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Schumann y Falla con el Mediterráneo

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Viernes 28 de julio, 22:30 horas. Castillo de Bil-Bil, Benalmádena. Recital lírico de canto y piano “Cultura en la calle”: José Manuel Montero (tenor), Aurelio Viribay (piano). Obras de Schumann, F. Alonso y Falla.

El verano supone para muchos artistas trabajo que el público siempre agradece, con escenarios distintos a los habituales como en el caso de Benalmádena que con el Mediterráneo y el Castillo de Bil-Bil de telón de fondo traía este último viernes de julio una música aparentemente poco popular como el mundo del “lied” romántico y que el año pasado funcionó, por lo que repetir no era correr riesgos y a la vista de la ocupación de todas las sillas, más abundante público de pie, la fórmula volvió a resultar acertada, en buena parte por la calidad de unos intérpretes que se han puesto como objetivo dar a conocer la música vocal de salón, los grandes compositores de la canción con piano donde los españoles deben estar a la misma altura que los germanos, como pudimos volver a comprobar.

El ciclo de canciones Liederkreis, op. 39 de R. Schumann y textos de von Eichendorff (1788 – 1857) no están entre los más escuchados, si bien de los dos ciclos, nueve temas con textos de Heine los opus 24 menos que los doce del segundo que pudimos disfrutar al aire libre y con amplificación cuidada, más transitados a lo largo de los años, teniéndolos en mi discoteca nada menos que por el irrepetible barítono Fischer-Dieskau.
El piano poniendo la música sin palabras en equilibrio a la poética del canto, diálogos con el trasfondo tan romántico de la naturaleza, el desamor, la paz y el dolor con momentos íntimos, poderosos y la belleza imponente de la naturaleza en comunión piano y tenor para esos microrrelatos románticos y puros. Títulos que parecían describir el propio entorno de esta noche de verano mediterráneo: La quietud, En un castillo, En la lejanía, Melancolía, con la dicción germana perfecta de José Manuel Montero y color dramático capaz de alcanzar sin problemas el amplio registro de este ciclo, más el piano maestro de Aurelio Viribay, un tándem de muchos quilates. La docena de poemas con música fueron desgranándose con todo el sentimiento que los textos requerían (lástima no poder ir leyéndolos) y un público que aplaudía cada uno sin esperar el resultado global, óptimo sin lugar a dudas.

El piano solo necesario para un leve descanso vocal (y un cambio de camisa) vino con un “desconocido” Francisco Alonso y una poco frecuente Mi adiós a Granada de hondura en fraseo evocado por ese folclore único que el maestro Viribay siempre eleva la llamada música de salón al Olimpo de Orfeo, el recuerdo nostálgico del granadino en el Madrid que le daría la fama.

Las Siete canciones populares españolas de Manuel de Falla resultaron perfecto complemento y enaltecimiento de nuestro lied hispano, textos y estampas bien combinadas de tiempo, sentimientos y fragor con una articulación de excelencia en Montero y el piano coprotagonista de Viribay, enamorando a propios y extraños. Siempre emocionante y admirable cómo el compositor gaditano elevó las canciones populares al nivel clásico equiparable a los germanos Schubert, Wolf, R. Strauss Mahler y engrosando un “corpus” donde también estarán Granados, Toldrá, Obradors o Turina por recordar algunos de los nuestros. Por emociones me quedo con la Asturiana y el siempre exigente Polo que Montero-Viribay dejaron siempre en todo lo alto, claros y precisos de inicio a final, tal vez con un piano amplificado algo inferior al necesario para saborear todo lo escrito y la voz ligera con cuerpo y presencia más que suficiente para bajar un par de puntos los “fader”.

De regalo nada menos que un par, dos mundos en uno: el recuerdo de Granados y su Andaluza (la Danza española nº 5 compuesta para piano sin letra y popularizada por tantos cantantes de todos los estilos), casi leyendo mi mente sobre los hispanos, para rematar con el gran R. StraussDevoción, la que yo siento por esta pareja de intérpretes cerrando un círculo virtuoso hispano-alemán en el mismo plano de calidad y calidez.
Quien no apuesta no arriesga y bien por la cultura en la calle del Ayuntamiento de Benalmádena que ya sabido apostar por una música que aún no tiene el hueco merecido ni siquiera en los escenarios habituales.

