Inicio

Mucha flauta en semifinales

1 comentario

Martes 10 de julio, 20:00 horas. Patio del Centro de Cultura Antiguo Instituto, Gijón: VII Concurso Internacional de Música Antigua. Ronda Semifinal. Entrada libre hasta completar aforo.

Dentro del XXI Festival de Música Antigua de Gijón se celebra este concurso internacional que llega ya a su séptima edición, pasando a la penúltima ronda cuatro grupos con predominio de flautas y algunas propuestas interesantes no ya por el repertorio donde abundó el Renacimiento, sino por las formaciones que actuaron por sorteo en el orden siguiente que paso a comentar.

Vox Tremula, un trío de flautas formado en el Conservatorio Superior de Sevilla allá por 2012 por la aragonesa Elena Escartín Díez, la alemana Judith Milena Cord-to-Krax y el argentino casi asturiano Gonzalo Martín Llao, quien también cantó De tous biens playne de Hayne van Guizeghem (c.1445-1476-97) antes de la versión instrumental de Alexander Agricola (c. 1445-1506) con la que abrieron la velada.

Combinaciones de flautas por parte de los tres músicos que continuaron con Calata ala spagnola (ditto Terzetti) de Joan Ambrosio Dalza (f. 1508), The eagles’s force & a gigg (William Byrd, 1543-1623) de virtuosismo a trío jugando con las dos danzas, y finalizar con la conocida Aria sopra “La Bergamasca del barroco Marco Uccelini (1603/10-1680), apuesta arriesgada por los instrumentos con buenos resultados interpretativos pese a cierta “monotonía” tímbrica bien resuelta por las arreglos de las obras elegidas, ricas en polifonía y ritmos sumadas a la calidad y virtuosismo de este consort internacional.

El Dúo Acciaccatura que ya ganase el premio del público el pasado año, está conformado por la violinista madrileña Berta Ares López y el tiorba oscense Ignacio Laguna Navarro, también guitarra barroca aunque no la tañese este martes, personalmente el más original pero técnicamente algo flojo, puede que por la presión del concurso, poco volumen en la tiorba comiéndose algunas notas, y mayor presencia del violín barroco con ligeras imprecisiones en arco pero sobre todo de pulsación que dieron lugar a armónicos indeseados aunque sin perder nunca una musicalidad e ímpetu admirables, sobre todo en la violinista.

Las dos obras elegidas fueron sendas sonatas barrocas francesas de cuatro movimientos: Jean-Féry Rebel (1666-1747), la nº 6 en si menor, y de Jean Marie Leclair (1697-1764) la Sonata VIII en re mayor (Troisieme Livre de Sonates op. 5) de mayor exigencia para ambos intérpretes, sentidos los tiempos lentos y vívidos los rápidos destacando el final virtuoso a unísono que resolvieron bien pese a no lucir la tiorba como si de una viola da gamba o un clave para el acompañamiento se tratase.

Más flautas en el Ensemble Melante con Daniel Riquelme DelgadoJuan Miguel Illán Calado (flauta de pico y fagot barroco en la segunda de las obras) más la viola da gamba de Andrés García Fraile, juego tímbrico de viento y cuerda para la Suitte II en sol menor (Pièces en trio) de Marin Marais (1656-1728), tripartita (I Prélude / II Sarabande / III Air gay) bien contrapuestas y sentidas aunque poco agradecidas por su escritura y textura que pese al virtuosismo del compositor en la viola da gamba no tuvo el protagonismo esperado mientras las flautas completaron una partitura no muy inspirada,

en contraposición a la impresionante Trio Sonata TWV42:F3 para flauta de pico, viola da gamba y continuo (Essercizii Musici) de Georg Philipp Telemann (1681-1767), mucho mejor al contraponer la flauta protagonista junto al continuo del fagot barroco y “la madre del cello” en tres movimientos impactantes y bien ejecutados por el ensemble: I Vivace / II Mesto / III Allegro, destacando los extremos por virtuosismo y docta escritura por parte del compositor alemán bien leída por este trío.

