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El Bach nuestro de cada día

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Los maestros Emilio Moreno y Aarón Zapico vuelven a los estudios de grabación para dejarnos un “Bach melancólico” e incluso soñado, recreando páginas del kantor de Leipzig con la viola “da braccio” y el clave a cargo de este dúo que se entiende a la perfección, dos generaciones en conjunción que ya en su Boccherini anterior me cautivaron.

Todo en este CD del sello Glossa (fundado por Emilio Moreno) está cuidado al detalle: la grabación en la bodega de Torremocha de Jarama, Madrid (Finca Casa de Oficios) a lo largo del mes de julio de 2019, al igual que en su anterior grabación, de acústica perfecta así como la toma de sonido de Federico Prieto; las siempre enriquecedoras notas en cuatro idiomas (pues los mercados discográficos todavía se mantienen allende los Pirineos); las fotografías de Carmen Hache en esa Castilla canicular y amarillenta, la siega acabada y aparentemente árida pero llena de riqueza que no me he resistido a incluirlas en esta reseña; el recuerdo póstumo a Margarita Aguado de Moreno, y por supuesto el tándem Moreno-Zapico paseando informalmente por ellos.
Esta misma sencillez les lleva a reinterpretar (algunos hablan de “reinventar” o de revivir) 18 páginas de nuestro “Dios Bach” purísimas en cuanto al concepto básico: las melodías cantadas por la viola de Moreno y el continuo impoluto y preciosista de Zapico al clave, con dos instrumentos evocadores, la original Viola Sympertus Niggel de 1751 (Füsse ) y el clavicordio (o harpsichord) de Rafael Marijuán (réplica del Joannes Ruchers, 1616) construido en Torrelaguna (2010), sonidos contemporáneos a la propia época de Johann Sebastian Bach (1685-1750) que resucitan en el siglo XXI.

The Melancholich Bach se está presentando desde el mes pasado, tanto en Radio Clásica (programa “La Dársena” con Jesús Trujillo en una entrevista cercana y amigable como todo lo que rodea este trabajo), y en distintos locales con palabra y música caso del celebrado en La Dársena, en Sevilla… aunque también se puede disfrutar en la red  incluyendo la popular plataforma Spotify, pero personalmente sigo fiel a mis manías manteniendo siempre la cadena musical en condiciones para reproducir el CD al volumen y calidad que se merecen.

Ya hay reseñas bien fundadas como la de MúsicaAntigua.COM o la catalana ElTempsDeLes Arts (que dejo enlazadas) así como en las redes sociales, pero quiero dejar aquí muy especialmente la de la Web del propio sello Glossa donde describe esta grabación:

Con The Melancholic Bach, Emilio Moreno se acerca de manera nostálgica y pensativa a las músicas que Bach podría haber compuesto para la viola. Este nuevo álbum es reflexivo pero nunca triste, sosegado a menudo, pero animado en otros fragmentos. Moreno es violinista a la vez que violista: con el primer instrumento dirige sus conjuntos La Real Cámara y El Concierto Español, mientras que con la viola está desde hace muchos años al frente de su sección en la Orquesta del Siglo XVIII.

Admirador del Johann Sebastian Bach de conciertos, sonatas, partitas y otros muchos géneros, Moreno siempre ha deseado que existiera un repertorio paralelo del gran maestro que pudiera ser tocado en la viola. De hecho, se sabe que Bach fue un gran intérprete del instrumento y era plenamente consciente de su potencial solístico, además de la melancolía intrínseca a su sonido, tan crucial para las armonías internas de sus composiciones.

Aparte de algunas piezas con viola obligada, lo cierto es que la amplia obra del Kantor contiene poca música para el instrumento, por lo que Moreno y Aarón Zapico (clavecinista también en los recientes discos dedicados a Castro y Boccherini) decidieron preparar una serie de transcripciones que se adaptaran a la viola da braccio construida en 1751 por Sympertus Niggel y utilizada en esta grabación. Para The Melancholic Bach, se han adaptado movimientos de sonatas en trío, cantatas y corales para órgano, con la viola tocando la línea melódica y el clave las otras dos partes.