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Bandas militares y civismo

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Viernes 18 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe: Concierto de la Unidad de Música de la Guardia Real. Director: Coronel Enrique Blasco. Entrada libre con invitación.
La Guardia Real ha desplegado su operación “Asturias 2015” desde el pasado día 14 con diversos y variados actos que se vieron menguados al suspender muchos los nuevos regidores municipales en una dinámica peligrosa de escuchar sólo a una parte de los ciudadanos olvidando que gobiernan para todos, incluyendo a los que no les votaron. Hago este comentario al hilo de una controversia que ha tocado y mezclado política con sentimientos e intereses variopintos, salpicando a diversos sectores que en el caso de Mieres ha levantado ronchas. Está muy bien ser republicano, conservador, socialista, comunista o mediopensionista, pero (intentar) confundir conceptos es de incultos cuando no malinformados, incluso es antidemocrática la imposición y debilidad la cesión, más ante minorías que esgrimen banderas equivocadas. Es bueno escuchar, necesario ceder y sobre todo entender posturas contrarias a nuestras ideas por muy distantes que estén, siempre desde el respeto. Hay mucha susceptibilidad en estos tiempos revueltos y tocarla es herirla porque se salta a la mínima y prohibir no arregla las cosas, al menos habrá que dar la opción de elegir lo que gusta, por supuesto desde la legalidad, sin obligarnos a comer todos lo mismo. Tan fácil como cambiar de canal es no asistir a un evento, del tipo que sea, que no nos gusta. Lo contrario es masoquismo por no hablar de buscar las cosquillas y seguir encrespando ánimos a la caza de escándalos inexistentes que terminan desviando la atención de lo realmente necesario a lo totalmente superfluo.

La música siempre ha estado en los ejércitos desde que existen, animan al soldado, consuelan en la desgracia y hasta ganaron batallas como el famoso Tambor del Bruch. No concebimos una película de gladiadores romanos sin clarines, un duelo medieval sin timbales o los indios atacados por el 7º de Caballería sin el conocido toque de corneta, o las bandas de pífanos y tambores de la Guerra de Secesión, por poner algunos ejemplos. Es incalculable en todo el mundo la cantidad de músicos militares que una vez formados engrosan bandas de música, orquestas de baile, formaciones sinfónicas sin olvidar afamados directores de educación militar como el recordado Rafael Frühbeck de Burgos, amén de grandes compositores cuyas obras han traspasado el ámbito castrense siendo interpretadas en conciertos y no sólo en desfiles. Hoy en día los músicos militares siguen siendo necesarios y los distintos ejércitos dan trabajo a unos artistas que desde su instrumento ya saben lo que es disciplina, compañerismo, solidaridad y orgullo del trabajo bien hecho, valores necesarios para la vida, sea civil o militar.

Personalmente no he acudido a ningún acto, en mi pueblo reducidos a la mínima expresión, independientemente de gustos u obligaciones varias, pero como “melómano omnívoro” no podía perderme el concierto de la Unidad de Música de la Guardia Real en el Auditorio de Oviedo donde hubo detalles que me ofendieron como ciudadano y que comentaré más adelante. Heredera de la Banda del Real Cuerpo de Alabarderos como agrupación musical según Real Ordenanza de 6 de mayo de 1707, es historia que conviene conocer y reconocer, leyendo las notas incluidas en el programa que dejo aquí.
Han dirigido esta Unidad músicos como Bartolomé Pérez Casas o Francisco Grau Vegara. Su actual director es el Coronel Enrique Damián Blasco Cebolla (Corbera -Valencia- 1959), flautista que con 18 años ingresa por Concurso-Oposición en el Cuerpo de Músicos Militares del Ejército de Tierra, quien no ha dejado investigar recuperando patrimonio musical y continuar formándose en su larga y reconocida trayectoria como compositor y director con profesores de prestigio internacional, habiendo estado al mando de distintas bandas militares antes de ponerse al frente de esta Unidad estructurada en Banda Sinfónica, Banda de Guerra -cornetas y tambores- y Sección de Pífanos, un centenar de profesionales elegidos entre los mejores suboficiales del cuerpo de músicos militares de los tres Ejércitos. Para los que no conozcan la terminología castrense, se llama “Banda” a las agrupaciones de cornetas y tambores, las que conocimos quienes servimos obligatoriamente a la Patria, y “Música” sería el equivalente a la agrupación civil en cuanto a instrumentistas, sin cuerda, siendo el grueso de ellas el viento con muchas “familias” de clarinetes, saxofones, fliscornos, bombardinos… y percusión, añadiendo el calificativo “sinfónica” cuando incorpora violonchelos, contrabajos, incluso arpa.
En el terreno civil existen en España numerosas bandas sinfónicas de calidad contrastada con repertorio propio (incluso exportándolo) aunque complementado con adaptaciones o arreglos que no tienen nada que envidiar a su hermana. La Región Valenciana, junto a Murcia, fueron cantera para muchas de ellas dada la proliferación y calidad de sus bandas de música, dando el salto a sinfónicas de todo el mundo. Puedo decir sin temor a equivocarme que estamos ante un renacimiento y reconocimiento de las bandas de música, tanto civiles como militares, con un relevo generacional propiciado precisamente por su labor de formación y difusión cultural.