Cerrando semifinal desde Valencia otro trío con flautas pero con clave y cantando también, variando combinaciones y apostando sobre seguro en el repertorio con obras breves, variadas e incluso conocidas presentadas orden cronológico, mi personal votación como público, Ibera Auri con Lidia Rodrigo Royo (clave y también flautas aunque no para las obras elegidas), Gabriel Belkheiri García del Pozo (flautas de pico y tenor) y Laia Blasco López (mezzo y flautas de pico).

Comenzaron con el anónimo del siglo XV Por qué llorax blanca niña en la voz femenina con el clave casi laúd y la flauta de perfecta ambientación sefardí, continuando con Por que não me vês Joana del Cancionero de Elvas otro anónimo del XVI alternando las flautas y voces, mejor la mezzo que el tenor pero ambos con naturalidad, fraseando después las flautas como el texto más el siempre presente y seguro clave, aparcando momentáneamente las flautas para cantarnos Frescos ayres del pradode Antoine Boësset (1587-1643), antes de las dos conocidas obras para el final, las instrumentales y virtuosas Folias para Dña. Tarolilla de Carallenosde Andrea Falconieri (1585-1656) y Trompicavalas amor de Juan Hidalgo de Polanco (1614-1685) con Laia Blasco cantando junto a la flauta de Gabriel y el clave de Lidia en una versión que madurará con ellos porque hay tantas versiones que todavía será inalcanzable la propia con este trío joven.

Al finalizar de escribir desconozco quiénes pasarán a la final del miércoles donde también se dará a conocer el premio del público que nuevamente abarrotó el patio del Antiguo Instituto Jovellanos aunque escuchase algunos despistes, mayormente jubiladas, confundiendo el clave con un piano de cola o la tiorba con un laúd… pero disfrutando todos de cuatro formaciones con mucha flauta.

P. D.: Vox Tremula e Ibera Auri finalistas para este miércoles 11.

Feliz desfile barroco

Deja un comentario

Miércoles 2 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, sala de cámara, V Primavera Barroca: Sara Mingardo (contralto), Forma Antiqva, Aarón Zapico (clave y dirección): “Una dulce promesa”, obras del Seicento italiano. CNDM, Fundación Municipal de Cultura.

Crítica para La Nueva España publicada el viernes 4 añadiendo “links”, fotos propias y cambiando la tipografía eliminando comillas para utilizar negrita y cursiva:

Los hermanos Zapico siguen trabajando casi a destajo entre Europa y América, enlazando proyectos como el último Literes en la Fundación March con su nuevo disco, séptimo con el sello alemán Winter & Winter, triunfando allá donde van. Volvían este miércoles sin rencores a la casa de la que les echaron (desdichas políticas, burocráticas…) pero llevando igualmente el nombre de Oviedo, de Sama y de Asturias por todo el mundo, haciendo disfrutar el barroco desde su visión personal, atrevida, valiente y respetuosa, que quita capas oscuras y devuelve brillo a lienzos opacos o apagados, casi como nuestra sociedad actual.
Forma Antiqva llenaron la sala triunfando en su tierra además de traernos un regalo, toda una leyenda del canto como la contralto veneciana Sara Mingardo (1961), quien hace diez años cerraba temporada cantando los Kindertotenlieder de Mahler con la OSPA y Valdés, aún en mi recuerdo. Figura de talla mundial que ha actuado junto a grandes batutas y orquestas, un referente en el barroco de amplio catálogo discográfico plagado de premios y reconocimientos, ‘La Mingardo’ resultó un auténtico lujo tenerla en Oviedo, la Viena del Norte, junto a ‘Los Zapico’ (que acompañaron en esta misma temporada a otra italiana de altura como Anna Caterina Antonacci), y un día después los madrileños en el Auditorio Nacional.

