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Emociones contadas

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Domingo  26 de noviembre, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Asociación Cultural “La Castalia”, XVI Curso “La Voz en la Música de Cámara”. Concierto de clausura en homenaje a la memoria de Olga Semushina. Entrada libre.

Significado según nuestra Real Academia Española de la Lengua de la palabra emoción (del lat. emotio, -ōnis): 1. f. Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática.
2. f. Interés, generalmente expectante, con que se participa en algo que está ocurriendo
.

La vida es puro aprendizaje, el trabajo otro tanto y no hablemos de la música donde nunca se termina de aprender y descubrir. Entendamos todo como pura emoción en cualquiera de las dos acepciones de la RAE, sea leer, escribir, escuchar… Y no es lo mismo “contadas emociones” por escasas y excepcionales que “emociones contadas”, lo que pretendo desde aquí y algo que en el mundo de la música se intenta hacer continuamente.
Emociones contadas y cantadas, emociones exteriorizadas o interiorizadas, emociones individuales y compartidas, colectivas por la magia de la música pero siempre emociones. Emoción hubo en un concierto final de curso que dejó pequeña la sala de cámara más allá de descubrir nuevas voces, hacer un seguimiento de las conocidas o escuchar dos estrenos. Emoción en quienes se sumaron al recuerdo y homenaje de una amiga, maestra, intérprete, compañera o esposa.

Emoción colectiva con todos los participantes escuchando las palabras de Begoña García-Tamargo, directora artística de “La Castalia“, emocionada por la amiga y compañera, emoción contenida con la música de Beethoven con el Adagio de la sonata en la mayor grabada por Olga Semushina con su marido Vladimir Atapin al cello, verdadero homenaje escuchado por todos con esa alteración del ánimo penosa e interpretada cual vida eterna de una música que nos mantendrá siempre vivos, ejecutada por ese matrimonio roto por una enfermedad contra la que luchó hasta el final, tristemente orgulloso de disfrutarla un poco más de lo diagnosticado.

Conmoción somática la de todo intérprete al salir al escenario con distintas reacciones interiores: cosquilleo, nervios, bloqueos, rigidez… emociones que todo músico conoce pero no siempre controla, cursos de idiomas porque la palabra cantada siempre debe ser escuchada, trabajo de repertorio de cámara que exige emocionarse cantando y emocionar al oyente, transmisión unívoca cuya respuesta llegará con el aplauso. La música de Fauré o Rodrigo, Guastavino o Tosti, Vaughan Williams o Barber, Hahn o Wolf con poemas emocionantes en su lectura pero aún más trascendentes con sus notas, inflexiones y el ropaje del piano, diálogos donde la música complementa la palabra. Emociones del lenguaje tan difícil y distintas en francés o castellano, alemán o inglés pero igual de exigentes para noveles o veteranos. Las sopranos Carla Romalde, Janeth Zúñiga, Canela García o Cristina Suárez, el barítono Pedro La Villa y el tenor Adrián Begega, la mezzo María Heres (me encantó el acento argentino en su su sentida Pampamapa) y la siempre querida soprano ferrolana Patricia Rodríguez Rico que no podía faltar en este homenaje de emociones (impactante y cómplice con el piano en el emocionante poema alemán que es Befreit de R. Strauss) y de estrenos

Búsquedas interna de la voz y el color, elección del repertorio, trabajo de interiorización y el examen constante del público, una vida cantada y no siempre contada. Manuel Burgueras al piano como profesor de estos repertorios llevando cada voz por el camino correcto o guiando a los demás pianistas como Yozhuan Chávez acompañando a Zúñiga o Alma González (con Heres) quien se sumó con un minuto de música al homenaje emocionado e individual de alumna a maestra, Angelico (1959) el primer número de “Música callada” (Mompou) con una rosa blanca sobre el negro barniz del Steinway.

