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La Castalia 2.020 bis

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Si el año bisiesto 2020 ya es parte de nuestra historia con todo lo que nos ha quitado y cambiado la vida, La Castalia ha reorganizado este Mayo 2020 bis para poder disfrutar de su III Ciclo de Conferencias “Patrimonio lírico hispano, ayer y hoy” tan vigente y necesario en este tiempo, tres conferencias a cargo de tres generaciones con las que tengo los vínculos que dan mis años, y en el RIDEA que apuesta por la música con la doctora María Sanhuesa como miembro correspondiente del propio Real Instituto, musicóloga y autoridad en la materia, más Begoña García-Tamargo, directora artística de La Castalia que la ha recuperado con su fuerza, tesón y lucha titánica, con cursos, conciertos y estas conferencias enriquecedoras que espero se mantengan en el tiempo si nada lo impide.

Tres martes de mayo, climatológicamente poco primaverales pero con la luz y el calor de la lírica desde tres ópticas distintas: nuestra zarzuela y su necesario archivo, la ópera española del XIX nunca suficientemente conocida ni reconocida, y la composición actual desde la juventud, divino tesoro, que mantiene viva la escena, tres conferencias con gran respuesta de público pese a las restricciones y medidas de seguridad obligadas por el Covid, charlas amenas, cercanas, gratificantes y un regalo para tantos melómanos, músicos y profesionales que siguen apoyando La Castalia del siglo XXI.

MARTES 4 DE MAYO: “10.000 zarzuelas… y algunas cosas más: El Archivo de la SGAE”. Impartida por María Luz González Peña, directora del CEDOA (Centro de Documentación y Archivo de la SGAE), licenciada en Hª del Arte y Musicología por la Universidad de Oviedo, verdadero corazón y defensora de nuestro género lírico, infatigable trabajadora, amiga y compañera de fatigas universitarias que ha dedicado media vida al archivo de la SGAE, organizando y poniendo a disposición de todos su amabilidad y buen hacer desde el Palacio de Longoria madrileño.

Mi compañera avilesina pasó revista no ya a los números apabullantes del archivo, también a los orígenes de la sociedad con fotos y anécdotas de sus fundadores, Sinesio Delgado y Ruperto Chapí, a los que saluda cada mañana como parte de su familia, el papel que la SGAE ha venido desarrollando no ya como custodia de las obras sino también de difusión de tantas obras que parecen haber recuperado el tiempo perdido y aún siguen acogiendo creaciones nuevas como el Maharajá (2017) de Guillermo Martínez que disfrutamos en el Campoamor.

Anécdotas y curiosidades como el alquiler de las partituras que estarán en los atriles de las próximas zarzuelas en los dos únicos festivales que mantienen temporada estable, Madrid y Oviedo a donde suele escaparse si su trabajo se lo permite, momentos de reencuentros familiares y amistosos donde “contarnos batallitas” o rememorar tantos momentos musicales vividos, el recorrido de la SGAE por distintos edificios y palacios hasta el actual del Longoria banquero melómano y ligado también a nuestra tierra.

Y por supuesto no podían faltar las referencias a la patria querida, a compositores asturianos pero a también los temas reflejados en muchísimas zarzuelas, libretistas y compositores, la investigación en ese magno archivo y el conocimiento de un repertorio por lo menos curioso, muchas obras conocidas, otras inéditas que han pasado por sus manos y no pierde detalle ni momento para darlas a conocer a intérpretes y estudiosos que tiene siempre la puerta abierta de mi querida Mari Luz. Fotos y recuerdos de Vital Aza, partituras que son verdaderas joyas, y por supuesto la reivindicación de personajes tan nuestros como el dramaturgo Miguel de Palacios del que no se pudo celebrar su centenario el pasado “annus horribilis“, asturiano de pura cepa nacido en Gijón y fallecido en Covadonga, autor del libreto de La Corte de Faraón entre otras muchas zarzuelas. Historia bien conservada que comienza desde 1993 a ser conocida y reconocida gracias al CEDOA bajo la entrega y dirección de Mª Luz González Peña.

MARTES 11 DE MAYOLa búsqueda de una ópera hispana: 200 años de lucha, impartida por nuestro maestro Emilio Casares Rodicio, alma mater de la Musicología española desde Asturias, docente entregado formando la mejor generación de investigadores que han tomado su relevo, fundador del Festival Internacional  de Música de Asturias con el siempre recordado Luis G. Iberni, que trajeron las mayores y mejores figuras del momento en aquellos felices 80, escritor, divulgador e investigador incansable por el que no pasan los años porque mantiene el mismo espíritu y fuerza arrolladora que en mis tiempos de estudiante, rejuveneciendo ese día 40 años por las sensaciones transmitidas. Mudado a la capital de España, aunque sin perder nunca contacto con nuestro Oviedo, catedrático emérito de Musicología de su Universidad Complutense, fundaría nada más llegar el ICCMU que sigue publicando, recuperando y resucitando nuestra música española con el trabajo impagable de muchos alumnos suyos como los doctores Ramón Sobrino o Mª Encina Cortizo, fieles y dignos sucesores del “jefe“, e imposible reflejar aquí una trayectoria tan impresionante como la de nuestro profesor Casares.

La conferencia quedaría reducida por cuestiones de tiempo a 100 años de lucha, imposible contar tres volúmenes (dos ya publicados) de su “Historia de la Ópera en España” en 90 minutos, ciñéndose al siglo XIX sin olvidarse de Martín y Soler que triunfó más que Mozart, una clase magistral trufada como en él es habitual de “chismes”, datos, curiosidades, vivencias en primera persona y breves audiciones para sorprendernos con este patrimonio de nuestra historia que nunca hemos sabido defender, en parte por la incultura de una clase política que nunca se interesó por la música (ni la cultura, y de la educación mejor ni hablamos) a excepción de las dos repúblicas que comentaría en su contexto de impulso para la creación de una ópera española.

El Emilio Casares de siempre, vital y crítico con el estado operístico español, hablándonos de Manuel García, embajador de la ópera, cantante y compositor con una vida apasionante y una obra siguiendo el camino italiano de su querido Rossini, también de Ramón Carnicer tomando el francés, o del valenciano José Melchor Gomis que triunfará exiliado en París. Un verdadero análisis de la evolución operística y sus modas, con Mercadante con quien estudio el catalán Marià Obiols, que en el Romanticismo cambiará el papel con estos españoles que triunfan fuera o son desconocidos hoy en día por una desidia o comodidad en no  por programarlas. Números apabullantes como 55 óperas a mediados del XIX,   la eclosión en España de la ópera en más ciudades que las habituales, sin olvidarse de Mahón, compositores desconocidos y borrados de nuestra historia, recordando cómo están perdidas tres óperas de Hilarión Eslava. Males endémicos de nuestra querida patria donde el Marqués de Salamanca fue el primer y único mecenas de la ópera (por entonces en el Teatro Circo), repaso a los nuevos teatros nuevos dieron paso a una cantera vocal propia, al canto en nuestro idioma y de nuestra historia, la aparición en los años 40 del gran Emilio Arrieta (del que Mª Encina Cortizo es la máxima autoridad en la obra del navarro), su paso por Milán, conocedor de Verdi y cuya ópera La conquista de Granada se representó en Alemania (gracias al tándem Sobrino-Cortizo) ante el asombro germano de su nulo eco en la piel de toro. Y anécdota como el malagueño Capa, hijo de vinateros que se irá a Nápoles a estudiar, de SerranoJuana la loca, primera ópera española estrenada en el Liceo catalán. No faltaría tampoco la crítica al Teatro Real madrileño donde hubo que esperar 25 años sin nada español hasta la llegada de Arrieta, más por amoríos reales que defensa de lo nuestro (todo lo contrario del Garnier francés pensado solo para su ópera) y que en 2021 parece continuar como en el XIX.

Fechas, datos e historia: 1851, Barbieri y Jugar con fuego, la aparición de la zarzuela que superó a la ópera: 1096 funciones de ésta frente a las 3839. La revolución del 1868 con el nuevo cambio a favor de la ópera, las citas sobre las dos reformas musicales de calado y únicos momentos de defensa de la música en las repúblicas. Casares defendiendo la recuperación de Don Fernando el emplazado (V. Zubiaurre), fruto de un concurso por entonces y hoy nada publicitado ante la autopompa del premio al Real, la perdida ópera Moctezuma y la siempre recordada Marina de Arrieta,  la amalgama o fusión ítalo española. La Restauración 1874-75 y la nueva clase social que fomenta la ópera con Sagasta gran aficionado, los compositores que van a Roma becados y viajan por Europa conociendo la actualidad del momento, calidad y cantidad de obras bien fundamentadas en el Verismo o Wagner, la escuela europea y no española, el valenciano Salvador Giner, otro desconocido al que no programa ni el Palau de Les Arts (con un coste real por butaca de 900€), nuestros Bretón y Chapí tampoco faltan en este recorrido por la ópera con historias españolas, grandes coros y arias verdianas, conocedores por supuesto de Wagner1885 y la gran crisis, pidiendo el primero una ópera española o magnificar la zarzuela el segundo, abriéndose las dos líneas y escuchando un fragmento de Los amantes de Teruel totalmente wagneriana y en español del Bretón maravilloso, estrenada en 1889 y recuperada en versión concierto sin ensayo previo pese a la enorme calidad que atesora.

