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Di Rosa y el dragón

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Sábado 10 de junio, 21 horasCatedral de León 2017: El Misterio de la Redención, integral para órgano de Olivier Messiaen (1908-1992): Messe de la PentecôteGiampaolo Di Rosa (órgano).

Sigue paso a paso bajo la dirección artística de Samuel Rubio, quien presenta cada concierto organizado por el Cabildo S. I. Catedral de León, esta maratón Messiaen desde “el bicho de KLAIS“, fin de semana litúrgico desde la convicción del compositor francés con L’Ascension, Quatre méditations symphoniques y este sábado Messe de la Pentecôte (“Misa de Pentecostés”) a cargo del organista residente de la S. I. Catedral de León, congregando a unos fieles en el amplio sentido de la palabra, que disfrutamos con verdadero recogimiento este “bautismo de fuego”.

La Misa de la Pentecostés terminada en 1950, está formada por cinco momentos litúrgicos, síntesis de la función de los organistas con la improvisación litúrgica, esta vez cincuenta días después de la Pascua, cinco veces diez como los cinco números escritos por Messiaen, siete semanas con la meditación desde los Hechos de los Apóstoles que recordó antes del concierto Samuel Rubio Álvarez, también los pilares del compositor (fe católica, amor a los seres humanos y la admiración por los pájaros), la simbología con el dodecafonismo, los doce sonidos tratados con toda la magnificencia tímbrica que “el bicho KLAIS” de la Pulchra Leonina guarda en sus entrañas, y que este segundo sábado resultó ser un dragón escupiendo fuego, literalmente Pentecostés con la palabra hecha música de órgano. Mi ubicación de nuevo sentado en el coro me permitió sentir cada nota musical con toda la fuerza y delicadeza en los registros sabiamente elegidos por Giampaolo Di Rosa, dominando cada vez más ese animal cual San Jorge y el dragón con el órgano como lanza certera, al igual que los aspectos fundamentales recogidos en el programa de mano (para todo el ciclo).

1. Entrée, la entrada que representa “las lenguas de fuego” del Espíritu Santo a través del uso de ritmos irracionales, la métrica griega y rápidas alternancias tímbricas, lengüetería con ataques cortos en ilustración sonora para la liturgia.

2. Offertoirecomentario musical de “las cosas visibles e invisibles”, Símbolo de Nicea, catarata de matices con registros extremos combinados a la perfección, silencios para el recogimiento, monodias imposibles y cambios sonoros desde las dos fachadas, torrentes de graves casi inaudibles contrapuestos a flautados minúsculos, el pedalero más bajo posible cual campanadas o incluso sirenas de faro para ayudar a navegar con niebla antes de emprender el vuelo ingrávido de disonancias precisas y medidas, subidas celestiales con bajadas infernales rítmicas, conjunción de sonido y silencio en los momentos idóneos, trabajando el trémolo y el pedal de expresión plenamente románticos desde un lenguaje rompedor todavía en nuestros tiempos.

3. Consécration, el “regalo de la sabiduría”, la misma que para la elección de los registros del KLAIS catedralicio Di Rosa conoce, como pocos, el “Aleluya” de Veni Sancte Spiritus sobre el que después vendrían las improvisaciones, preparando oído y espíritu, nuevas meditaciones vibrando de los pies a la cabeza, el canto gregoriano inspirador como realce de la palabra y ahora la música pura del órgano.

4. Communion reúne todos los elementos impresionistas descriptivos de la naturaleza que Messiaen utiliza en su obra, “los pájaros y los manantiales”, cantos intraducibles pero refejados en las notas y gotas de agua salpicando el momento álgido del banquete católico, nuevo despliegue de registros escondidos en “el bicho”, el baño tímbrico refrescante tras el calor del fuego, oboes pastoriles flotando sobre un lecho acuoso recreado en agudos tintineantes con el efecto del vibrato en un acorde final que parece no terminar nunca.

5. Sortiecual gran tocata bachiana desde el lenguaje del siglo XX evocando “El viento del Espíritu Santo”, forma sobrecogedora casi amenazante por volúmenes capaces de emocionar y conmocionar, el Bach francés del nuevo lenguaje organístico, virtuosismo del intérprete para recrear al compositor, marcha de salida capaz de mover el aire de los tubos cual vendaval sonoro, mover y conmover que finaliza en un cluster hipnótico.