Emoción compartida desde la propia interiorizada de Gabriel Ureña, empatía de cello y dolor con el piano de Patxi Aizpiri en el Andante de la Sonata op. 19 de Rachmaninov, los rusos que sentimos asturianos, intérpretes y compositores, abrazo sin palabras al amigo y compañero Atapin recordando a “la Atapina” con la música que llega donde la palabra no, precisamente en un concierto con la voz de protagonista donde el violonchelo es lo más parecido a ella, verdadera Vocalise capaz de hacernos vibrar con cada cuerda y más con el sentimiento transmitido desde lo más íntimo.

Qué mejor homenaje que estrenar una obra, trabajada además por cuatro de estos alumnos como broche de otro curso, y Gabriel Ordás (1999) que sigue creciendo en todos los sentidos y estilos, nos regalaba “A Dafne“, fantasía para cuarteto vocal y piano con el texto del Soneto XIII de Garcilaso de la Vega. El relevo en el piano lo tomaría hasta el final la ucraniana afincada en Asturias Yelyzaveta Tomchuk, coprotagonista de este estreno junto a Patricia RodríguezMaría HeresAdrián Begega Pedro La Villa que emocionaron con ese soneto musicado exigiendo a cada solista entrega, técnica y solidaridad en el canto, matices con registros amplios y empastes buscados, intimismo camerístico y tensiones con piano recreando la letra desde la voz. Habrá quedado registrado por las muchas cámaras y grabadoras, a cuyos propietarios vendría bien hacer un curso para fotógrafos en conciertos, cómo comportarse sin molestar, el saber estar en cada momento tan importante para todo en la vida.

El segundo estreno vendría de Pablo Moras (1983), recientemente galardonado con el premio de la SGAE Carmelo Alonso Bernaola de jóvenes compositores, y su obra con texto de Xuan Bello “No Escuro” para coro mixto con piano, el propio compositor y director de la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo con Lisa Tomchuk, emociones a flor de piel y emociones cercanas al lujo por poder interpretar una obra nueva dirigida por el autor, asistir en todas las personas, primera, tercera o segunda, singular o plural a la amplia gama de matices y colores emocionales de todo tipo con una obra actual cercana como el homenaje común a Olga desde la voz, solista o en coro.

Y sumándose a la Capilla algunas de las alumnas nada mejor que la alegría de un musical tan conocido como West Side Story (L. Bernstein) en un arreglo con piano de Len Thomas que redimensiona el original a coro, números de Tony por las voces graves, de Maria por las blancas, y el empuje coral conjunto bien compenetrado con el piano por un coro algo corto en hombres (endémico en casi todos) pero convincente, entusiasta y emocionado a la vez que emocionando.

No se podía pedir más, aunque Atapin volvió a dar las gracias a todos, orgulloso con la placa que le entregó “La Castalia” de manos del presidente y amigo Santiago Ruiz de la Peña, tras la foto final con todos los profesores, alumnos e invitados a este homenaje emotivo, porque de bien nacidos es ser agradecidos.

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El verano también es trabajo

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Viernes 21 de julio, 20:00 horas. RIDEA, Oviedo: Concierto de clausura del III Curso de Canto y Repertorio “La Castalia“. Entrada libre.
Para algunos el verano supone ocio y vacaciones aunque en el mundo musical nunca se tenga un minuto de tiempo libre. Oviedo sigue siendo “La Viena del Norte” hispano incluso en los meses de estío con unas temperaturas idóneas para disfrutar de su amplia oferta en los distintos entornos y festivales, pero también para aprovechar unos días de formación, la que ocupa toda la vida profesional y más aún en el siempre exigente mundo lírico.

La Asociación Cultural “La Castalia” que preside Santiago Ruiz de la Peña sigue ofreciendo cursos como este tercero de canto y repertorio en la capital asturiana, acudiendo jóvenes voces asturianas y de las comunidades cercanas para continuar esa carrera en algunos casos incipiente, en otros consolidándose, buscando siempre mejorar distintos aspectos como perfeccionar la técnica, dicción y fonética, idiomas tan necesarios en todas las facetas profesionales, o repertorio y análisis, recordando que todo ello es imprescindible para quienes se dedican al mundo de la lírica, independientemente de buscar una carrera o por el mero hecho de continuar ese itinerario sin final que es el canto.
La labor del claustro de “La Castalia” sigue siendo encomiable por inculcar amor por la música y poder visibilizar unas voces desconocidas para parte de un público que volvió a llenar el Palacio de Toreno, y que resultó el termómetro de examen final a cinco días de duro trabajo que culminan con el concierto final.