Y la vía de Granados, Albéniz o Pedrell, el Nacionalismo español, los 90 que trajeron sus óperas,
La Dolores de Bretón contrapuesta al Henry Clifford de Albéniz o el Pedrell olvidado de Els Pirineus, donde está presente Francia, el barroco, Wagner y el folclore, recuperada por Don Emilio para  el Liceu con edición prologada por Jordi Pujol con un argumento tan actual para los catalanes que ni supieron dar la importancia debida. Imposible hablar de todo o resumirlo como mal alumno tomando apuntes, pero pidiendo que se programe más ópera nuestra y menos traviatas, el Casares que no pierde momento de la certera crítica actual, de sus “chismes” con ironía o una clase política española de todo color, que nunca se interesó por la ópera pero tampoco de la literatura y poco de pintura salvo El Prado. La música es cara y recordaba la  Marianela de Galdós con música de Pahísa, tras 90 años de olvido, con ganas de escucharla en el Campoamor. Triste que el dilema esté entre “toros y fútbol” aunque al menos Oviedo siga siendo una isla musical en este triste panorama patrio.

MARTES 18 DE MAYO: Un recorrido por mi obra lírica, impartida por Gabriel Ordás (Oviedo, 1999), compositor, violinista y pianista, la última generación que bebe de las anteriores, como se dice coloquialmente “mamó la música en casa”, sus estrenos me siguen asombrando y su primera ópera fue subida a escena precisamente por La Castalia.

Qué interesante escuchar de primera mano a mi querido y admirado Gabriel explicar sus vivencias, su experiencia sincera desde una juventud madura, con las cosas claras y sin miedo a confesar los temores ante su acercamiento como compositor a la música vocal, con mas de 50 obras registradas pero también en el cajón, como todos los autores, caso de una ópera sobre Bodas de sangre, su admiración y gratitud al maestro Fernando Agüeria, al mundo del lied que tardó en afrontar allá por el mes de noviembre de 2016 (así fue de prematuro) en el homenaje que La Castalia hizo al siempre recordado Antón García Abril.

No faltó el repaso a sus obras sinfónicas, los estrenos de la Oviedo Filarmonía con Yaron Traub o  la OSPA con Milanov. Un compositor de talento que tiene claro que hay dos mundos en su interior: el técnico y el que gusta al público, si se quiere la lucha entre lo raro y lo sencillo que el mismo resume así, intentar congeniar ambos que aún continúa. Pudimos escuchar fragmentos de esas composiciones sinfónicas cual choques de estilos incluso en la misma obra, encontrando como solución unir los dos mundos que le comentase en Covadonga Jorge Muñiz, otro gran compositor asturiano.

Afrontar la música vocal sería un reto para él, Cervantes un escalón de inspiración y responsabilidad, un reto que le hizo retomar obras “frustradas” prefiriendo partir de cero, escribir en blanco, a capella y después añadirle el piano, que domina casi tanto como el violín, su instrumento. La inspiración siempre desde la melodía añadiéndole giros armónicos, el término medio de ambos universos. Encontrar un texto de Rubén Darío dedicado a Cervantes y tras la “resaca emocional” escribir un cuarteto vocal por encargo de La Castalia. Nos contaría su intuición, el paso del Stabat Mater y Onírico que ya estaba cocinando a fuego lento para ahondar directamente en las emociones (que personalmente también me vuelven al escuchar un fragmento del primero), y así surgiría Dafne en esa misma línea melódica pero sin la carga religiosa, buscando un texto para ello (el soneto 13 de Garcilaso), los equilibrios vocales con el piano como un extra dramático sin olvidar el apoyo a los estudiantes de canto que la estrenarían, pero también como motor rítmico. Cuánto talento en Gabriel y qué gusto escucharle hablar con naturalidad de sus obras y el proceso compositivo.

Desde su humildad innata reconocería que el mundo vocal es otro, hay que interiorizar el drama, trabajar con las voces desde el piano cual repertorista, y finalmente sentir que llegó con fuerza al público porque también lo nota. Confesiones agradecidas por todos antes de continuar compartiendo su forma de trabajar, que en mi caso complementa la primera escucha de ellas, también lo enriquecedor que puede ser trabajar codo con codo junto a los intérpretes, aunque como comentaría al final María Sanhuesa, es más fácil con los muertos, pero siempre sencillo con Ordás.

Sobre su acercamiento a las óperas de cámara el proceso será distinto a todo lo anterior pero ya conocedor de la voz, mostrando sus dudas sobre el argumento y cómo encajarlo con la música. Partir de un entremés y llegar a Doña Esquina que le encantó nada más leerla; después “armarlo” e instrumentarlo a trío con piano dando no ya color instrumental sino el necesario ropaje a las voces. Nos hablaría de sus problemas con el discurso musical, pues le va más lo trágico que lo cómico, pero investigando también en el cine y sus bandas sonoras, en parte lo son, buscando cómo transmitir las emociones, el recurso al “Micky Mousing” utilizado desde su tono desenfadado sumando ritmos de danzas de toda la historia musical, su exuberante y total libertad para los recursos que él mismo describiría como “ironía discreta”, supongo que heredada por vía paterna, los inesperados giros del drama a la comedia en unos compases, el humor que nunca le falta y las prisas lógicas del encargo para estrenarla, la “ópera exprés” que yo diría “sin estrés”. La formación humanística de Gabriel es increíble para su edad y admirable el intento por adaptar el lenguaje del siglo XVIII a nuestros días, saber eliminar algún personaje para agilizar los treinta minutos de duración de esa joya de cámara. Fiel al verso del que toma la rítmica que siempre ayuda y hasta el uso de unos Leit motiv que no son tales sino motivos repetitivos en situaciones concretas, a fin de cuentas “pasarlo bien” contando la anécdota del chelista que en un momento deja el instrumento para tomar un “shaker” y sumarse a ese ambiente de baile. Así de fácil convierte lo difícil y lo transmite en cada composición.

Todavía nos desgranaría el proceso de su Terceto del desamor que supuso dar un paso atrás para avanzar dos, menos voces e instrumentos, dos con piano, profundizar y complementar lo anterior a partir del libreto encargado a María Abella buscando un entremés del siglo XXI, elementos usados casi de forma naif, “insignificantes pero con hipocresía”, contrastes sentimentales… Toda una lección compartida de su proceso creativo centrándose en la lírica que mantiene ya un sello propio y siempre con el apoyo de La Castalia.

Una conferencia con fragmentos comentados de sus obras, sin abordar tecnicismos y con ganas de entrar a componer tragedia que es lo que realmente le va. Las dos caras del drama, la puesta en escena con una música propia que tras escucharle aún es más reconocible y hasta entendible.

Perfecto trío de conferencias estos martes de mayo con pandemia, tres generaciones y tres enfoques de la voz en la música, más la despedida a cargo del alma materBegoña García-Tamargo siempre luchando por La Castalia del siglo XXI, apostando por el talento de nuestra tierra y denunciando la ceguera de los políticos, la falta total de apoyo y el agradecimiento al RIDEA que es ya “la casa” de esta asociación cultural a punto de cumplir 20 años, con fuerzas para seguir programando no ya cursos con los mejores especialistas sino ofreciendo la posibilidad a muchos músicos de poder pensar en un futuro profesional, anunciando para el día 19 de junio la actuación de la pianista avilesina Henar F. Clavel en la Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo. El apoyo de La Castalia no faltará a esta generación de jóvenes talentos ni tampoco de todos los seguidores de esta familia en la que nos ha convertido a todos.

Aquí dejo el link con el VÍDEO (gentileza del RIDEA) de la conferencia del 4 de mayo:

https://www.youtube.com/watch?v=FSNyOr8xwZI

 

 

 

Subllime sonoridad sentimental

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Viernes 14 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Primavera III: OSPA, Daniel Müller-Schott (violonchelo), Dalia Stasevska (directora). Obras de Sibelius, Schumann y Stravinsky. Entrada butaca: 15€.

