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Ave, Anas

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Lunes 3 de abril, 20:15 horas. Avilés, Iglesia de Santo Tomás de CantorberyXL Semana de Música Religiosa (SMRA). Ana Otxoa Pando (soprano), Ana Belén García Pérez (órgano). Obras de G. Caccini, G. Pergolesi, Vivaldi, Bach, Haendel, Mozart, Rossini, Franck y Usandizaga.

Procedentes del País Vasco llegaban hasta Avilés dos Anas, la bilbaina Ana Otxoa Pando y la guipuzcoana Ana Belén García Pérez, la primera una soprano que no debemos perder de vista como explicaré en esta entrada, y la segunda una organista que volvía a nuestra tierra (habitual de la SMRA) tras distintos conciertos como solista pero también de acompañante que también nos deleitó con dos intervenciones para volver a disfrutar si las suben al Canal de YouTube de la SMRA.

El programa preparado para este lunes recogía números solistas de distintas épocas donde lo sacro resultó el nexo común, disfrutando de una soprano completa de color vocal bellísimo, afinación perfecta, dicción excelente, registro homogéneo, adecuación a los estilos y una proyección tan clara que tanto en las obras con órgano positivo en el altar como en el coro con el gran Acitores, la emisión resultó presente, también por la sabia elección por parte de la organista de unos registros apropiados tanto para cada obra como por los arreglos orquestales que resultan tales en las reducciones para el rey de los instrumentos para saber estar en las dinámicas oportunas y respirando con la soprano.
Un placer de concierto que se abría en el altar nada menos que con el Ave, María atribuido a G. Caccini (ahora figura como tal Vladimir Vavilov) con amplia gama de matices por parte de las dos intérpretes y unos ornamentos en el sitio oportuno. Continuaron con el Cujus animam del “Stabat Mater” (Pergolesi) que en la versión de Otxoa me hizo olvidar otras cantadas por niños, voz corpórea que ayuda a darle el dramatismo de esta página donde el altar servía de telón de fondo idóneo.

Y la luz con todo el color llegaría del Domine Deus del “Gloria” (Vivaldi) con un órgano positivo perfecto para este aria emulando oboe y cuerda, notas claras y precisas por ambas intérpretes, dicción en la soprano y digitación en la organista que se luciría en solitario con el Largo e andante RV 746 donde el conocido rigor de Ana Belén quedó patente por la limpieza de fraseo con los registros necesarios para contrastar los dos movimientos, los ligados rigurosos y las agilidades precisas.
Para rematar esta primera parte desde el altar nada menos que el aria Ich folge dich gleichfalls de la “Pasión según San Juan” (Bach), la grandeza de un dúo capaz de emocionar, el alemán cantado con las complicadas agilidades resueltas con seguridad y el acompañamiento camerístico desde el órgano flautado en una de las arias para soprano más inspiradas de Mein Gott, “Yo Te sigo también” que dejó el listón en lo más alto antes de subir al coro para afrontar una segunda parte más plena si cabe.

La conocida Rejoice greatly de “El Mesías” (Haendel) sonó desde las alturas con la misma claridad que en altar, más aún porque la acústica ayudó a engrandecer un órgano perfectamente registrado para dejar flotar a la soprano por encima de él, ornamentos vocales que completaron la reducción orquestal algo turbia por la reverberación.
Mejor el Et incarnatus de la “Gran Misa en do menor” KV. 427 (Mozart), otro grande que siempre estuvo inspirado escribiendo para las sopranos unos números ideales para toda cantante que se precie. Ana Otxoa Pando hizo fácil lo difícil bien acompañada por su “tocaya”, al igual que el Crucifixus de la “Pequeña Misa Solemne” de Rossini, su “último pecado de vejez” que encierra el lirismo operístico llevado a la orquesta de cámara con armonio, pues así logró Ana Belén García que sonase “El Acitores de Sabugo“, el dramatismo del latín vestido con la tímbrica precisa.

Quedaba aún César Franck, organista que entendió el instrumento desde su virtuosismo para darle el acento francés con el que los vascos siempre han tenido como suyo, especialmente la guipuzcoana que nos dejó un Coral II en si menor realmente impactante. Jugando con los registros románticos, si así puedo decir, derrochó gusto, calidad, tensión y emoción para una partitura exigente que interpretó con auténtico poso de veterana, ayudada por Chema Martínez en los continuos cambios desde los tiradores, más un pedal poderoso e igualmente claro de timbre. Increíble “preludio” para el Panis Angelicus, un “dulce” para cualquier cantante y más en la voz de la soprano Ana Otxoa que con el órgano pensado por Franck interpretó desde el paraíso este verdadero pan angelical, las alturas de Santo Tomás como maná musical de buen gusto y belleza a cargo de “las dos Anas”.

