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El Cairo está en Bilbao

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Sábado 6 de abril, 19:30 horas. Teatro Arriaga, Bilbao: Luna de Miel en El Cairo (José Muñoz / Francisco Alonso, versión libre de Emilio Sagi). Fotos de la web salvo las indicadas y el programa de mano escaneado.

La revista (opereta arrevistada si lo prefieren) asociada a la zarzuela y a muchos de sus autores está volviendo a la escena actual, y la escapada bilbaína distaría de la reciente ovetense por muchas razones: una puesta en escena luminosa (de Daniel Bianco), sencilla  con detalles como el muro de globos azules, pero sacándole mucho rendimiento, un vestuario colorido de buen acabado y corte (Jesús Ruiz), la iluminación (Eduardo Bravo) subrayando la dramaturgia, un magnífico cuerpo de baile (coreografiado por Nuria Castejón), unas voces equilibradas tanto en los solistas como el coro (las ocho mujeres del Coro Rossini que dirige Carlos Imaz) bien empastadas, unos actores de largo recorrido, una orquesta de calidad en el foso (la BOS con saxos y piano de primera), y todo ello bajo la mano maestra de Miquel Ortega que conoce y mima la música del maestro Alonso, atento a los cantantes aunque se encuentren al fondo del escenario, disfrutando de la partitura llena de ritmos de la postguerra, contagiando alegría, ayudando y haciéndonos copartícipes a todos, con un público que llenó y disfrutó la tarde de sábado que personalmente finalizaríamos tomando el tranvía (en el estreno sería el Metro que muchos asistentes perdieron por las repeticiones tras el éxito alcanzado) hasta Indautxu como buenos “aldeanos” y sentarnos alrededor de una buena mesa entre amigos como corresponde a mis visitas vizcaínas.

Evidentemente no quería perderme esta producción del Teatro de La Zarzuela y el INAEM que el Arriaga programó en cuatro funciones con voces conocidas y queridas por el que suscribe como los asturianos David Menéndez y Beatriz Díaz, el “adoptado” José Manuel Díaz, la granaína Mariola Cantarero, todas ellas bien encajadas en sus roles, sin olvidarme de Enrique Viana haciendo de él mismo como no podía ser de otra forma, Itxaro Mentxaca acertadísima de principio a fin, más una cuadrilla de cómicos como Mitxel Santamarina ágil y “engordado”, Iñaki Maruri y Alberto Núñez que dieron réplicas de guiño local que el ovetense Sagi conoce como nadie para redondear esta “Luna de Miel en Limburgo”.

Dos actos sin pausa ambientados en su época (1943), argumento bien hilvanado de los ensayos preparando la opereta que da título (en vez del transatlántico original) y el ensayo general (en el mismo teatro, no en Alejandría ni el Nilo), ágil acción con todo lo que se espera de ella: diálogos chispeantes y enredos amorosos, música en escena con piano real y delicada transición al foso, juegos de escaleras y unas melodías pegadizas que muchos asociamos al cine y la televisión porque crecimos con ellas: Tomar la vida en serio es una tontería y esta broma musical rebosa alegría (hubiera sido genial bisarla), el buen gusto impera sobre el escenario del coliseo de la ría y la calidad del elenco ayuda a redondear esta obra del prolífico maestro granaíno.

De los cantantes protagonistas David Menéndez (Eduardo) mantiene un nivel de excelencia y elegancia de principio a fin, poderío vocal y escénico en el papel de compositor, junto a Beatriz Díaz (Martha) capaz de amplios matices y derrochando simpatía, luchando con un registro grave casi imposible en estas partituras pero solventado sobrada su princesa en los agudos y medios desde su línea de canto limpia llena de matices. Itxaro Mentxaca dio el toque de veteranía real e imaginaria (Doña Basilisa, costurera y antigua tiple) especialmente con el tapate tapatío en compañía de “las Rossini”. Cantarero (Mirna) y Viana (Rufi) pusieron el histrionismo necesario de sus papeles, jugando con el santoral, la geografía y hasta las debilidades carnales. Sumemos lo comentado del conjunto con el Maestro Ortega al frente, y tendremos una revista de siempre por la que no pasa el tiempo dándole la mínima actualización a textos y situación con todo el respeto a la música por parte de todos los intérpretes.

Como sugerencia estaría bien representarla en Oviedo en el próximo Festival Lírico con este mismo reparto y director musical, el público carbayón seguro respondería feliz a esta revista, opereta, zarzuela… espectáculo musical a fin de cuentas.

