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Sobra el sobre

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Jueves 4 de abril, 20:00 horas. Teatro Campoamor, XXVI Festival de Teatro Lírico Español Oviedo: El sobre verde (libreto de Enrique Paradas y Joaquín Jiménez / música de Jacinto Guerrero).

Crítica para La Nueva España del sábado 6, con los añadidos de links (siempre enriquecedores y a ser posibles con los mismos intérpretes en el caso de las obras), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Recuperar una obra de 1927 es de aplaudir como labor musicológica gracias a la Fundación Guerrero y al Centro de Documentación y Archivo (CEDOA) de la SGAE con la avilesina Mª Luz González Peña al frente. Pero esta “Opereta cómica con gotas de revista” no aguanta el paso del tiempo a pesar del esfuerzo del escenógrafo Alberto Castrillo-Ferrer ni el arreglo para jazz-band del asturiano Nacho de Paz que sonó muy bien con once músicos de altura (varios de la Oviedo Filarmonía) dirigidos por Arturo Díez Boscovich.

Esta revista, más que opereta española o zarzuela pareció llevarnos al “Cine de barrio” en color aunque el argumento sea más del blanco y negro, con gran peso de los actores, lo mejor sobre la escena, con unos textos que en 2019 provocan solamente leves sonrisas aunque la picaresca siga vigente, la Lotería siga recaudando y haciendo soñar a quien juega, pero no la escenificación de una trama caduca de esterotipos y juegos de palabras añejos, bien de vestuario y luces, pobre en decorado, más unos cantantes que intentan dar lo mejor para una partitura que no está entre lo mejor del maestro Jacinto Guerrero (Los gavilanes, El huésped del sevillano, La rosa del azafrán) que también hubo de ganarse el pan con sainetes, humoradas (La blanca doble), marchas de Semana Santa y hasta música incidental para el teatro de los Arniches, Muñoz Seca o Jardiel Poncela.

Los llamados “felices años 20” quedan bien reflejados uniendo ritmos del momento, muy americanos como el fox o el charlestón sin olvidarse del “tangolio” o el chotís retrechero recreando un ambiente de lentejuelas, boys y “chicas de Coslada”, más con Lina Morgan y Tony Leblanc que en este reparto donde los personajes se desdoblan en tres y hasta cuatro, con unos cantantes que no lucen tanto como los actores aunque les vistan de frac.

Los cómicos, en el amplio sentido, sobresalen sobre el canto: Rafa Blanca (Nicanor) y J. J. Sánchez (Simeón) dan más la talla que el barítono madrileño Alfredo García, de buena proyección hablada pero menor la cantada (salvo la Marcha del premio gordo) o la mezzo ovetense Lola Casariego (fox-gavota de Madame Sévigne mejor que Bombón internacional), con números poco agradecidos para sus voces, solventándolo con la escena. Bien tanto Rafa Maza en sus roles de José María (políticamente incorrecto hoy en día) y el maitre de hotel con acento mexicano muy “a lo Cantinflas”, como Laura Pinteño, quien como botones de cara teñida nos evocó hablando a Mami de Lo que el viento se llevó; las sopranos Soledad Vidal (Fifí) especialmente, y Carolina Moncada (Mimí) lucieron sus papeles hablados de acentos (re)buscados. Las también sopranos Sagrario Salamanca y Cristina Teijeiro completaron el resto del elenco.
A todos ellos se les exigió bailar las coreografías de Cristina Guadaño, no del todo encajadas en el estreno, desparpajo y profesionalidad sobre las tablas, números conjuntos no muy empastados ni equilibrados, cambios rápidos de vestuario y defendiendo unos papeles para un sobre que no ha soportado el paso del tiempo, verde descolorido por la trama de esta revista multicolor que ni siquiera el talento del maestro Guerrero salva del bostezo ni las ganas de zarzuela auténtica. Una lástima tener que escuchar voces de gran trayectoria sobre las tablas como el barítono Alfredo García (que cantase Iván el terrible en octubre de 2017) o nuestra querida mezzo Lola Casariego en papeles que no les favorecen vocalmente a pesar de un foso reducido (de piano virtuoso con Sergei Bezrodni), con más texto hablado que cantado. El género de la revista siempre se caracterizó por actores que cantaban y no a la inversa, aunque aplauda el esfuerzo por recuperar nuestra música (de la que aún queda mucho por descubrir), pero actualizar (?) se hace difícil a pesar del loable empeño con obras como este segundo título.