Y si el saludo a María abría recital, también lo cerraría, lógicamente con un vasco que se murió demasiado joven porque tenía mucho que aportar a la música. Usandizaga tiene la cercanía francesa y el buen gusto de su pueblo para hacerlo cantar, y el Ave, Maria es prueba de ello, la oración para “La Ama” de todos que Ana Otxoa rezó con su voz, soprano completa con estilos bien diferenciados en cada época elegida sin perder nunca sentimiento ni musicalidad, contando con ese acompañamiento ideal de una profesional que canta igualmente con el órgano, respira, apoya, rellena y completan partituras tan bellas como la de su paisano.

Y de regalo otra canción vasca Goizeko Izarra (Estrella de la mañana), popular recogida por J. Santesteban en su colección de “Cantos Vascongados” aunque parece que la melodía fue escrita por el francés F. Macini con el título de Le départ. Buen concierto sacro de estas dos vascas perfectamente ensambladas, músicas que viven y sienten desde el entendimiento profesional y humano desde una tierra que los asturianos sentimos muy cercana, al igual que sus intérpretes e interpretaciones a las que saludo en latín “de andar por casa”: Ave, Anas

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Cuando el órgano es coreografía

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Viernes 18 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, XXXIX Semana de Música Religiosa de Avilés: Ana Belén García Perez y Ana Isabel Aguado Rojo (órgano). Obras de Mozart, Morandi, Saint-Saëns, Tchaikovski y Wagner.

Tomando las palabras de la organista donostiarra en la entrevista para el diario LNE (de la que dejo parte en la foto de la versión papel al final de esta entrada) “Convendría ir perdiéndole el respeto a la música de órgano” y todo desde el desparpajo juvenil que supone esta apuesta por repertorios conocidos en interpretación a cuatro manos con la palentina.

Ana Belén G. Pérez y Ana Aguado en San Hipólito (Córdoba) Foto ©Facebook Asociación “Luys Venegas de Henestrosa” de Amigos del órgano

Interesantes arreglos para dos organistas con todo lo que supone planificar registros, teclados y pedaleros, reparto de papeles sin problemas en cuanto a permutar posición en el asiento dependiendo de las obras, pero sobre todo un sentir la música a dúo como si fuese solo uno, dificultad máxima y pleno entendimiento desde el respeto a unas interpretaciones que más que arreglos o “reducciones” orquestales suponen una relectura de obras que todo melómano tiene en su memoria, con un público entregado que casi llena el templo avilesino este “Viernes de dolor”, el último de los tres conciertos de órgano de esta semana de música religiosa a la que todavía restan dos días de música coral.

La proyección en pantalla gigante nos permitió admirar la coordinación y por momentos coreografía de las cuatro manos en el órgano de Acitores que va camino de los seis años y ya he bautizado, con permiso de las autoridades, como “El Tomasín”, alcanzando momentos impensables en una ejecución al uso que poco a poco va ganando su espacio en los conciertos por la espectacularidad tímbrica que se alcanza con esta fórmula. Encomiable el trabajo de los organizadores de esta semana con solera en Asturias por mantener vivo el instrumento rey que hoy, más que nunca, volvió a coronarse como tal.

El Allegro y andante o  Fantasía para órgano mecánico en fa menor, K. 608 (Mozart) en su versión “habitual” es de por sí de una inmensidad de sonido y ejecución portentosa desde una escritura como sólo el genio de Salzburgo podía concebir, formando parte de una serie de cinco obras para instrumentos fuera de lo común respondiendo a distintos encargos; la versión a cuatro manos que realizase Busoni sube un escalón al cielo, por lo que disfrutarla a cuatro manos y dos pies ya alcanza límites insondables, dinámicas ayudadas por los registros casi celestes del tercer teclado (órgano recitativo expresivo).

 Ana Belén G. Pérez y Ana Aguado en Avilés, Foto ©Mara Villamuza para LNE

La Introducción, tema y variaciones de Giovanni Morandi (1777-1856) mantiene el sello italiano marcial, casi de himno, para el que el órgano a cuatro manos resulta vehículo o traje a medida. Así lo entendieron las dos organistas jugando con los registros de las distintas variaciones, en un amplio despliegue técnico y tímbrico de una partitura agradecida para intérpretes y escuchantes.

