Inicio

Lo antiguo es contemporáneo

1 comentario

Domingo 25 de octubre, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo: Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo (SACO). Proyección de La pasión de Juana de Arco (1928) de Carl Theodor Dreyer. Música en vivo: Forma Antiqva. Entrada gratuita con invitación.

Crítica para La Nueva España del martes 27 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos de internet y propias más tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

El cine mudo siempre tuvo banda sonora en vivo, incluso con partituras escritas ad hoc, dependiendo de la formación que pusiese la música. Hace unos años, en 1987, el grupo catalán Pegasus, un cuarteto de grandes intérpretes (Arisa, Escoté, Kiftlus y Sunyer), hizo lo propio para la película Berlín, sinfonía de una gran ciudad (1927) de Walter Ruttmann, con una banda sonora original en clave de jazz-fussion interpretada en directo (que retomarían hace nueve años), como harían también pianistas, grupos de cámara y orquestas sinfónicas que en Asturias hemos podido disfrutar varias veces. Este ciclo recupera una serie de películas agrupadas con el título “Cine Conciertos”, manteniendo la música en vivo desde distintas e interesantes propuestas instrumentales.

Todos sabemos que el barroco y el jazz tienen muchas cosas en común, por lo que este nuevo proyecto de Forma Antiqva para la película francesa elegida no podía sorprenderme, de nuevo con ideas sugerentes y llenos de buena música del barroco con un cuarteto para la ocasión: flauta (Guillermo Peñalver), violín (Jorge Jiménez), tiorba (Pablo Zapico) y clave (Aarón Zapico). En las obras elegidas por los asturianos no se busca recrear la época de Juana de Arco ni tampoco la de la propia película, sino enriquecer las imágenes y subrayarlas, el complemento perfecto y lógico más allá del estilo. La acción dramática que es representación, a fin de cuentas, con toda la expresividad tanto fotográfica como narrativa, fusión mágica de los temas de Forma Antiqva con las imágenes de Dreyer que muestra la atemporalidad universal del cine y de la música. La Pasión de Juana de Arco es una de las más grandes muestras del poder expresivo del rostro humano y la música barroca de los sentimientos. Si Dreyer consigue con la concatenación de primeros planos transmitir las sensaciones que sentía la protagonista y conmover sin dar nada más a que agarrarnos, la música da ese plus. Cada personaje impresiona por su gestualidad, la fuerza expresiva está cuidada al detalle, por lo que la película tiene una pureza especial que las obras musicales elegidas y su colocación en el discurso narrativo ayudan a redondear la fuerza de la imagen.

No era necesario llenarlo todo de música, los silencios también son dramáticos y los primeros planos de Juana (Maria Falconetti) conmovedores, puro arte cinematográfico e interpretativo unido a una dirección mágica. Bien elegidas y colocadas las intervenciones instrumentales en solitario de cada uno de los cuatro integrantes de Forma Antiqva junto a escenas donde los gritos son silenciosos, agrandando el dolor. Dúos de tiorba y flauta subrayando la injusticia, tutti indiferentemente menores o mayores que son pura teoría de los afectos musicales, narrativa visual y musical con un trasfondo religioso sin caer en él.

A lo largo de hora y media larga, un auditorio con muy buena entrada, pese a todas las circunstancias actuales, pudo disfrutar de las imágenes poderosas, diríamos que barrocas por los claroscuros, y la fuerza afectiva enriquecida por la música. La Francia e Inglaterra del XVII con su banda sonora fueron pinceladas y nunca brochazos, podrían haber sido alemanas, pero la opción geográfica estuvo bien resuelta: las líneas bien trazadas con la música de Locke, Lawes, Gibbons o Henry Purcell dentro de los británicos, al lado de los Lully, Couperin o Froberger entre otros, el repertorio donde transitan habitualmente los asturianos se fue adaptando a cada fotograma, a cada escena, como si de una representación teatral se tratase. Ahí se percibe el análisis exhaustivo de cada imagen exprimida hasta la raíz de su afecto o emoción como el propio Aarón Zapico, director de la formación, explica en las notas sobre este nuevo proyecto. Obertura instrumental sin imágenes, intervenciones en combinaciones matemáticamente calculadas, dúos, cuarteto, tríos y solos, fugas ejecutadas con primor, silencios sobrecogedores y un final de película.

