marca el ritmo libre o el inglés de inspiración ortodoxa pasando revista a nuestro Siglo de Oro con Morales o Victoria más las aportaciones actuales de Tavener, Pärt, Gjeilo o el alicantino Albert Alcaraz (1978) compartiendo programa, inspiración y calidad.

Coro joven disciplinado, de cuerdas muy bien compensadas, jugando con los espacios tanto “a capella” como con los acompañamientos instrumentales de piano (eléctrico pero bien conseguido en timbre y dinámicas) y hasta de un saxo soprano capaz de ofrecernos páginas abarcando del Gregoriano, encabezadas por el propio Guillermo, hasta las polifonías más contemporáneas, siempre desde el respeto a la llamada música sacra que trasciende lo litúrgico para convertirse en un viaje espiritual a través de la música coral.

Si Sheppard nos dejó “en paz“, los Oficio de tinieblas de Cristóbal Morales, Victoria o el irrepetible Javier Bello-Portu (1920-2004) dejaron momentos indescriptibles, el coro mixto, las voces graves con el piano más el saxo soprano de Ordoño Sancho sumando tímbricas y texturas que Guillermo A. Ares entiende desde el conocimiento y el convencimiento de una música sublime.
La calidad del coro volvió a imponerse en ese himno que da título al programa Crux fidelis, atribuido a Juan IV Rey de Portugal, voces circulantes aprovechando la acústica e inmersos en la tradición de la Semana Santa, al igual que las velas apagándose para “celebrar” esas tinieblas que en las voces del coro leonés dramatizaron como pocos estas páginas corales. Otro tanto puedo decir del Tu es Petrus de R. Pearsall (1795-1856) interpretado en décimo lugar, dinámicas y respeto al texto con un empaste y afinación dignos de mención en un ambiente casi íntimo.

Por época, cercanía temporal y gusto ante unos estilos que se imponen entre las nuevas generaciones corales, impresionantes el Nunc dimitis (Alcaraz) con piano, previo al Crux fidelis, pero muy especialmente la recta final con Ola Gjeilo (1978) y su The ground (de la “Sunrise Mass“) con piano, Song for Athene de John Tavener (1944-2013) con las referencias a la música de la liturgia exequial ortodoxa en una voces circulantes de tesituras compactas no ya en las voces graves sino en las blancas de dulzura casi infantil por color, el pianístico Für alina de Arvo Pärt (1935) felizmente interpretado por Mario Morla, resonando cual perfecto “preludio” Tintinnabulli, antes del penúltimo número, repertorio difícil y no asequible a todos los coros pero que esta nueva generación de voces jóvenes dominan desde el duro trabajo y el convencimiento de unas obras de bellísima factura que comienzan a renovar este repertorio de la música sacra capaz de convivir con los genios de la polifonía, a los que el tiempo pondrá también en el Olimpo compositivo.

Despedida de concierto con unas disonancias plenamente actuales del Exsultate jubilate (K. Jenkins) y nuevamente en procesión monacal con un Aleluya, polifonía de oro y mística del dogma de fe hecho música, la resurrección de los coros con calidad, esta vez nuestros vecinos de León que no pudieron poner mejor cierre a una semana llena de esperanza.

Clausura con doce siglos de música coral

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Domingo 20 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de San Nicolás de Bari, Avilés: XXXIX Semana de Música Religiosa. Coro ‘CantArte’ de León, Guillermo A. Ares (director): “Crucifixus”, obras de Theodulf Orleans (ca. 750-821), Cristóbal de Morales (1500-1553), Javier Bello-Portu (1920-2004), Joseph Gabriel Rheinberger (1839-1901), Ēriks Ešenvalds (1977), Antonio Lotti (1667-1740), György Deak-Bardos (1905-1991), Pärt Uusberg (1986), Sir John Tavener (1944-2013) y John Taverner (1490-1545).