Enhorabuena a Begoña García-Tamargo (dirección artística y canto), Manuel Burgueras (repertorio y pianista “oficial” de estos cursos), Ana Cristina Tolívar (fonética), Mª José Collazos (análisis) y la ucraniana afincada entre nosotros Yelyzaveta Tomchuk, nuevo fichaje en el campo del pianista de repertorio, más allá del acompañamiento, con un trabajo “poco agradecido” en las siempre diabólicas reducciones orquestales que compensan páginas “liederísticas” como también pudimos disfrutar este viernes, completando un elenco de profesores a los que la moda e invasión anglosajona comienza a llamar coach.
Interesantes las obras elegidas y el orden de intervención de los cantantes para “armar” este concierto de clausura del que dejo copia a continuación y amplío con algunas anotaciones a vuelapluma.

Abundante cosecha de sopranos y digna representación del resto de cuerdas (mezzo, tenor y barítono) afrontando repertorio variado y difícil donde hubo una verdadera colección lírica con dos obras por voz colocadas en el programa para dar variedad y vistosidad a los géneros trabajados con el profesorado durante la semana.

Abría velada la soprano gallega Cristina Suárez con Manuel Burgueras al piano cantando Sposa son disprezzata de “Bajazet” RV 703 (Vivaldi), con la misma trama de “Il Tamerlano“, un aria barroca de calado mostrando buenas maneras (que completaría su intervención con Weber) y ganas de gustar en dos estilos distintos y distantes.

Volvía a escuchar a la soprano Canela García que nos dejó el “lied” sinfónico Zueignung op. 10 nº 1 (R. Strauss) de sentimiento, poesía musical y diálogo con el piano del maestro hispanoargentino y volvería con La zagala alegre de las “Seis canciones castellanas” (Toldrá), la canción de concierto que exige a los intérpretes crear y cantar un microrrelato donde el texto debe ser subrayado con la música, algo que ambos intérpretes entendieron en la dirección correcta.

Ya conocía a la mezzo María Heres, con Lisa Tomchuk al piano que afrontó el aria Che puro ciel de “Orfeo y Euridice” (Gluck), un repertorio de arias barrocas en las que la ovetense se desenvuelve con comodidad y un color idóneo recordándonos el de algunos contratenores que están recuperando muchas de estas partituras, retomándolo posteriormente con Che faro senza Euridice (en vez del previsto Cruda sorte! Amor tiranno! de la rossiniana “L’Italiana in Algeri“, único cambio que demuestra el atento trabajo por ofrecer siempre lo mejor de cada intérprete).

Mi admirada soprano la avilesina Vanessa del Riego con Manuel Burgueras al “piano orquestal” nos interpretaron el Laudamus te de la “Gran Misa en do menor” (Mozart) siempre progresando en un repertorio que lleva interpretando a lo largo de su carrera, siempre difícil en el caso del genio de Salzburgo, endiablado en agilidades, color, saltos y musicalidad. Un aplauso por su encomiable trabajo y amor por la música.

El también conocido tenor Adrián Begega con Yelyzabeta Tomchuk afrontó el lied Der Neugierige del ciclo “Die schöne Müllerin” (Schubert) y el recitativo con aria Sventurata Sidon!… Se colà ne´fatti è scritto del “Idomeneomozartiano, bello color y registro central poderoso, más idóneo para Mozart que para el muy exigente y siempre complicado mundo camerístico de la llamada canción de concierto, al que pocos cantantes han querido acercarse precisamente por sus dificultades.

La también gallega y soprano Carla Romalde nos interpretaría la Ännchen de “El cazador furtivo” (Weber) con el aria Einst träume meiner sel’gen Base donde su expresión gestual debe complementar la acción que el texto en alemán describe, mejor en la parte movida y “cantabile”, mientras su compañera Cristina Suárez volvería para la Ágata doliente Und ob die Wolke sie verhülle, dos colores de voz y personajes para la misma obra, con la reducción pianísitica a cargo de una convincente Lysa Tomchuk. Carla Romalde repetiría posteriormente con la Romanza de María de “El Juramento” (Gaztambide) más cómoda  con el castellano y de color carnoso escrito para lo que entonces se llamaba tiple, para una partitura igual de exigente que también pudimos disfrutar en el Campoamor hace tres años.