Personalmente mantengo desde siempre que en música habría que hablar antes y después de Bach (con un AB/DB tal como se usa AC a. de JC / DC d. de JC) pues tras su muerte parece haberse inventado todo, versiones que llegan desde todos los estilos e instrumentos sin perder nunca la esencia, algo que solo en “el cantor de Santo Tomás” se da.
Por lo tanto en esta combinación que bien podría haber sido original, no solo soporta el espíritu sino que por momentos es el ideal, especialmente en los corales del Libro de Órgano (Das Orgel-Büchlein) todavía más íntimos que si los escuchásemos en una iglesia luterana desde la consola del kapellmeister correspondiente. Las sonatas son auténticas recreaciones con las visiones doctas de dos intérpretes dominadores de sus instrumentos, y no digamos los solos de ambos maestros: el clave de Don Aarón, reverencia digital de hondo espíritu siempre claro, y la viola de Don Emilio paladeando cada frase con especial deleite, y a quien los años solo sirven para madurar más si cabe su entrega a la música de dios Bach todopoderoso. Esta vez soy yo quien me descubro ante sus apóstoles para repetir El Bach nuestro de cada día

CORTES
1. Trio super: Herr Jesu Christ, dich zu uns wend’ BWV 665a
2. Liebster Jesu, wir sind hier BWV 731
3. Trio BWV 583 (Adagio)
Arreglos de los corales del Orgel-Büchlein:
4. O Mensch, bewein’ dein Sünde groß BWV 622 (Adagio assai)
5. Komm, Gott Schöpfer, Heiliger Geist BWV 631a
Sonata en do menor (después BWV 76, 582/2&586):
6. Adagio-Vivace (de la Cantata BWV 76, parte segunda, Sinfonia nach der Predigt)
7. Andante (de la Sonata 4 a 2 Clav. et Pedal BWV 528/2)
8. Allegro (del Trío a 2 Clav. et Pedal… nach Telemann BWV 586)
9. Allemanda 2ª para clave solo (de la Sonata en la menor BWV 965, después de Johann Adam Reincken (1643-1722), Hortus Musicus (1688)
Sonata en fa mayor (tras BWV 664, 614&676):
10. Allegro (del Trio super: Allein Gott in der Höh’ sei Ehr’ BWV 664)
11. Adagio (del Das alte Jahr vergangen ist BWV 614, Orgel-Büchlein.
12. Allegro (de Allein Gott in der Höh’ sei Ehr’ a 2 Clav. e Pedale BWV 676)
13. Très vivement para viola sola (de la Fantasía BWV 572)
14. Exercitium for solo viola (del Pedalexercitium BWV 598; atribuido a C.P.E. Bach)
Arreglos de los chorales del Orgel-Büchlein:
15. Helft mir Gott’s Güte preisen BWV 613
16. Ich ruf ’ zu dir, Herr Jesu Christ BWV 639
17. Wenn wir in höchsten Nöten sein BWV 641
18. Wer nur den lieben Gott lässt walten BWV 691

Primus inter pares

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Martes 17 de julio, 20:00 horas. Verano en Oviedo 2018, Claustro del Museo Arqueológico de Asturias: La Real Cámara (Emilio Moreno, violín y maestro de concierto).

Crítica para La Nueva España del jueves 19, con los añadidos de links, fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva:

El nombre de Emilio Moreno va unido a la música antigua española, su reconocimiento es internacional por descubrir, defender y difundir nuestro patrimonio musical que sigue siendo todavía el gran desconocido. La formación que disfrutamos en este primer concierto del verano carbayón, estuvo compuesta por el propio Emilio Moreno más Enrico Gatti (violín), Mercedes Ruiz (chelo) y los hermanos Zapico (Aarón al clave, Pablo a la guitarra barroca y trioba), la misma que grabó hace tres años en nuestro auditorio un disco dedicado a Francisco José de Castro “Spagnuolo” (ca. 1670-ca. 1730), un jesuita sevillano que se iría a Brescia donde traduciría a los místicos españoles y participaría como violinista en la Academia “dei Formati”, componiendo unas triosonatas emulando a su maestro Arcangelo Corelli, con quien podemos decir que compitió y compartió calidad sin perder nunca el regusto hispano.

Del Trattenimenti Armonici da Camera, diez sonatas compuestas por el llamado “Corelli español” La Real Cámara eligió seis reuniéndolas con las del italiano para poder comprender mejor el calificativo del español en igualdad de condiciones pues el estilo de ambos es equiparable tras lo escuchado en el claustro del antiguo Monasterio de San Vicente. Distintas tonalidades mayores y menores del sevillano, coloridas y sentidas como “sonatas de iglesia” al igual que las de su modelo, todas de la Opus 2, con tiempos claramente contrapuestos para disfrutar de una escritura violinística a dúo limpia y brillantemente ejecutada por Moreno y Gatti sin rivalidades, alternando primero y segundo con total continuidad, normalidad y empaste; el impecable chelo de Ruiz completaría el trío desde la gravedad clara con momentos protagonistas emulando al dúo; finalmente para revestir cada una de las nueve obras seleccionadas, el continuo de los hermanos Zapico dándoles mayor empaque: el clave de Aarón siempre ornamentando en el lugar exacto con verdaderas perlas cultivadas, un imprescindible de Moreno con quien ha grabado a Boccherini, y Pablo jugando con tiorba y guitarra barroca según aires, ritmos y obras para completar el gusto español de Castro o hispanizar a Corelli en una visión de programa global donde resultó difícil distinguir entre maestro y alumno.