En tiempos de pandemia no estamos para muchas celebraciones y los 30 años de la OSPA están sonando poco a poco, sin director titular ni concertino (hoy al menos volvía como invitado Aitor Hevia) y con programas conocidos donde no faltan obras poco escuchadas, solistas de altura y unas batutas ya “fichadas” por otras orquestas aunque nos demuestran cómo funciona de bien nuestra treintañera cuando en el podio las ideas son claras y la comunicación fluye igual que la propia música.

La directora finlandesa Dalia Stasevska traía además de la inicial de su apellido, otras tres “S” para este tercero de primavera: su cercano y sentimental Sibelius, el sublime Schumann de su concierto para violonchelo con el “Ex Shapiro” de Matteo Goffriller  (Venecia, 1737) en las manos de Daniel Müller-Schott, siempre bienvenido en cada visita al auditorio, y la sonoridad de Stravinsky cuya música está tan en los genes de la OSPA como en la cercana Finlandia de Stasevska que sacó a relucir la calidad de la formación asturiana necesitada de interpretaciones tan claras, precisas y entregadas como la escuchada en el Auditorio, siempre con todas las medidas de prevención, higiene, distancia y demás “inconvenientes” que los aficionados soportamos estoicamente para seguir demostrando que “La Cultura es Segura” y la terapia musical lo mejor que podemos aplicarnos.

Del Báltico lleno de contrastes y sentimientos, extremos climatológicos de mitologías y leyendas sonaría el gran sinfonista Jean Sibelius (1865-1957) y su  Rakastava, suite, op. 14 para una cuerda reducida, percusión y triángulo, obra que escribe tras superar un cáncer de garganta en un periodo convulso donde la música de Stravinsky le resulta conocida y hasta en cierto modo reflejada en esta suite en tres movimientos (I. Rakastava II. Rakastetun tie III. Hyvää iltaa … Jää hyvästi) traducidos como “El Amado”, “El camino del Amante” y “Buenas noches, amado mío – Adiós”,  el buen oficio del compositor y de sus intérpretes, la cuerda coral ligera y delicada del primero, la elegancia y sentimiento del segundo más el protagonismo en el tercero de Aitor Hevia de aires folklóricos que sentimos cercanos, cerrando una interpretación que el gesto claro, preciso y conciso de la maestra de origen ucraniano Stasevska.

Robert Schumann (1810-1856) además de sentimental, puede presumir de una sonoridad propia en sus sinfonías que parece aplicar a su Concierto para violonchelo en la menor, op. 129,  y si además contamos con un solista de la altura de Daniel Müller-Schott el colorido y romanticismo de esta bellísima página está asegurado, la perfecta yuxtaposición entre el chelo y la orquesta bien concertada por Stasevska y leída por el alemán con la musicalidad que le caracteriza desde un instrumento que canta y nos hace vibrar. Tres movimientos sin pausa (I. Nicht zu schnell; II. Langsam; III. Sehr lebhaft), intervenciones siempre acertadas de los primeros atriles y una complicidad total entre solista y podio que mantuvo un excelente equilibrio de dinámicas y un sonido compacto además de rico en esta joya del compositor alemán que nos deja al final esa cadenza en el cello  donde  Müller-Schott volcó lo mejor en su instrumento.

Y el cello mágico volvió a cantar como los pájaros en una personal interpretación de El cant dels ocells, siempre asociado a nuestro universal Pau Casals que colocó su instrumento desde un magisterio único en la cumbre, y que al solista alemán podemos considerarlo uno de sus apóstoles, homenaje a nuestra tierra no siempre agradecida con los genios que son más valorados fuera de nuestra fronteras.

La OSPA ha interpretado muchas veces a Igor Stravinsky (1882-1971) con diferentes resultados y acercamientos muy diferentes a sus páginas “bailables“. El Pájaro de Fuego: suite (1919) es una joya que se debe mimar en sus seis partes, con los solistas atentos a la batuta y dándoles confianza en sus intervenciones, más un tutti que no puede despistarse ni un momento por la amplia gama dinámica, rítmica y colorista. Así lo entendieron con una Stasevska clara, de gesto amplio, casi bailando cada número, entendiendo la suite desde la misma esencia de Sibelius, siguiendo con tantas “eses” en este viernes sinfónico.  La inquietante I. Introducción desgranó la calidad de una madera siempre segura y la cuerda deseada; la II. Danza del Pájaro de fuego en el punto exacto de vuelo sin perder plumas y con toda la magia que esconde;  la III. Danza de las Princesas, encumbrando con tal título nobiliario a una “Dalia” en flor, mando preciso y precioso; más fuego para la IV. Danza infernal del Rey Kastchei, agitada (no revuelta), tensa, de cromatismo claros y síncopas bien resueltas por una orquesta totalmente entregada; el remanso de la V. Canción de cuna, cantada por un fagot excelso bien arropado por un “tutti” delicado antes del apoteósico VI. Finale, con una trompa de gala, una cuerda de lujo, una percusión precisa, el crescendo bien construido con el majestuoso y solemne final donde unos metales refulgentes alcanzaron el final feliz de un cuento bien narrado por la directora finlandesa con un color orquestal para seguir soñando.

Vivica Genaux, la voz de Hasse

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Lunes 10 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: VIII Primavera BarrocaCNDM “Circuitos”: Nápoles en DresdeVivica Genaux (mezzosoprano), Vespres d’Arnadí, Dani Espasa (Clave y dirección). Obras de Hasse, Zelenka y Pisendel. Entrada: 15 €.

Avanza la Primavera Barroca en Oviedo, agotando entradas para la sala de cámara, ya de por sí de aforo reducido, y recibiendo tras la apoteosis madrileña del sábado a la esperada mezzo Vivica Genaux (Fairbanks, Alaska, 10 de julio de 1969) que se ha convertido en la gran defensora y voz de Johann Adolph HASSE (1699-1783), el barroco tardío donde la norteamericana no ya se siente cómoda sino que domina con una técnica apabullante un repertorio que le sigue dando alegrías y a sus seguidores aún más. Con la formación que lidera Dani Espasa traía arias de Hasse, el compositor que el agente Matthew A. Epstein le recomendó como comentaba en una entrevista a Gabriel Rangel en 2014:  “¡Debes cantar Hasse!” Y yo le pregunté: “¿Quién es Hasse?” Un mes después hice una audición con René Jacobs para una ópera de Hasse en la Ópera Estatal de Berlín y obtuve el rol“. Recital perfectamente organizado alternando arias y personajes, intercalando para el necesario respiro obras instrumentales de contemporáneos afincados igualmente en Dresde como Zelenka o Pisendel que permitieron gozar de la calidad de esta orquesta barroca, especialmente la cuerda, con un continuo compacto sin olvidarme de un fagotista excelente y los oboes que dan ese colorido especial, sumándose en algunas el par de trompas naturales, desiguales como suele suceder en este instrumento tan desagradecido y difícil en estos repertorios pero que demostraron el músculo de esta formación catalana.

Hasse abría fuego con  la Obertura de “Didone abbandonata”, IJH 36 (1742), el orgánico al completo preparando la salida de una Genaux entregada, pletórica y feliz, recordando a “La Bordoniprima donna en Dresde cantando la música de su marido, hoy personificada por la norteamericana embajadora del mismo, primero a “Cleofide”, IJH 25 (1731) con el aria rápida Son qual misera colomba (acto II , escena 15) y el orgánico sin trompas, primera demostración de poderío y elegancia vocal, un registro grave carnoso, agudos delicados y unas agilidades prodigiosas que aún brillaron más en la cadenza final. Y sin apenas resuello, otro personaje y ópera, “Irene”, IJH 54 (1738), con un delicado recitativo de instrumentación elaborada, Il sacrifizio si compisca (acto III , escena 4) más el aria Un sì funesto addio, tiempo lento para saborear la dicción y proyección con ese color de mezzo que no abunda y una cuerda perfecta con el continuo siempre en su sitio controlado desde el clave por el maestro Espasa.

Del checo Jan Dismas ZELENKA (1679-1745), también afincado en la Corte de Dresde, escuchamos De Ouverture à 7 concertanti en fa mayor, ZWV188 (1723), tres movimientos donde degustar la instrumentación sin trompas, colocando el movimiento rápido en el medio (Grave – Allegro – Grave), y disfrutando del barroco que nunca pasa de moda.

Vuelta al canto de Hasse con Genaux y unas Vespres al completo para “Cajo Fabricio”, IJH 20 (1731), recitativo Lieto gioisci o core (acto II , escena 14) y aria Nocchier, che teme assorto, rápida y exigente de ornamentos por parte de todos, con la mezzo de emisión uniforme, agilidades de vértigo, coloratura, claridad de dicción, vocales sin trampa y la engañosa facilidad para alcanzar unos agudos que mantienen siempre su color irrepetible.