Habitual en nuestra tierra y también trabajando duro, la soprano moscona Paula Lueje con Manuel Burgueras nos dejaron una auténtica recreación de I’ vidi in terra (soneto 123 y último de los “Drittes Sonet von Petrarca“) del húngaro Franz Liszt, partitura poco habitual bien defendida y ejecutada por ambos intérpretes, que como escribe Petrarca supusieron “cordura, amor, dolor y cortesía”, muchas tablas por parte de ambos, siendo la de Grado quien finalizaría el concierto con el piano de Tomchuk pasando de la poética italiana al alemán casi cabaretero de la conocida Canción de Vilja (Vilja Lied) perteneciente a “La viuda alegre” (“Die Lustige Witwe“) de Léhar, el rey de la opereta siempre exigente pero muy agradecida, perfecto rubato con feliz entendimiento pianístico y sentimiento a raudales que resultaría broche dorado del concierto.

Otra voz que pasó hace unos años por Asturias y volvía a este curso es la soprano ferrolana Gloria Amil que tiene tras de sí una carrera variada, esta vez trabajando y cantando con la orquesta hecha piano de Manuel Burgueras dos exigentes y conocidas arias operísticas: el Addio, del passato bei sogni ridenti de “La Traviata” (Verdi) y la gavota Obéissons quand leur voix appellee de “Manon” (Massenet) lógicamente con piano y sin coro pero que el público interrumpió varias veces -supongo que por desconocimiento pese a ser un título de referencia en la ópera-, mejor Manon que Violeta sin meterse mucho en dos roles que deben convencer y enamorar además de cantarse, aunque la belleza de estas páginas supera cualquier comentario teniendo todos nuestras referencias en dos personajes fetiches para cualquier operófilo.

El joven barítono turolense Ricardo Barrul Martín acompañado al piano por el maestro Burgueras apuntó buenas maneras en las arias de Alfonso Ma, de’malvagi invan… Vien, Leonora de “La Favorita” (Donizetti) y Zurga O Nadir de “Los pescadores de perlas” (Bizet), con un bello color vocal que los años irán dando el cuerpo necesario puesto que musicalidad tiene y técnica continúa trabajándolo, estando en el camino correcto para afrontar estos roles.

La soprano vitoriana Nora Chena Sola con el piano de Yelyzabeta Tomchuk demostró el buen y poderoso instrumento que posee afrontando dos pesos pesados vocalmente como la “Canción de la risa de Adela· en Mein Herr Marquis de “El murciélago” (Johann Strauss hijo) y Les oiseaux dans la chamille (“Los Cuentos de Hoffman“) de Offenbach, mucho más que un despliegue de poderío, agudos o agilidades, convencimiento y escena que da el trabajo así como mucho tiempo de estudio, el que nunca termina, cautivando al público en ambas arias, especialmente la segunda donde no necesitó “darle cuerda a la muñeca” para enamorar siempre con el excelente subrayado musical de la astur-ucraniana Tomchuk.

En definitiva un curso de nota con las lecciones bien aprendidas que todavía quedaría repasar tras el concierto de examen final porque así es la vida del música, estudiando siempre para buscar la excelencia. Y llegar a casa con tiempo para disfrutar en El Palco de La 2 (también en la web de rtve) de un “Liceu a la fresca” con un “Trovador” que algunos de estos cantantes podrían cantar en algún momento de sus carreras, pues la ópera sigue enamorando y las voces llegan directamente al alma.
Enhorabuena a todos.

Perfeccionamiento y descubrimiento

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Martes 11 de abril, 20:00 horas. Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), Oviedo: La Castalia, Concierto de Clausura “Curso de Repertorio Vocal” con Manuel Burgueras (piano).