Hasta en Viena apareció un manuscrito de otro José de Castro, probablemente el sevillano con el que La Real Cámara nos regaló fuera de programa otra joya más para despertar esta música dormida que Emilio Moreno saca a la luz en una labor impagable de musicólogo e intérprete, rodeándose siempre de unos músicos que han trabajado este repertorio desde el rigor y pasión por continuar descubriendo esta música atemporal que sigue gustando al público, numeroso y variado que completó las dos alas del claustro con visibilidad y buena parte de las “ciegas” aunque respirando el mismo aire. Sonatas a tres del español, con sonoridades plenas y variadas, aires contrapuestos con regustos de danzas que fueron desgranándose junto a las del italiano.

Las sonatas 6 en do mayor, 1 en re menor y 7 en mi menor sonaron tan modernas como la Sinfonía à 3 Wo O6bis en re mayor de Corelli, manuscrito de la Biblioteca Nacional de Cataluña, o su Ciacona op. 2/12 en sol mayor colocada en mitad del concierto cual bisagra estilística más por la forma que por el fondo, pleno barroco puro de sonido ideal con este quinteto de lujo, texturas y dinámicas amplias que resultaron perfecto acompañamiento vespertino. La sonata quinta en sol menor del “spagnuolo” seguida de la sexta en re menor del italiano compartieron buen gusto y danzas (allemanda o giga) antes del broche final del “Corelli español”, la sonata 4 en re mayor y la 3 en si bemol mayor, modos mayores de un tiempo que abraza la tonalidad olvidándose modos renacentistas pero ganando en lumínico virtuosismo como el disfrutado en el Arqueológico a cargo de Emilio Moreno y La Real Cámara.

El verano musical ovetense brilla más que el climatológico aunque siga siendo “La Viena del Norte”. Entre estas piedras ideales en acústica quedan siete conciertos (este jueves Laura Mota al piano) hasta finales de agosto, dos más en el Museo de Bellas Artes de lo más interesantes, sin olvidarme del de órgano en La Corte para esta amplia oferta que cuenta con muchos intérpretes de casa y todos de calidad contrastada.

Placeres apócrifos

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Luigi Boccherini: Apocryphal Sonatas for violin and harpsichord. Emilio MorenoAarón Zapico. Glossa.
En este blog no suelo comentar discos aunque soy un tanto mitómano al seguir ampliando mi colección en formato físico. Incluso cuando compro en Internet para escuchar legalmente en el ordenador u otros dispositivos (gadgets dicen los finos), termino pasándolo a CD, con su caja, ilustraciones y todo lo que ello supone de mayor gasto que si lo hubiese comprado directamente e importado a los dispositivos digitales. Me consta que muchos de los coches actuales prescinden del lector y lo sustituyen por entradas USB o conexiones para los teléfonos que traen todas las posibilidades musicales imaginables. En mi caso además de todo ello todavía dispongo de un lector de CD y otro de tarjetas SD con la ventaja de poder cargar muchas horas de música para esos viajes que tanto me gusta hacer, a menudo con la “disculpa musical” correspondiente.

Esta vez y con el disco sonando de nuevo en la cadena (nada que ver con todas las “modernidades” que también utilizo) no quería dejar de comentar este Boccherini que Emilio Moreno nos ha preparado con nuestro común amigo Aarón Zapico. El primero es referente en este país de la llamada música antigua y barroca, no ya como intérprete en sus muchas formaciones e inspirador de las posteriores que le deben mucho, como investigador es único y podríamos decir que se ha convertido en un especialista de Don Luis Boquerini, así como él mismo finaliza las notas del disco, el genial violonchelista y compositor italiano pero tan español como el que más. Rehacer, adaptar, recrear, todo es posible manteniendo el espíritu y el Boccherini de estas cuatro sonatas respira por los cuatro costados música en continua evolución. Elegir el clave como acompañante del violín permite disfrutar de una tímbrica especial, cuidada hasta el mínimo detalle en todo el proyecto: la selección de las obras, la adaptación a este dúo, los instrumentos utilizados, el lugar de grabación y por supuesto la presentación a la que Glossa nos tiene acostumbrados por diseño, fotografías, calidad y textos que aquí firman Miguel Ángel Marín y el propio Moreno. La elección de Aarón Zapico parecía lógica tras otros proyectos juntos y sabedor que el clavecinista asturiano está en plena madurez interpretativa, verdadero momento dulce para quien ha tomado el testigo del maestro y hacer escuela con Forma Antiqva, alumnos ahora profesores que comparten mucha música pero sobre todo pasión por ella. El buen gusto y complicidad del dúo se nota en cada sonata, sin pájaros en a cabeza como aparecen en la portada, más bien adecuados y rebuscados (por el mucho buscar) en cada movimiento, destilando emociones que traspasan al oyente, pudiendo titular esta entrada inspirado en el propio título del disco como “Placeres apócrifos”, no por fingido sino por dudar de la autenticidad del placer auditivo, haciendo un guiño al término como don Emilio para estas sonatas de salón asturiano.
Llevadas estas obras a la Lucca natal de Luigi Boccherini (1743-1805) y sonando también en la Corte Madrileña imbuidos del mismo espíritu dieciochesco original en pleno siglo XXI, antes de encerrarse en septiembre del pasado año en la Finca Casa de Oficios de Torremocha del Jarama, para dejar testimonio sonoro ya rodado en directo, el dúo Moreno-Zapico ha presentado el disco en Madrid este mes de febrero, y pese a las agendas apretadas de ambos en sus distintos proyectos, supongo encontrarán huecos para seguir haciéndolo en vivo, siempre único aunque se venda al finalizar los conciertos con firmas de los músicos, porque esta fórmula sigue funcionando y hay muchos más “chiflados” que siguen comprando música.