Aarón, el mayor de los hermanos, al clave y dirección junto a los gemelos Daniel (tiorba) y Pablo (guitarra barroca) se rodearon para esta cita especial de otros cuatro músicos habituales en sus proyectos: la chelista canaria Ruth Verona, a quien suelo llamar “la cuarta Zapico” por los años y proyectos juntos, el dúo de violines catalán y malagueño respectivamente, Jorge Jiménez y Daniel Pinteño, más Alejandro Villar en las flautas de pico, un leonés en la gran ‘Familia Antiqva’, presentándonos un recital variado en combinaciones y “afectos” de casi noventa minutos con siete bloques diferenciados más por los aplausos que por el orden establecido, siendo la cantante italiana quien tornase silencios en vítores como solo figuras de su talla son capaces de lograr. La alternancia entre instrumentales y vocales tuvieron una continuidad muy buscada y trabajada, preparando ánimos, tonos, ritmos, combinaciones tímbricas y armónicas entre los siete músicos antes de la feliz irrupción de los textos cantados desde el dominio total de Sara Mingardo.

Un aria de Biagio Marini abría velada, el instrumental Antiqva cual taller de costura que iría confeccionando a medida de la señora Mingardo toda una colección de “los felices 600” para vestirla de pies a cabeza sin olvidar complemento alguno: joyas, tocados o calzado. Su voz el cuerpo con melodías de líneas siempre bellas en su desnudez, bien conservadas, todavía carnosas en emisión, delicadamente perfecta y derrochando musicalidad con todo: la mirada, una sonrisa, un leve gesto nunca afectado, quedando aún el ropaje y los accesorios, las armonías y el “bajo ostinado”, el grave para pisar con seguridad, los agudos cual sombrero con plumaje, y los distintos vestidos un verdadero desfile de calidades, señorío y elegancia natural con perlas al clave marca de la casa o caídas en rasgueos gemelos.

Los compositores como diseños o patrones conocidos comenzando con Andrea Falconieri, O bellissimi capelli junto a las “folías hechas para su señora Doña Tarolilla de Carallenos”, terciopelo con hilo de plata, dúos de violines y flauta cantada sin palabras, tejidos de abrigo previo al gran Monteverdi vestido nupcial, Voglio di vita uscir etéreo con el ‘cuarteto Zapico’, sensual, susurrado, cortando silencios antes de romperlos con atronadores aplausos. Otro tanto el conocido Lamento d’Arianna confeccionado desde la Sinfonía 15 “Dolente partita” (Kapsperger), el taller musical completo, satén y otras calidades en una capa antes de resbalar dejando entrever el juego de la disonancia tensa que resuelve relajada en feliz compañía para descubrir otro monteverdiano Quel sguardo sdegnosetto, improvisaciones sobre la Capona y la Chacona, alfombra roja tejida y teñida con esmero, lentamente, sumando tiorba, guitarra, clave y el último chelo impulsando el pie de Doña Sara para pisar con aplomo, ritmo y elegancia. Misma hechura con la última folía de Merula, veneciana en todo su esplendor como partitura y cantante.

No todo sería oropel y encaje, la cantata de CarissimiDeh, memoria, e che più chiedi?” traería sedas naturales tejidas en la Cuenca del Nalón por los hermanos para lucir casi en la intimidad, sin complejos y a la medida de la señora, recreándose en cada bordado ornamento tras la preparación de “La Loda” (Merula) a cargo del taller musical completo, mismo diseño elegido para el cierre de este desfile barroco. No quiero olvidarme de Allor che Tirsi udia (Giovanni Salvatore), casi tocado o zapatos a medida como accesorios de este atelier instrumental, pues su canto lo confeccionaron entre todos salvo Villar, que usaría tres tesituras de flautas cual canto sin palabras a lo largo de este catálogo primaveral.

Aarón Zapico agradecía el apoyo y confianza en ellos depositada por quienes siguen creyendo en sus proyectos, a los que han estado siempre a su lado en esta sólida carrera que despegaba hace veinte años en Sama con su padre Eloy siempre en el recuerdo. Comentó finalmente que el programa era osado, valiente, lleno de sorpresas, y así fue sin defraudar en ningún momento. El conjunto dio juego tanto solo como acompañando a la leyenda italiana, dando una verdadera lección de canto, un bis del primer Falconieri siempre distinto, del que confesó fue la primera obra aprendida, despidiéndose con la perspectiva y madurez que da una carrera como la suya, dejándonos una paleta de colores para vestir toda la gama emocional y pureza de la contralto junto a estos acompañantes.

