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Sestiere Forma Antiqva

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Miércoles 24 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: VI Primavera Barroca. Forma Antiqva: Notte Italiana. Música del Seicento para Consort de Continuo. Obras de Kapsperger, Frescobaldi, Bartolotti, Selma y Salaverde, Picchi, Roncalli, Vitali, D. Gabrielli y Diego Ortiz.

Por esta noche Venecia resultó Oviedo, los seis barrios de La Serenissima unos músicos de casa con los hermanos Zapico (sin Aarón en escena) y cuatro invitados habituales, la sala de cámara un verdadero palacio donde disfrutar de un paseo musical con Forma Antiqva que volvió a prepararnos un festín del seiscientos con un continuo protagonista absoluto y un lleno demostrando que se puede ser profeta en tu tierra, 20 años largos de trayectoria, brillando al nivel de figuras internacionales que continúan desfilando por “La Viena del Norte”.

Aarón Zapico hizo de presentador en un concierto donde acudió por vez primera como público al ser jurado del Premio Princesa de las Artes y no poder compaginar ambas obligaciones, pero Daniel Oyarzábal sin “jetlag” pese a su ajetreada agenda (en parte como el resto), es un Zapico más que sumar a la familia como ya lo es Ruth Verona aumentando con Elisa Joglar, dos chelistas que ayudaron al espectacular concierto de esta primavera barroca ovetense.

A destacar lo bien que Forma Antiqva organiza sus proyectos, conciertos exportables, temáticos y siempre con protagonismo para sus componentes en cualquier formato, siendo el de trío, cuarteto o este sexteto para la ocasión. Bloques de dos compositores con Frescobaldi sustento en la mayoría de ellos como pilar en cada uno de los 455 puentes, esta vez reducidos a ocho, jugando con aires, intervenciones solistas en cada uno de ellos, inspiración vocal en la edad dorada del virtuosismo instrumental como lo fueron los propios autores, bien defendidos por todos en un paseo nocturno por los intrincados vericuetos venecianos que nunca sabes dónde terminan, asomando a un canal que parece no tener salida, apareciendo una iglesia en otra esquina, carnavales en algún palacio, bailes señoriales o aires españoles flotando por los canales, músicas como las 118 islas unidas de esta Venecia única.

Todo un viaje musical bien ensamblado con seis instrumentos habitualmente continuo pero más solistas que nunca desde el directo único y sorpresivo que ya esperamos de Forma Antiqva, solos, dúos, tríos y combinaciones de este “sestiere”: con Frescobaldi se emparejaron Kapsperger, Bartolotti, Picchi y hasta nuestro Diego Ortiz, pero también Bartolomé de Selma y Salaverde en solitario con una fantasía y passeggiata bellísimas en ornamentos o el “dúo” Roncalli y Vitali cual puente de Rialto por el bullicio bergamasco. Una hora larga de música llena de color en las cuerdas frotadas y punteadas, apariciones puntuales del órgano dando la pincelada y el fondo para sus compañeros, chelos con efecto estéreo al situarse a los lados Ruth y Elsa, sobre todo con la Sonata de Domenico Gabrielli, compartiendo partes en silencio, buscando claroscuros contrapuestos a los brillos, dramatismos y tormentas impetuosas al lado de recreaciones de las canzonas reinterpretadas desde la particular visión de estos grandes intérpretes.

También se lucieron los gemelos Pablo y Daniel Zapico como “Villanos de España” (Villan di Spagna) de su último trabajo para el sello alemán, y la última Recercada de Ortiz colocada de cierre alternando con Frescobaldi como queriendo volver al puente inicial tras esta noche veneciana que el público disfrutó desde el respetuoso silencio envidiable en todos los eventos, admiración para los langreanos universales.