Y casi con la misma duración que la propia misa, llegó la “Improvisación” sobre el Veni Creator. Di Rosa comienza un nuevo viaje imbuido por Messiaen aún resonando en piedras y vitrales del que no sabemos dónde terminará, “ires y venires” buceando en los timbres encontrados, reutilizados, vistiendo y desvistiendo la secuencia medieval, estremecimiento de cardenales, el himno del siglo IX que este sábado dedicábamos a Pentecostés una semana después, la llamada del Espíritu Santo, más lenguas de fuego del dragón escupiendo fortísimos aldabonazos en los tubos de ambas fachadas, discurrir de ríos vertiginosos cromáticos en las dos manos, el ancla del pedal sustentando el vendaval sonoro del por mí bautizado “bicho KLAIS“, múltiples lenguas incomprensibles por momentos antes de encontrar un leve remanso de paz, silencios inexistentes y derroche creativo del organista italiano en el idioma del francés.

Una integral a la que todavía le quedan muchos fines de semana hasta diciembre en León, Catedral “Casa de Luz” y órgano únicos que siguen marcando diferencias con Messiaen sonando en ella.

¡Cómo toca Ning!

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Viernes 9 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Virtuoso” Abono 15 OSPA, Ning Feng (violín), Rossen Milanov (director). Obras de Rameau, Vieuxtemps, Paganini y Respighi. Notas al programa de Alejandro G. Villalibre. Fotos web, ©OSPA y ©pablosiana.

Decimoquinto y último programa de abono de la temporada (aún queda el que cerrará mes y curso académico) con un virtuoso que sigue deslumbrando cada vez que viene a nuestra tierra como es el violinista Ning Feng (entrevistado en OSPA TV), afrontando no uno sino dos conciertos, el cuarto de Vieuxtemps que lo debuta con nosotros, y el primero de Paganini, directamente en sus genes como comentaba en el vídeo, y que además los grabarán esta semana para dejar un legado del que el maestro chino se sentirá orgulloso. Dos conciertos para violín escoltados por Rameau y Respighi con una OSPA pletórica en esta recta final de nuevo con su titular del que solo queda añadir sus carencias concertando, la sutileza fuera de su alcance, y querencias por la grandilocuencia sinfónica que el compositor italiano ofrece, en una formación que además contó con el apoyo juvenil de los estudiantes y graduados en el CONSMUPA, sumándose a esta fiesta asturiana en la despedida.

Luces y sombras como suele suceder cuando el búlgaro se pone al frente, pero con una orquesta íntegra, de calidad más que demostrada en todos los repertorios y épocas, comenzando por Rameau y la obertura de Zaïs (1748) donde cuerda y madera se mostraron compactas y seguras, adoleciendo de un balance adecuado y un discurso más contrastante y contrastado, pero aún así de sonoridad idónea, con protagonismo en la caja sorda o tambor de Rafael Casanova. más el “dúo Pearse” en las flautas. Como escribe el doctor González Villalibre obra que “representa el choque de los elementos al emerger del caos… evoluciona a través de bruscos cambios de tonalidad y rítmicas irregulares que proveen la idea de orden desde el desconcierto”, y así lo sentí, faltó más precisión en el difícil encaje sonando con “una modernidad atemporal” y nada barroca en este caso.

El auténtico protagonista de esta despedida, Ning Feng, nos ofrecería en la primera parte el poco escuchado Concierto para violín nº 4 en re menor, op. 31 (1850) de Henri Vieuxtemps (1820-1881), menos “diabólico” que Paganini pero igualmente de virtuoso aunque huyendo del mero artificio con mucho lirismo y una orquestación muy cuidada. Este cuarto concierto, el favorito del compositor, es “un trabajo con vocación grandiosa, estructurado en cuatro movimientos (uno más de los habituales), y es especialmente destacable el trabajo de orquestación para la madera tanto en la introducción como en los pasajes de tutti” como bien explican las notas al programa. Los cambios de velocidad del primer movimiento no siempre encajaron entre solista y orquesta, pero el violín del chino emergió no ya desde una técnica apabullante sino desde iniciado a través de un coral que gradualmente alcanza velocidad y espectacularidad en un tratamiento del instrumento solista casi en recitativo. Buen inicio de las trompas en el Adagio religioso, sereno casi inaprehensible y buen empaste global de orquesta y solista, antes del vibrante Scherzo virtuosístico, un despliegue de sonoridades en todos sin mimar mucho los balances orquestales, como sucedió en el Finale marziale: andante – Allegro, festivo y con un Feng espectacular. Supongo que cara a la grabación se corrijan los ligeros desajustes si bien la ingeniería postproducción puede paliar los distintos planos.