Aunque reciente y cercana en la memoria, la Danza macabra, op. 40 de Saint-Saëns (1835-1893) alcanzó en la versión a cuatro manos (de hecho la original fue escrita para dos pianos) una riqueza mayor que la del virtuoso Raúl Prieto (en transcripción del original orquestal hecha por Edwin H. Lemare y revisada por el propio organista), con un tempo más reposado y pasajes “casi imposibles” de ejecutar a dos manos se hacen ahora asequibles y luminosos con registros más ricos, así como un pedal que por momentos sonaba como los contrabajos orquestales, sustento sin oscurecer el ímpetu y clamor de los teclados, enriquecimiento pianístico elevado al órgano a cuatro manos.

Tchaikovsky (1840-1893) pasará a la historia de la música como el creador de las melodías más hermosas y populares, sobre todo las de sus ballets, y El cascanueces es uno de ellos. De él lo más interpretado son las suites orquestales, y en la versión a cuatro manos de “las dos Anas” pudimos disfrutar de tres números: la Marcha, contrapuntos ascendentes y descendentes bien dibujados en los teclados diferenciados en registros con un tempo lento, la casi etérea Danza del Hada de azúcar, con celesta o fagot de órgano en la línea de recrear más que versionear o reducir la orquesta, y el hermosísimo Vals de las flores, coreografía de manos para este ballet orgánico y organístico, cuento de hadas en el instrumento rey que es capaz de sumergirnos en las arpas y trompas de “El Tomasín” que nunca antes trabajó tanto, apostando nuevamente por un aire tranquilo que no entorpeciese la escucha dentro de una reverberación no muy grande del templo avilesino.

Y para finalizar un sentido “Coro de los peregrinos” del Tannhäuser de Wagner (1813-1883), capaz de volver instrumental una de las páginas corales eternas, buscando el lirismo y armonías vocales con el ropaje orquestal único del genio operístico. Amén de un acorde traicionero, el peregrinaje musical a cuatro manos y dos pies nos llevó a buen puerto, el crescendo sonoro y emocional en un barco sonoro avilesino que todavía seguirá asombrando, siendo las nuevas generaciones de intérpretes de órgano quienes mantendrán la singladura con timón seguro.

Hoy sábado volveremos y dejaremos constancia, como siempre, desde estas líneas.

Ana Belén García sigue asombrando

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Domingo 14 de octubre, 19:00 horas. Catedral de Astorga, XXX Festival Internacional de Órgano Catedral de León: Ana Belén García (órgano). Obras de J. S. Bach, Martín y Coll, Naji Hakim (1955), Nicolás de Grigny (1672-1703), Alexandre Guilmant (1837-1911) y Bruno Vlahek (1986). Entrada libre.

En una tarde que trajo la lluvia otoñal y el fresco desapacible me acerqué a este nuevo concierto de órgano del FIOCLE, y nada que ver lo escuchado en el viejo órgano maragato de Amezúa (construído en 1857 y restaurado por Acitores en 1985) con lo programado en la web del festival, aunque se nos regaló el programa que en la capital se vende a 2€. La organista guipuzcoana volvía a Astorga tras su paso por Ponferrada en un festival que no se olvida de los intérpretes españoles, y Ana Belén García Pérez tiene una larga trayectoria donde las obras de nuestro tiempo siempre están presentes en sus conciertos, aunque los órganos no suelan responder a sus exigencias. Pensaba en poder escucharla en “el bicho de Kleis” porque el programa que trajo era para disfrutar en su totalidad, o al menos equiparable al esfuerzo y trabajo realizado.

Para “calentar” nada menos que el Preludio en do menor, BWV 546 (Bach), difícil como toda la obra para el instrumento rey escritas por el kantor de Leipzig, donde el virtuosismo en manos y pies va unido a la sabia elección de los registros adecuados, interpretación vigorosa y fiel a la partitura.

Las Diferencias sobre la gayta, un anónimo del siglo XVIII, exploran el timbre de la cornamusa o gaita, sea gallega, asturiana, bretona o escocesa, con una nota pedal o bordón sobre la que escuchamos los floreos del puntero, aquí teclado, exponiendo un tema popular para proseguir con la técnica de la diferencia, nueva demostración de virtuosismo en el órgano astorgano que resonó cual aerófono popular.

Del fraile franciscano Antonio Martín y Coll pudimos escuchar y saborear tres números de “Flores de Música”, El villano, Marizápalos y Canarios, barroco en cronología pero aún deudor renacentista que además de recoger y variar temas españoles utiliza los efectos que el instrumento de Aquilino Amezúa tiene, en especial los “pajarillos”, bien ayudada la guipuzcoana en los registros para su entrada a tiempo en esta auténtica recreación a los teclados.