Tras el último número de Rampersten (perteneciente a La orgía dorada de Muñoz Seca, Pérez Fernández, Borrás más el propio Guerrero y Julián Belloch) colocaron una pancarta con el estribillo de la Marcha del Premio Gordo intentando hacer partícipe al público de una fiesta que hace casi cien años inventaba el karaoke pero hoy no cuaja con un público asturiano entendido en zarzuela. Experimento fallido que esperamos superar con los dos títulos que restan del segundo festival lírico español que goza de buena salud en cuanto a respuesta popular pero se distancia con títulos como este de la vigesimosexta temporada.

Preparando el terrible

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Miércoles 18 de octubre, 20:30 horas. Auditorio de Oviedo: Ensayo general XXVI Concierto Premios Princesa de Asturias. María Luisa Corbacho (mezzo), Alfredo García (barítono), Jorge Moreno (narrador), Coro de la FPA (director: José Esteban García Miranda); OSPA, Miquel Ortega (director). Sergéi Prokófiev: Iván el Terrible, op. 116 (cantata para narrador, mezzosoprano y bajo barítono, solistas, gran coro de voces mixtas y orquesta sinfónica, adaptación como cantata de Alexander Stassevich). Entrada libre con invitación.

Tanto la OSPA como el coro nos ofrecieron para abrir temporada una honrosa Carmina Burana y sin apenas respiro afrontan este concierto real con otra de las grandes páginas sinfónico corales que están en su repertorio, el Prokofiev de cine como en su momento fue Alexander Nevsky y ahora Iván el Terrible, todavía reciente en nuestra memoria, a cuyo ensayo general acudí ante la imposibilidad de hacerlo en el evento sociocultural de octubre, y menos aún al reducir el aforo en 500 localidades (cerrando la sala polivalente aunque ganando en acústica).

Todos sabemos qué supone un ensayo general con público, con detalles por pulir pero perfecta aproximación a lo que sonará al día siguiente y donde no faltó ni el Himno Nacional para abrir el concierto ni el de Asturias, cantado por todos los presentes, para cerrar.
Las partituras del ruso para las películas de Serguéi M. Einsenstein son verdaderas bandas sonoras para ejecutarse en vivo e Iván el Terrible mantiene todos los clichés asociados a la música popular rusa con capítulos variados donde pasamos de la voluptuosidad épica a los momentos líricos en cuanto a poesía con música reconvertidos en cantata con el excelente narrador gijonés que puso el complemento escénico.

Protagonismo casi total del Coro de la Fundación que está en un momento álgido capaz de afrontar una partitura agradecida para todos, rico en matices, especialmente en los números a capella, volúmenes generosos exigidos por la masa orquestal, empaste global y unas cuerdas que volvieron a brillar tanto por separado como en conjunto en una obra más que dominada. Mi felicitación a la formación que dirige mi querido Pepu.

Y si el coro madura con los años, nuestra orquesta es un lujo en cada sección, hoy reforzada por exigencias de la obra en vientos, percusión, arpas y algo menos en los contrabajos (se hubiesen agradecido dos más). Al maestro Miquel Ortega se le respeta y hay buenas sensaciones entre ellos, por lo que hubo un amplísimo espectro de dinámicas, ritmos y texturas, con una cuerda capaz de resultar hiriente o aterciopelada según se le reclame, y una homogeneidad tímbrica solo al alcance de las grandes, y la OSPA es una de ellas sin que me ciegue la pasión. Perfecto entendimiento con el podio y un despliegue épico de sonoridades, destacando la percusión (con el piano) para mantener ese empuje rítmico que esperamos encaje al detalle en el concierto, con unas campanas demasiado reales para un contexto coral.

También interesante la mezzo mallorquina María Luisa Corbacho algo tapada en los fuertes pero de color carnoso, aún más en la parte hablada, de registro central cómodo y agudos sin forzar en ningún momento, buena emisión y momentos de belleza vocal en sus solos.

La breve intervención del barítono madrileño Alfredo García en verdadera lucha con el coro masculino y el empuje orquestal se saldó con nota, supongo que “guardando munición” al ser un general pero generoso además de entregado como en él es habitual.

Esperamos que los últimos retoques ya a puerta cerrada ayuden a un concierto donde solo sea terrible este Iván IV, zar de Rusia “contado” en 1936 por el tocayo del cineasta con el maestro Ortega tan hecho como nuestros intérpretes.