Aarón Zapico no podía quedarse sentado y la propina, ya distendido con el recorrido veneciano finalizado nos devolvió al Madrid dieciochesco de Luigi Boccherini con su conocida Música nocturna por las calles de Madrid deleitándonos con un “duelo de chelos” cantando la famosa melodía, el “Zapico Power” con Oyarzábal al órgano positivo dejando el clave a Aarón para sumarse a esta fiesta barroca con la que Forma Antiqva nos dejó con ganas de más.

FORMA ANTIQVA:
Ruth Verona y Elisa Joglar, violonchelos
Daniel Oyarzabal, clave y órgano
Daniel Zapico, tiorba
Pablo Zapico, guitarra barroca

Savall, marinero musical

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Miércoles 31 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: IV Primavera Barroca, “DIÁLOGOS E IMPROVISACIONES, diálogos musicales entre Oriente y Occidente, y entre el Viejo y el Nuevo Mundo”. Jordi Savall (lira de gamba, viola de gamba baja y dirección), Ferran Savall (voz y tiorba), David Mayoral (percusión).

Llegamos al final de esta cuarta edición de la Primavera Barroca de Oviedo con el patrocinio del CNDM presentando ayer martes en Madrid ya la quinta, un ciclo consolidado que en la despedida ha vuelto a colgar el “no hay entradas”, y es que Jordi Savall sigue teniendo tirón entre los muchos aficionados a las músicas que el catalán universal ha ayudado a difundir.

La conferencia o introducción previa en la sala 4 del mismo auditorio resultó lo mejor en el regreso del músico a nuestra tierra, sabiduría y filosofía de la vida con la música como verdadero motor, con alumnado joven que sigue interesado en la llamada música antigua y barroca con Savall de Maestro, con mayúscula. Más de una hora compartiendo vivencias, experiencias, casi 70 años de práctica musical vivida en primera persona de plural, compartida y respondiendo a interrogantes tan habituales como la forma de enfrentarse al “tigre” del público y disfrutar de las frambuesas, hacer lo que a uno le gusta y sentirlo porque es la única forma de emocionar y transmitir. Interesantes sus comentarios históricos, la importancia de la música para vivir y para sobrevivir, la transmisión oral de la madre al hijo desde el primer lenguaje humano y el poso último del cerebro, la necesidad de la música en nuestras vidas. La “otra” historia de España desde el horror a nombrar la Reconquista como tal, el mestizaje ancestral de romanos, íberos o fenicios, antes y después de descubrir “Las Indias” que resultaron ser otro mundo nuevo, los esclavos negros requeridos por fortaleza ya incluso antes de 1492, la pernocta en las tres carabelas de unos judíos que les expulsarían de la Península en tres días, la imposición y la convivencia, la ausencia del laúd en nuestra dolorida España por su procedencia árabe como el furor por “sepultarla” en la Mezquita de Córdoba o la Alhambra granadina, su propio viaje vital y musical, el de Savall, recordando y recorriendo Irlanda y Estambul, Armenia o Marruecos y hasta el Nuevo Mundo sin olvidar el cariño francés y su cercanía, el Nápoles catalán o la improvisación como algo natural, una vida por y para la música que ha marcado muchas otras biografías, incluyendo la mía. Si para morir también está la música, su grabación del Requiem de Mozart sigue siendo la más luminosa y liberadora, como la de los esclavos, los judíos expulsados de nuestra piel de toro reflexionando sobre el dolor como verdadero motor vital con la música de último testigo, la tradición oral y popular frente a la escrita y palaciega o incluso eclesiástica.