Un paréntesis de lujo poder escuchar el Allegro del “Concierto para violín en sol mayor”, JunP I.4c de Johann Georg PISENDEL (1687-1755), un virtuoso del violín que triunfó en “La Florencia del Elba” interpretado por FARRAN SYLVAN JAMES, la concertino solista esperada, de sonido aterciopelado con el grosso instrumental bien equilibrado de dinámicas y paladeando un continuo realmente de calidad en esta orquesta referente de la música antigua en España.

Nueva ópera, otro rol que dramatizar por parte de una Vivica que transmite pasión y fuego, “Numa Pompilio“, IJH 69 (1741), recitativo Qual di voi prima invoco (acto II , escena 8) y aria Piange quel fonte, con el oboe de PERE SARAGOSSA siempre impecable, y la orquesta de cuerda que me trajo recuerdos, quién sabe si inspiración para el Exsultate mozartiano, bellísimos juegos y diálogos entre los dos “protagonistas”, ecos y musicalidad a raudales con éxito compartido y merecido.

Interesante el Hasse instrumental con el Allegro de su Sinfonía en sol menor, op. 5 nº 6, el orgánico sin trompas y sin fisuras, el prólogo preclásico que mantiene el regusto barroco antes del último título por parte de La Genaux, “Solimano”, IJH 97 (1753) con el aria Di quell’acciaro al lampo (acto I , escena 12), ensemble al completo de aire marcial, casi guerrero en otra nueva demostración de buen gusto y voz carnosa, redonda, la mezzo verdadera de anchos graves, medios poderosos y agudos seguros, los melismas vocales aún más complicados, la instrumentalización de la voz en el barroco sin perder el sentido dramático de estas heroínas operísticas que hacían las delicias de la Corte de Dresde y ahora de nuestra Corte de Oviedo siempre apoyando el barroco y demostrando que la cultura es segura.

No podía faltar la propina con sonrisa, por supuesto Hasse y de su “Viriate” la conocida aria Come nave in mezzo all’onde virtuosa sin atropellos, “sujetando el tempo”, solo con la cuerda, que mantuvo el listón alto en esta verdadera locura barroca con Vivica Genaux y Vespres D’Arnadi.

Contra viento y marea

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Domingo 9 de mayo, 19:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Vanessa Goikoetxea (soprano), Enrique Sánchez Ramos (barítono), El León de Oro (Marco A. García de Paz, director), Kup Taldea (Gabriel Baltés, director), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Brahms: Ein deutsches requiem, op. 45 (Un réquiem alemán). Entrada butaca: 27 €.

Soy muy aficionado a los refranes y en tiempos de pandemia me gusta cambiarlos como “A mal tiempo, buena … música” o en el caso de este domingo dejar el “Contra viento y marea” puesto que recuperamos el gran repertorio sinfónico coral con una obra magna ideal para subir el ánimo, así como por la lucha titánica de los programadores que tuvieron que suplir la cancelación imprevista y sin motivos de la soprano austríaca Genia Kühmeier a última hora por la duranguesa (nacida en Palm Beach) Vanessa Goikoetxea a quien ya tenía ganas de volverla a disfrutar en casa, y más tras su reciente éxito en el Benamor madrileño, y especialmente al barítono de Aranjuez Enrique Sánchez Ramos quien en apenas doce horas tuvo que venirse a Oviedo sin tiempo para nada, ante la gastroenteritis del programado Lauri Vasar, evitando suspender un concierto muy esperado. A ellos debemos agradecerles su generosidad y profesionalidad en esta locura del Covid donde todo puede cambiar en un día.

Como confeso “leónigan” la presencia del LDO hacía ineludible igualmente esta cita, otro reto en su ya dilatada y exitosa carrera coral, también luchando contra los elementos con toda la garra que les caracteriza, y cerrar este ciclo de conciertos con el monumental Réquiem de Brahms era el mejor regalo para un agnóstico confeso, demostrando nuevamente que “La cultura es segura” y que Oviedo es la capital musical por excelencia, a la que he bautizado como “La Viena del Norte” español.

Sobre las motivaciones de Brahms para este réquiem me sirven todas, pues van desde la inspiración por la muerte de su madre, extensiva actualmente a todas las víctimas del Covid, Ich will euch trösten, wie einen seine Mutter tröstet (“Os consolaré, como una madre consuela a su hijo”. Isaías 66, 13), hasta  la del propio compositor mencionándola como obra creada “por y para toda la humanidad“.

Y no se circunscribe a la secuencia litúrgica de la misa de difuntos (donde hay tantos ejemplos que el propio Padre Sopeña tiene un libro imprescindible para los melómanos), sino más bien a una extensa cantata en siete movimientos donde el coro (feliz unión asturvasca con alma Musikene) es el principal protagonista junto a importantes intervenciones solistas del barítono madrileño Enrique Sánchez Ramos y la soprano vasca Vanessa Goikoetxea, melancolía y consolación del hamburgués agnóstico confeso que nos hace reflexionar sobre la muerte desde la meditación filosófica y poética puesta en los pentagramas sin buscar respuestas ni explicaciones, la belleza musical de la muerte como parte de la propia vida.

Y el “máximo hacedor” de esta página universal que siempre conmueve, no muchas veces programada por su complejidad y esfuerzo, el director onubense Lucas Macías, Maestro con mayúsculas que desde su seguridad en el podio la transmite a todos los intérpretes, concertador de primera por su experiencia instrumental, respetuoso de cada dinámica que nunca oculta las voces, interpretación sentida y conmovedora con una memoria prodigiosa que le permitió el control total de principio a fin, delicadeza y precisión en el gesto, elegancia en cada número con la respuesta esperada y perfecta de cada intérprete sobre el escenario.

La unión coral vascoasturiana es merecedora de capítulo aparte: unas 60 voces empastadas como si llevasen toda la vida juntas, afinación precisa, dicción exacta, dinámicas amplias a pesar de unas mascarillas que no les impidieron una proyección potente en los momentos álgidos, sintiendo iguales emociones y latiendo con el mismo corazón, ardor musical compartido con igual espíritu que bebe en las mismas fuentes donostiarras y un Cantábrico que imprime carácter. Me imagino cantar esta joya con lo que supone para todo coralista, el Brahms profundo y exigente al que se le debe entrega absoluta y un trabajo minucioso. Tanto Marco como Gabriel han insuflado a sus formaciones esa búsqueda de la perfección que pudimos apreciar en un réquiem alemán lleno de momentos mágicos para todos, nuevamente destacando Macías como verdadero conductor conocedor de este viaje interior, desde el inicial I.- Selig sind, die da Leid tragen mimando matices y tempi, “bienaventurados los que sufren” pienso que nunca mejor sentido en tiempos de pandemia, orquesta de sonido refinado y cuerda cada vez más unificada y empastada, presente en todo momento. II.- Denn alles Fleisch conjugó todo el sentimiento bíblico de la muerte que da vida, si se me permite la licencia poniendo toda la carne en el asador, pues “toda la carne es como la hierba” y no el polvo en que nos convertiremos sino la tierra fértil que devuelve vida.

Y vitalidad de Enrique Sánchez Ramos en el III.- Herr, lehre doch mich,  “Rebélame Señor que mis días deben tener un final” sin titubeos, atento a Macías que le llevó de la mano, con el coro en su sitio y la orquesta ensamblada cual órgano romántico, la belleza coral del IV.- Wie lieblich sind Deine Wohnungen celestial, “Qué dulces son tus moradas”, entrega desde lo más profundo del ser, voces bienaventuradas y entregadas en cuerpo y alma, dejando flotar en el aire las últimas notas.

Sin apenas pausa llegaría la voz carnosa, amplia, cálida y brava de “La Goikoetxea” pletórica, color ideal para el V.- Ihr habt nun Traurigkeit, consuelo tras la aflicción, regocijo del corazón, “nada podrá privarnos de este gozo” saboreando cada palabra, cada consonante final en la lengua de Goethe, verdadero consuelo de madre cantado y sentido de forma irrepetible, nuevamente magia y emoción en el auditorio con el coro acogedor y la orquesta sobrecogedora, presente además de delicada, acunando y adornando el bellísimo color de la soprano que aún brilló más con este ropaje.

Continuaría la emoción, los contrastes, orquesta y coro entregados pero nunca vencidos, VI.- Denn wir haben hie keine bleibende Statt, no morimos pero fuimos transformados en un abrir y cerrar de ojos por las voces cantábricas, casi íntimas con el barítono madrileño asentado al igual que “los acordes de la última trompeta”, contrastes bien marcados, palabras remarcadas, orquesta subrayando colores de muerte , subyugante y esperanzadora, de metales prístinos y timbales precisos, resurrección incorrupta que cumple con lo escrito: “la muerte quedará cautiva en la victoria”, victoria tras la batalla sinfónico coral avanzando hacia el final siempre apocalíptico, vibrante y emocionante.