Es necesario tomarse un respiro tras Vieuxtemps para escuchar, y sobre todo interpretar el Concierto para violín nº 1 en re mayor, op. 6 (1817-1818) de Niccolo Paganini (1782-1840), tres movimientos donde la “cadenza” del primero sigue dejándonos absortos a todos. El espíritu operístico que parece transmitir todo él alcanza en el violín arias de bravura, momentos de placidez y sobre todo el despliegue de recursos por parte de Feng lleno de musicalidad en todo momento, un referente en este conocido concierto donde la orquesta arropa al protagonista, navegando en ese ambiente festivo del Allegro maestoso, el intimismo del Adagio aún más virtuoso por la equívoca sencillez desde una hondura interpretativa realmente increíble, y la fuerza del Rondo: Allegro spiritoso, esperando más presencia orquestal desde la delicadeza de los pizzicatti algo opacos y una percusión más discreta. Escrito todo él para lucimiento del intérprete pero no exento de calidad en la instrumentación, Ning Feng no defraudó en ningún momento, logrando una química con la formación asturiana a la que realmente llevó en volandas.

Hacía tiempo que el auditorio y los propios músicos no aplaudían con tanto entusiasmo a un solista, pero el chino se lo ganó, dejándonos dos propinas de altura que volvieron a crear esa complicidad de los grandes momentos, cortándose el silencio con unos Recuerdos de la Alhambra de Tárrega transcrito por el violinista enamorado de la guitarra española R. Ricci, y que en el “Stradivarius MacMillan” del chino sonaron increíbles, no digamos ya el Capricho nº 5 de Paganini, auténtico regalo para el oído y la vista al disfrutar de todo lo que un virtuoso como Ning Feng es capaz de tocar desde el sentimiento que solo la música alcanza y la honrada sencillez de un genio.

Las Fiestas romanas (1928) de Ottorino Respighi (1879-1936) ponían en escena una formación grandiosa con el refuerzo juvenil de una orquestación potente como la del italiano formado con los grandes Rimski o Bruch, en un tríptico que sigue sonando sublime, especialmente este último eligido para cerrar temporada, estas cuatro fiestas:
Juegos Circenses, el coliseo instrumental de gladiadores y fanfarrias contrapuesto a cuerda y maderas en relato doloroso por los primeros mártires cristianos, el avance opresivo y violento hasta la muerte, sonoridades exageradas para lo bueno y lo malo.
El Giubileo describe a los peregrinos en su camino a la Roma papal, sus impresiones descubriendo la ciudad eterna entonando himnos de alabanza de recuerdos gregorianos acompañados por las campanas de las iglesias que les reciben, paso firme de la orquesta con la percusión y el piano subrayando esas imágenes sonoras desde una cuerda aterciopelada “marca de la casa”, un regulador eterno hacia la tercera fiesta desembocando en el gozo sinfónico y la deseada calma.
L’Ottobrata es la festividad de la cosecha en octubre celebrada entre ecos de los cuernos de caza, esplendor en las trompas y timbales, cuerdas engullidas por las poderosas trompetas, sonido de campanas y canciones de amor, cascabeles para una percusiva y rítmica cuerda, antes del crepúsculo embriagador y bello de los violines cinematográficos de Cinecittà, el clarinete evocador, el callejeo por las calles romanas más la “obligada” serenata con mandolina sonando bajo la ventana con el concertino mágico de Vasiliev, buscando mantener el rubato idóneo de una escena realmente de película.
El final de este poema sinfónico, La Befana (La Epifanía) tiene lugar en la Plaza Navona hoy transportada a la del Fresno carbayón, con las trompetas que “vuelven a sonar creando un crisol de canciones y bailes, incluyendo el saltarello, el organillo, la aparición del pregonero o incluso un borracho reflejado en el sonido del trombón tenor”, el ímpetu del tutti más global que específico, derroche luminoso y espectáculo sonoro de tímbricas donde Milanov volvió a optar por el trazo grueso en vez de la serenidad, contagiado de la magnificencia descontrolada en balances y dinámicas algo abruptas.
Con todo, las distintas secciones volvieron a disfrutar de sus intervenciones, desde el piano a cuatro manos (Marcos Suárez y Ana Sánchez, también al órgano), una nutrida percusión, metales donde un cuarteto de trompetas sustituyó las buccine originales (me hubiera gustado la opción de los fliscornos por color), mandolina, y una cuerda nuevamente poderosa (un par de contrabajos hubieran redondeado la pegada en los graves), vibrante, entregada por alcanzar el equilibrio sonoro con el resto.
Fiesta de despedida donde el comentario en asturiano ¡Cómo toca, nin! lo traduzco al nombre del virtuoso, verdadero protagonista y mejor título que “A los leones”…
Como dicen las notas al programa, «para la edición de Ricordi el autor acompañó su partitura de indicaciones programáticas que ayudan a su comprensión y que incluyen una reveladora frase en el final de la obra: “Lassàtece passà, semo Romani!” – “¡Dejadnos pasar, somos romanos!”».