La Castalia retoma el ideal de la primitiva agrupación bajo la dirección de Begoña García-Tamargo que como profesora de canto mantiene estos cursos de repertorio vocal con un pianista como Manuel Burgueras de amplia experiencia y trayectoria en el mundo de la lírica, con cantantes de distintas procedencias conocedores de que la voz siempre hay que entrenarla, perfeccionarla y encontrar los repertorios ideales para ello. Con Begoña y Manuel saben que encontrarán el apoyo imprescindible en una carrera que nunca acaba, sea por afición o profesión, y estos cursos siempre finalizan con el concierto para el público. Tras algunas bajas y cambios en el programa que he intentado “arreglar” un poco más abajo para dejarlo en el orden que pudimos escuchar el público que abarrotó el RIDEA, incluso por los pasillos laterales tras hacer cola con más de media hora de antelación, me llevo distintas impresiones de los artistas que llevaron a la práctica las enseñanzas de sus maestros.

Sin entrar en muchos detalles quiero al menos destacar pequeños detalles y algún “descubrimiento”, con intervenciones salteadas que completaron diecisiete números variados donde no faltó ópera, zarzuela o música religiosa en este Martes Santo, con el magisterio de un Burgueras que sigue siendo un maestro en el piano desde el rol conocido como “repertorista“, el apoyo necesario para todo cantante y pilar imprescindible de estos cursos.

Distintos niveles en las sopranos Canela García (con Mozart y Fauré) o Paula Lueje (Toldrá, R. Strauss, Massenet o Giménez), donde las tablas de la moscona se notan, quedándome con Madre, unos ojuelos vi pese a estar acostumbrados a las versiones de mezzo, como perfecta expresión del cantar diciendo que exigen estos lieder españoles así como continuar apostando por nuestra zarzuela con la difícil romanza Sierras de Granada de “La Tempranica” y a la primera que tendremos que seguir su evolución, apuntando maneras como suele decirse en estos casos.

Aún en formación el tenor Adrián Begega que apunta maneras, con un registro grave sin problemas pero debiendo trabajar más la afinación, con dos Schubert más el Beethoven en la línea del genuino lied alemán por color más apropiadas para barítono, y dicción, que el tiempo le dará aplomo y autoconfianza porque está en buenas manos.

Y quienes me leen conocen mi debilidad por la voz de mezzo, contando esta vez con dos: María Heres, feliz reencuentro con Gluck y Vivaldi pero también con el complicado Rossini de L’invito al que hemos escuchado en sopranos pero que la ovetense defendió con solvencia, y el saleroso Tango de la Menegilda, segura en todos los registros, buena técnica y la confianza que da una trayectoria donde cantar es su vida, lo que se nota en cuanto la escuchamos.

El “hallazgo” de la tarde fue la barcelonesa Anna Gomà, una profesional que ya pasase por Gijón y que este martes se erigió en la voz del recital desde sus dos primeras intervenciones (en tercer y cuarto lugar), primero con arias de ópera con MassenetVa! Laisse couler mes larmes de “Werther“, y una Carmen de Bizet arrolladora en la “Canción Bohemia“, sentida, dramatizada, color vocal carnoso e  igualado en todos los registros; después romanzas de zarzuela en el decimocuarto número y cerrando el recital, nueva demostración de buen cantar y sentir, Cuando está tan hondo el querer de “El barquerillo” (Chapí) y un Qué te importa que no venga… de “Los claveles” (Serrano) que levantó literalmente al público de los asientos. Voces como la de esta mezzo catalana que acuden a estos cursos da idea de lo que se busca, mejorar y ampliar repertorios con los maestros, estando Oviedo en el mapa de muchas voces profesionales de toda España.

Para quienes quieren seguir aprendiendo saben que no hay vacaciones, lo mismo que para descubrir de primera mano figuras que en breve estarán en los mejores escenarios, y por el Palacio del Conde de Toreno había varios “cazatalentos” que no habrán desperdiciado la ocasión, como tampoco ninguno de estos alumnos que encuentran en La Castalia el apoyo necesario para darse a conocer un poco más mientras siguen formándose en una carrera que nunca termina.