El cine sin música no sería séptimo arte, unión perfecta de imagen y sonido, fotografías en blanco y negro coloreadas con la música en acción, cine y más cine, “que todo en la vida es cine y los sueños cine son” como cantaba Luis Eduardo Aute en 1984. Lo actual no es antiguo, lo antiguo es contemporáneo.

Sobre el ciclo Historias de Mieres

Deja un comentario

Martes 6 de marzo, 20:00 horas. Ciclo «Historias de Mieres», Casa de la Cultura «Teodoro Cuesta». Proyección comentada de la película Mieres del Camino (Juan Díaz Quesada, 1928).

Volvíamos a visionar ¡al fin en Mieres! una película que además de ser historia de nuestra «hermosa villa» supuso descubrirme musicalmente cómo se ambientaba en vivo desde el piano aquellas proyecciones de cine mudo en las salas de entonces. Siempre agradeceré a Juan Bonifacio Lorenzo, Boni, director de la Filmoteca Asturiana (defenestrado por los incompetentes habituales) no ya haber recuperado esta película y mantenerla para siempre en la historia del cine, sino contar conmigo en las primeras proyecciones, recordando especialmente la del Teatro Jovellanos de Gijón con la única luz procedente de la pantalla y tocando temas relacionados con mi pueblo de Mieres, canciones populares que incluso aparecían de soslayo en el propio argumento (el encauce del río y el nuevo puente de Siana sobre el Caudal además del ferrocarril a Mieres), la Danza Prima, Santa Bárbara patrona de los mineros, junto a páginas clásicas de Wagner, Beethoven o Albéniz que ponían la banda sonora en vivo tras un visionado previo en una cinta en VHS, hoy ya digitalizadaBoni volvería a mi instituto en 2013 para proyectársela a todo el personal dentro de las jornadas culturales que dedicamos a la minería.
Hoy en día podemos verla completa en YouTube© con un piano añadido del que desconozco procedencia, pues de aquella no era costumbre grabar nada, aunque tendría que investigar y lo improvisado no lo suele reconocer ni siquiera quien lo interpretó en su momento.

Este martes seguía el ciclo con la presencia del doctor historiador y cinéfilo Juan Carlos De La Madrid presentado por Mª Fernanda Fernández Gutiérrez, vivencias paralelas recordando esa joya documentada y editada allá por 1996 por el primero, «Cinematógrafo y varietés en Asturias (1896-1915)», repasando memoria e historia de nuestro Mieres donde teníamos en la misma manzana nada menos que tres cines: el Novedades, el Pombo y después el Esperanza (del cuarto en liza, el Capitol, daría para muchas más sesiones), siendo el empresario Gerardo Pombo quien produciría la película de Juan Díaz Quesada, cubano de origen asturiano, entendiendo bien el poder del cine como espectáculo pero también como documental y elemento de propaganda minera, tal vez patrocinada por la entonces poderosa Fábrica de Mieres. En esta semana de homenajes no podía faltar esta película que ya ha cumplido 90 años el pasado enero, estrenada primero en el Cine Princesa de Madrid y dos días después en nuestro Teatro Pombo.

Un placer escuchar a Juan Carlos contando y glosando la importancia de la película por el hecho de tenerla, las vicisitudes del propio formato, la mina como verdadera protagonista en 1926 que comienza la producción de la película sin entrar nunca en el minero ni el trabajo, el triángulo protagonista de Pinón, Pepina (hija de Gaspar Campomanes) y el prometido indiano Ruperto que está siempre «off», treinta y un minutos donde no faltará mucha información documental de los años dorados de Mieres, el carbón como potencia industrial, también la parte musical que en parte ya comenté anteriormente y donde el final feliz de una historia de Capuletos y Montescos locales tiene boda y fiesta asturiana donde no faltan la pareja de baile -jota asturiana intuida- puede que también tonada, y la pareja de gaita (José La Piedra) y tambor, sin olvidarnos del gran Martinez Abades, músico y pintor relacionado con este  “Celuloide ceniciento y temblón” como lo bautizó De la Madrid.