Reproduzco finamente las palabras de despedida de la temporada en el Facebook© de la orquesta:

¡Estamos muy agradecidos a nuestra audiencia leal
por apoyarnos e inspirarnos para hacer la mejor música posible!
¡Somos su orquesta y estamos muy honrados y orgullosos
de tener el privilegio de compartir con ustedes el entusiasmo
que sentimos siempre que estamos sobre el escenario!
¡Espero con impaciencia verles de nuevo en la próxima temporada!

Rossen Milanov, en nombre de los músicos y personal administrativo de la OSPA.

DiDonato trajo la paz

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Martes, 6 de junio, 20:00 horas: Oviedo, clausura de los Conciertos del Auditorio: “En guerra y paz: armonía a través de la música”.
Joyce DiDonato (mezzosoprano), Il pomo d’Oro, Maxim Emelyanichev (clave y dirección musical). Coreógrafo y bailarín: Manuel Palazzo; director de escena: Ralf Pleger; iluminador: Henning Plum; diseñador de vídeo: Yousef Iskandar; vestuario: Vivienne Westwood y Lasha Rostobaia; maquillaje M.A.C. Fotos de webs, Sven Lorenz y Javier del Real.

Un mensaje de “La DiDonato” entregado en sobre cerrado nos pregunta como en la web ¿En medio del caos, cómo encuentras paz?… Múltiples respuestas en estos tiempos de atentados, hambre, migraciones, guerras y muchas crisis incluyendo la cultural, pero la respuesta la dio la propia diva internacional en sus palabras de despedida: el Oviedo que conoció en los exterminados Premios Líricos del Campoamor, su anterior concierto y este martes de campo festivo en Vetusta, con música y bailes tradicionales en el Campo San Francisco, los árboles, la hierba, las familias comiendo bollos preñaos que compartió, la inocencia y alegría de los niños, la inocencia y sobre todo el amor por la música que convierte a la capital asturiana en “La Viena del Norte” de España, una ciudad que las figuras, los grandes nombres que la han visitado, saben colocar en el mapa (cultural) sin dudar la ubicación, con ganas siempre de volver.

Joyce DiDonato nos trajo un verdadero espectáculo más allá de la propia música, perfectamente elegida y organizada, con textos traducidos y proyectados que la mezzo norteamericana representó, microrrelatos llenos de belleza, hondura guerrera y luz pacífica, interpretando en cuerpo y alma, con una puesta en escena completísima donde Il Pomo d’Oro con Emelyanichev al mando de esta nave, al clave, dirigiendo, marcándose un solo de “cornetto” en De Cavalieri, auténtico espectáculo cuidado al mínimo detalle, sobrio y elegante, nada accesorio, todo en su sitio, con la voz carnosa de una Joyce que gana con los años como los buenos vinos, aunque las agilidades no brillen como antaño, musicalidad a borbotones, buen gusto, elegancia, saber estar, llenar la escena en todo momento… Si además la orquesta es de lo mejor que podemos encontrar hoy en día en estos repertorios, un ruso todoterreno y virtuoso al mando de un continuo impecable, unos graves poderosos y unos instrumentistas de viento capaces de pasarse a las flautas como si fuesen sus primeros instrumentos, incluso el piccolo de Anna Fusek virtuoso aún más que con su violín segundo y escenificando convincentemente al pastor, no es de extrañar que el resultado fuese de verdadero “rejoice”.

