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El rey no rabió

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Martes 1 de marzo, 20:00 horas. Teatro Campoamor, XXIII Festival de Teatro Lírico Español: El rey que rabió. Música de Ruperto Chapí, libreto de Miguel Ramos Carrión y Vital Aza. Entrada delantera de principal: 26 € + 1 € de gestión en Liberbank.

Con el mes arranca la temporada de zarzuela asturiana que alcanza la vigésimotercera edición, con un título de lo más representativo del género, el Chapí siempre inspirado y la trama donde el humor sirve de crítica cercana a la sorna, algo muy asturiano como Vital Aza, sin llegar al esperpento, simpatía de la tierra como parte del elenco que armó este rey que no reinó del todo aunque con final feliz.

Buena entrada sin alcanzar el lleno para dos horas y media de función, descanso incluido, donde lo primero a destacar es nuestro Emilio Sagi que apuesta por una escenografía marca de la casa, líneas geométricas, color rojo, espejos, sillas como de niño, un césped con cerca para ambientar la escapada rural del monarca, unas simpáticas ovejas de cartón encerradas en un carrito de metacrilato, el perro en un “supositorio” trasparente para la inspección de los doctores, la bicicleta rosa como su ciclista, o el juego de paraguas, colorido que también tuvieron los trajes campesinos en contraposición a los chaqués clásicos o un vestuario cortesano elegante, todo con la iluminación apropiada, por lo que la primera baza pintó en oros.

La Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” dirigida por Rubén Díaz y Pablo Moras tiene mucho protagonismo a lo largo de los tres actos, sin olvidar toda la escena que siempre resuelven bien y también son seña de identidad de este festival, afinados y con buena emisión, en momentos algo detrás de la orquesta pero con notable alto, empastados, destacando las chicas en el coro de pajes y el famoso coro de doctores bien interpretado. También interesantes las apariciones puntuales de la última escena de las Embajadas, voces jóvenes pero con larga experiencia lírica.
Destacar también al ballet para conjugar una escena coral y luminosa donde los protagonistas no brillaron tanto, así que pintaron copas.

El rey astur Jorge Rodríguez-Norton debutaba en el rol y quedó en príncipe, con unos agudos de distinto color dependiendo del volumen, opaco en los pianos y algo más lucidos en los fuertes. Mejor el registro medio y grave, destacando sus partes habladas con buena proyección y dicción hasta mi localidad. Rosa asturiana la de Ana Nebot también desigual aunque cumplió en sus arietas, muy sentida aunque algo corta “Ay! de mí…” en su deseo de dotar de mayor lirismo un papel agradecido en todas sus intervenciones, donde su escena fue adecuada y en los dúos con el rey pastor llegó a superarlo. También de la tierra el Jeremías de Juan Noval-Moro que cumplió curiosamente más como cantante que como actor, y completa la María carbayona de María José Suárez, gracia y seguridad en un género que le va como anillo al dedo, algo que el público le agradeció.
A buen nivel y con galones el General Manel Esteve, el completo Gobernador David Rubiera y el Intendente Antonio Torres, que se marcaron un real cuarteto con una “Polca de la dimisón” que habría que instaurar como necesario himno actual, pues los argumentos se mantienen más en la realidad que en la ficción; seguro el Alcalde Vicent Steve reforzando un apellido familiar en la zarzuela, simpático el Capitán Boro Giner, y bien los actores asturianos César Sánchez y la mezzo del coro Yolanda Secades con un paje francés por cercanía catalana familiar. No quiero olvidarme de la perrita Sugar que es tan protagonista como las demás y la causante de todo el enredo hidrófobo, una profesional que también llevó sus aplausos, aunque pintaron bastos.

Las espadas de Marzio Conti al frente de la Oviedo Filarmonía, mostrándose cuidadoso con las voces que el de Villena aprieta por momentos, aunque algo lento puntualmente, lo que repercutió en algunos desajustes entre escenario y foso, con una orquesta ideal para estos repertorios que por momentos sonó poderosa, titular del festival y que lució en todas sus secciones sin desmerecer ninguna. Chapí puede dar mucho más juego pero dentro de esta media el resultado global no rabió y nos lo pasamos bien disfrutando de tanto asturiano en este Principado que hoy fue monárquico y sin rabia en el humor.