Y de cena más barroco

2 comentarios

Sábado 7 de octubre, 22:30 horas. Noche Blanca, Oviedo: Patio del RIDEA, Palacio del Conde de Toreno. Un festín musical, “Concierto a la carta”. Concierto 1700 (Daniel Pinteño, director artístico).

Oviedo el primer sábado de octubre tampoco duerme ante la amplísima oferta que como capital cultural trae a propios y visitantes, riadas de gente por a calle buscando en el mapa dónde acudir. Todavía con buen sabor de boca salimos del Auditorio y nos dirigimos calle Rosal abajo hasta la sede del Real Instituto de Estudios Asturianos en la Plaza Porlier, sorteando noctámbulos de todas las edades y gustos para darnos otro festín, este más familiar en cuarteto para la ocasión que nos ofrecía un menú a la carta.

Llegamos a los últimos postres, Rameau y la entrada para Los salvajes, mientras esperábamos asiento para el último turno servido por Daniel Pinteño (violín barroco) cocinado con su equipo vestido para la ocasión: Marta Mayoral (violín barroco), Ester Domingo (violonchelo barroco) y Asis Márquez (clave), todos reconocidos chefs musicales en distintos “establecimientos del ramo” y optando a su propia estrella Michelín como Concierto 1700 en el universo barroco que pasa por una nueva etapa dorada, como los restaurantes de autor frente a los tradicionales, con público para todos pero dándole un guiño de actualidad a la cocina de siempre en cuanto a la presentación más que en los ingredientes, pensando básicamente en disfrutar y contagiar el amor por lo que nunca muere.

El éxito de los dos primeros pases agotó el menú en papel (los previsores lo llevábamos en el móvil) aunque dejo copia al inicio, pero la cocina siguió abierta ofreciendo los distintos platos de viva voz, como en temporada, cantando el maître Pinteño los distintos platos que por aclamación fueron saliendo, aunque la oferta era apetecible en su totalidad, tras la “Copa de bienvenida” de Antonio Soler y su Fandango servido por el cuarteto donde los comensales ponían mentalmente las castañuelas o el propio baile.

De los tres “Entrantes” a cual más apetecible y cinematográfico para disfrutar cada instrumento por separado parece que Bach sigue arrasando entre los invitados, pudiendo saborear el conocidísimo Preludio de la Suite BWV 1007 a cargo de Ester Domingo, cocinado en su punto y servido con los ornamentos precisos para no perder esencias.

Cuatro ofertas para dos “Primeros Platos” nuevamente variados en sabores que nos dieron a catar con los ingredientes básicos del bajo ostinato (cello y clave siempre al punto de presencia y aplomo) decantándose por Nicola Matteis (ca. 1650-1714) y Andrea Falconieri (1585-1656), opciones bien contrastadas de sabor y ambas de la huerta napolitana:
Diverse bizarrie sopra la vecchia Sarabanda (Matteis) cual plato por entonces español cocinado con receta de “chacona”, capaz de amoldarse a cualquier ingrediente por su forma lenta de ritmo ternario al punto italiano, mezclando tradición desde la modernidad de la época, esta vez contando con el cuarteto para mezclar los dos violines de presencia con el ostinado fondo que eleva el plato en boca. Cada uno de los músicos brillando con luz propia, sin olvidar el clave de Asís Márquez siempre acertado en presencia y ornamentos, sustento necesario y seguro del continuo junto a Ester Domingo completando este cuarteto barroco de primera fila.

La Passacagllia del laudista y compositor Falconieri también supone cocinar un plato dependiendo de los ingredientes sin perder el sabor original, algo que Concerto 1700 entienden a la perfección, por lo que primó el conjunto lleno de detalles delicados para ir preparándonos al segundo plato más contundente.

Oferta variada entre el francés Jean-Frey Rebel (1666-1747) y su delicada Les caracteres de la danse, el “cumpleañero” G. Ph. Telemann (1681-1767) con Trietti Melodici TWV42:d3, que hubiese resultado un auténtico placer, y el siempre adorado “prete rosso” Antonio Vivaldi (1678-1741) seguro en carta para todos los gustos, del que escuchamos la Sonata a tre “La follia” RV 63, ese toque de locura divina en formato original para dos violines y bajo continuo, que sonó en todo su esplendor y equilibrio de sabores merced a lo bien tratados que fueron los cuatro ingredientes en conjunto.