Una de las muchas virtudes de la joven organista de Andoaín es trabajar obras contemporáneas, y la Ezpata dantza del libanés Hakim dedicada e inspirada precisamente en el pueblo vasco y sus danzas, resultó un soplo de aire fresco a pesar de las carencias del órgano, poderío en disonancias desde registros variados sin perder el ritmo danzante de melodías modales para un auténtico derroche sonoro que hizo “llorar” muchos tubos, temerosos de la tímbrica exigente.

El Veni Creator de Grigny no estuvo a la zaga en cuanto a despliegue de color para sus cinco movimientos perfectamente contrastados en todo: el primero (Plein Jeu en taille) con trompetería y pedalero gimiendo en el arranque, el tema fugado (Fugue à 5) en las dos voces, una por teclado, el intimismo del tercer número  (Duo) buscando registros agudos y trémolo para una trompeta magna de batalla delicada en ornamentos (Récit de Cromorne – Amen), finalizando en un tutti (Dialogue sur les Grand Jeux) donde pies y manos retoman aires fugados con cambios de registros manteniendo siempre presente la línea melódica ante nuevos tutti siempre recios y sin excesos para un órgano castellano en colorido y fortaleza.

No hubo descanso del guerrero ni obras de relleno y el Allegro appasionato (de la Sonata V op. 80) de Guilmant resultó como el título, apasionada, exigente para un instrumento que se “empapizaba” con un aroma francés en armonías y registros variados donde el pedalero tiene su protagonismo rezumando romanticismo coral casi sinfónico en cuanto a sonoridades que otro órgano más “capaz” hubiese sacado chispas, finalizando con esa modulación en modo mayor antes del acorde final menor, guiños de compositor en una partitura dura en toda su extensión y perfectamente resuelta por el magisterio de Ana Belén.

Y llegaba el estreno esperado, la obra ganadora del XXXIII Concurso de Composición para órgano “Cristóbal Halfter” que patrocina el Aula de Música Esteban de la Puente y la Sociedad Filarmónica Juan del Enzina, del Instituto de Estudios Bercianos (en Ponferrada se estrenaba el viernes 11 para España), Choral-Phantasie Breitet dem Herm den Weg para órgano solo (2009) del croata afincado en Madrid Bruno Vlahek. Además de las notas al programa, que transcribo un poco más adelante, y comentarios sobre la obra, estuve haciendo mis anotaciones (algo raro en mí pero que en los estrenos suelo hacer como referencia) de una compleja y trabajada obra sobre el coral “Preparad el camino al Señor” inspirado en la figura bíblica de San Juan Bautista y su profecía, que se suele entonar en Adviento: “La composición presenta esta antigua tradición con un lenguaje musical de nuestros días. Las distintas partes de la obra están compuestas libremente aunque todas se inspiran en el motivo temático original, algunas son variaciones corales estrictas y otras tienen libertad temática. La pieza está especialmente adecuada para ser interpretada por el gran instrumento que es el órgano. Combina técnicas diferentes, virtuosismo, variedad de colores y timbres, y formas de tocar el órgano. Para llegar a la última parte, el intérprete ha tenido que improvisar sobre el tema coral en el pedal del órgano que llevará a una coda muy festiva”. A continuación dejo el vídeo subido por Marko Pletikosa de la premier en Zagreb el pasado 21 de septiembre (el mismo día de la inauguración del “bicho” leonés) por la propia Ana Belén García y a continuación mis impresiones a vuelapluma intentando “describir lo indescriptible” según lo iba escuchando:

Además de reiterarme en haber escuchado esta joya en un órgano más apropiado que el astorgano, la obra es impresionante desde el inicio, con un fraseo en trompetería del coral seguido por esas dos voces que van creciendo en disonancias con el apoyo del pedalero. Agudos saltarines contrastando con el grave de los pies (que además tuvo el complemento de los cuartos en las campanas catedralicias que aún enriquecieron la paleta tímbrica). Un tutti y silencios dramáticos que dan paso a un presto agitado de dinámicas bruscas, cascadas frente a ritmos acórdicos y una vorágine tímbrica que siempre vuelve al flautado inicial sólo (y esta vez con las campanadas de las 8 de la tarde) y el pedalero sobre el que emerge el coral diluyendo disonancias que crecen hasta retomar el grueso armónico con el pedal como sustrato orgánico para reconstruir en una segunda menor a modo de nota pedal distintas bocanadas en las tuberías. Nuevo silencio dramático para el siguiente juego de timbres rítmicamente trabajados en sentidos opuestos, pedalero “cantabile” y teclados tocando otra marcha paralela que crece hasta el abismo. Ligeras cesuras hasta la aparición de un bis cual danza oriental en ostinatos picados y da capo al flautado solo como remanso necesario. Nuevo bordón, silencio subyugante y carreras arpegiadas de tímbricas potentes y clusters. Una mínima toma de aliento preparando la siguiente melodía clara en los pies y manos revoloteando hasta nuevos bloques sonoros con notas tenidas, largas, para volver al coral en el pedalero, tutti claro resguardado en el teclado II virtuoso antes de los acordes sobre otra nota pedal que elevan dinámicas en trompetería con un rallentando en el pedalero y una figuración cada vez más larga antes de pedal, acorde, silencio y el concluyente último y poderoso acorde mayor.