Interesante seguir la proyección con los comentarios de Roberto Álvarez Espinaredo centrando la acción en lugares reconocibles como Fábrica, el Pozu Barredo, la bocamina del Grupo Mariana, las Casas Baratas de Anasagasti y hasta el Palacio de Viade donde viven Gasparón y Pepina.
Noventa años de una película que es patrimonio cultural en una villa que ha perdido sus teatros como seña de identidad mutados en mini-cines llamados multicines, impersonales dentro de los llamados centros comerciales siguiendo la moda americana donde no faltan palomitas y refrescos, situados en un extrarradio casi cercano al palacete de Gaspar en el valle de Cuna. Al menos quedan los recuerdos y amantes del séptimo arte que siguen rodando en nuestra tierra, denunciando las mismas injusticias de entonces y reivindicando una historia que no podemos olvidar.
La semana aún guarda sorpresas y un guateque en el Casino, como en mis años mozos con el «incombutible» Juan de Pablos, «Flor de Pasión«… el sábado me pilla de verbena en Oviedo pero las horas nocturnas forman parte de muchas biografías locales entre las que se encuentra la mía.

Caleidoscopio en infinidad de grises

1 comentario

Viernes 9 de diciembre, 20:00 horas. Teatro de la Laboral, GijónLaboral Cineteca, Concierto extraordinario OSPA, Sonia de Munck (soprano), Mª José Suárez (mezzo), José Ramón Encinar (director). Jesús Torres: «Fausto. Música para la proyección de la película de Friedrich Wilhelm Murnau (1926)» (2008). Entrada: 8 € (más 1 € de gestión, todo desde casa incluyendo la impresión de la misma).
El mal llamado cine mudo siempre tuvo la música como soporte y apoyo, en directo con un piano, un dúo, una agrupación de cámara o una gran formación sinfónica. Grandes partituras orquestales se han escrito para la pantalla desde sus inicios y comienzan a recuperarse desde hace tiempo esas proyecciones con la música en vivo, incluso con nuevas bandas sonoras para películas históricas como ya hemos podido disfrutar en Asturias en repetidas ocasiones.

Y este viernes llegaba a Gijón el Faust. Eine deutsche Volkssage (Fausto. Una leyenda popular alemana) de 1926 del director alemán F. W. Murnau con música de Jesús Torres (Zaragoza, 1965), no la banda sonora sino una música paralela a la proyección, como indica el título de la partitura, superposición de ambos acontecimientos y pensada para complementarse más que subrayar la acción. El dedicatario de la misma, José Ramón Encinar junto a las voces que estrenaron la obra en Madrid, pero esta vez con nuestra OSPA en vez de la ORCAM (merece ver la entrevista en OSPATV) fueron los encargados de un excelente espectáculo sinfónico que nos devuelve lo mejor de la programación asturiana aunque sea fuera de los abonos y de los escenarios habituales, fichando como compositor residente al maño, con todo lo que supone trabajar codo con codo al creador y sus intérpretes.

El expresionismo como género artístico se concibe en toda la partitura como nueve escenas o números no siempre concidentes con la acción cinematográfica pero igualmente cargadas de emociones y ambientes sonoros desde un lenguaje atemporal con especial protagonismo de la percusión y el piano para una plantilla no muy grande donde además de metales (sin tuba), la madera presenta instrumentos extremos como flautín, clarinete bajo o contrafagot además del corno inglés, todos con intervenciones solistas y un tejido de texturas en la cuerda para ir jugando con una infinita carga de matices sobre el blanco y negro dibujando emociones, efectos avanzados para los años veinte del pasado siglo y la música por momentos contemporánea a la vez que actual, dos obras maestras discurriendo paralelas. La incorporación de la voz femenina hacia el final con la madrileña Sonia de Munck y la asturiana Mª José Suárez en perfecta simbiosis vocal de empaste, color y expresión, sin texto, amplificadas lo justo con una reverberación que ayudaba aún más a ese clima dramático en el amplio sentido de la palabra, las mismas voces que han participado en cada concierto, conforman casi una ópera visual, aportando una dimensión tan celestial como el propio triunfo del amor que ilumina pantalla y espacio sonoro.