El concierto sería el reflejo de este periplo, un cuento para todas las edades, verdadero viaje desde el Oriente sefardí en travesía mediterránea (Sarajevo, Israel, Afganistán) escrita y descrita por Cervantes o Lope, incluso Bartolomé de las Casas, una primera escala en nuestra querida patria con Diego Ortiz (1510-1570), sin olvidar las tradiciones de su Cataluña natal, el inevitable paso y tributo francés con Marin Marais (1656-1728), el siempre peligroso crucero al Nuevo Mundo improvisando con canarios y folías (locuras) de jarabes jarochos antes del retorno al Mare Nostrum para variar una melodía común que todos consideran propia aunque la escuchemos en Grecia, Rodas, Marruecos o Turquía. La web del CNDM presentaba mejor que un servidor el programa:
Bajo el título Diálogos e improvisaciones, Jordi Savall, su hijo Ferran Savall y David Mayoral viajarán por una geografía sonora cartografiada entre Oriente y Occidente. Músicas de múltiples orígenes que recuerdan la diáspora sefardí, la propia cuna israelí, que rememoran el aniversario cervantino, reviven el acervo catalán, nos trasportan al lejano Afganistán, nos embarcan en la travesía por el Atlántico, hasta que nos devuelven luego a Europa, volviendo a sonar Ortiz y Marais, y nos bañan finalmente en las orillas mediterráneas, con sus tan diversas culturas“.

Pasando de la lira de gamba (ese viola de brazo que tiene parentesco con nuestra bandurria asturiana o rabel) a la hondura de la viola de pierna en la que Savall ha sido referente, el trayecto resultó comercial, diría que cercano, pasando de las velas en las carabelas a unos ferries de lujo, esos transatlánticos que hacen escala para regocijo del comercio del puerto de amarre momentáneo, y Oviedo fue uno de ellos. Ya no hay la frescura de antaño, su hijo Ferran ha heredado una musicalidad heterogénea y una voz natural como la de su madre, la recordada Montserrat Figueras, que venderá por apellido y compañía pero no está entre mis preferidas. Acompañándose de una tiorba cual guitarra acústica “vintage” de siglos y con una leve amplificación fue desgranando unos textos de los que carecíamos en el programa de mano con el apoyo grave de “papá Jordi” y sobre todo el verdadero protagonista del concierto, un David Mayoral en la percusión capaz de magnificar el más mínimo detalle con un gusto y profesionalidad que le hacen estar en las mejores formaciones de música medieval, renacentista o medieval además de ser la mitad de Eloqventia, y el mejor compañero de viaje posible, algo que los Savall saben muy bien. Todo un despliegue de membranas, pinceladas de campanas, claves y sonajas, percusiones mediterráneas que marcaron la calidad de un recital donde la improvisación en el amplio sentido de la palabra, tiñó incluso la propina final… Dos mundos y dos generaciones con Mayoral de mediador quitando importancia a un debate más subjetivo que artístico pero que dio el equilibrio necesario para evitar un fiasco equiparable en esto que se suele denominar “bolos”.

Puedo entender el amor de padre, el paternofilial admirable y la promoción de unos diálogos siempre difíciles entre ambos, generaciones distintas incluso desde una posición omnívora como mi caso y el del propio hijo por todas las músicas, siempre que estén bien hechas. La idea es buena, el guión mejor y la economía de medios muy rentable, pero sin Mayoral esta música histórica no hubiese funcionado. Parte del público enfervorecido con Savall lo es en cualquier repertorio (aunque su última visita en solitario ya apuntaba cierta decadencia interpretativa) y todos atesoramos grabaciones que serán irrepetibles, casi “incunables”. El marketing y la propia figura, casi mítica, del músico catalán atrae público joven, siempre de agradecer, pero los que ya peinamos canas esperamos, como en otros casos, una retirada a tiempo aunque se necesite seguir trabajando para vivir.

Las sagas en la música no siempre funcionan, ni siquiera los Bach. Las apuestas por renovar o remozar repertorios deben sopesar calidad y comercialidad, así no importaría otro entorno o ciclo, pero cerrar así esta luminosa primavera barroca ovetense pareció más “un ocaso otoñal”. Jordi Savall tiene todavía mucho que enseñar a los que vienen detrás, una nueva generación de JASP (jóvenes aunque sobradamente preparados) y el escenario es tan magnético pero más exigente que muy pocos saben bajar cuando se está en lo más alto, cuesta tomar la decisión y acertar. Si el barco empieza a “hacer agua” no es ningún deshonor atracarlo en buen puerto y dejar de navegar, siempre mejor que provocar una catástrofe. Los viejos lobos de mar engrandecen la historia, pero morir en un naufragio no les hace inmortales.