VII.- Selig sind die Toten, bienaventurados todos, el espíritu que reposa de sus fatigas porque sus obras van tras él, Brahms en estado de gracia y orquesta más coro abriéndonos las puertas del cielo musical con un Lucas Macías sobresaliente capaz de sacar lo mejor de todos. Sin quitar un ápice de grandiosidad, obra cocinada a fuego lento donde casi dan ganas de morirse en esta inmensidad.

Covadonga inspiración eterna

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Jueves 6 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Conciertu de les lletres asturianes: OSPA, Rubén Díez Fernández (director). Obras de Leoncio Diéguez y Guillermo Martínez. Entrada por invitación.

Concierto de emociones el de “Las Letras Asturianas” que rinden homenaje este año a mi siempre añorado e irrepetible Nel Amaro (24 de diciembre de 1946, Quentuserrón – Mieres /  4 de abril de 2011, Oviedo),  los 30 años de “mi matrimonio” con la OSPA y música de dos asturianos de corazón con Covadonga siempre como inspiración y parte importante de sus propias vidas:

Don Leoncio y Guillermo, profesor y alumno desde sus años en la Escolanía, una verdadera conjunción musical que reunió no solo autoridades civiles y eclesiásticas sino a muchos amigos y compañeros de ambos venidos desde todos los rincones, dos personas muy apreciadas y admiradas por todos, regalándonos tres de sus obras desde el buen oficio orquestal de ambos, bajo la dirección del avilesino Rubén Díez (1977) que disfrutó y contagió el mismo amor por la música a una OSPA de cumpleaños, hoy con Eva Meliskova como concertino.

Las dos obras del maestro Leoncio Diéguez Marcos (1941) enmarcando el estreno de Guillermo Martínez (1983), encargo para los actos conmemorativos de este 30 aniversario de la orquesta asturiana, dos generaciones, dos lenguajes y una misma inspiración, el oficio del maestro, la ilusión desbordante del alumno aventajado.

La Rapsodia asturiana del maestro podríamos llamarla en asturiano, aprovechando la efeméride, de “caxigalina” pero elevada a la alta cocina, motivos melódicos conocidos por todos, folklores propios y cercanos que Don Leoncio trata con cariño y sabiduría, orquestación de amplia plantilla, efectista, agradecida de escuchar y todo un catálogo de herramientas utilizadas por este leonés al que sentimos asturiano.

Y el esperado estreno de Guillermo Martínez, “Bricial“, el tercer lago de Covadonga, Poema Sinfónico que explica perfectamente en las notas al programa Alejandro G. Villalibre, personalmente un derroche de música orquestal bien construida, con momentos verdaderamente cinematográficos para unas imágenes de Los Lagos plenamente exportables a esos documentales de naturaleza imponente como la propia Covadonga y su montaña, remanso espiritual, paz y sobrecogimiento ante la grandiosidad que impera por doquier. Así la sentí desde el primer movimiento (I. Obertura) que mostró todo el color del otoño asturiano; la historia de España y Pelayo traerá aires marciales con la óptica propia de un Guillermo que mantiene la tonalidad y el gusto por la melodía con ritmos imponentes (II. Marcha) y una instrumentación clara y potente, con plantilla similar a la del maestro y curiosamente conservador pese a la juventud del discípulo; incorporar el piano, el arpa o la celesta además de una percusión abundante y variada (incluyendo máquina de viento o pájaros), dota a este poema de una sonoridad sobrecogedora pero donde el  III. Tempo di valse resulta un remanso con los “pizzicati” iniciales de la cuerda y ese aire universal del que han bebido todos los grandes, ecos de los mejores compositores rusos o del Richard Strauss “alpino”, siempre buenos espejos en los que mirarse, y la desbordante inspiración de un Guillermo Martínez que en el IV. Concertante es capaz de conjugar la masa orquestal con un cuarteto de cuerda y piano digno de tener obra propia e independiente, buen gusto y aciertos en la elección de los protagonismos que Rubén Díez entendió a la perfección. Si Bach siempre será el “padre de las músicas”, la fuga es la forma más exigente para todo compositor, asignatura obligada y dura, con sobresaliente en ella, V. Fuga para desarrollar no ya un motivo bien construido con el ritmo siempre presente, sino explorando todas las secciones orquestales donde disfrutar de los primeros atriles con papeles bien defendidos por cada uno, destinatarios de este estreno, y el impresionante VI. Finale cual “títulos de crédito” de este monumental documental sonoro, un poema sinfónico donde la inspiración corre libre sin perder las formas, añadiendo un escalón en la ya exitosa carrera de un compositor al que admiro desde hace años y que nunca defrauda. Cada obra suya es un catálogo de intenciones, una excursión sensorial  y un verdadero torrente musical donde el “eclecticismo académico” es el propio lenguaje de Guillermo Martínez.

Y de nuevo el maestro Leoncio Diéguez Marcos con su poema sinfónico Don Quijote y la batalla de los rebaños, poema sinfónico más avanzado que el alumno, no ya la experiencia que dan los años sino la admiración por un lenguaje musical cada vez más moderno a pesar del tiempo, obra genial del leonés, que fue un encargo de Max Valdés, entonces director de la OSPA en su estreno el 30 de abril de 1998, que ha tenido largo recorrido más allá de Asturias. Don Ángel Medina, catedrático de Musicología, escribió las notas al programa entonces que siguen igual de vigentes en este 2021 sobre el autor y su obra: “ha sabido encontrar en el programa el ensanchamiento y los límites, la ventana abierta al horizonte infinito e impredecible y la disciplinada cerca que acota el terreno roturado. De esta manera, lo que esta composición del maestro Diéguez tiene de autónomo, y específicamente musical (en tanto que coherente movimiento sinfónico) se enriquece -y nos enriquece- con el impulso siempre eficacísimo del inagotable imaginario cervantino“.
Si en Bricial veía música cinematográfica, este Quijote es perfecto para cerrar el concierto donde no faltó lo literario, lo pictórico y hasta la confirmación del buen oficio de componer, las llamadas vanguardias de pasado siglo que ya no lo son, pues vivimos y crecimos con ellas, entendemos su lenguaje y nos educan en estas escuchas que hermanan dos generaciones desde la música sinfónica.

Para cerrar no podía faltar nuestro Asturias, patria querida en la armonización y orquestación que el propio Don Leoncio hizo cuando convertimos la canción más conocida en nuestro Himno Oficial desde 1984, el sinfonismo y magisterio en el que seguir mirándonos.

Dejo finalmente el recorte de prensa con la noticia hoy en LNE, testimonio de esta Selmana de Les Lletres Asturianes con la música de estos hijos adoptivos hermanados por la OSPA y Rubén Díez.

No hay dos sin tres

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Sábado 1 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Joshua Bell (violín), Steven Isserlis (chelo), Alessio Bax (piano). Obras de Mozart, Shostakóvich y Mendelssohn. Entrada butaca: 28 €.

En tiempos de adversidades si es difícil programar conciertos, todavía más mantenerlos o adaptarse sobre la marcha cuando se tienen unos recitales bien armados y del trío se debe marchar nada menos que el pianista, verdadero reclamo de estas jornadas de piano ovetenses donde esta misma semana nos enterábamos de la cancelación por graves motivos familiares de Evgeny Kissin, al que le deseamos lo mejor del mundo esperando su regreso a “La Viena del Norte” español.

Pero los intérpretes no se rinden, los grandes aún menos, y las ganas de público les espolean para continuar con sus compromisos. Bell e Isserlis son maestros en el violín y el chelo, así que no creo les fuese difícil contactar de nuevo con el italiano Alessio Bax (Bari, 1977), personalmente un redescubrimiento en vivo unos años después para este último recital dedicado al piano como le gustaba al siempre recordado Iberni, y preparar otro concierto distinto además de muy completo que nos permitió disfrutar de los primeros por separado, más un trío que no defraudaría los tres previstos a la vista de cómo transcurrió este primero de mayo muy “currado”, con estos verdaderos trabajadores del pentagrama y magos de la música.