La Banda de Música Sinfónica con 70 efectivos, incluyendo tres violonchelos, dos contrabajos y seis percusionistas, llenó el auditorio hasta la bandera (no así la zona de invitados, sin entrar a buscar respuesta a ello) haciendo disfrutar a todos de esta fiesta castrense musical con un programa largo lleno de guiños locales como es costumbre en sus salidas, aunando tradición y modernidad, dos partes presentadas excelentemente por un subteniente trombón y una sargento primero contrabajo, antes de incorporarse a sus puestos y comenzar con el conocido pasodoble Oviedo de Pascual Marquina (1873-1948), militar y músico.

El propio Blasco firma el arreglo para banda de la siguientes obra, el número 5 de la “Suite Española” conocido como Leyenda o Asturias de Albéniz (1860-1909), difícil encaje del lenguaje pianístico o guitarrístico a banda, además de tener de asturiano solamente el título.

Una de las sorpresas estuvo en la obra de un grande de las bandas sonoras como Miguel Asins Arbó (Barcelona 1918 – Valencia 1996) y su Diego de Acevedo, lenguaje totalmente actual para una serie televisiva de 1966, suite casi poema sinfónico en tres movimientos: “Introducción y marcha” realmente militar, “Seguidilla” popular que no folklórica con un trompeta que supo gustar(se), y “Bailén” cargado de historia militar hecha música con mayúscula, todo el metal con todo su colorido rubricado por timbales y cajas poniendo la imagen sonora para degustar una escritura de calidad en un maestro de formación valenciana, sinónimo de música para banda, más una interpretación equilibrada que sintió esta obra como propia con la calidad de unos solistas entregados, especialmente el corno inglés.

Las Escenas Asturianas de Benito Lauret (1929-2005), también músico militar, no solo demostraron cómo entendió nuestra música el compositor y director cartagenero sino su perfecto conocimiento y dominio de la orquestación, que en la versión del coronel Blasco pecó de cierto desequilibrio en los planos sonoros y algo de retraso en parte de la percusión -pandereta y castañuelas- aunque lo mantuvo en el final que combina nuestro “Pericote” y el Himno de Asturias (que sonaría independiente en la conclusión del concierto). 

La segunda alegría de la noche fueron las Imágenes de la Armada Española de Bernardo Adam Ferrero (Algemesí, 1942), música en tres cuadros con narración (excelente el subteniente antes citado) aludiendo a la historia desde los protagonistas: Lepanto: Vísperas de la Batalla y Don Juan de Austria, Trafalgar: Muerte en el “Nepomuceno” con el heróico donostiarra Churruca más cita musical del famoso “Rule, Britannia“, y El Grupo Aeronaval de la Flota, en Marín, citando la fecha del 16 de julio de 1988, la Patrona y Jura de Bandera del entonces Príncipe Felipe de Borbón, todo en espectacular escritura para banda por parte un perfecto conocedor de los recursos de esta formación, original y tan cinematográfico como el citado Asins Arbó, que la Unidad de Música de la Guardia Real realmente bordó antes de “ordenar descanso”.