Vientos tañendo a rebato

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Martes 11 de agosto, 20:00 horas. Iglesia de Sta. María la Real de la Corte. Festival de Verano Oviedo 2015: AUDI ALTERAM: María Martínez Ayerza (flautas), Petri Arvo (bajón y flautas), Petros Paukkunen (órgano). Obras de Giovanni Antonio Pandolfi Mealli, Francisco Correa de Arauxo, Jan Pieterszoon Sweelinck, Aurelio Virgiliano, Bartolomeo de Selma y Salaverde, Pierre Regnault Sandrín / Diego Ortiz, Michelangelo Rossi, Carlo Gesualdo y Tarquinio Merula. Entrada libre.

La crisis bancaria abolió en 2013 sin más explicación ni disculpas el Festival de Órgano “CajAstur” de Asturias, una cita para los amantes del llamado instrumento rey durante los meses de mayo y junio que llevaba nada menos que ¡23 años!, rompiendo un apoyo que alcanzó numerosas manifestaciones culturales, siendo las musicales las más perjudicadas y echando por tierra los esfuerzos de muchos implicados en mantener nuestro Principado como referente en los circuitos internacionales, quedando conciertos sueltos en Covadonga con su ciclo de verano que llega éste al séptimo año, la Semana de Música Religiosa de Avilés, XXXVIII ediciones en la pasada Semana Santa, o muy puntuales en los grandes órganos del patrimonio asturiano. No me sirve de consuelo ver que León tras el titánico trabajo en alcanzar financiación para el nuevo órgano de su Catedral, y con 32 ediciones de su festival, también se haya quedado estancado ante el desinterés político e institucional (salvo el ciclo Bach del INAEM a través del CNDM) y parece quedar luchando contra todo el Festival de Órgano Ibérico de Palencia, en los históricos instrumentos de la Tierra de Campos.

Oviedo viene a paliar el desaguisado y barbecho organístico (entre todos mataron y él solo se murió), quedándose en una simple agonía porque cada verano recupera parte de este legado, estando presente algún concierto como el último al que asistimos, con un nuevo lleno “pagando” incluso la misa previa en La Corte, la antigua iglesia del monasterio de San Vicente, el mismo del Padre Feijóo que preside la plaza, y cuyo claustro acoge hoy el Museo Arqueológico, sede de la mayoría de conciertos veraniegos, una iglesia restaurada en el XVIII que tiene el mejor órgano ovetense y una de nuestras joyas (junto al de Puerto de Vega), instrumento barroco (1705) “mudo” desde 1950, restaurado por Grenzing en 1988 cuando quedaba dinero para casi todo, y que si pudiese hablar daría para muchas y variopintas historias de muerte y resurrección musical con Moisés casi patrono por “salvado” de las aguas en 2003.

El trío Audi Alteram en gira española que les llevará el jueves 13 al Festival de Santander y el sábado 15 hasta Cuenca, es una formación hispanofinesa que se encuentran en Amsterdam, aún capital de la música antigua, audi alteram … Las piedras y los árboles movía para titular su concierto “Música para un mundo cambiante”, y así resulta, cambiante y sabia conjunción de soplo mecánico en el órgano ovetense tañido por Petros y el humano de su compatriota Petri al bajón y flautas, más la española María Martínez, todos de amplio recorrido y experiencia en estas músicas instrumentales esta vez centradas en el “seicento”, alcanzando momentos de empaste con el órgano de unidad tímbrica todavía más enriquecedora, a lo largo de diez piezas (hicieron dos de Sweelinck). Las notas al programa que dejo arriba, hablan de su nacimiento para promover el Stylus Phantasticus, estilo de música instrumental del siglo XVII que se caracteriza por utilizar una variada paleta expresiva, grandes contrastes y una libertad compositiva insólita hasta el momento, gracias a que desde 1600 los instrumentos encuentran su propio vocabulario independiente del vocal, lleno de virtuosismo, trinos, acentos, escalas, cromatismos… y así resultó cada obra, alguna adaptada por y para esta formación de vientos, que como su nombre latino, “escucha a los otros”.