Perdimos dos tríos y ganamos dos mundos a dúo, con un impecable Bax al piano que parece llevar toda la vida con Joshua Bell, viendo cómo se enfrentaron a la Sonata para violín y piano nº 32 en si bemol mayor, KV 454  de Mozart, académica y vibrante, perfectamente entendida por ambos intérpretes solistas unidos de nuevo para disfrutar juntos desde el inicial Largo – Allegro, el genio de Salzburgo lleno de guiños y sorpresas, con diálogos juguetones y chispeantes, la reflexión dramática del Andante que hizo cantar el violín cual lied prerromántico por el papel pianístico compartido, y el explosivo Allegretto final del mejor clasicismo mozartiano en una visión camerística de primer orden que siempre nos sabe a poco.

Lo mejor aún estaba por llegar: la Sonata para chelo y piano en re menor, op. 40 de Shostakovich con un Steven Isserlis pletórico y un impactante Bax, el ruso siempre bien entendido por el solista londinense, sonata que conjuga el mundo convulso de antaño con tantos paralelismos de la actualidad, el contrapunto al inicial Mozart luminoso y reflexivo frente a la oscuridad esperanzadora donde no falta el humor como mejor arma contra el dolor. El ímpetu del cello contestado por el piano apabullante, el sonido humano de la cuerda dolorosa revestido de majestuosidad por unas teclas percusivas y perfectas, encaje ideal de intenciones y sentimientos. No se puede entender ni pueden entenderse mejor dos músicos de altura para esta inmensa sonata del ruso.

Y no hay dos sin tres, tras los dúos llegó el esperado trío mágico, no del ruso sino del alemán que “resucitó a Bach” y entendió la música camerística como pocos, bebiendo del clasicismo y dando el paso siguiente para lograr que el entendimiento en formato reducido fuese cual orquesta cercana, así parece concebir Mendelssohn este Trío para violín, violonchelo y piano nº 1 en re menor, op. 49, trabajado en un confinamiento que ayudó a desempolvar partituras por parte de Isserlis y Bell para comprender la música compartida, disfrutar de la escritura clara del alemán junto al espíritu conjunto de las sonoridades a trío.

Cuatro movimientos entendidos tanto en su propia individualidad e identidad como en el conjunto de la sonta a trío: Molto allegro ed agitato, emocional, Andante con moto tranquillo, paladeando la tímbrica, Scherzo: Leggiero e vivace subiendo enteros además de entrega, y Finale: Allegro assai appassionato, cierre perfectamente encajado de esta forma bien construida y ejecutada de manera pletórico. Si el dúo de cuerda fue cómplice en intenciones y fraseos, el piano encajó a la perfección del mismo idioma, limpio y claro, cristalino e impoluto compartiendo protagonismo, trabajo conjunto con el único lenguaje universal que vuelve a confirmarse en la interpretación de estos tres grandes músicos, individualidades enormes que se tornan inmensas cuando se juntan para hacernos disfrutar del género camerístico, verdadera escuela para melómanos y tan necesaria en la eterna formación de todos los genios.

Gracias por el trabajo insensible al desaliento que podría traer la pandemia pero que el hambre de la música en vivo palía con creces, volviendo a colocar Oviedo como capitalidad musical y seguir demostrando que “La Cultura Es Segura”.

Todo con cuerda

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Jueves 29 de abril, 19:00 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo, Primavera BarrocaCNDMCircuitos“: Enrike Solinís (laúdes y guitarras): “Ars Lachrimae“. Obras del Renacimiento y el Barroco. Entrada: 15 €. Fotos ©PabloSiana.

Continúa la cultura segura, las ganas de directo y el florecimiento de la Primavera Barroca de Oviedo en esta su octava edición que mantiene la colaboración con el CNDM y sus “Circuitos”, trayéndonos en solitario al guitarrista vasco Enrike Solinís (Bilbao, 1974) que hizo un recorrido por la cuerda pulsada a través de la historia antigua desde la óptica actual, con cumbres y cordilleras, ascensos y descensos en un denso programa titulado Ars lachrimae, una panorámica de este personal viaje con mucha cuerda pulsada y todo un legado de la música para dichos instrumentos señeros desde una perspectiva y visión con identidad propia y distintas calidades.

Bien el primer bloque con el laúd renacentista y los aires melancólicos de Dowland que nos trajeron el intimismo de salón sin apenas descanso en esa senda hasta los grandes vihuelistas españoles pero desde el mismo laúd, algo que no entiendo pues MudarraMilánNarváez con sus pavanas y diferencias podrían haberse escuchado en nuestro instrumento identitario, “la abuela vihuela” de la que los hispanos fueron su verdadero “tridente”. Explorar estas nuevas vías de ascensiones para este repertorio están bien, pero la cuerda elegida no me convenció del todo, si bien las notas al programa de Pablo J. Vayón son como el libro de ruta para explicar este itinerario opcional del instrumentista bilbaíno: “dicotomía entre dos mundos, el renacentista y el barroco, que son visitados siguiendo las líneas de las formas y los géneros esenciales de la música publicada (o simplemente interpretada) para los instrumentos de cuerda pulsada, muy en especial las danzas (…)  En un primer momento, las cuerdas pulsadas se vieron sustancialmente beneficiadas (…) aunque la realidad interpretativa estaba aún indiscutiblemente unida a la improvisación… los géneros trascienden las fronteras … fantasías (es decir, piezas más o menos libres que podían traducir justo una improvisación), glosas y variaciones sobre conocidas obras del tiempo (en España se llamaron «diferencias») y danzas, muchas danzas“.

Al Solinís en “estado puro” lo encontramos precisamente con ese “rabel pulsado” que nos recordó el medievo y la música del arco atlántico, el ritmo con aires reconocibles de los dos manuscritos del siglo XVI: el Barbarino con Quaranta de Francia y el de Osborn con dos danzas renacentistas, el Enrike rompedor desde hace años apostando por estos enfoques arriesgados y convincentes.

Pero el sosiego llegó en la bajada de estos cerros, montañas que son colinas para afrontar con el laúd barroco el ascenso a la verdadera cumbre que fue Robert de Visée (1655-1733) y una selección de la Suite nº 3 en re menor (I. Prélude II. Allemande III. Courante IV. Sarabande), donde la sonoridad es ideal pero faltó una pisada más segura del terreno. Se incrustó a Buxtehude antes que a Bach explicando las afinaciones de los distintos modelos utilizados y cómo la suite será la forma ideal de contrastar aires y transcripciones de la tecla a la cuerda pulsada. Prácticas habituales que personalmente me gustan porque “mein Gott” siempre es único y soporta todos los instrumentos, aunque no tanto Herr Dietrich. Cierto que el kantor se interesó por el archilaúd y la tiorba omnipresente caída en el olvido pero que parece rejuvenecer con esta generación de intérpretes como el propio Solinís o el asturiano Daniel Zapico. La Suite en do menor, BWV 997 de “nuestro señor” es una cumbre que exige un esfuerzo sobrehumano, más en la cuerda pulsada; matizados los cinco números (I. Preludio II. Fuga III. Sarabande IV. Gigue V. Double) la fuga fue lo más destacable por la claridad en las líneas y la sonoridad lograda en este repaso de la danza como columna central de los compositores elegidos.

Enrike Solinís retomó el pulso, cogió aire y nos despertó con la vihuela “salvaje”, descarada, rítmica y punzante de nuestro Gaspar Sanz, las danzas que siguen siendo seña de identidad del músico vasco y verdadera alegría su interpretación, manteniendo este final en las dos propinas que fueron gratificantes y muy aplaudidas.

Los montañeros utilizan distintas cuerdas según los ascensos, unos pocos privilegiados han coronado los “ocho miles”, todo concuerda en este paralelismo con cuerdas. Un esfuerzo de hora y media sin pausa de Dowland a Sanz sin olvidarse del mítico Bach para otro hito en “La Viena del Norte” español donde el Barroco mueve un público fiel al que la reducción de aforo (de por sí pequeño) en la sala de cámara del auditorio ovetense no le frena para comprobar la acústica ideal de madera y piedra, mucha cuerda que concuerda. La penúltima cita barroca y primaveral será en once días con la mezzo Vivica Genaux y Vespres d’Arnadí (con Dani Espasa), pero aún queda mucha música por el medio arrancando mayo, y aquí lo contaremos si nada lo impide.

Il senso delle parole

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Miércoles 28 de abril, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio de Oviedo: Piotr Beczała (tenor), Sarah Tysman (piano). Obras de Donaudy, Respighi, Wolf-Ferrari, Tosti, Verdi y Puccini. Entrada butaca de patio: 20 €.

Hace cuatro años pudimos disfrutar de Piotr Beczała (Czechowice-Dziedzice, Polonia, 1966) en una gala que titulé “Se detuvo abril“, y de nuevo hizo que se parase el tiempo en un recital con piano para paladear su voz, su buen decir, su presencia, su técnica impecable y con un programa donde más que nunca pudimos entender “Il senso delle parole”, el sentido de la palabra en la lengua de Dante que el tenor polaco pronuncia perfecto y las letras en subtítulos fueron tomando vida una a una. Programar la llamada “canción de concierto” con la calidad de los autores elegidos es un desafío que exige entrega total en cada bloque, pues son verdaderos microrrelatos que deben sentirse y compartirse con el piano, el de su habitual acompañante la francesa Sarah Tysman, más allá de las reducciones orquestales habituales para las arias de ópera.