Las cuatro sonatas abarcan distintos momentos en la vida de Boccherini con un trabajo de recuperación y transcripción por parte de ambos intérpretes y estudiosos realmente memorable, a partir de distintas colecciones y formaciones. Miguel Ángel Marín comienza sus notas en el libreto del disco diciendo que El arreglo musical tiene hoy mala prensa para continuar razonando una práctica habitual de entonces que cada vez más las nuevas agrupaciones están siguiendo: adaptar las obras a las distintas formaciones que tengan, y este es el caso de este dúo asturmadrileño, grandes conocedores de la instrumentación más allá de la propia interpretación siempre maestra por parte de los dos. Los criterios que ambos músicos han seguido también los explica en la “carpetilla” con los textos el maestro Moreno:

Primero, el de ofrecer una visión evidente y diacrónica de la evolución creativa de Boccherini con obras que van desde su primera juventud (la sonata G43 a partir de su primer cuarteto de cuerda de 1761, escrito probablemente en Milán) hasta el periodo final, el más castizo y madrileño (las sonatas a partir del cuarteto de La Tirana y el quinteto de La Seguidilla de 1792 y 1795 respectivamente), pasando por la sonata G24/4 a partir del trío op. 14/4 de 1772, un momento de profunda cimentación del estilo de Boccherini (…). El segundo criterio, y quizás el más importante e interesante para los intérpretes, ha sido investigar la manera de abordar la producción boccheriniana reinventada a través de la transcripción como legítima vía de expresión artística, ya sea a través de la óptica de sus contemporáneos (…) ya sea abordando los mismos intérpretes de este disco la transcripción y adaptación, la «reinvención» de la pieza original inspirados por los modelos contemporáneos a Boccherini, y con la pretensión de, sin menoscabo de autenticidad y con el máximo respeto a la obra, el autor y su filosofía musical, ofrecer una visión completamente personal de la obra tal y como lo hubieran hecho un violinista y un clavecinista de la segunda mitad del XVIII, tan rendidos admiradores del violonchelista toscano-madrileño aquellos como lo son los protagonistas de esta grabación dos siglos más tarde.

Con esta intención y todo el respeto aparecen las obras citadas: la Sonata en re mayor (G24/4, Trío op. 14/4, G98, 1772) [de las Sei Sonate per il cembalo e violino ad libitum. C.D. Ebeling. Hamburg, 1775], con tres movimientos: Allegro giusto, Andantino sempre piano y Allegro assai. Un violín grave recordando el chelo del italiano y el clave escurialense cristalino en perfecta simbiosis y equilibrio, alternancias de protagonismo y planos ideales.

La Sonata en do menor (G43, originalmente Cuarteto op. 2/1, G159, 1761) [de las Six Sonates pour le clavecin, forte piano ou harpe avec accompagnement de violon oblige􀀀e, tire􀀀es des oeuvres de Luigi Boccherini, mises au jour par M. Naderman. Paris, 1778], también tripartita: Allegro comodo, Largo y Allegro. Cortesana de intenciones y clara de interpretación donde el violín parece sobrevolar todo acompañamiento de “otras cuerdas” aunque de nuevo el clave resulte tímbricamente más rico que el arpa o incluso el fortepiano que vendría a aparcar las teclas del instrumento barroco por excelencia.