El siglo XVII resultó revolucionario también en la música y las artes plásticas por un efecto dramático que rompe con la simetría y el equilibrio renacentista y deja paso a las emociones “desde el sufrimiento extremo o la alegría más desbordada”, seña de identidad en cada pieza donde alternan grandes maestros de la música instrumental con obras para órgano tituladas de “durezze e legature” como llamaría Frescobaldi, traducido a esta música como “disonancias y suspensiones”, alternancia de acordes puede que “duros” para entonces, hoy más placenteros por educación y tiempo, con armonías placenteras que expresan contrastes preparatorios del barroco pleno, dolor y serenidad como pilares emocionales.

A destacar cuánto cuidó el detalle en toda la gama de registros del órgano ovetense Petros Paukkunen, sabedores de la dificultad que tiene hacerse con un instrumento único, sabiendo elegir los adecuados para ser capaz de confundirse con las flautas y bajón (fagot barroco) de su compatriota que tuvo su protagonismo cual ministril de tantos templos, mezcla perfecta de lengüetas mecánicas y humana, y las flautas dulces de la conquense María Martínez, combinadas en obras para demostraciones virtuosísticas por parte de los tres intérpretes donde no faltó elegancia ni musicalidad, presencia clara de la emancipación instrumental a partir de 1600 frente al dominio vocal: trinos, acentos, escalas y cromatismos de todo tipo resueltos con excelencia.

Variados compositores para un concierto de autores variados comenzando por la Sonata quarta: La Castella de Pandolfi Mealli, una “sonate à violino solo, per chiesa e camera” de tres movimientos donde aparecen los contrastes antes mencionados, en versión para órgano y dos flautas en subidas y bajadas dialogadas con solos intermedios de la tecla desde registros similares capaces de confundir a oídos inexpertos, para seguir con nuestro Correa de Arauxo y su Tiento de dos tiples de séptimo tono básicamente flautas, arreglo para órgano y flautín antes de la incorporación de la segunda flauta contralto al final de esta obra con tintes virtuosos rica en disonancias, como la mayoría de formas elegidas, .

El órgano solo llegó con la Fantasía (contraria) en sol, SwWV. 270, S. 3 (g1) del genio Sweelinck, nueva lección de Petros Paukkunen y sabia elección de registros de menor a mayor dinámica según avanzaban las variaciones, incluyendo la trompetería que aguantó sin problemas de afinación en un derroche sonoro y virtuoso. Del mismo compositor hicieron una nueva obra para “canto e basso” donde se conjugaron órgano, flauta y bajón con alguna dificultad de afinación de éste con la tubería homónima, especialmente en los pasajes agudos, que no sucedió con la flauta soprano siempre atinada y empastada con el padre organístico.

Crecida la flautista y profesora española en Londres nos dejó un impecable Ricercare de Virgiliano (de Il Dolcimelo), obra solística pleno de recursos al servicio de la partitura, haciendo cantar sola una flauta no ya española sino internacional, trinos imposibles, fraseos vocales y poderío instrumental, virtuosismo en estado puro en todo el amplio registro de la flauta contralto.

Brillante protagonismo de los intérpretes finlandeses en la Fantasía 5 a basso solo (Bartolomeo Selma y Salaverde), tres movimientos más empastados y afinados que en el trío “canto e basso”, con verdadero canto del fagot y contracanto organístico siempre con el registro adecuado para no tapar nunca la doble lengüeta humana con la mecánica, hermanamiento con el bajón gemelo de un compositor referente de los fagotistas.