La segunda parte comenzaba también con la pareja de suboficiales presentando las obras a escuchar, primera vez que escuchaba la marcha militar Al Héroe Noval del Julio César Ruiz Salamanca (Las Pedroñeras, Cuenca) otro compositor, trombonista y director castrense, homenaje al cabo asturiano con toda la carga emotiva de una música para la ocasión.
El Capricho Español (1887) de Rimski Korsakov (1844-1908) tiene mucho de nuestra tierra, con la “Alborada” o el famoso “Fandango asturiano” flanqueando la “Escena y canto gitano” uniendo Asturias y Andalucía desde la inspiración rusa, que sirvió de sintonía radiofónica en mi infancia. El arreglo de A. Courtain sirvió para mostrar todo el poderío sonoro de una formación disciplinada en todos los sentidos, de nuevo con buenos solistas aunque algo “apurados” en los pasajes rápidos del fandango, especialmente el clarinete, y algo falta de sutileza en la batuta para alcanzar planos más diferenciados entre las secciones, con metales poderosos (5 tubas entre ellos) que por momentos taparon a flautas (la solista sargento primero), oboes y corno inglés. No hay comparación con el original pero en su momento estas versiones eran las únicas posibles para conocer en vivo las grandes obras de la historia de la música, y las bandas contribuyeron, aún lo siguen haciendo, a divulgarlas entre un público que no tiene acceso a las grandes salas sinfónicas.

La fantasía descriptiva El Sitio de Zaragoza de Cristóbal Oudrid, con toques militares alternando con la jota es imprescindible en estos eventos (con un trompeta solista impresionante), en excelente arreglo del que fuese director de esta Unidad Francisco Grau, todo un “hit” que el público reclama y del que los músicos pueden estar “cansados” de tocarlo, de hecho pudieron sacar más partido aunque siempre resulte epatante su ejecución, más cuando aparece desfilando la banda de trompetas y tambores, cuatro y cuatro por las escaleras hasta el escenario, levantando a todo el público de sus butacas tras el apoteósico y esperado final.
Mención especial para otro tema con firma valenciana: Libertadores de Oscar Navarro (Novelda, 1981), es una una suite moderna en dos movimientos, “Amazonas” de aire selvático y ritmo trepidante donde la percusión toma protagonismo, sin olvidar la marimba o la cabaça, aunque también hubo momentos cantados literalmente por parte de los trompetas jugando con este lenguaje compositivo actual y cercano que me evocó en cierto modo a Ginastera, y la impresionante “Marcha de los libertadores” ampliando el efectivo de percusionistas e instrumentos, todo un espectáculo la presencia de ocho tambores (una suboficial entre ellos) saliendo por las puertas laterales del escenario y ejecutando una coreografía de las que vemos en las bandas americanas o sajonas, compartiendo baquetas y parches, uniéndose la percusión corporal en clarinetes y saxos, no muy acostumbrados a estos recursos que engrandecen la escritura para banda sinfónica que tiene en clarinetista y compositor alicantino uno de sus mejores exponentes. De nuevo el público enardecido se levantó de sus asientos tras el apoteósico final, aunque los ánimos ya estaban en alto tras la “guerra contra los franceses”.

Pasaban siete minutos de las diez de la noche cuando se hizo una pausa para entregar unos galardones de agradecimiento por la acogida de la Guardia Real en Asturias y la ¿colaboración? de las instituciones, con silencios y dudas sobre la ubicación en este momento del concierto, tal vez buscando ¿evitar? una desbandada si se realizaba al finalizar, cuando aparecieron tímidamente por la puerta izquierda las autoridades, abucheo y pitos al alcalde de Oviedo Wenceslao López (PSOE), aplausos y vítores para ex-regidor local y actual delegado del gobierno Gabino de Lorenzo (PP), crítica puede que merecida enlazando con todo el “rollo” del inicio, pero pienso que fuera de lugar evidenciando unos modales y gestos peligrosos que sólo crispan y denotan falta de educación, de la que los medios de comunicación seguro sacarán “carnaza” a estos cinco minutos de sonrojo que no deberían ir en el sueldo de nuestros gobernantes aunque no lo hagan bien. De nuevo mala política en un buen concierto.

No pareció calmar sino más bien destemplar a los músicos el más actual y “autóctono” Busindre Reel de nuestro internacional José Ángel Hevia, incorporándose al final un suboficial gaitero de la propia Unidad algo tapado por el poderío de la banda con un soso arreglo del coronel Blasco que no mejoró el original cargado de un ritmo que no nos transmitió el batería, del que desconozco si será arrestado por la ejecución (musical se entiende).