Como no se debe prescindir del postre y para no repetir el degustado fuera de la mesa, sin querer hacer de menos las ofertas de la “Fruta de temporada” ni el “Postre del Chef”, de nuevo la apuesta fue sobre seguro con Bach y su escuchadísima Aria de la Suite nº 3 en re mayor, BWV 1068, sin azúcares ni glúten, bien armada, cocinada como “adagio la italiana” y presentada en reducción a la esencia del cuarteto, pudiendo paladear cada ingrediente conocido servido como perfecto punto final de este menú a la carta de Concerto 1700 que no defraudó con tantos manjares para unos comensales agradecidos y de todas las edades.

La noche continuó por Vetusta y hubo que hacer una breve parada en el festejo de los 125 años del Teatro Campoamor donde en su fachada se proyectó un vídeo (titulado “Ave Fénix” con la que Luis Antonio Suárez hizo un repaso de media hora y 4.000 archivos) con algunos recuerdos de su historia: danza (Lindsay Kemp), teatro (moriré recordando a Nuria Espert) y por supuesto la lírica, histórica como Mario del Mónaco, Carlo Bergonzi, Giana D’Angelo, “La Tebaldi“, mucha vivida dentro (Freni y Pavarotti, Kraus, Domingo, Caballé…) y por supuesto la Zarzuela desde El gaitero de Gijón hasta el último Maharajá, bolero de Ravel de fondo documental para todo tipo de músicas también de espectador (¡qué tiempos de Jazz!), y cruzando el campo resonaban la locura, adiós a la vida, Fausto o Vissi d’arte. Espero poder festejar los 150 y disfrutar muchas más noches en blanco con la música como disculpa…

 

El tiempo siempre ayuda

Deja un comentario

Miércoles 11 de mayo, 20:00 horas, Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo, III Primavera Barroca, “Con affetto”: Il Giardino Armonico, Giovanni Antonini (flautas y director). Obras de Tarquinio Merula, Dario Castello, Francesco Rognoni, Jacob van Eyck, Andrea Falconieri, Giovan’ Pietro del Buono, Alessandro Scarlatti, Giovanni Legrenzi y Antonio Vivaldi.

La revista Scherzo de este mes de mayo dedica su sección “Con nombre propio” a la formación Il Giardino Armonico en su gira española celebrando los 30 años de su fundación, donde Eduardo Torrico nos recuerda que “Hubo un tiempo, superada aquella primera fase pionera, en el que quienes marcaban la pauta dentro del movimiento historicista eran los ingleses, los holandeses y, en menor medida, los alemanes”, allá por los 70 y 80 del pasado siglo, sin olvidarse de los franceses que comenzaban a despuntar y convertirse en seria competencia aunque la revolución no había llegado al sur de Europa. El salto de calidad hacia el Mediterráneo, al cálido sur, lo darían nuestro Jordi Savall, a quien los franceses, como suelen hacer con los buenos, le consideren suyo, y especialmente los milaneses de Il Giardino Armonico con el entonces joven flautista Giovanni Antonini al frente.

Más de tres décadas en el candelero (que no candelabro como “La Mazagatos” pusiese de moda) es síntoma de buena salud, tanto para ellos como para la música barroca que sigue llenando estanterías y auditorios (la sala de cámara creo que registró la mejor entrada de un ciclo que todavía nos traerá a Xabier Sabata con Vespres D’Arnadí en un programa “Furioso”), ampliando repertorio y épocas donde aparece incluso Haydn del que grabarán su integral a razón de una entrega por año (ya llevan dos) tras constituir en Basilea, dónde si no, la Fundación Haydn con el “Proyecto Haydn2032” para el tercer centenario del nacimiento del “papá austriaco”, al que espero llegar y poder completar con ellos siempre que el tiempo y los recortes políticos no lo impidan.