Igualmente buena mecánica y combinaciones con la flauta baja en la cláusula Doulce memoire de Sandrin que glosase nuestro Diego Ortíz, respetuosas dinámicas del órgano con la piccolo femenina en una hermosísima reinvención remanso de paz que aumentaría en intensidad con la incorporación del bajón nuevamente en difícil afinación que no enturbió la interpretación del trío.

Habiendo órgano no puede faltar la forma por excelencia, Toccata 7 de M. Rossi que trajo un verdadero catálogo de recursos a cargo del organista finlandés, auténtico virtuoso de sonido limpio en ambos teclados, con sonoridades plenas, floreos u ornamentaciones ricas de disonancias contrarias en oposición de teclados y con registros variados y contrastados, demostrando una calidad excelente este joven intérprete corroborada con la Gagliarda del “Príncipe di Venosa” Carlo Gesualdo cual marcha procesional en tubería segura y afinada de contrates variados, trompetas frente a plenos, violones contra tutti que “el resucitado” por Grenzing soportó con la misma seguridad y templanza del intérprete nórdico, solamente frío por nacimiento y realmente fogoso sin quemar naves.

Los danzantes pájaros del dúo de flautas con órgano de la Ciaccona de Merula, perteneciente a las “Canzoni” publicadas en Venecia en 1637, redondearon una completa velada de formas instrumentales para lucimiento de todos, entendimiento de soplo humano felizmente casado con el mecánico, todo un amplio despliegue de recursos musicales que hicieron cantar a los tres vientos, ya que es denigrante el público mal educado al que no le importa siquiera estar en un templo religioso, algo que debe cantarse a los cuatro vientos pese al dicho de “espectáculo gratis, cueste lo que cueste”.

 
P. D.: Dejo aquí mi crítica publicada en LNE del 13 de agosto:

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Flautas de pico en el Museo de Bellas Artes

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Jueves 9 de abril, 19:00 horas. Museo de Bellas Artes de Asturias, Oviedo. II Ciclo de Música Antigua “Sonidos de la historia”. Alejandro Villar (flautas de pico): Recorder 8.3. Obras de Diego Ortiz, Jacob Van Eyck, Telemann, N. Bousquet, Maki Ishii y anónimos. Entrada libre.

Nadie se espera que un concierto con solo flautas de pico en solitario puedan convocar tanto público, pero evidentemente el programa era más que un reclamo, Oviedo tiene una oferta donde la llamada música antigua sigue llamando y llenando, nuevo éxito de la JAM (Joven Asociación de Musicología de Asturias) en este segundo año que resulta no ya de asentamiento de un “ciclo para los jueves” sino todo un reto para preparar los próximos que seguro vendrán.

Alejandro Villar tiene un largo historial de colaboraciones con otras formaciones del que podemos leer algo en los enlaces del concierto y en su propia página web, para muchos “medio Eloqventia” y todo un virtuoso además de profesor y estudioso de la flauta de pico, “tristemente” asociada al terreno escolar merced a Orff, pero que está asentada en la historia llegando a ser tan importante como sus hermanos hasta la llegada de los instrumentos llamemos actuales.

Alejandro se encargó de desmontar falsedades abordando ocho obras de ocho siglos con un tipo de flauta para cada una de ellas, toda una lección y elección magistrales para poner en su sitio la flauta de pico, la de bisel fijo (como los silbatos), “recorder” que llaman los anglófonos, siempre aderezando de forma breve y amena los orígenes así como procedencia de las músicas interpretadas, diría que recreadas por el flautista astur-leonés.