Si percusión y viento parecen cargar con el peso, toda la cuerda (hoy con Fernando Zorita de ayudante de concertino) tejió pasajes en un caleidoscopio orgánico de variadas texturas para alcanzar dramatismo, pulsión rítmica, lirismo en los solos de Vasiliev o von Pfeil, guiños melodramáticos sin cargar tintas, dolor y amor en las dosis idóneas, todo con el dominio total de un Encinar que llevó cada fotograma sonoro de la partitura con igual exactitud que los del celuloide, dotándolo de las dinámicas precisas y el ambiente ideal pensado por un Torres que maneja la paleta sinfónica paralela a la de Murnau. Si la película sigue asombrando con la perspectiva de los años y el amor por el séptimo arte que no ha dejado de avanzar, la música no solo camina de la mano sino que puede volar independiente de la imagen aunque con ella alcance el verdadero sentido compositivo.

Las notas al programa de Álvaro Guibert son las preparadas para el estreno madrileño en el Teatro de la Zarzuela que encarga esta partitura, allá por mayo de 2009, y que se ha repetido no demasiadas veces, agradeciendo poder disfrutarla en Gijón, un placer la lectura previa y también la posterior al espectáculo que agradó a todos los presentes, toses siempre evitables, alcanzando el clímax en la explosión de parte de los parches colocados en los palcos laterales del primer piso con el redoble de caja en el escenario mientras el amor de Goethe triunfaba sobre Mefisto, el drama inmortal  donde se sigue vendiendo el alma no ya por la eterna juventud sino por cosas mucho más perecederas. Torres ha sabido captar la quintaesencia y atraparla en una partitura para la que Murnau es compañero de este viaje.

Música y poesía para Juan Romero (in memoriam)

1 comentario

El último fin de semana de octubre nos llevó hasta el pueblo natal de Juan Romero Rodríguez, Pipo para los amigos, Alcaraz bello y manchego que le honraba con una serie de actos donde no faltó la música, siempre presente en su vida, inculcada a sus hijas Alba y Juana que han estudiado cello y piano participando en cada momento del encuentro -y éste era uno de los imprescindibles, ni la poesía, por supuesto con buenas viandas y caldos de la tierra sobre la mesa alrededor de la cual todo fluye mejor, sin olvidarse de las tertulias, pues Pipo Romero junto a Gloria Aguinaga, su fiel esposa, amiga y colega, son personas a las que siempre les gustó hablar pero sobre todo escuchar, tal vez por «deformación profesional» de psicólogos.

Imposible glosar la trayectoria profesional de Juan Romero y aún menos la humana, todos lo intentaremos pero nos quedaremos cortos a pesar de habernos dejado tan pronto, pero su legado permanece y el recuerdo sigue vivo, de ahí estos encuentros que obligatoriamente deberían pasar por Alcaraz y su sierra, amantes de esa película de culto como «Amanece que no es poco» (1989) que tiene mucho del humor común a todos los que hemos conocido, admirado y querido a Pipo.