Colas para entrar, detalles en el vestíbulo con grandes pantallas de plasma proyectando la imagen de esta diva cercana, carteles con el diseño corporativo de esta gira, todo estudiado para una velada a la altura de sus protagonistas en un cierre de temporada que ha vuelto a dejar el listón muy alto. Dejo el programa que también disfrutaron en Madrid y Barcelona para seguir situando a Oviedo como capital musical de primera y mis impresiones nada más llegar a casa.

Primer parte – Guerra
G. F. HÄNDEL: Scenes of horror, scenes of woe (Storgè), de “Jeptha”, HWV 70 (1752).

L. LEO: Prendi quel ferro, o barbaro! (Andromaca) de “Andromaca” (1742).
E. DE’ CAVALIERI: Sinfonia: “Rappresentatione di anima e di corpo” (1600).
H. PURCELL: Ciaconna in sol minor for 3 violins and basso, Z730 (instrumental); Dido’s Lament (Dido) de “Dido and Aeneas”, Z626 (1689).
HÄNDEL: Pensieri, voi mi tormentate (Agrippina) de “Agrippina”, HWV 6 (1709).
C. GESUALDO: Tristis est anima mea. Tenebrae Responsoria Nº 2 (1611) (instrumental).
HÄNDEL: Lascia ch’io pianga (Almirena) de “Rinaldo”, HWV 7 (1711).

La sorpresa nada más entrar en la sala casi en penumbra, con la luz muy atenuada y la mezzo al fondo sentada y el bailarín tumbado en escena, solos, innanes, cual decorado mudo mientras el público iba llenando el auditorio antes de la primera escena de horror. El Händel “marca de la casa” con una orquesta ideal, a continuación el poco escuchado Leonardo Leo aumentando la tensión, tragedias épicas, dolor subrayado por la sinfonía de Cavalieri antes de volver a los grandes ingleses, el “Dido DiDonato” único, Purcell en estado puro al igual que la Agrippina haendeliana con un responsorio de tinieblas del Príncipe de Venosa en el medio preparando el más sentido Lascia ch’io pianga que he escuchado en directo, cortando el aire, silencios dramáticos, expresión vocal y corporal irrepetible, permitiendo llorar de emoción, la guerra hacedora de belleza profunda, con un conjunto instrumental verdadero oro de muchos quilates.

Segunda parte – Paz

PURCELL: They tell us that you mighty powers (Orazia) de “The Indian Queen”, Z630 (1695).
HÄNDEL: Crystal streams in murmurs flowing (Susanna) de “Susanna”, HWV 66 (1749).
ARVO PÄRT: Da pacem, Domine (2004) (Instrumental).
HÄNDEL: Augelletti, che cantate (Almirena) de “Rinaldo”, HWV 7 (1711); Da tempeste il legno infranto (Cleopatra) de “Giulio Cesare”, HWV 7 (1724).

Media hora de descanso antes de regocijarnos con la paz, cara y cruz, sufrimiento desde el dolor infinito al que sigue el placer interior, compartido nuevamente con los ingleses Purcell y Händel que DiDonato canta como nadie junto a la pincelada gélidamente cálida de Pärt, mimetizado en un barroco cada vez más actual, con Il Pomo d’Oro impresionante en presencia, calidad y musicalidad, con el fuego de artificio final de una Cleopatra madura bien arropada por los italianos capitaneados por el ruso.

De propina el aria Par che di guibilo de “Attilio Regolo” (Niccolò Jommelli), rematando una velada increíble, antes de sus palabras en español e inglés, cercanía, gratitud y simpatía para terminar con un Morgen! (Richard Strauss) atemporalmente barroco en recuerdo de su mañana festiva y carbayona, perfecto cierre luminoso cargado de optimismo en estos tiempos que no ayudan pero donde la música sigue siendo el remanso buscado.

Cardiopatías musicales

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Viernes 2 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, “Rusia Esencial IV”, abono 14 OSPA, Nicolai Lugansky (piano), Rossen Milanov (director). Obras de Jesús Torres, Beethoven y Shostakovich.