El delirio llegó con el final esperado, primero el famoso pasodoble compuesto por el maestro Francisco Alonso incluido en la humorada cómico-lírica Las Corsarias (1919) con la unidad al completo y el director animando al público a cantar el conocido “banderita tú eres roja, banderita tú eres gualda…” cerrando como indica el protocolo con el Himno del Principado de Asturias (desconozco autoría del arreglo para banda) y el Himno de España armonizado por Pérez Casas y revisado por Grau, dos ex directores de la Unidad de Música de la Guardia Real, con todos los presentes en pie, esta vez educadamante. Nadie ordenó romper filas pero el descanso llegó a las 22:25 horas y el bochorno tardó en irse.

P. D.: La crítica musical para La Nueva España se publicará este domingo y la pondré aquí:
CríticaLNE20SEP2015
Crítica 20 septiembre 2015

David Menéndez recordando a Félix Lavilla

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Martes 15 de enero, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Sociedad Filarmónica de Oviedo, Año 107, Concierto 1 del año 2013 (1.883 de la Sociedad). Dúo David Menéndez (barítono) – Rubén Fernández-Aguirre (piano). Obras de Gounod, Guastavino, F. Alonso y Moreno Torroba.

Con el recuerdo por el fallecimiento del pianista pamplonés Félix Lavilla, todo un referente para tantos músicos españoles y muy especialmente el mundo de la lírica, el concierto resultó un perfecto homenaje a cargo del barítono local David Menéndez y el pianista Rubén Fdez-Aguirre, un dúo así entendido en tanto que el repertorio elegido exigía de ambos, perfecta simbiosis muy trabajada que pasó por Bilbao y más recientemente Santiago de Compostela.

Dedicar la primera parte a Gounod y su “Biondina” es una auténtica maravilla, más cuando antes de cada número pudimos escuchar la perfecta declamación, otra recreación poética de los textos en español a cargo del tenor asturiano Jorge Rodríguez Norton. Los doce números requieren toda una dramatización, buen decir, vocalización perfecta e interiorización hecha arte para pasar del enamoramiento al placer del amor, la boda, el dolor y la muerte, siempre remarcado y subrayado por un piano igualmente protagonista en la mejor línea de los lieder, con un Rubén Fdez-Aguirre capaz de sacar todas las emociones subyacentes en el texto: campanillas de Cupido, cuerdas de mandolina, campanas de boda y también de entierro, vientos de cipreses, alegrías y angustias instrumentales que la voz de David Menéndez bordó con una técnica impresionante, gama dinámica increíble, dramaturgia plena en una interpretación rica de matices y sobre todo, como mi primera impresión, de gusto en el canto. Todo un descubrimiento esta “Biondina” en el registro del barítono castrillonense y el pianista baracaldés.

Mucho más liviano y menos trágico pero igualmente colorida resultó la segunda parte con seis canciones de las doce “Flores argentinas” de Guastavino, la segunda “G” de la velada, caleidoscopio rítmico y melódico del folklore porteño elevado a la categoría de concierto, casi diría que como nuestro Falla, músicas con auténtico perfume hermano del otro lado del charco pero con acento nuestro, ¡qué lindo!: jazmines y madreselvas, plumeritos y claveles evocadores y embriagadores. Nueva lección de canto y piano, perfecto ensamblaje en el marco perfecto de un Teatro Filarmónica que tantas veladas líricas acogió en sus cientos de conciertos, incluido el póstumo homenaje del propio Rubén a Félix Lavilla con “su” Teresa Berganza.

El público entrado en años aún disfrutaría con dos romanzas de zarzuela que fueron auténticos números uno por barítonos como Marcos Redondo y sobre todo Manuel Ausensi, la canción de Vidal “En una dehesa” de la Luisa Fernanda de Moreno Torroba, orquesta desde el piano y poderío vocal recreándose como el propio personaje en cada matiz y cada palabra, en cada gesto y cada nota, para rematar ese “borrico” canción del gitano de “La Linda Tapada” del Maestro Alonso.

De regalo ese “Lejos de tí” (M. Ponce) que sigue emocionándome cuando lo escucho por Kraus, esta vez por la voz más natural de las graves, el barítono, canción que David Menéndez interpretó bien apoyado por el piano, siempre en su sitio, tapa abierta y volúmenes apropiados por parte del maestro Fdez-Aguirre.

Y estando en la llamada capital de la lírica española, en nuestra casa, no podía faltar la sidra, quitar el chaqué y la pajarita, remangarse la camisa y cantar el Xuanón de M. Torroba, estribillo del “Canto a la sidra” en dos partes con la salva de aplausos de un público que disfrutó con este espléndido concierto de la centenaria sociedad musical carbayona.