Un Réquiem para recordar

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Sábado 28 de marzo, 20:00 horas. Teatro Cervantes, Málaga. Programa 10 “Semana Santa” Orquesta Filarmónica de Málaga, Beatriz Díaz (soprano), Anna Alàs i Jové (mezzo), Pablo García López (tenor), Alfredo García (barítono), Coral Cármina Nova (Diego González Ávila, director), Manuel Hernández Silva (director). Mozart: Requiem K. 626. Precio: 37,80 €.

Con las sinceras condolencias a todos los familiares de las víctimas del trágico accidente aéreo del 24 de marzo, como rezaba el programa (del que dejo foto) y toda la emoción de una página musical póstuma dedicada precisamente a una muerte nunca deseada, volvía la segunda función de un concierto que llenó el coliseo malagueño, con artistas plenamente implicados y volcados.

En su primera temporada como titular de la orquesta malagueña el Maestro Hernández Silva está en pleno idilio con sus músicos, conociéndose al detalle, respondiendo al mínimo gesto, compenetración y entendimiento en esta obra que el director venezolano conoce como pocos desde su educación vienesa, dieron como resultado el esperado por todos, éxito que se hizo extensivo al cuarteto solista y al coro local.

Destacable en primer lugar y por el mayor peso la Coral Cármina Nova (dirigida por Diego González) que brilló con luz propia guiada por el Maestro desde el primer Requiem, vocalización y emisión clara, ajustada, respetuosa con la partitura al máximo, figuras y expresión donde las sílabas adquirían el protagonismo puntual, los fraseos impolutos y la musicalidad desbordante. Todo un ejercicio de quiromancia musical, podíamos contemplar la lectura con las manos de Hernández Silva sacando los hilos de la gran tela, atacando con seguridad, creciendo o disminuyendo la expresividad y dramatismo (Rex tremendae impactante), claridad en las partes fugadas y homogeneidad rotunda sin perder el lirismo. Se notó el trabajo meticuloso desde la dirección en cada número, con la respuesta siempre al momento, alcanzando un nivel altísimo para un coro que se crece cuando existe la química desde el dominio. Imposible destacar emociones y caracteres a lo largo de sus intervenciones.

El cuarteto solista elegido con mimo fue el otro hito de la noche, voces jóvenes, con técnica al servicio de la partitura e igualmente entregadas a un Maestro que convence con el mínimo gesto, sacando a la “vista auditiva” las líneas precisas para degustar el detalle individual sin olvidar el conjunto. Ideales los solos, destacando Beatriz Díaz realmente celestial, línea de canto cual flauta con luz propia capaz de poner la carne de gallina, Pablo García plenamente mozartiano desenvolviéndose cómodo ante todas a las exigencias, Alfredo García con la rotundidad necesaria y un buen gusto cantabile, más Anna Alàs que equilibró desde el peso hondo del grave de blancas el masculino brioso, un plantel funcionando excelentemente como cuarteto de colores complementarios en paleta hermosa y bien tratada desde el podio, dúos equilibrados y conjuntos exquisitos.

La orquesta con plantilla ideal para alcanzar la textura y planos ajustados en todas las secciones, órgano y timbales presentes sin excesos, maderas sedosas, metales afinados y contundentes cuando se les exigía (impresionante el trombón solista y su Tuba Mirum casi vocal por expresión) y una cuerda de terciopelo, nunca hiriente pero siempre clara, balances vieneses con uniformidad y timbre precioso además de preciso, toda una lección de entrega y aceptación del Maestro.

El trabajo de Manuel Hernández Silva realmente magistral de principio a fin. Sin batuta para hacer de sus manos el auténtico hilo conductor, expresivo y preciso, contagiando ímpetu y genialidad que dieron como resultado una interpretación de hondura y luz, drama sin negrura, hilando fino para encontrar siempre la respuesta exacta por parte de todos. Estoy seguro que Málaga aumentará la afición con Manuel Hernández al frente, convencido e implicado allá donde va, siendo este Requiem que arrancaba su gran semana santa una pequeña muestra de lo que se puede alcanzar desde un magisterio musical y humano difícil de encontrar.

No pude encontrar mejor inicio vacacional con este concierto en la capital de la Costa del Sol brillando con luz propia musical, emocional y hasta climatológicamente. Lo recordaremos mucho tiempo.

Publicado desde el iPad

PD: los links ya desde Siana; dos visiones del concierto: El Mundo y Darba Culture.