Todo el sabor español y el oficio italiano los encontramos en las dos últimas sonatas. Aquí el violinista lo explica mejor que nadie: feliz simbiosis entre la gran tradición italiana con el casticismo y españolidad de la música de aquel maravilloso violonchelista y compositor toscano que llegó a Madrid en plena juventud para no salir nunca más de España. En transcripciones de Emilio Moreno y Aarón Zapico, primero la Sonata en sol mayor, ‘La Tirana’ (Quartettino op. 44/4, G223, 1792), dos tiempos: Presto “La Tirana Spagnola” virtuoso violín, sólido clave, pareja impoluta de feliz entendimiento, y Tempo di minuetto, casi bailable del momento por alegría, popularidad y cercanía al pueblo llano, al igual que la interpretación del dúo. Finalmente la Sonata en do mayor, ‘La Seguidilla’ (Quintettino op. 50/5, G374, 1795) con el Allegretto de lo más “cantabile” al que mentalmente podríamos ponerle voz femenina y letra popular, más el Minuetto ‘a modo di sighidiglia spagnola’, la seguidilla única e inimitable capaz de convertir la calle en un salón cortesano con una pareja goyesca en fiesta callejera, violín bailarín con clave poderoso, cimentando pasos y ritmo.

Cuatro sonatas para violín y clave jugando con ritmos, timbres, tiempos, compases, dinámicas, texturas, aires y espíritu con dos generaciones de intérpretes que conocen los recursos y técnicas adecuados a cada momento, reflejados en un disco para disfrutar en cualquier ocasión. Vuelvo a darle al “Play”.

En honor a Lidón

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Domingo 26 de marzo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: Ayuntamiento de Oviedo – CNDM: IV Primavera Barroca. Eugenia Boix (soprano), Marta Infante (mezzo), Carlos Mena (contratenor), Víctor Cruz (barítono), Acadèmia 1750, Emilio Moreno (concertino), Aarón Zapico (director). “En honor a Santa Bárbara“: Oratorio al Iris de paz, la gloriosa Vírgen y Mártir Santa Bárbara (José Lidón, Béjar 1748 – Madrid 1827).

La vida te da sorpresas y la música muchas más. Oviedo, a la que llamo “La Viena del norte” (de España, se entiende), presentaba hoy tres eventos: el recital de José Bros en el Teatro Campoamor dentro de la temporada de zarzuela, y en el propio Auditorio la despedida del Maestro Francisco Vigil Sampedro al frente de la Banda de Música “Ciudad de Oviedo” más la segunda jornada de la primavera barroca. Ante la posibilidad de elegir me decanté por lo último, no ya al tener adquirido el abono (con descuento para los que lo estamos a los otros) sino por la posibilidad de disfrutar de un estreno en tiempos modernos de un oratorio dedicado a Santa Bárbara compuesto por el bejarano José Lidón, otro de tantos grandes compositores españoles que han dormido el mal llamado “sueño de los justos” pues el olvido también es pecado y máxime en obras religiosas que por lo menos tenemos la suerte de ir recuperando con musicólogos de talla internacional como Raúl Angulo y Antoni Pons desde Ars Hispana, que el tiempo deberá reconocerles, trabajando para las muchas formaciones dedicadas a unos repertorios que no pueden seguir archivados. Al menos los aficionados lo agradecimos y poder compartir en una sala de cámara (casi) llena nuevamente con un precio de 15 € esta joya de nuestro patrimonio musical demuestra la grandeza de una oferta cultural para todos los públicos.

Sevilla, Madrid, Burgos y Oviedo han sido las ciudades que Acadèmia 1750 con el gran Emilio Moreno de concertino, visitó estos días para presentar este “Oratorio a Santa Bárbara” (1775) del que no nos dejaron los textos (que yo sí enlazo), bajo la dirección del asturiano Aarón Zapico. A él supongo se debe la elección de las cuatro voces solistas bien buscadas por color, estilo, empaste y musicalidad para una partitura exigente técnicamente pero donde la formación internacional se vistió a la medida para poder disfrutar de todo el esplendor, gracias a un control de dinámicas y tiempos desde su gestualidad amplia y precisa, “respirando con ellos” como cualidad de todo buen director que el langreano posee.

Como bien escribe Mario Guada en su crítica para “Codalario” del concierto celebrado en Madrid el pasado viernes 24, “el manuscrito autógrafo se hallaba en la Real Biblioteca, de donde por fortuna ha sido rescatada, además del libreto del mismo, encontrado en la Biblioteca Pública de Castilla La Mancha, en Toledo. La portada reza de la siguiente manera: Oratorio / que se ha de cantar / en el Real Colegio / de su Majestad / al Iris de Paz, / la gloriosa Virgen y Mártir, / Santa Bárbara, / como patrona y titular, / en el día 4 de Diciembre / de este año de 1775 / Puesto en música / por Don José Lidón, / organista de la Real Capilla y maestro de dicho Colegio“. También aclara algunos errores como que “no tres de los papeles son femeninos y uno masculino, especialmente porque concebir en esos términos roles en aquella época carece de sentido, cuando las mujeres no podían cantar en ámbitos sacros y sí estaban destinados a castrati. Por otro lado, la totalidad de los recitados no es para acompañamiento de cuerda, sino que algunos de ellos se acompañan únicamente por el continuo”.