La gira española que pasa estos días por La Coruña, Oviedo y Madrid, trae una formación o “ensemble” ideal con un programa que sirve para corroborar la vigencia de la música veneciana con compositores que nos son conocidos gracias a ellos, alternando obras para lucimiento de un Antonini dominador de toda la familia de las llamadas flautas dulces o de pico (contralto, tenor, soprano y hasta la piccolo última) que perderían su preponderancia a costa de la “flauta traverso” (travesera) y que muchos siguen asociando a la flauta dulce de los colegios, nada que ver la práctica de nuestros querubines y adolescentes soplando un instrumento que las familias y algunos de ellos pueden llegar a odiar, pero en igual medida que un violín “serruchado” por un aspirante a Sarasate. Y hablando de violines, Stefano Barneschi y Marco Bianchi encabezan esta vez la formación (Enrico Onofri está también de gira) a la que se suman el violonchelo de Paolo Beschi, el clave de Riccardo Doni más la tiorba de la argentina Evangelina Mascardi, más que suficientes para afrontar tanto a Merula como a Castello, siendo perfecto complemento de las obras con flauta y verdaderas joyas incluso sin el director fundador, como pudimos comprobar con estos excelentes instrumentistas que siguen funcionando en conjunto al mismo nivel estratosférico que como solistas. El entendimiento de este quinteto es de admirar por empaste, dinámicas amplísimas, equilibrio y balance cuando los solos afloran, dominio total desde una técnica vertiginosa en todos ellos que cuando suenan las flautas de Antonini se convierten en la vestimenta ideal sin necesitar más tela que la presentada, tal es el armazón y ropaje que dan al concierto.

La música veneciana de Merula con la Canzon ‘la Pedrina’ y Castello con la Sonata XI a tre, de la Sonate Concertate in Stil Moderno nos transportó a “la Serenissima” en estado puro, un viaje al pasado de nuestra juventud con aquello que entonces nos parecía rompedor y drástico, como siempre sucede con lo nuevo que solo el tiempo pone, como siempre, en su sitio, plantilla de cinco virtuosos con especial mención a los violinistas sonando como uno en todo: dinámicas, ataques, arcos, intención y sentimiento, sin saber dónde empezaba uno y terminaba el otro, virtuosismo contagiado a cada instrumento antes de la aparición de la flauta de Antonini sentando a todos menos a chelo y tiorba, sin pausas, para las Variaciones sobre “Pulchra es amica mea” de Palestrina compuestas por el también milanés Rognoni y recordarnos el magisterio en la flauta dulce tenor dejándonos impresionados de nuevo con su técnica, su sonido y esa musicalidad infinita que todos estos intérpretes tienen en estas obras, alternando combinaciones y protagonismos donde no podía faltar el increíble solo de flauta de Van Goosen compuesto por el que he llamado “Paganini de la flauta barroca”, el holandés Jacob Van Eyck, obra hasta lógica por ser Antonini uno de los maestros del instrumento, una mínima incursión dentro del plantel italiano, y hasta homenaje a la flauta de pico, antes de volver con Merula y la Canzon ‘la Strada’ solamente con el ensemble.

Me gusta resaltar lo importante no ya de elegir un programa sino la organización y orden de sus obras, cosa que quiero comentar de nuevo pues la primera parte complementaba la segunda, como preparando estilos y formas, más los descansos del flautista para recuperar aliento que permitieron seguir deleitándonos con “su formación acompañante”, de nuevo este quinteto que nos dejó unas excelentes Folias echa para mi Señora Doña Tarolilla de Carallenos de Falconieri (o Falconiero), la danza tan española que parece bailó Don Quijote, disfrutando de un perlado clave y una tiorba emergente preparando el ambiente musical de todo el grupo para un juego de contrastes donde la flauta se mezcla con el violín en una tímbrica mágica, uniéndose el empuje rítmico de un baile en Nápoles en tiempos donde este reino era español, como las siguientes dos maravillas que cerrarían la primera parte con la formación al completo: la Sonata VII sobre el ‘Ave Maris Stella’ de Del Buono, intimismo con paleta dinámica amplísima, a la que siempre ayuda el violonchelo unido a esa tiorba tan femenina, en el amplio sentido de la palabra, cortando la respiración y finalizando con una atronadora ovación antes de finalizar esta mitad con la Sonata en la menor para flauta, dos violines y continuo de A. Scarlatti, una colección de siete compuesta en los años finales como bien indican las notas al programa (colocadas aquí debajo), prescindiendo del clave pero igualmente rica de contrastes tímbricos a lo largo de sus cinco movimientos, alternando aires y dinámicas desde esa concepción del barroco que Il giardino armonico ha ayudado a tenerla como habitual, con Giovanni Antonini de solista y director perfectamente compenetrado con sus músicos.