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Juramento para arrancar temporada

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Jueves 27 de febrero, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXI Festival de Teatro Lírico Español. El Juramento (Joaquín Gaztambide); Sabina Puértolas (María), Carmen González ( La Baronesa), Gabriel Bermúdez (El Marqués), David Menéndez (Don Carlos), Xabier Ribera-Vall (El Conde), Javier Galán (Peralta), Manuel de Diego (Sebastián); Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (director: Rubén Díez), Oviedo Filarmonía, Dirección Musical: Miguel Ángel Gómez Martínez. Dirección de escena. Emilio Sagi; Vestuario: Jesús del Pozo. Edición crítica: Ramón Sobrino. Precio entrada Principal: 26€ más 1€ de gestión.

Buen arranque de esta vigésimoprimera temporada de zarzuela que apuesta por obras poco programadas (salvo la “Marina“) de elencos y puestas en escena equilibradas. El Juramento de Gaztambide venía al Campoamor con el mismo reparto y producción del reestreno madrileño en noviembre de 2012 excepto El Conde, y rodada también en Pamplona, lo que suponía una apuesta sobre seguro como así resultó.

Con una partitura desigual aunque exigente en los papeles protagonistas (momentos a capella, romanzas, dúos y concertantes de registros extremos, cambios rítmicos y mucho texto hablado), la “firma Sagi” elegante en todo -como el vestuario de Jesús del Pozo– y sobre todo la magistral lección de dirección del granadino Gómez Martínez fueron los pilares en los que las voces se apoyaron, comenzando con el coro que cumplió en cada intervención, vocal y escénicamente, destacando las voces graves en el difícil arranque del tercer acto.
Las protagonistas femeninas brillaron con luz propia, especialmente Sabina Puértolas que ha ganado registro grave manteniendo ese timbre de calidad y calidez, con proyección y emisión potente en el sobreagudo final del primer acto, personaje el de María que se deja querer, frente a una Carmen González algo sobreactuada en lo vocal pero dándolo todo en los textos hablados para una auténtica recreación de la baronesa.
Aseado el elenco masculino de timbres poco diferenciados en los barítonos, donde el marqués Bermúdez estuvo desigual, con una línea de canto algo plana aunque segura; más que correctos Peralta Galán y Sebastián de Diego, buena actuación del conde Xabier pero sobre todo el nuevo triunfo del asturiano David Menéndez, papel breve pero muy agradecido el de Don Carlos, desde un timbre contundente que llega a todos los rincones del teatro, incluso en los pianos, manteniendo una musicalidad siempre enorme y cautivadora para cantar la hermosísima romanza “Esta es la misma ventana” que el público aplaudió largo y tendido. Momento dulce de nuestro barítono en un rol que lleva cantándolo años y ha hecho totalmente suyo.

Volver a destacar la dirección magistral de Miguel Ángel Gómez Martínez, dirigiendo de memoria y atento a las voces, ayudándolas en todo momento -algo que las nuevas generaciones parecen olvidar-, mandando en una orquesta ovetense que en el foso no suena igual que en los conciertos pero cumplidora sin reparos en todas sus secciones para esta partitura engañosa para el profano y llena de momentos de gran tensión dramática como el propio preludio, transmitiendo desde la batuta todo el saber del gran maestro andaluz.

Quedan dos representaciones más y en abril volverán otro par de títulos poco programados antes de la clausura en junio con el esperado Curro Vargas.

Una Lucia de ahora

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Viernes 19 de octubre, 20:00 horas. Teatro Campoamor de Oviedo: LXV Temporada de Ópera, Lucia di Lammermoor (Donizetti).

Sabina Puértolas (Lucia), Albert Casals (Edgardo), Javier Galán (Enrico), Simon Lim (Raimondo), María José Suárez (Alisa), Charles dos Santos (Arturo), Josep Fadó (Normanno); Dirección musical: Marzio Conti; Dirección de escena: Emilio Sagi; Diseño de escenografía: Enrique Bordolini; Diseño de vestuario: Imme Möller; Diseño de iluminación: Eduardo Bravo; Dirección del coro: Patxi Aizpiri. Orquesta Oviedo Filarmonía; Coro de la Ópera de Oviedo.