Comentaba en broma que comenzar con el siciliano Stefano Donaudy (1879-1925) era un increíble calentamiento vocal. Así fue porque el público que no llenó el auditorio, pero se entregó al tenor, no respetó el “ciclo” haciendo perder la unidad dramática y una continuidad que impidió hacer brillar un poco más una voz aún fría pero siempre hermosa, desgranando esos tres frescos con un piano adecuado y escrito para realzar los textos: Vaghissima sembianza, Freschi luoghi, prati aulenti y O del mio amato ben.

Otro tanto sucedió con esas seis joyas del boloñés Ottorino Respighi (1879-1936), el lenguaje musical siempre clásico del segundo italiano de la noche, romanticismo en estado puro, poesía de contrastes, juegos de palabras donde el piano subraya cada palabra y el canto las sublima: Lagrime, Scherzo, Stornellatrice, Nevicata, Pioggia y Nebbie, una clase magistral de Beczała con la técnica perfecta puesta al servicio de los textos de Zangarini, Ada Negri o Vittoria Aganoor Pompilj, con unos registros extremos donde el polaco no pierde nunca ese color único, una gama de matices ideales para esta maravillosa música de salón, las agilidades increíbles enfrentadas a los sentimentales tiempos lentos, y el asombro de una proyección que llenaba toda la sala de ese timbre redondo y elegante como su presencia escénica.

El “descanso” vocal lo puso la pianista que eligió al español Isaac Albéniz (1860- 1909) y su conocida Granada (de la “Suite española, op. 47”), resultando más literaria que nazarí en parte por lo comentado de lo difícil que es para un pianista adaptarse al lied o la ópera que son mundos totalmente distintos al solístico, y la francesa optó por una interpretación desde la distancia emocional.

Aún quedaban otros dos italianos para redondear el placer del dúo cercano, tenor y piano bien hermanados, el tantas veces escuchado en Oviedo Ermanno Wolf-Ferrari (1876-1948) el veneciano del siempre recordado Haider, pero el íntimo que pone música a cuatro textos populares con toda la riqueza melódica del italiano: Quando ti vidi a quel canto apparire, Jo dei saluti ve ne mando mille, E tanto c’è pericol ch’io ti lasci y O sì che non sapevo sospirare, un placer escuchar y leer la letra original y su traducción (también el digitalizado programa de mano) que en la voz de Beczała nos transportaba a la península hermana que tanto arte nos ha dejado. Y mejor remate para este bloque literario que Francesco Paolo Tosti (1846-1916) el músico de Ortona, con tres canciones bien acompañadas al piano y mejor interpretadas por el polaco, L’ultima canzone, la menos escuchada Chi sei tu che mi parli y el Ideale literal, un juego donde el “rubato” toma sentido y los agudos imperceptibles una delicia, demostrando que lo que parece fácil siempre es lo más exigente.

Beczała se vuelca en cada partitura, el semblante agradable, su máscara facial toda una lección de canto y los aficionados operísticos venidos de varios puntos de la geografía, conocidos del Campoamor y rendidos ante el polaco, esperando el “tour de force” final, siempre en el repertorio italiano que domina como pocos hoy en día, perfecta “la orquesta desde el piano” más cómoda que en el lied,  sin necesitar el pedal izquierdo que cambia color y tapa abierta para mostrar que el polaco está en un momento álgido de su carrera.

Dos arias del genio de Busseto Giuseppe Verdi (1813- 1901) para quitar el hipo, Di tu se fedele il flutto m’aspetta (“Un ballo in maschera“) sobrado de recursos y exquisito de principio a fin, más  Quando le sere al placido (“Luisa Miller“) con ese final a solo que llenó todo el auditorio del color puro y la magia de este tenor completo, verdadera figura mundial.

Y de la Italia protagonista en este lluvioso miércoles lírico asturiano, desde Lucca el gran Giacomo Puccini (1858- 1924) y una de sus arias fetiche para todos los tenores, la maravillosa Recondita armonia (“Tosca”) con un piano perfecto y la salida entre “bastidores” de un Cavaradossi impecable que enamoró al auditorio. Creo que no se puede interpretar mejor y así lo reconoció el público entregado a Beczała.

La hora pasó volando y podríamos estar escuchando al polaco todo el tiempo del mundo porque volvió a transmitir, como hace cuatro años, que “se detuvo abril“, regalándonos todavía dos napolitanas, el Core ‘ngrato de Cardillo, con dedicatoria a “su Caterina” en la sala, el otro título en su dialecto “Catarì, Catarí”, y el mismo calor del sur con la famosísima Mattinata de Leoncavallo, un broche de oro con estas canciones escritas para el gran Caruso y recreadas por el enorme Beczała con un recital que dio sentido a la palabra en la voz de este Tenor con mayúsculas que sigue triunfando en Oviedo, parada obligada en las giras de los mejores intérpretes. Esperemos algún día tenerlo sobre las tablas del Campoamor porque el triunfo es tan seguro como la cultura en tiempos de pandemia, y la música más necesaria que nunca.

Buen viaje amigo Fer

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En una fecha tan señalada como este 23 de abril, nos dejabas Fernando Menéndez Viejo (1940-2020), carbayón de pura cepa aunque afincado en Gijón, donde solíamos vernos en torno a unas cervezas, también en muchos conciertos tanto de espectadores, especialmente de nuestro dios Bach, como en tus intervenciones al órgano o dirigiendo desde tu amplio magisterio, pidiéndome siempre mi opinión, que como amigo tenías en alta consideración. Compartimos críticas clericales desde el respeto, la defensa de tantas obras tuyas donde se ninguneaba tu autoría, y tuve el honor de conocer muchas de tus composiciones antes que nadie, todo un orgullo del que ahora presumiré con tu permiso.

La vida se vive pero la muerte también, y fue nuestro común amigo Ramón Sobrino quien transmitió tu despedida, tu alumno de órgano y orgulloso como profesor suyo.

Habrá semblanzas variadas de tu larga trayectoria, para mí siempre compañero docente y modelo donde mirarme en mis primeros años de profesor en BUP, después preparando la LOGSE, apostando con nuestro otro Ramón común, Avello, por las nuevas tecnologías en un todavía todopoderoso MEC cuando nadie manejaba los ordenadores salvo el médico genial que decidió ser “solo músico” (y siempre se lo agradeceremos).

Conservo como un tesoro tu libro de texto en Ediciones Júcar para el primer ciclo de ESO y el posterior “Cuaderno de actividades complementarias” a partir de doce canciones populares asturianas para instrumental Orff, siempre con Torner en la memoria.

Pedagogo además de músico, pasiones corales más allá de tu paso por la querida Escolanía de Covadonga, el Grupo Melisma o el primer Coro de la Ópera del tu Oviedín del alma, amigo de tus amigos, a los que siempre defendías, espléndido nunca grandón, donando el órgano que tantos años te acompañó en el Instituto Calderón a nuestro común y querido Candás y su iglesia de San Félix que al fin pudo abandonar el Hammond© que no pegaba ni con cola aunque lo disfrutásemos igualmente… mejor aquello que nada, pero así fuiste toda tu vida, echau p’alante, charlando en nuestru asturianu de casa, mestáu, siempre con tu coña marinera y el amor por la tierrina expresado en tantas partituras.

No aparecerá en muchas biografías tuyas los desvelos pasados (Jo, les vueltes que hay que dar cuando unu ye un simple compositeru… ) para estrenar tus “12 villancicos asturianos” donde musicaste los textos de tu querido amigo y compañero de fatigas José Antonio Olivar con el que seguro estás ahora. Aunque sin el elenco deseado pese a los contactos y “teclas” que tocaste, finamente y tras muchas puertas cerradas lograste abrirlas aquel 18 de diciembre de 2014 con la Orquesta de Cámara de Siero dirigida por Román Álvarez y la Coral Polifónica Gijonesa “Anselmo Solar” con el escolano Santi Novoa al frente, y nada menos que en el Jovellanos gijonudo, con el cuarteto vocal no soñado pero que trabajaron bien para poder escucharlo “de verdad” y no con esos programas endiablados de ordenador a los que te adaptaste como un rapacín hasta el último momento. Tengo el DVD que me mandaste a buen recaudo y te prometo revivirlo estas próximas Navidades.