Ahí estuvieron muchos miembros de la psicología jurídica, ponencias de Juana Mª Azcárate o Josean Echauri, la «familia» de la AIPJ, pues así la sintió siempre Juan, con su presidenta en España Asunción Tejedor, la valenciana Elisa AlfaroAna Martínez Dorado directora de la editorial EOS que ha creado una colección con el nombre del eminente psicólogo alcaraceño (mucho más que «el psicólogo de la cárcel de Pamplona»), muchos amigos, representantes de la Asociación «Maestros de Pueblo», varios políticos del Ayuntamiento de Alcaraz, dedicándole un rincón en la Biblioteca Municipal con recuerdos donados por la familia Romero, también asistentes a todos los actos organizados en su memoria, debiendo destacar a su sobrino Joaquín Romero Tarazona que participó no ya como clarinetista junto a las hijas de Pipo, familia musical donde las haya, que se trajo a la Orquesta de pulso y púa «Celia Giner» de Alfafar (Valencia) que también dirige, y que el sábado 29 de octubre ofrecieron un espléndido concierto en la Iglesia de San Miguel donde no existió el descanso al regalarnos la palabra dos de los poetas del Ateneo Navarro, José Luis Allo Falces y Santiago Elso Torralba, con versos que también ponían lírica a la pintura.

Dejo aquí el programa del concierto con algunos comentarios sobre el mismo. Una excelente formación con muchos años de trabajo que se notan por el empaste, afinación y entendimiento con el director, trabajando un repertorio variado de arreglos ideales para estas agrupaciones orquestales de pulso y púa que van más allá de las rondallas folclóricas (alguna explicación hubo que dar), algo desequilibrada por la mayor presencia de bandurrias primeras y segundas que de mandolinas, mandolas o laúdes aunque compensadas por el mimo en los planos y las dinámicas ajustadas, así como una técnica y musicalidad en los solistas realmente plausibles.

Cual filosofía de la vida La vida es bella (N. Piovani) realmente de película, el conocido «Va pensiero» de Nabuco (Verdi) que casi animaba a corearse, la selección de La Canción del Olvido del maestro Serrano daba pie a participar aún más aunque fuera en voz baja, pero me quedo con la excelente interpretación del «Intermedio» de Goyescas (Granados) como homenaje doble, a su autor y a Pipo, especialmente Un viaje por España (J. Jarque) que repasó la procedencia de muchos viajeros que acudimos a Alcaraz para seguir recordando a nuestro querido y añorado Juan Romero.

Para mí todo una filosofía de la vida, gastronomía, viajes, poesía y música con Pipo siempre en el recuerdo tras casi cuatro años. De sábado a lunes hubo tiempo para conocer no ya Alcaraz y su sierra junto a la del Segura sino el nacimiento del río Mundo, los enclaves de la película de José Luis Cuerda como Molinicos, Lietor, Ayna… e incluso tocar tierras cervantinas en el regreso como Villanueva de los Infantes, Lagunas de Ruidera,  Argamasilla de Alba o Tomelloso, despidiéndonos en las distintas paradas de amigos que partieron para sus casas.

Nosotros todavía llegamos a dormir en Burgos y continuar el itinerario románico de Cantabria infinita con una visita ideal a la Colegiata de Cervatos o Reinosa antes de alcanzar la aldea para comenzar bien noviembre.

Cine mudo pero con música

1 comentario

Sábado 3 de octubre, 12:00 horas. Fundación Juan March, Madrid: Conciertos del Sábado, Ciclo «Clásicos del cine». Improvisar para películas mudas, Javier Pérez de Azpeitia (piano). Entrada gratuita.

La oferta cultural de la Fundación Juan March es encomiable y la música tiene un lugar especial en ella. Durante el mes de octubre se programa un ciclo interesantísimo y personalmente me llamaba la atención acudir a este primer concierto por mi breve relación con el tema. 1982 además del Mundial de Fútbol que tuvo sedes en Gijón y Oviedo también fue año del centenario del cine y además de un Mundial Cultural, un incondicional del séptimo arte como Isaac del Rivero tuvo la idea de hacer un ciclo de películas mudas con acompañamiento al piano en vivo en el salón de actos de la Feria de Muestras, donde tuve la suerte de participar alternando proyecciones con mi recordado Antolín de la Fuente, básicamente películas cómicas de La Pandilla, Keaton, Lloyd o el genial Charlot, pero también La salida de los obreros de la fábrica (Lumière), La casa encantada (Segundo de Chomón) como homenaje al cine español e incluso El gabinete del Doctor Caligari (Wiene), alternando cortos y largometrajes.