Con nuevo lleno en el coliseo carbayón pude asistir a otra Lucia que realmente no decepcionó, un segundo reparto o como apuntaban en algún sitio, reparto joven, un triunfo por lo equilibrado de unos intérpretes que logran la magia de una obra de arte total, y donde la navarra Sabina Puértolas fue auténtica protagonista en todos los sentidos.

No hay nada como el directo y mi delantera de principal permitió deleitarme de principio a final con esta Lucia que llevo en lo profundo de mis entretelas líricas formando parte de mi biografía vital.

La escenografía volvió a ser impecable (aunque sigo pensando cambiar daga por pistolón), descubriendo auténticos cuadros humanos y captando el ambiente nublado que logran las transparencias.

La orquesta perfecta, colocada como en concierto logró sonoridades más que dignas, destacando la flauta al lado de un inspirado Conti en la escena de la locura para el mejor entendimiento con la soprano, el arpa en su sitio plenamente inspirada, y un solo de cello con música pura para ese final de “bella alma enamorada”. El maestro italiano volvió a sacar del foso lo mejor de sus músicos y a concertar con cantantes y coro de manera “pactada”, dejando mandar a los protagonistas y no al revés (como sucedió en las anteriores representaciones), vital pero contenida cuando así lo pedía la partitura.

El coro que dirige Aizpiri sigue asombrando por afinación y actuación en esta ópera que les exige en todas y cada una de sus apariciones, dominándola como auténticos profesionales. Tanto las voces graves como al completo supusieron completar y equilibrar una representación que recordaré en el tiempo.

También repetían la perfecta Alisa de Mª José Suárez que hizo pleno en las cinco representaciones dando una lección de lo que en el cine llamaríamos actores de reparto, en su sitio y sumándose a la musicalidad que flotó en toda la obra, al igual que el Arturo del uruguayo Charles dos Santos, nuevamente ajustado a su breve pero difícil intervención, lo que ya es de destacar.

Del resto y por preferencias personales: bien el Normanno de Fadó, convincente y poderoso el “malo de la película”, un Enrico de Galán convincente, poderoso pero nada sobreactuado; el Raimondo del coreano Simon Lim nos devuelve los bajos de antes, redondo en el grave sin perder nunca musicalidad, cantabiles en su sitio y bien empastado en dúos y concertante; el Edgardo del barcelonés Albert Casals nos dejó no ya un sexteto de lo más aseado con sus compañeros, sino unos dúos bien cantados por lo sentidos, más las conocidas arias que dejó con seguridad, con proyección incluso en medio de la escena y fermatas de la “escuela Kraus“, todo con un color de voz apropiado a su personaje, aunque me hubiera gustado algo más de garra ante sus “antepasados”, que compensó con un suicidio perfecto.

© Ópera de Oviedo

Y dejo para el final a la auténtica protagonista que nos hizo enloquecer, a mi admirada Sabina Puértolas que recreó una Lucia de nuestro tiempo, personal, “creciendo” desde la enamorada inicial, pasando por la enamorada engañada y rematando en una locura plenamente romántica y nada esquizofrénica, técnica asombrosa al servicio de una musicalidad que desborda cada intervención siempre dramatizada en su punto exacto, llenando por completo el escenario de principio a final. Su gama dinámica resulta impactante por la engañosa sencillez, sus graves poderosos, sus agudos cristalinos y cada una de las agilidades llevadas con una limpieza y tempo que el maestro Conti entendió a la perfección, sin cortar los finales y dejándonos disfrutar de una personal y gran Lucia que renombré como Sabina de Lammermoor o incluso Lucia Puértolas, a seguir en este siglo XXI donde se convertirá en un referente. Toda una recreación de uno de los personajes grandes de la ópera.

No quiero olvidarme del buen programa a 5€ que sustituye aquellos tomos por temporada que guardo de consulta obligada, que incluye ensayos sobre locura y sobre todo textos para la ocasión, destacando “El falso amor” de Vanessa Gutiérrez de quien cito “… has estado más viva que aquello que habrá de sobrevivirte”.

Precios asequibles y equilibrio musical para una obra por la que no pasa el tiempo logran resultados óptimos y el delirio de un público que alternaba habitual con nuevo. Al descanso me comentaba una joven autoconfesada heavy con entrada regalada por sus jefes, su feliz iniciación con La Traviata pero que esta Lucia (y faltaba lo mejor) le estaba encantando… Mi respuesta era fácil: fuera prejuicios y a disfrutar.