Bohemia capital Bilbao (7)

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Sábado 4 de marzo, 21:00 horasPalacio Euskalduna, Bilbao: “Musika-Música”. Concierto Nº 20, Auditorio. María Espada (soprano), Ainhoa Zubillaga (mezzo), Sociedad Coral de Bilbao (director: Enrique Azurza), Bilbao Orkestra Sinfonikoa (BOS), Yaron Traub (director). G. Mahler: Sinfonía nº 2 en do menor, “Auferestehung” (Resurrección). Entrada 12 €.

Momentos antes del inicio del concierto más esperado (y que el anterior jueves inauguraba esta edición de la fiesta de la música), se avisaba por megafonía la indisposición de la anunciada María José Montiel por Ainhoa Zubillaga (a quien tenía “fichada” para el último de mi particular maratón bilbaina, en un esfuerzo y profesionalidad por su parte que merece todo el aplauso del respetable). Aunque hubo algún murmullo en la sala dada la expectación que la mezzo madrileña había despertado en sus mucho seguidores, conocedores de su reciente triunfo como Carmen en la temporada operística del Kursaal donostiarra, y sabiendo que por Mahler tiene una especial predilección en sus apariciones sinfónicas, la mezzo vecina no defraudó (nos dejó un Urlicht realmente con luz primaveral) y completó el elenco para esta segunda.

Globalmente esta “Resurrección” bilbaína quedó un tanto desequilibrada pese al esfuerzo del maestro Traub (titular hasta hace poco de la Orquesta de Valencia) buscando lo mejor de la BSO aunque sin la limpieza deseada, un maestro que transmite seguridad desde la claridad del gesto, buscando comunicar la grandeza de esta descomunal partitura. Me gustó la elección de los tiempos para los cinco movimientos (1. Allegro maestoso. Mit durchaus ernstem und feierlichem Ausdruck; 2. Andante moderato. Sehr gemächlich; 3. In ruhig fliessender Bewegung; 4. Urlicht. Sehr feierlich, aber schlicht; 5. Im Tempo des Scherzos. Wild herausfahrend), el rubato sin exagerar y la confianza que también transmitió a las voces, no siempre respondida por los instrumentistas en cuanto a las dinámicas que por momentos taparon a las solistas. Los pasajes rápidos de la cuerda, sobre todo la grave, no sonaron claros aunque sí consistentes y contundentes, con una plantilla ajustada para el balance sonoro deseado. Los metales tuvieron alguna salida de lugar (aunque el refuerzo juvenil fuera de escena merecen mi más sincera enhorabuena), mientras la percusión no siempre ajustó con el resto. Pese a todo, la belleza y monumentalidad de la segunda de Mahler siempre son un placer escucharlas en vivo y motivo más que suficiente para esta nueva escapada a la capital vizcaína.

En general la sinfonía fue “in crescendo” en calidad y emoción a lo largo de los cinco movimientos, con momentos dulces de “la Zubillaga“, plena de voz en todo el registro y con mi querida extremeña María Espada en su línea de seguridad, gusto y musicalidad desde un color natural además de un buen empaste con su compañera vasca.

El coro preparado por Azurza resultó algo flojo pese al número, de emisión algo sucia, especialmente en las voces graves (empañando el emocionante final), pero que suplieron con el esfuerzo en los matices que en quinto movimiento ya sin presión, se soltaron en los tutti. Cierto que mis referentes cercanos son el Orfeón Donostiarra o el Coro de la FPA, lo que siempre pone el listón más alto, y no digamos de versiones grabadas que siguen siendo inalcanzables desde nuestra querida tierra, aunque la mejoría en los últimos años se ha notado. Quiero recordar que el centenario coro local afrontaría al día siguiente un Stabat Mater de Dvóřak, por lo que el trabajo realizado con dos obras de esta envergadura ya tiene el reconocimiento de la formación vocal.

El último movimiento y especialmente la entrada del órgano me siguen poniendo un nudo en la garganta porque el del Euskalduna es una joya envidiada por un servidor, y no siempre podemos escuchar un instrumento “ad hoc” siendo sustituido por los electrónicos que nunca darán la sonoridad de los tubos.

Cierre mahleriano de sábado por todo lo alto con un Traub al que da gusto verle dirigir, y nuevo triunfo de las mezzos, esta vez Ainhoa Zubillaga solvente, con graves casi de contralto, creíble y profesional al cien por cien. Buen ambiente y a pinchar con los amigos aunque el domingo sería igualmente pleno de emociones.