Mi experiencia fue increíble y sin visionados previos, pero sirvió para que años después pudiese poner música en directo a La aldea maldita de Florián Rey con el maestro Luis Miguel Ruiz de la Peña al violín en el Ateneo Jovellanos, ya preparando motivos y temas específicos adaptados al trascurrir de la acción. Como mierense repetí en el Teatro Jovellanos invitado por el director de la Filmoteca de Asturias Juan Bonifacio Lorenzo Benavente, Boni para todos, en la proyección y recuperación de la película Mieres del Camino (Juan Díaz Quesada), un acontecimiento que aún recuerdo. Mis únicas referencias eran las «bandas sonoras» añadidas en las proyecciones, muchas con órgano, alguna actualizada como Berlín, sinfonía de una gran ciudad con música de Pegasus, y algunas con orquesta original como Alexander Nevski o Iván el terrible (Eisenstein) con música de Prokofiev, Nosferatu (Murnau) o Metropolis (Lang) incluyendo la «revisión» de Giorgio Moroder, que a lo largo del tiempo he podido revivir como espectador.

El pianista y profesor Javier Pérez de Azpeitia no solo puso la música en vivo a cuatro películas que pudimos disfrutar en pantalla grande sino que también disertó sobre el papel de la improvisación, con todo lo que ello supone, así como la subjetividad, y hasta la forma de trabajar sobre las músicas, algo de agradecer en un mundo recuperado pero no lo suficientemente difundido, por lo que este concierto era impresindible para mi.

La casa encantada (1907) de Chomón, además de una joya de efectos especiales para su época, fue la primera en desgranarse al piano por parte del maestro y hasta de pormenorizar su explicación posterior. Los guiños del piano en perfecta sincronía con la imagen, los motivos tétricos y hasta cómicos por momentos fueron la perfecta banda sonora.

El arranque de Tartüff (1925) de Murnau supuso todo un paso adelante en dificultad y extensión, música específica, original de Giuseppe Becce, y muy trabajada en sonoridades y expresión para una película adaptada o de inspiración teatral, como tantas de su época y que aún continúa pasando casi cien años después.

El toque satírico más que de humor lo puso La princesa de las ostras (1919) de Lubitsch, la música al piano del intérprete vasco el resto, perfecto, acertado en la elección de cada fragmento, variaciones sobre la Marcha Nupcial de Mendelssohn en el mejor estilo improvisatorio (y muy estudiado) y cada situación de la narrativa visual al detalle musical de ritmo infatigable como el propio fox-trot del baile nupcial. El regusto global es premio para el tándem cine-música que siempre han permanecido unidos y algunos compositores se atrevieron a ponerle música propia.

Interesante también la moda de películas inspiradas en zarzuelas, verdaderos éxitos del momento, como Curro Vargas (1923) de José Buchs donde no podían faltar motivos originales de la partitura de Chapí adaptados como el propio discurso cinematográfico, los aires de farruca o la recordada melodía «Soledad mía» del protagonista asociada a cada aparición pero sutilmente moldeada por Pérez de Azpeitia. Con un piano no puede sacarse más partido a una película donde el referente original es eso, recreado para la proyección.

Todo un clásico «de miedo» para finalizar como el Nosferatu (1922) de Murnau, cercano a las composiciones actuales como la de Sánchez Verdú sin perder la idea espacio-temporal de la época y el argumento, con la propia limitación de un instrumento que engrandece la proyección. Bravo por esta banda sonora (Hermann) en directo, única e irrepetible que se podrá volver a escuchar hasta el 4 de noviembre en los audios que la propia fundación coloca en su web, música pura desgajada de las imágenes para la que sonó pero igualmente bellas.

Sánchez-Verdú resucitando a Nosferatu

Deja un comentario

Viernes 23 de agosto, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Festival de Verano «Oviedo es Música». Proyección de la película «Nosferatu» (director: F. W. Murnau, 1922), música de José María Sánchez-Verdú (estreno 2003). Coro de mujeres de la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» (director adjunto: Rubén Díez Fernández), Oviedo Filarmonía, director: Nacho de Paz. Entrada butaca: 14,50€+1€ gestión.