La segunda parte nos hizo retroceder y recuperar años con muchos recuerdos de la mano del ahora maduro flautista y su “jardín armónico” con el repertorio que ellos dominan como pocos, gracias en parte al trabajo de tantos años. El “ensemble” nos llevó de vuelta a Venecia para maravillarnos con la Sonata XII de Castello que permitió disfrutar cada intervención solista (la tiorba emergió a la superficie poderosa, limpia y lucida, el clave ornamentando con ligereza y la cuerda frotada en permanente asombro para el que firma), y otro tanto con la Sonata I para dos violines, violonchelo y continuo “La cetra”, op. 10 nº 1 de Legrenzi con la magia de los dos violines citados.

Pero los concerti para flauta de Vivaldi que abrían y cerraban esta segunda mitad, siguen siendo referentes con “Il Giardino de Antonini”, barroco en estado puro para los dos conciertos elegidos, el Concierto para flauta, dos violines y continuo en sol menor “La notte” RV 104, de tiempos extremos, silencios subyugantes, ataques súbitos y casi violentos frente a los remansos paradisíacos, de flauta inacabada e inabarcable, cantando y jugando con floreos interminables, la descripción musical de los propios movimientos: Largo por las respiraciones, Fantasmi: Presto-Largo-Andante porque no parece humana tal capacidad de emitir sonidos tan bellos, Largo de plácida sensación de reposo contagiado por la lenta construcción de acordes entre cuerda y flauta (que nos recuerda mucho las estaciones entendidas por ellos mismos) y finalmente Il Sonno: Largo-Allegro donde hasta Freud podría argumentar desde la música con significado pese a ser “simplemente pura”, el sueño profundo antes del despertar sobresaltado pero placentero y sin pesadillas.

El cierre del Concierto en re mayor para flautín, dos violines y continuo “Il gardellino” RV 90 continuó asombrando con el piccolo virtuoso y travestido del “ladrón traverso“, más increíble por tener de sustento unos músicos que convencen y contagian ímpetu, alegría, serenidad además de buen gusto y buen hacer desde la técnica al servicio de la música, creo que el ideal para cualquier melómano, compartiendo con la flauta de pico más pequeña los momentos álgidos de la historia del propio instrumento en unas partituras que siguen asombrando cada vez que vuelven a sonar, siempre únicas en vivo. Antonini sigue doblándose para dirigir y tocar, cargando los pulmones para sobrevolar sin respiro lo humano y divino, adornar los ornamentos y tocar hasta los silencios, y en número ideal por ser “de cámara”, quién sabe si idéntica plantilla a la que podría utilizar “Il prete rosso” en el Ospedale della Pietà. Pájaros imaginarios en las calles venecianas del Allegro, primoroso el diálogo con el cello; el Largo cantabile sin los violines pero saboreando la tierra firme con chelo, clave y tiorba arropando la sopranino nunca hiriente, atentos a las respiraciones y ornamentos para seguir encajando todo, y la explosión de fuegos artificiales sobre el Gran Canal en Carnaval con el Allegro en tutti, asombrando el dúo de violines (los ecos no pueden sonar mejor) pero donde cada detalle seguía maravillando por las calidades.

Y lógicamente tenía que sonar también y tan bien Vivaldi en la propina: su Largo del Concierto en la menor, RV 108, abandonando el juguetón pícolo para retomar la contralto más humana en registro y poder así cantar sin palabras con la mejor vestimenta del quinteto, un “jardín” que sigue floreciendo 30 años después. Que duren por lo menos dieciséis años más, y no solo por Haydn