Tu último regalo de septiembre pasado quedó en el cajón, en el disco duro de casa: Cantarinos de mi Asturias, conjugando como nadie las melodías populares, trabajando modulaciones, texturas sinfónicas, tesituras cantables y buscando la obra global con cuatro solistas, coro y orquesta sinfónica con los intérpretes “in mente”. Aprovechaste siempre el tiempo a pesar de los achaques y sustos, e incluso el puñetero bicho te sirvió de inspiración para esta magna obra que tendré que seguir escuchando en MIDI o seguirla en unas partituras impresas que comentamos largo y tendido hace un par de meses, compartiendo anotaciones (tengo cierto resquemor de conciencia por haberte hecho trabajar en días de descanso. Mil gracias. Creo que he sacado, al menos, un bene probatur, no?) y de nuevo buscando quién pudiese armarlas con la calidad que atesoran. Cuatro pupurris bien agrupados y seleccionados, titulados “Añadas”, “Cumbres”, “Vaqueirada” y “Fiesta”, tetralogía astur póstuma que prometiste prepararla para mi Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres que te enseñé por las redes sociales donde también y tan bien te manejaste. ¡Eso sí ye una banda! y tendré que dai unes vueltes

Queda entre las cosas pendientes de las que el Covid nos privó, como otra ronda de cervezas en la aldeona mientras Mari Paz y Asun nos dejaban todo el tiempo del mundo para explayanos abondo. Me las debes y yo estas letras sentidas porque no me avisaste de tu partida ni podrá sonar tu música en esta despedida que no lo es sino otra caminata sin prisas hacia ese más allá donde nos encontraremos todos y ya tendremos todo la eternidad por delante.

Que tengas un bien viaje querido amigo.

Qué grande el género chico

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Jueves 22 de abril, 19:00 horas. Teatro Campoamor, XVIII Festival de Teatro Lírico Español: Agua, azucarillos y aguardiente (Chueca) – La Revoltosa’69 (Chapí). Entrada butaca: 46 €.

Segunda función de zarzuela con programa doble en “La Viena del Norte” español y dos joyas del género chico, obras en un acto pero muy grandes, que ocuparon tres horas y media abundantes, incluyendo el descanso, con unos cantantes excelentes actores y actrices, y no a la inversa como antaño, aunque los actores cantantes brillaron igualmente, más texto que música como se entendieron estas zarzuelas en su momento y dos visiones en el tiempo: el Chueca del cambio de siglo donde brilló el vestuario elegante de Gabriela Salaverri con decorados mostrando gigantes postales madrileñas de finales del XIX en blanco y negro, más un Chapí trasladado a una corrala en 1969, cercana adaptación  literaria y ambientación colorista en un lenguaje de mi adolescencia, castizo modernizado y referencias a nuestra memoria cinematográfica, donde la música sigue siendo una delicia a pesar de todas las limitaciones de la pandemia, con el coro reducido y con mascarillas, al igual que el cuerpo de baile, pero todos con las mismas ganas de disfrutar. Oviedo quiere zarzuela y el público es fiel, recuperando parte de un 2020 para olvidar pero tan necesario en tiempos de pandemia, demostrando de nuevo que la cultura es segura además de necesaria, y no solo la hostelería ha sufrido, el sector musical también y sobreponiéndose a un momento histórico que nos ha tocado vivir.

Quiero insistir en las grandes voces para los dos títulos, donde las dificultades técnicas de los números no son nada comparadas con el muchísimo texto a memorizar que no solo debe aprenderse sino creerse, proyectar la voz hablada y recrear unos personajes que nos hicieron pasarlo bien. Función en homenaje a tantas víctimas del puñetero Covid y presentadas en el programa (digitalizado) como “De Atanasia a Mari Pepa, una nueva femineidad liberada y liberadora, Madrid 1897… 1969” por parte de Curro Carreres con un lema final esperanzador y sin dejar dudas: Zarzuela sin complejos y con mucho amor.

Agua, azucarillos y aguardiente titulada como zarzuela “pasillo veraniego” de Federico Chueca y libreto de Miguel Ramos Carrión (estrenada en el Teatro Apolo de Madrid, el 23 de junio de 1897) es una nueva producción del Teatro Campoamor (Fundación Municipal de Cultura), respetuosa con el original donde el elenco tanto musical como vocal brilló a gran altura en todos los terrenos. Miquel Ortega volvía al frente de la Oviedo Filarmonía y volvió a demostrar su maestría en el foso, mimando a las voces, llevando a la orquesta titular del Festival a una calidad acorde con la escena, la Capilla Polifónica pese a la reducción en número brillando con calidad en su coro de mujeres, y sobre todo unos cantantes de primera, muchos de casa, como Jorge Rodríguez Norton (Serafín) que sigue ganando enteros en su timbre, Beatriz Díaz (Pepa) capaz de actuar y cantar igualmente bien, musicalidad innata y ganando en un registro grave que tiene cuerpo, o Mª José Suárez (Doña Simona), una fija e insustituible de nuestra zarzuela que hace suyo cada personaje, actuando de ella misma. Sumar a Roca Suárez (Don Aquilino) que es uno de nuestros actores de primera al fin valorado. Agradable sorpresa escuchar al asturiano Enrique Dueñas (Lorenzo) y a Darío Gallego (Vicente), dos barítonos con suficiente presencia, gusto y poderío vocal además de desparpajo en escena, los novios de Pepa y Manuela (Mayca Teba, otra voz perfecta del género) en esos registros donde la zarzuela ha sido fuente niños de Divertimento que son otra apuesta segura en la escena ovetense, esta vez Gabriel López, Rodrigo Menéndez y Daniel Puente que ya tienen inoculado el bicho zarzuelero, afinados y con unas tablas de verdaderos profesionales, chicos como el género y grandes como la música. Felicitar igualmente la coreografía de Antonio Perea y un cuadro de bailarines jóvenes completando esta obra de arte total, reducida pero inmensa: texto, música, escena, danza… así es nuestra zarzuela.

Por su parte Pedro Víllora y Curro Carreres realizan una adaptación libre del libreto de José López Silva y Carlos Fernández Shaw para La Revoltosa, el sainete lírico en un acto de Ruperto Chapí (estrenado en el Teatro Apolo de Madrid, el 25 de noviembre de 1897, otra nueva producción local que mantiene el ambiente del género chico contrastando con el Chueca “puro”, el paso de los años de esa verbena tan española, la actualización desde el respeto y el buen gusto. Hay que leer con detenimiento las notas de Carreres porque aclaran cualquier intento de menospreciar el esfuerzo por mantener vivo nuestro género lírico, y al igual que en Chueca, seguir con todo el respeto la estructuras y números originales de las obras, que en esta revoltosa sesentera solo se han modificado los textos, escritos por Víllora, con unos personajes originales más cercanos sin olvidarse la sensibilidad actual por las lecturas de género, manteniendo el rigor histórico pero con este argumento nuevo al que la música de Don Ruperto sigue haciendo nuestra y única.

Voces y actores de primera con el dúo Nancy Fabiola Herrera (Mari Pepa) recreando como nadie este personaje ideal para su color que gana enteros con los años, y Gabriel Bermúdez (Felipe) de timbre tanto hablado como cantado potente, presencia impresionante, además de los dobletes a la misma altura escénica de Mª José Suárez (Gorgonia), Mayca Teba (Soledad) y una simpática Begoña Álvarez (Encarna) a quienes dieron la réplica masculina otro trío perfecto: Enrique R. del Portal (Cándido), Darío Gallego (Atenedoro) y el asturiano Sandro Cordero (Tiberio) más la “veterana autoridad de la corrala” Carlos Mesa (Señor Candelas) junto un completo elenco de figurantes.

De nuevo los niños de Divertimento, la Capilla Polifónica dirigida por Pablo Moras y el cuerpo de baile redondearon esta revoltosa cercana donde Oviedo Filarmonía elevó sus intervenciones a gran altura desde el Preludio inicial poderoso, equilibrado y templado por el Maestro Ortega.

El fin de fiesta con los dos elencos en escena lo puso también Chapí y su “Vamos del brazo a la verbena” de El Puñao de Rosas, la fiesta eterna del Madrid universal con la fusión de dos épocas en un Campoamor que sigue siendo capital lírica española y donde las mascarillas nos devuelven al presente sin quitarnos historia ni ganas de verbenas tan nuestras, desde la responsabilidad y la calidad musical de este festival que se mantiene inamovible en la primavera asturiana.
P. D. Como siempre escribo nada más llegar a casa, los enlaces (links) los puse tras publicarla al día siguiente, no pueden faltar porque marcan diferencia sobre el texto, siempre sincero, espontáneo y agradecido a quienes siguen leyendo el blog.

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