Cine de verano con música en directo, tercera apuesta de la orquesta carbayona por esta fórmula de poner música a clásicos del cine mudo, primero «Metrópolis» en el Campoamor y una vez «redescubierto» el foso del Auditorio «Alexandre Nevsky» y por fin una de miedo con el famoso «Nosferatu, una sinfonía del horror» del alemán Murnau a quien el compositor de Algeciras Sánchez-Verdú (1968) tampoco se resistió y hace diez años puso su música para la imagen en la línea de otros colegas, recuperando las grandes proyecciones que superan al pianista de los inicios del cine mudo. Binomio que esperamos se mantenga en las programaciones de la capital porque retroalimentan y unen aficiones.

Impresionante la partitura del gaditano (arriba con las anotaciones del propio Nacho de Paz -Oviedo 1974- propietario de la foto) que reinterpreta desde un lenguaje actual el propio expresionismo de la cinta alemana para lograr auténticos momentos cumbre muy exigentes para los músicos de una orquesta madura que el director ovetense conoce y supo manejar como especialista en estas músicas no habituales en los atriles.

Y no digamos de las diez voces femeninas de «la Capilla» dirigidas por el también compositor avilesino Rubén Díez incrustado entre ellas para que todo encajase a la perfección, sobre todo en las entradas complicadas en sincronización con la película.

Pertrechadas de «microafinadores»y amplificadas, con dos altavoces sobre la orquesta más algún efecto reverberante fueron impecables instrumentos de viento, con vocalizaciones de afinaciones casi imposibles, nombrando notas o glissandos emulando y/o doblando cuerdas, maderas y metales. Personalmente fueron lo más destacable del evento, sin olvidarme de la percusión que tanto peso lleva a lo largo de la gran partitura de Sánchez-Verdú (comentada por el doctor Alejandro G. Villalibre en «Clasicaytuits»).

Está claro que la música no aguantaría una interpretación sin las imágenes pero Murnau hubiese aprobado esta partitura del abogado y compositor de eso estoy seguro, atemporal como su película y personaje donde la música es más necesaria que los rótulos.

 

Queda verano y conciertos antes del comienzo de curso, pero «Nosferatu» resucitó y sembró el pánico en un Auditorio que presentaba una excelente entrada pese a tener que pasar por taquilla. Mi enhorabuena a todos.

Sánchez- Verdú, Nacho de Paz y Rubén Díez

Un Nevsky en cuerpo y alma

2 comentarios

Miércoles 6 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo. Proyección de la película de Sergei Einsenstein «Alexander Nevsky» (música de S. Prokofiev). Intérpretes: Marina Pardo (mezzosoprano), Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (director: José Esteban Gª Miranda), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Entrada libre.

Organizado por la Universidad de Oviedo y como ya hiciese con «Metrópolis» en el Campoamor en mayo pasado, esta vez en la pantalla gigante del Auditorio pudimos deleitarnos con la proyección de otra joya del Séptimo Arte, película de 1938 que no pierde con el paso del tiempo ni desmerece de las grandes producciones, en versión original con subtítulos al castellano de una calidad global impresionante en todo, máxime cuando la banda sonora original de Prokofiev pudimos escucharla en directo con unos intérpretes perfectos siempre guiados por el maestro italiano, que sigue arriesgando con propuestas que además salen bien.

Si la partitura de Prokofiev es una auténtica cantata que el Coro de la FPA dirigido por mi querido Pepu ya interpretó al menos otras dos veces que yo recuerde (guardando además una copia de la partitura), todo el entorno de este miércoles ayudó a disfrutar tanto a los músicos como al público.

En un foso «redescubierto» (que nunca antes se abrió en los muchos años del Auditorio) donde se colocó la orquesta, el coro sentado y separado en dos bloques de blancas y graves en el escenario, con atriles iluminados tenue pero suficientemente (qué bien funcionan los leds) y la caja escénica adelantada, el piano con Sergei Bezrodni a la izquierda, para coronar sobre ellos la pantalla gigante, unido a un sonido perfecto, pudimos saborear imagen y sonido como auténticos privilegiados, un público que hizo cola una hora antes y abarrotó la sala (algunos no sabían de qué iba, pero era gratis), escuchando nuevas texturas en esta disposición y ubicación global.