Han tenido que pasar las horas y alcanzar cierto reposo para escribir estas líneas, tal fue la desazón al finalizar el decimocuarto concierto de abono de nuestra OSPA tras su paso por Gijón el jueves. Esperanzado por un programa que conocía, con unas excelentes notas de Israel López Estelche (enlazadas al inicio en cada compositor) y la presencia de uno de los grandes pianistas del momento (entrevistado en OSPATV) acudí con toda mi buena voluntad a disfrutar, pero la alegría se tornó indignación y malestar total a medida que avanzaba la velada, cual cardiopatía que se vuelve congénita y unas arritmias realmente preocupantes. De haber llegado a casa y ponerme delante del ordenador la sensación aún hubiese sido peor, por lo que la opción de posar y reposar, sin repasar (porque sigo volcando mis opiniones de un tirón) creo que dará por lo menos algo más de contención a mis palabras.

Esta temporada hemos tenido a Jesús Torres (1965) como compositor invitado residente en la OSPA, lo que nos ha permitido conocer parte de su producción de primera mano, desde la música para el Fausto en Gijón el mes de diciembre o el Concierto para violín en enero hasta estas Tres pinturas velazqueñas (2015) de este viernes, obra ganadora del 8º concurso AEOSFundación BBVA que supone programarla en todas las orquestas que conforman dicha asociación a lo largo de estos meses, estrenada el pasado octubre dentro del Ciclo Ibermúsica en el Auditorio Nacional por la Orquesta de Cadaqués con Vasily Petrenko, pudiendo escucharse por la Orquesta de RTVE con José Luis Temes en la web del ente público (a partir del minuto 51), lo que me dio una idea de esta obra llena de color orquestal escrita con la maestría del zaragozano para poder recrearse con la plantilla ideal (2-2-2-2 / 2-2 / percusión / timbales /arpa /12-10-8-6-4) de la OSPA y su titular de nuevo al frente.

Como una banda sonora llena de “elegancia y contención” de un cuarto de hora para tres cuadros maestros del sevillano, Torres traza ambientes difuminados por la cuerda para la “londinense” La Venus del espejo con pinceladas de oboe, gotas luminosas del xilófono, reflejos con sordinas de trompetas y verdadera autocontemplación de la belleza donde no falta pasión y autocrítica desde las dinámicas. El resultado con Milanov a la batuta fue un esbozo, faltó equilibrio y balance, poniendo el foco de atención más en el marco y oropeles del espejo que en la visión de conjunto, ni siquiera el angelote puso la nota pueril. Cristo Crucificado son claroscuros barrocos arrancados en pianísimo por contrabajos y chelos, la dolorosa calma rota por cielos grises que se abren mediante texturas metálicas y protagonismo subyugante de la percusión, pero de nuevo surgió el trazo grueso en vez de la limpieza colorida, como fijarse en una espina de la corona o el clavo del pie en vez de alejarnos para gozar de la luminosidad central contrastando brutalmente blanco y sangre fluida en la cuerda con el arpa, sutil como pocas en nuestro panorama sinfónico. Tras el dolor llegaría esperado El triunfo de Baco, popularmente conocido como “Los borrachos“, la orgía a través del ritmo que va modificando y trastocando un ostinato que me recordó Asturias de Albéniz, con orquestación explosiva buscando registros extremos, bien escuchados e interpretados por los músicos, aunque el carácter irreverente del cuadro entendido por Torres pareció más una melopea sin pulsión, una visión miope y desenfocada e incluso un desconocimiento de la propia inspiración de esta música por parte del responsable de transmitir todo el contenido. Si el búlgaro parecía dominar la música de nuestro tiempo, su versión quedó en vulgar.