Sin entrar en cada una de ellas, desde los anónimos del siglo XIII (con doble flauta o aulos) y XIV con la “estampida” como forma medieval francesa e italiana, músicas bailables, hasta la última, cada obra fue un ejemplo del papel que tanto el instrumento como la propia música ha tenido a lo largo de la historia, “sonidos de la historia” como se titula este segundo ciclo e “historia del sonido” por el trayecto que Alejandro Villar nos brindó, virtuosismo cada vez mayor desde Diego Ortiz, intercambiables tratados para cuerda o viento, al “Paganini de la flauta” Jacob Van Eyck,

el barroco inglés de Telemann con una verdadera fantasía en tres movimientos, siempre contrastados, que encumbra la música instrumental en su momento álgido, para “caer” y recordarnos el siglo XIX donde la flauta travesera parece relegada al olvido pero donde Bousquet escribe para este instrumento olvidado unos estudios de los que el tercero Allegro moderato puso el estilo clásico al servicio de la “recuperada flauta de pico”, con intentos de modernizar mecanismos (flagolet) aunque nada mejor que volver al origen y auparla por fin a la actualidad en los años sesenta y setenta del pasado siglo gracias al llamado movimiento historicista donde el recién fallecido Frans Brüggen eleva a la máxima categoría las interpretaciones con flauta de pico desde los Países Bajos, centro de “peregrinación” de estudiantes y músicos que predijeron el renacer de las mal llamadas músicas antiguas haciéndolas cada vez más actuales.

El virtuosismo siempre al servicio del estilo permitió disfrutar de esta auténtica clase magistral del músico leonés afincado en nuestra tierra, para acabar en el siglo XX con Black intention I (1976) de Maki Ishii (Tokyo, 1936), la inspiración japonesa tamizada por sonidos casi milenarios de la protagonista en manos y boca de Alejandro Villar, introspección casi mística con tres flautas distintas y un gong recuperando sonoridades que cierran círculos, la presencia de lo antiguo desde nuestro tiempo en una época capaz de conjugar en primera persona la atemporalidad de la música.

La propina tenía que ser de Bach, padre de todas las músicas, del que Villar nos regaló la Allemande de la Partita BWV 1013 para flauta solo como colofón a una tarde de museo vivo lleno de sonidos mágicos de flautas.

Atardecer musical con los Zapico

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Sábado 17 de agosto, 20:00 horas. Salón de Actos del Monasterio de Santa María de Valdediós (Villaviciosa). Círculo Cultural de Valdediós: Atardeceres Musicales 2013 “Intérpretes e interpretación”, cuarto concierto. “Concerto Zapico“: Forma Antiqva. Obras de José Blasco de Nebra, Santiago de Murcia, Gaspar Sanz, Conte Ludovico RoncalliKapsberger, Johann Caspar Ferdinand Fischer, Diego Ortiz y D. Scarlatti.

La oferta musical, incluyendo la asturiana, continúa también en verano, y en Valdediós los “Atardeceres musicales” son parte importante de las vacaciones. Recién llegados del Festival Internacional de Música de Santander donde ofrecieron sendos y exitosos conciertos en Comillas y Loredo, Forma Antiqva en su versión “pura”, es decir con los tres hermanos Zapico, deleitaron a un salón al completo, con público de pie y colas desde casi una hora antes del inicio de este “Concerto Zapico” siempre distinto y siempre alegre, calidad y calidez en un repertorio organizado como ellos saben, capaces de darle mil vueltas para que obras conocidas sigan sonando frescas y las nuevas aportaciones se hermanen con la misma vitalidad.

Fandangos y folías, pasacalles y recercadas, cumbées y chaconas de sus autores habituales en trío: Santiago de Murcia y Kapsberger, los anónimos que acabarán siendo también Zapico atemporales. La música ibérica para Consort de Continuo con su particular orden y arreglos, improvisaciones de vértigo en la mínima expresión de Forma Antiqva. Combinaciones de tres elementos tomadas desde todas las variantes para lograr no sólo las complicidades a que nos tienen acostumbrados, sino unas sonoridades que siguen creciendo y asombrando en cada interpretación, virtuosismo al alcance de todos.

La guitarra de Pablo Zapico en solo impresiona, a dúo rasguea y “contrahace” el canto, en trío iguala planos. La tiorba de Daniel Zapico tan pronto resuena a cello como se camufla en punteos con la guitarra o complementa los solos de tecla. El clave de Aarón Zapico es más que sustento, sabor y aderezo, ornamentaciones exquisitas, mano izquierda en el amplio sentido, capaz de emparejar con la tiorba, derecha rasgueando para el punteo de la guitarra, y ambas manos con intervenciones a solo que engrandecen un repertorio hecho a medida.