Así se asegura

Larga vida a la ópera

Lucia televisada

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Lunes 15 de octubre, 20:00 horas. Casa de Cultura de Mieres, retransmisión en directo desde el Teatro Campoamor de Lucia de Lammermoor (Donizetti).

Mariola Cantarero (Lucia), Arturo Chacón-Cruz (Edgardo), Dalibor Jenis (Enrico), Simón Orfila (Raimondo), Mª José Suárez (Alisa), Charles Dos Santos (Lord Arturo), Josep Fadó (Normanno); Coro de la Ópera de Oviedo (Patxi Aizpiri, director); Dirección de escena: Emilio Sagi; diseño de escenografía: Enrique Bordolini, Orquesta Oviedo Filarmonía. Director musical: Marzio Conti.

Cincuenta y cuatro personas acudimos en Mieres a la televisada segunda representación del título segundo de la LXV temporada de la Ópera de Oviedo que triunfó en la primera del pasado sábado como así recoge la prensa regional de Oviedo y Gijón, aunque más cercano a la de mi admirado Aurelio M. Seco, por lo que no entraré en muchos detalles técnicos de esta Lucia carbayona.

Agradecer que vuelvan a acordarse de los pueblos en tiempos de crisis, pese a la poca presencia de público que achaco a la escasa publicidad y poco lectora de prensa que es la gente de mi pueblo.

Volver a reflejar que no tiene nada que ver el directo del teatro (el viernes estaré en el llamado “reparto joven” fuera de abono) con una retransmisión que sigue adoleciendo de muchos defectos ya apuntados en otras pasadas: fatal la realización, poca luz y un sonido algo irreal que capta hasta el taconeo de los cantantes, con unos planos sonoros irregulares que no reflejan lo que pasa ni encima del escenario ni en el foso (el excelente arpa sonó siempre demasiado presente y por encima de la orquesta).

La Lucia sigue siendo mucha ópera con todos los ingredientes, Oviedo ha tenido muchas para el recuerdo (el “mío” con Rosetta Pizzo y Jaume Aragall) y el elenco estuvo equilibrado, destacando el excelente hacer de Raimondo Orfila, todo un seguro en escena, y Alisa Suárez (no me extraña que David Orihuela le dedique un artículo a la mezzo asturiana), así como un Enrico eslovaco con poderío, tanto en sus arias como en dúos y concertantes, aunque aún podrían limarse algunas asperezas. De los protagonistas el tenor mexicano promete y tiene “poderío” para este rol, aunque creo que deberá cuidar su voz si quiere tener una larga y exitosa carrera, y la Lucia di Cantarero resultó muy personal, más “exagerada” de lo que me gustaría y cuya pirotecnia vocal incluye de todo, vistosidad y relleno que no empañan el resultado global. Sí hubo química en los dúos, aunque “si las mujeres mandasen…”.

También cumplieron sin problemas el breve Arturo uruguayo y Normano Fadó.

El Coro de la Ópera volvió a estar impresionante tanto escénica como vocalmente, siendo lo más destacado para mí en una obra que domina de cabo a rabo.

También la OvFi resultó perfecta para lo que fue concebida, bien en todos los aspectos y con un Conti que mimó más a Doña Lucía que al resto, forzando a veces los tempi que hacían perder legibilidad pero ayudan -no siempre- en los pasajes difíciles, siendo más concertador con la protagonista ayudando a una visión vivaz de toda la ópera (de lo que puedo discrepar en parte).

De la escenografía de Sagi nada destacable en ese mundo gótico, romántico y decimonónico de Bram Stoker con chisteras y gafas, donde la imaginación tuvo que funcionar más de lo necesario y las espadas “chirriaban” un poco, pudiendo optar para el suicidio del tenor por un pistoletazo y pólvora en vez de la daga, pero al menos se hace más entendible que otras apuestas escénicas.

Como resumen el equilibrio de todos (sonó muy bien esa maravilla de sexteto) que le dan a esta representación el calificativo de aseada y muy del gusto del público en general. Personalmente no me disgustó pero tengo mucha esperanza en Sabina de Lammermoor

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