Auténtico arco iris de timbres más allá de los registros elegidos que se quedaron algo pequeños para el poderío exigido, técnicas interpretativas que aprietan en la búsqueda del impacto sensorial sin perder el motivo coral hecho fantasía como los grandes compositores para el órgano. Un descubrimiento que Ana Belén García ya ha interiorizado (ahí está el vídeo), ha hecho suya esta partitura que llevará en sus muchos conciertos por España y Europa, esperando repetir con un órgano acorde a la obra y la intérprete.

Sigo un verano organístico

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Sábado 18 de agosto, 20:30 horas. XXII Música en la Catedral, Astorga: Ana Belén García Pérez (órgano). Obras de Sweelinck, Buxtehude, Muffat, Pasquini, Bach, Mendelssohn y Boëllmann. Organiza: Asociación Amigos de la Catedral y Cabildo Catedralicio; aportación: 3€.

En verano suelo hacer escapadas musicales, y puede que mi amor por el órgano me lleve a buscar conciertos cerca, como así sucedió este sábado donde mi admirada Ana Belén participaba en el segundo de los tres conciertos programados en la Catedral maragata, a quien la premura me impidió saludar personalmente, y que estuvo asistida, creo, por una de sus compañeras en el Cavaillé-Coll de la Basílica de Santa María del Coro.

Siempre es un placer escuchar a esta intérprete de Andoain que nos deleitó en Asturias un par de veces en el Festival de Órgano CajAstur del pasado año. Destacar su madurez, notoria en cada concierto, excelente registración y búsqueda de obras siempre arriesgadas de todos los estilos, pero sin perder nada de la frescura y limpieza expositiva, máxime en un instrumento que podría calificar de recio como el carácter castellano, y si me apuran berciano restaurado por Federico Acitores, a quien escuché comentar cómo cada órgano tiene su propia idiosincrasia y personalidad cual acento hablado hecho música, y el de Astorga es uno de los que marca por su sonoridad, en especial los violones y las trompetas.

Del programa previsto arrancó la Fantasía Cromática (F. Sweelinck), seguida de la Ciacona en Mi menor (Buxtehude) que ya le escuché en Asturias, para seguir subiendo el listón con la Toccata prima (G. Muffat), exigentes todas y bien expuestas aunque de escucha algo dura por la propia registración, bien utilizada en cambio al introducir en el concierto la Introducción y Pastoral (B. Pasquini) aprovechando ese efecto “pajarillo” que sí forma parte del órgano maragato, aunque las campanas de los cuartos y voladores en el exterior también se sumaron al despliegue sonoro.

Volvió a impresionar en el Preludio y fuga en La m., BWV 543 (Bach) de registros conseguidos para poder paladear toda la paleta sonora del Kantor de Santo Tomás en Leipzig, disfrutando con el pedalier virtuoso y claro, con una exposición de la fuga realmente impactante y una elección de tempi ajustada. Y el “descubridor” también se sumó al regalo organístico con la Sonata III, Op. 65 (F. Mendelssohn), fiel discípulo y seguidor del maestro, sonoridad romántica para los dos movimientos I. Con moto maestoso II. Andante tranquilo literalmente majestuoso el primero y auténtico “delirio reposado” el segundo, magisterio instrumental de escritura y ejecución, templanza y nobleza cual virtudes organísticas.

Y aunque se “caía” Guridi por cuestiones técnicas, la Toccata final de la “Suite Gótica” Op. 25 (L. Boëllmann) puso el auténtico broche de oro para un programa amplio en el tiempo que fue del agrado de un público que abarrotó la catedral y supuso un repaso a la literatura de órgano que Ana Belén García sigue trabajando duramente.