Los despropósitos en la concertación por parte de Milanov vienen de atrás, pero el Concierto para piano nº 5 en mi bemol mayor, op. 73 “Emperador” (Beethoven) con un solista como el ruso Nicolai Lugansky (Moscú, 1972) no podía salir mal y se cumplió una de las Leyes de Murphy. Estoy convencido que esta joya suena sola solamente con escucharse unos a otros, latir todos al mismo compás de una música que fluye de forma natural, pero ya el segundo acorde orquestal presagiaba el desastre. Sin entrar en la gestualidad incomprensible pese al tiempo que vengo observando al cocinero búlgaro que nunca coincide con lo escuchado, dar la entrada al solista resultó más en la idea del Baco anterior que en intentar mantener una pulsación uniforme entre piano y orquesta. El Allegro sonó a trompicones, como un piloto novato que no sabe reducir en una cuesta pronunciada, pues el motor está en perfecto estado demostrado y a punto a estas alturas de la temporada. Tampoco comprendo unos fraseos cortados cuando esperamos unas ligaduras que arropen la presencia del piano, ni una mala costumbre de correr en los crescendi y ralentizar en los pianos, confundiendo el “rubato” con la arritmia, por lo que intentar concertar solista y orquesta volvió a ser tarea de locos. El pianista intentó reconducir una obra de referencia que nos sabemos todos de memoria pero sin la obligada comunicación con un podio desconectado de la partitura. El bellísimo Adagio un poco mosso se fue cayendo hasta la parada cardíaca, marcas de compás que se pierden ¿no se suele subdividir? o peor todavía, dejar la cuerda tan opaca en presencia que la madera detallista sonó como un verdadero borrón en una conjunción tímbrica extraña con un piano siempre presente de nuevo en lucha más que concierto, antes de atacar sin la necesaria decisión el Rondó: Allegro ma non troppo, no demasiado como se indica pero con la cardiopatía detectada que gracias al ropaje de los sinfónicos pudo salvarse de una muerte anunciada. Mi indignación interior por tal estropicio a una obra de arte me volvió al “Ecce Homo” de Borja, el emperador reducido a “príncipe” destronado o la coronación de Napoleón sin saber qué le depararía su codicia. Mi sofoco tras la burla impidió disfrutar de una propina de Lugansky que seguramente recordará este concierto como “Los gozos y las sombras”, más éstas que aquéllos. Tendría para un todo artículo sobre conjunciones y preposiciones: piano y orquesta, piano con orquesta, piano entre orquesta e incluso piano contra orquesta.

La Sinfonía nº 1 en fa sostenido menor, op. 10 (Shostakovich) ocuparía la segunda parte, siempre manteniendo esta estructura decimonónica bipartita de obertura (últimamente con obras actuales) y concierto para solista, más una sinfonía, como plato fuerte de cierre, pero a la vista de los resultados el resultado fue el inverso, de más a menos. En una excelente entrevista para Codalario, Victor Pablo Pérez clasificaba las batutas en conductores, directores y maestros, que tras su lectura dejo que cada uno ponga el sustantivo al apellido búlgaro que llevamos un lustro al frente de la orquesta de todos los asturianos. El director burgalés también recuerda a García Asensio y su definición de dirigir que muchos no compartimos: «“Dirigir es un continuo marcar anacrusas”… Para mí eso no es correcto. Eso es marcar el compás ayudando en las diferentes entradas al músico que cuenta compases». La primera de Shostakovich tiene mucha miga para ser un trabajo final de Conservatorio compuesto entre 1924 y 1925: colorida y original en el manejo de los timbres orquestales, un prodigio de hermosura con enorme dinamismo, espectacular unión de ironía, ritmo, sarcasmo y belleza para una obra de un muy joven compositor pero con una madurez extraordinaria, capaz de escribir una obra difícil en sus ritmos y su significado, plagada de sorpresas instrumentales y sonoras desbordando vitalidad, magia, encanto y dinamismo. La versión de Milanov careció de todo ello, no hubo comunicación ni interpretación pese a las buenas intenciones de una orquesta empastada y lucida en los solistas pero sin fluidez ni química con el podio, incomunicación total. Se me hace difícil escuchar y ver al búlgaro qué está marcando, divergencia total que me obliga a cerrar los ojos para no confundirme (no quiero pensar cómo lo llevarán los protagonistas) pero el sarcasmo de la partitura se queda en mi visión. Sí hubo dinamismo porque los matices están escritos aunque corresponde al director (desde las “categorías” apuntadas por Víctor Pablo) diferenciar lo principal y lo accesorio, el protagonismo puntual del sustrato, donde todo suena pero en el plano justo, el balance cual mesa de mezclas donde el ingeniero está al mando. Tomando párrafos de las notas al programa del compositor cántabro abordo mis impresiones ya reposadas, enlazando vídeos en los cuatro movimientos:
El primer movimiento comienza cristalino, como si de música camerística se tratara, un diálogo entre la trompeta y el fagot, apoyado por el resto de vientos y pizzicati de la cuerda, donde los temas se presentan, para desarrollar posteriormente“. Pese al equilibrio de efectivos para la ocasión, el cristal quedó opaco y lo camerístico tan solo por un volumen demasiado contenido.
En el Scherzo, uno de los movimientos más originales, se hacen oír todas las influencias populares de su experiencia como pianista para cine mudo. La agilidad en los cambios de textura y sonoridad y, especialmente en el Trio, en el que la caja y el triángulo permanecen de manera persistente, creando un sensación de misterio casi se transforman en reflejos cinematográficos” sí hubo presencia de la percusión y la atmósfera de misterio, pero faltó esa agilidad y frescura.
El Lento es mucho más lírico e íntimo y es aquí, donde Shostakovich expone su influencia romántica y talento melódico de manera más directa“, aunque querer subrayar la melodía con una amplitud gestual en pasajes delicados sigue resultándome extraña. Desaprovechar los recursos no tiene perdón, y dejar morirse un movimiento tan emotivo puede resultar el acompañamiento musical de un patio de butacas cada vez más despoblado. Dejo para los responsables el análisis y posibles causas de un éxodo previsible con el paso del tiempo.
Y atacando el Finale, el compositor ruso nos muestra una de sus características más peculiares a nivel formal: el lanzamiento de los materiales a trabajar de manera abrupta, que va desarrollando refinadamente con grandes contrastes texturales, armónicos y orquestales, que se dirigen progresivamente hacia un clímax que resuelve todas las tensiones de la obra“, lo abrupto del príncipe mal engrasado, los contrastes desesquilibrados y un clímax más de decibelios que de musicalidad. La grandeza y tristeza de la música cuando pasa de la partitura al momento único e inaprensible de su ejecución.