Clausura ideal de la XXXIX SMRA con este coro leonés de tres años recién cumplidos pero maduro y con mucho recorrido, 21 voces jóvenes (ninguno pasa de los 35 años) con el músico Guillermo Alonso Ares, antiguo escolano de Covadonga, al frente de un proyecto que trajo hasta Avilés un programa con doce siglos de música coral perfectamente organizados, desde la salida con el Himno Gloria, Laus et honor del obispo Orleans, realizando las voces graves el “itinere” o camino hasta el altar del Domingo de Ramos cual monjes medievales, sin olvidar la mejor polifonía renacentista de nuestro Siglo de Oro con Cristóbal de Morales, pasando por compositores barrocos, clásicos, románticos, contemporáneos como el tolosarra Bello-Portuel húngaro Deak-Bardos o el británico Tavener, y los más cercanos como el letón Ešenvalds o el joven y polifacético estonio Uusberg, todo un acierto llegar desde las raíces hasta nuestros días corales, estructurando cada obra cual relato cantado de esta semana de pasión que desemboca en el Domingo de Resurrección, lección no ya religiosa sino musical perfecta para el espíritu de esta semana, ya la trigésimonovena y que volvía al templo de San Nicolás que tantos estrenos y tan inolvidables conciertos ha acogido en estos años.

El coro de nuestro vecina León cuenta con un plantel de voces capaces de afrontar con solvencia esta historia de la música religiosa occidental en un reto para cada cuerda, bien equilibradas en sonoridades y afinación así como un empaste que se redondeará todavía más con el trabajo, unas sopranos algo “excesivas” en los agudos fuertes pero maravillosas de color y expresividad, una mezzo solista que nos dejó impactados con la belleza de su voz, las contraltos dando la base necesaria a las voces blancas y encaje ideal con los bajos potentes de las voces graves, más unos tenores en algún tema reforzados por el propio director, quien también tuvo sus partes solistas, y donde su objetivo de “disfrutar cantando” lo transmitieron a un público que les jaleó y obligó a regalarnos dos propinas, una maravillosa composición de Manuel Guisado Rodrigo (1964) con dos fragmentos de la pasión, el Juicio a Jesús y Barrabás seguido de un Mater Dolorosa con el solo de la citada mezzo, más la salida procesional y Aleluya Regina Celi de Juan García de Salazar, extraído del archivo de la Catedral de Burgos, clausurando concierto y semana. Coro que suena a profesional y afronta obras como tal, todo un reto en la apuesta de las nuevas formaciones para triunfar en un mundo tan competitivo como el vocal, orgullo leonés que lleva su nombre allá donde va.

El orden y atrezzo estuvieron perfectamente estudiados, desde la citada salida en “cantus firmus”, el toque de campana inicial o en el O salutaris hostia de Ešenvalds con las dos solistas en los extremos, la ubicación del director con las voces graves antes de situarse en el centro tras el Introitus de Morales, pasando por el candelabro al que fueron apagando velas según cantaba el texto del Parce mihi, Domine, cerrando “trilogía” dorada, el Miserere del compositor vasco con la atronadora carraca o matraca que ponía punto final, el movimiento corporal del Kyrie del estonio, arrancado por las voces blancas con manos en oración mientras las graves agachadas se elevan al entrar a cantar y el giro hacia el altar de todo el coro, la ubicación rodeando al público en Song for Athene de Tavener, con los hombres en el frontal manteniendo una nota pedal cual roncón tubular, así como todo lo que ayudaba a realzar más si cabe el contenido dramático de unas obras cargadas de sentimientos cristianos elevadas por las propias partituras.

Entrega del joven coro a su director, que además de saber rebuscar obras las consigue armar con esta calidad y frescura, gestos claros y respuesta directa para otro concierto memorable que ha dejado en lo alto la calidad de toda la semana, órgano y coros como señas de identidad del ciclo junto a la apuesta por novedades y (re)estrenos. CantArte con Guillermo Ares no pudieron ser mejor broche antes de conmemorar en 2017 los 40 años…

Espero poder estar de nuevo y contarlo.