Bien matizado todo lo anterior, el “Oratorio al Iris de Paz” consta de 22 números que se dividieron en dos partes, supongo que por la duración, alternando recitados, arias para cada voz y dúos donde poder apreciar la cantidad de matices en las combinaciones y acompañamientos. Las voces y  roles según rezaba el programa, estuvieron a cargo de: Eugenia Boix (Santa Bárbara, vírgen y mártir cristiana del siglo III), Marta Infante (Custodio, que alienta y reconforta a la santa), Carlos Mena (Valenciano, compañero cristiano de Bárbara) y Víctor Cruz (Dióscoro, cruel y malvado padre de Bárbara, que tras intentar en vano que su hija abandonara el cristianismo, la entrega a la tortura y la muerte).

Si Eugenia Boix como solista es un seguro en repertorios que la buscan, el empaste con Carlos Mena ya lo descubrimos en Crudo Amor grabado precisamente en este mismo recinto (y concierto grabado para “Los Conciertos de la 2” emitido por RTVE en Madrid). Los recitativos siempre sentidos y las arias variadas (Ya no temo la cadena) manteniendo buen gusto, compostura, dicción y buena emisión, independientemente del acompañamiento de cada una. El contratenor vitoriano sigue siendo indiscutible por musicalidad, registro y sobre todo color. Escucharle en escena resulta convincente, desde unos recitados claros (Nuevamente indignado) a unas arias cargadas de expresión (Como nave después de tormenta). Ambos se lucieron en cada intervención con algunas agilidades endiabladas, vocalización clara y verdadero dramatismo en sus papeles.

El barítono granadino Víctor Cruz me sorprendió gratamente no ya por las mismas cualidades antes apuntadas sino por una tesitura muy igualada en todos los registros sin necesidad de cambiar el color ni abusar de dramatismo para el grave, con el aria Muriendo aleve verdaderamente bien interpretada y el dúo ¡Oh, sumo Bien! “bárbaros” ambos. Capítulo aparte Marta Infante, una mezzo “de verdad”, voz carnosa, profunda, llena de matices, perfecta línea de canto, interpretación sentida sin perdernos ni una sílaba y un color empastado con todos sus compañeros de “reparto”. Las arias a cuatro (la inicial El cielo y la tierra y la final No tema borrascas) nos permitieron escuchar cada una de ellas con personalidad propia desde el conjunto bien empastado, pero los dúos entre Custodio y Valenciano en contraste a los de éste con Santa Bárbara brindaron momentos sublimes para una escritura de altura a cargo del recuperado Lidón.

La formación instrumental adoleció de más precisión en la afinación (aunque sabemos los problemas con estos instrumentos), aunque las combinaciones en dúos de flautas y oboes sobresalieron sobre las trompas, por otra parte comedidas en presencia y buscando más el color que la intensidad. Brilló con luz propia el continuo de clave (Eva del Campo) y chelo (Mercedes Ruiz) mientras la cuerda comandada por Emilio Moreno logró una paleta dinámica amplia acorde con el estilo de Lidón. Bien el maestro Zapico que se consolida como un director demandado más allá de los proyectos con Forma Antiqva, un investigador y laborioso trabajo de concertar una partitura (por cierto le robaron en el Hotel de Sevilla la suya junto al traverso de Joan Bosch) para esta orquesta que, a la vista de las posibilidades, bien podría ampliar efectivos (especialmente violines segundos) y porqué no, llevarla al disco o DVD porque estamos ante un oratorio de primera en una tierra donde sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, siendo también patrona de artillería y de la minería.

Sobriedad desde el rigor

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Jueves 23 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Primavera Barroca. La Real Cámara, Emilio Moreno (director). Música francoespañola en la corte de Felipe V (1701-1705). Obras de Juan Bautista Volumier, Henri Desmarets, Charles Desmazures y J. B. Lully.

Cuando la llamada música antigua estaba en sus albores, Emilio Moreno ya buceaba por archivos en busca de obras e impartía magisterio desde el violín barroco, una labor que con los años mantiene y deberíamos agradecerle desde el amor hacia la música hecha desde España, con el apoyo del CNDM y triunfando en todo el mundo. Con La Real Cámara y procedente de León llegaba a Oviedo el violinista Emilio Moreno con una formación joven de cuerda para recrear las músicas que sonaron en la boda del primer Borbón, obras y autores casi desconocidos que también tienen su hueco en la larguísima tradición francesa, probablemente música de consumo sin la calidad de las grandes figuras pero necesarias para comprobar la riqueza que aún queda por descubrir, algo a lo que Don Emilio nos tiene acostumbrados.