Casi dos horas de épica total, con una dirección perfecta en ajuste con la propia película, una orquesta que sonó «de otra forma» destacando por protagonismo los abundantes metales y percusiones, sin obviar la madera más una cuerda compacta y homogénea capaz de transmitir y subrayar el poderío escénico pergeñado por Eisenstein, y el coro empastado como nunca, cómodo, de amplias dinámicas y protagónico como pueblo a lo largo del film, sin olvidarme la breve pero emocionante intervención de la mezzo asturiana Marina Pardo, elegante, en el centro, ubicación excelente para proyectar su voz hasta el fondo del auditorio con la orquesta a sus pies, literalmente. Un Nevski en cuerpo y alma.

Enhorabuena a todos, especialmente a la Universidad y la Fundación Príncipe de Asturias, siempre con el Ayuntamiento apoyando, por seguir ofreciendo espectáculos de esta calidad y originalidad que ayudan a rescatar joyas de la historia cultural muy escasas, apuesta de futuro para unos tiempos donde los políticos parecen ir en dirección contraria.

Música para el cine

1 comentario

Jueves 17 de mayo, 20:00 h. Teatro Campoamor, proyección de «Metrópolis» (1927) de Fritz Lang; Oviedo Filarmonía, director: Marzio Conti. Partitura original de Gottfried Huppertz, reconstruída por Berndt Heller. Entrada libre.

Lo bueno no pasa de moda aunque lo llamado antiguo se recupere con etiquetas como vintage o histórico. El cine todavía funciona e incluso recuperamos cintas de los inicios sin olvidar que en las proyecciones siempre había música en directo, un pianista por lo menos…

A raíz del centenario del cine o aquél mundial de fútbol español del Naranjito allá por 1982, en Asturias se organizaron muchos pases con esa ambientación, y tuve la suerte de participar en varias, sin olvidar una muy especial con piano y violín de «La aldea perdida» de Florián Rey en el mismo año que la de Lang, con mi añorado Luis Miguel A. Ruiz de la Peña en el Ateneo gijonés y Juan Bonifacio Lorenzo «Boni», siempre organizando estas historias del Séptimo Arte. Tampoco quiero olvidar «Mieres del Camino» (1928) de Juan Díaz Quesada, en el Teatro Jovellanos de Gijón, otra joya recuperada del Teatro Pombo mierense, y un poco más lejos a un grupo catalán de mi juventud, Pegasus, que realzó en vivo la proyección de «Berlín, sinfonía de una ciudad» precisamente cuando «Metrópolis» volvía a la actualidad en los inicios de los 80 por la banda sonora de Giorgio Moroder.

En Asturias se vive el cine y la música con gran intensidad, Prokofiev ha sonado sin las imágenes de «Alexandre Nevski», llevo años clamando por introducir en los conciertos autores más sinfónicos que algunos programados, y esta vez la Universidad de Oviedo devolvíó la Banda Sonora original a la joya de Fritz Lang con la OvFi en el foso y el maestro Conti con muletas y batuta. La música no es tan vanguardista como la película y abusa de efectos que complementan las imágenes más que subrayar la acción, con la referencia casi obligada del Dies Irae, los giros de una Marsellesa que retomaría incluso «Casablanca» y hasta el Charlestón de su época. En parte entiendo otras bandas para la misma película y hasta la «actualización» electrónica para una película de culto más técnica que argumentalmente. Pese a todo es de agradecer el esfuerzo y la siempre pedagógica idea de mostrarnos el origen de muchas cosas tal y como fueron ideadas, y «Metrópolis» la pudimos contemplar con su música en vivo perfectamente adaptada al film en una concertación exacta para una partitura algo light. Las colas para entrar y el llenazo son dignos de análisis, pero la desbandada al descanso (supongo que no estaba en el guión inicial) también.

.