Público entregado como los propios intérpretes, crecidos por un ambiente que les empuja a buscar bifurcaciones sin perder el camino, sensaciones de un trío único capaz de sentir un mismo corazón, una misma respiración y una misma inteligencia musical. Si los fandangos abren y cierran espectáculo, las Marionas de Gaspar Sanz vuelven a brillar con la Xácara y el Preludio del Conde Roncalli es enorme incluso al lado de la Passacaglia de Kapsberger. Inmensos los Zapico que no paran, lo que siempre es bueno… Enhorabuena!

Calzas verdes argentinas

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Segunda final del concurso gijonés en el marco del festival, con un grupo argentino joven de cuerda pulsada y un espectáculo que incluye textos de Tirso de Molina, de quien toma nombre el grupo o Sebastián de Villaviciosa que titula el espectáculo, basado en un baile que el alcalde ofrece haciendo desfilar distintas danzas y seleccionarlas en modernas o antiguas para la época en que fue escrito el texto, siendo músicas renacentistas, barrocas ibéricas y latinoamericanas.

Natacha Cabezas (archilaúd), Sebastián Strauchler (laúd renacentista) y Laura Fainstein Sestopal (guitarra barroca) forman este trío con cuerda para rato, Don Gil de las Calzas Verdes, que organizan el programa en dos partes sin pausas, auténtica dramaturgia incluso en el atuendo (estrenaban las calzas verdes) y unos textos que no pude escuchar claramente por una acústica excelente solo para la música. El repaso a ritmos y danzas desde unos arreglos propios realzan la poesía entrelazada aunque por el color instrumental demasiado similar pudo resultar algo monótono. Con todo resulta un placer escuchar a Gaspar Sanz con la Danza de las hachas que abría espectáculo o la Pavana por la D intercalado con Diego Ortiz y dos de sus Ricercadas, sobre “pasamezzo antico” y “pasamezzo moderno” en ese hilo argumental de tempi algo lentos, sin olvidar a Santiago de Murcia como mortero unificador de ida y vuelta con sus Gallardas puente hacia la segunda parte,  primero Marizápalos, Folías italianas, y ya animándose los Canarios en Sol, una Jota bien llevada y alabada por “el alcalde”, pero sobre todo los Impossybles cuyo fino arreglo permitió escuchar los “3 en 1” (como el aceite engrasador válido para todo) al pasar con auténtico primor escalas ascendentes y descendentes de uno a otro con “mimo textural” si se me permite la expresión. Los Villanos de Martín y Coll fueron cual entremés entre Murcia antes del salto hacia América precisamente con las Lanchas para baylar de Martínez Compañón y la fiesta final de los Zarambeques “murcianos” macerados también en el Códice Saldivar, percutiendo los instrumentos que enriquecieron la paleta del trío.

El jurado tuvo difícil la elección de ganador (a la que dedicaré otra entrada) pues el trío argentino demostró un poso artístico enorme, desde la organización de las obras y textos hasta los arreglos musicales para su formación, difícil en tres “laúdes” tan distintos en su tratamiento pero que solventaron con un rigor muy de agradecer.

Todos ellos tuvieron papeles solísticos, de acompañamiento rítimico además de armónico, y sobre todo de conjunto, auténtico trío que suena como uno aunque se pierda colorido, supliéndolo con la alternancia de ritmos y tempi así como un intercambio de roles en todos ellos, especialmente en guitarra y archilaúd, siendo “menos protagonista” el laúd renacentista que cuando tuvo que hacer lo “Impossyble” cambió el color del grupo, sobre todo y como ya apunté, en la segunda parte. Los elogios que les precedían se quedaron cortos al escucharles en esta segunda final. El resultado, en breve…