Como en la pintura, estos artistas tenían oficio aunque a menudo las temáticas no siempre resulten agradecidas y solamente la genialidad es capaz de convertir en obra maestra un bodegón, un paisaje o incluso la representación de la figura humana. Y quiero hacer este paralelismo pictórico porque también las necesidades y penurias obligaban a prescindir de colores, instrumentos en los músicos, que podrían alcanzar la luminosidad a la que este periodo histórico y artístico nos tiene acostumbrados.

Las obras que La Real Cámara nos dejó fueron más otoñales que primaverales en cuanto a la paleta de colores utilizada, uno o dos violines, una o dos violas, chelo, violón, clave y tiorba o guitarra que de por sí dan “menos juego” que combinados con el viento. Organizadas todas las obras como suites también dan menor empaque por el pequeño formato que favorecía el coleccionismo y la variedad sin entrar en grandes dimensiones.

La Ouverture en re menor (a partir de Proserpina de Lully) de Volumier con nueve números, algunos de muy breve duración, adolecieron de mayor contraste, el violín solo no sobrevolaba al resto donde chelo y contrabajo doblaban dando profundidad pero no gamas dinámicas. Las danzas lentas o los “aires” quedaban algo plomizos pese a una temática diría que pastoral donde la figura humana es decorativa y no protagonista, siendo la Sarabande vite el referente hispano totalmente exportable en aquellos tiempos a toda Europa. La recuperación histórica de todas estas obras tiene el valor de limpiar unos lienzos que no siempre descubren grandes obras, limitándose a valorar la técnica utilizada aunque con atención podamos apreciar pequeños detalles que las hacen merecedoras de contemplarles y escucharlas.

Con el Divertiment para la boda de Felipe V y María Gabriela de Saboya de Desmarets la temática bien podría ser la de un bodegón que nos permite conocer el menú y hasta la vajilla utilizada en este evento celebrado en Barcelona en 1701, también la elección de las once danzas que más que bailables resultarían fondo musical del real banquete nupcial, el primer Borbón español con la italiana Maria Luisa Gabriela de Saboya sin perder el sabor francés de la suite escrita toda en la misma tonalidad, de nuevo referente pictórico que encorseta la expresividad. Casi boceto a sanguina con distintas intensidades para buscar claroscuros pero falto de la vitalidad necesaria, alguna pincelada cercana a un esbozado faisán o mejor urogallo con los Rigaudons, el vino español que alegra el espíritu con los Canaries y bien servido por la formación al completo donde el colorido lo daba la alternancia del asturiano Pablo Zapico con los rasgueos de guitarra supliendo la tiorba. Más equilibrio por los pares de violines y violas sin excesos, menú sobrio servido a temperatura ambiente, cuadro bien armado y enmarcado, equilibrios sin líneas de fuga desde una técnica demostrada por los intérpretes pero con ingredientes que no daban para más. Supongo que el viaje desde Turín de la futura reina con la tormenta en Marsella también dan esa apariencia otoñal en esta primavera barroca.

La segunda parte cambió la temática y algo más la perspectiva, la composición del cuadro musical aunque siempre con las danzas alternadas bien combinadas. La Suite 6ª en G. Re. Sol, de Pièces de Symphonie dédiées a la Reine d’Espagne (Desmazures) parecieron pintar miniaturas con distintos enfoques, menos ocres que en la primera parte y algo más de color dentro de una luz tenue, músicas de nuevo sobrias por el escaso ornamento, melodías llevaderas bien expuestas y dibujadas, perfiladas con fondo bien resuelto donde el clave de Eduard Martínez pareció ganar presencia, un leve paso al primer plano sin perder la visión de conjunto de cada miniatura. La Gigue Angloise de raíz celta como nuestra gaita asturiana, recordó los cuadros de danzas transmitiendo una alegría tonal y mayores contrastes, presentando ocho cuadros algo desiguales en calidad pero pintados con rigor y conocimiento.

El genio aún más grande por sus compañeros de galería es Lully, la Suite del ballet L’Amour Malade en la reconstrucción de la representación de 1703 también en Barcelona, destaca por sí sola y enamora por temática, brillo y colorido que sólo los maestros pueden alcanzar con los mismos medios que los alumnos dando el toque de distinción. La Real Cámara de nuevo al completo pareció otra formación en los ocho números, contrastes claros, intensidades en ataques, sonoridades más plenas, planos más diferenciados, un Le Carillon limpio, Les Échos sin dudas ni indecisiones en las entradas y bien contestados, la Marche Espagnole con la grandiosidad del compositor que bebe y se inspira no sólo en lo obvio para crear, al igual que la Marche des Turcs que el Clasicismo pondrá de moda, y cómo no, la Chaconne, esta vez paisajes, retratos y naturalezas muertas donde la perdiz rivaliza con la jarra de vino en los distintos rojos, misma tinta pero consistencia distinta, calidades sonoras capaces de transmitir texturas y dinámicas ausentes en el resto de lienzos que conformaron los pentagramas anteriores. Lully capaz de aunar esfuerzos en una formación con instrumentistas conocidos y reconocidos, Emilio Moreno cual konzertmeister en esta corte ovetense sirviendo al final lo mejor del menú, un fin de fiesta “real”. Música de enlace regio y plato fuerte tras el aperitivo a modo de “divertimento” en la primera parte.

El regalo volvía a ser español, bisando la Sarabande de Desmarets que esta vez pareció recobrar un brillo ausente en la primera “visión”, como si la proximidad de Lully contagiase al maestro de taller al que le dieron la oportunidad de asistir a esta boda real. Las historias que se esconden detrás de cada obra y compositor darían para el paralelismo literario pero esta vez la pintura se casó con la música y el público disfrutó del evento con una excelente entrada.

Música antigua sólo en la partitura

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Sábado 6 de julio, 20:00 horas. Gijón Música Antigua 2013. XVI Festival y II Concurso Internacional de Música Antigua. Concierto La Real Cámara con José Miguel Moreno. Centro de Cultura Antiguo Instituto: Quintetos con Guitarra, Luigi Boccherini (1743-1805). Entrada libre.

El verano gijonés se llena por decimosexto año de actividades que giran en torno a la llamada “música antigua”, incorporando el segundo concurso de formaciones noveles, el curso y festival activo con actuaciones en distintos entornos y por supuesto conciertos como este de inauguración tras las palabras de su director Aarón Zapico.

En el claustro del Antiguo Instituto Jovellanos, con un acústica perfecta y un lleno que corrobora el tirón de esta apuesta cultural, el violinista Emilio Moreno hizo la presentación de las cuatro obras que sonarían como aire fresco en unas interpretaciones de altura a cargo de un quinteto formado por el propio Emilio, Antonio Almela (violín), Antonio Clares (viola), Mercedes Ruiz (cello) y José Miguel Moreno (guitarra goyesca), músicos españoles de primera categoría que triunfan allá donde van, eligiendo para la ocasión a un compositor tan ligado a España como Boccherini, “el más castizo de su tiempo” en palabras del maestro de concierto, que supo adoptar nuestras músicas a un lenguaje universal.

El Cuarteto en sol mayor, op. 44/4 G. 223 “La Tirana Española” (1792) denominado “quartettino” solamente por constar de dos movimientos, Presto (Tirana) y Tempo di Minuetto, sirvió para abrir boca con esa dedicatoria “francesa” que sonó con ecos barrocos en un lenguaje clásico, obra de cámara nunca menor en la escritura maestra del hispanoitaliano, al igual que el Quinteto 7 en mi menor, G451 (1799) con la incorporación de la guitarra de José Miguel Moreno, ensamble perfecto de cuerda punteada con frotada no ya en textura sino en interpretación llena de detalles en cada uno de los músicos. El Allegro moderato presentó en el lenguaje híbrido del italiano todo un muestrario compositivo que en el Adagio se tornó en lirismo compartido. El Menuetto / Trío recordó los años de trabajo vieneses para dar juego a todo el quinteto, rematando con un Allegretto más “hispano”.

Los organizadores no podían dejar pasar la oportunidad de escuchar en solitario a José Miguel Moreno que maravilló con la Introducción y Variaciones sobre el Mambrú, op. 28 (1827) del “afrancesado” Fernando Sor (1778-1839), sonido de terciopelo en esa guitarra goyesca desde la presentación del conocido tema “Es un muchacho excelente” variándolo con todos los recursos técnicos del momento que en manos del madrileño se hicieron perlas, desde los tiempos rápidos que buscan líneas virtuosas a los lentos de auténtica delicia para finalizar en unos armónicos increíbles. Una lección hecha arte de una música que sólo es antigua en el papel porque sigue sonando de plena actualidad.

Y para concluir volvíamos a Boccherini y su Quinteto 4 en re mayor, G. 448 “El Fandango” (ca. 1798) que comienza con la Pastorale que popularizase como sintonía un programa cultural de televisión  cuando aún podíamos verla, de reminiscencia navideña, un Allegro maestoso que sirvió para degustar el violoncello de Mercedes Ruiz en toda su plenitud y diálogos increíbles con la guitarra, y ese Grave assai – Fandango tan español como los propios intérpretes, pletóricos, rigurosos musicalmente y animosos en todo momento, contagiando a un público entregado con unas partituras vitales, frescas para esta primera tarde del ciclo veraniego gijonés.

Para aplacar el sofoco “fandanguero final” bisaron el Adagio del quinteto 7 que trajo nuevamente lo mejor de la formación, musicalidad a rebosar que hace grande la música nunca pequeña de Boccherini.