El próximo viernes se pone punto y final a esta nueva temporada de abono con “Virtuoso”, reencuentro de Ning-Feng al violín y su titular que sigue un año más sin convencerme. Al menos me queda una esperada Resurrección para despedir curso y mes con la unión OSPA y OFil al mando de Pablo González, el Coro de la FPA, María Espada e Iris Vermillon para la que ya tengo mi entrada (5€), porque sé que este Mahler no nos fallará. La Octava asturiana tendrá que esperar un poco…

Savall, marinero musical

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Miércoles 31 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: IV Primavera Barroca, “DIÁLOGOS E IMPROVISACIONES, diálogos musicales entre Oriente y Occidente, y entre el Viejo y el Nuevo Mundo”. Jordi Savall (lira de gamba, viola de gamba baja y dirección), Ferran Savall (voz y tiorba), David Mayoral (percusión).

Llegamos al final de esta cuarta edición de la Primavera Barroca de Oviedo con el patrocinio del CNDM presentando ayer martes en Madrid ya la quinta, un ciclo consolidado que en la despedida ha vuelto a colgar el “no hay entradas”, y es que Jordi Savall sigue teniendo tirón entre los muchos aficionados a las músicas que el catalán universal ha ayudado a difundir.

La conferencia o introducción previa en la sala 4 del mismo auditorio resultó lo mejor en el regreso del músico a nuestra tierra, sabiduría y filosofía de la vida con la música como verdadero motor, con alumnado joven que sigue interesado en la llamada música antigua y barroca con Savall de Maestro, con mayúscula. Más de una hora compartiendo vivencias, experiencias, casi 70 años de práctica musical vivida en primera persona de plural, compartida y respondiendo a interrogantes tan habituales como la forma de enfrentarse al “tigre” del público y disfrutar de las frambuesas, hacer lo que a uno le gusta y sentirlo porque es la única forma de emocionar y transmitir. Interesantes sus comentarios históricos, la importancia de la música para vivir y para sobrevivir, la transmisión oral de la madre al hijo desde el primer lenguaje humano y el poso último del cerebro, la necesidad de la música en nuestras vidas. La “otra” historia de España desde el horror a nombrar la Reconquista como tal, el mestizaje ancestral de romanos, íberos o fenicios, antes y después de descubrir “Las Indias” que resultaron ser otro mundo nuevo, los esclavos negros requeridos por fortaleza ya incluso antes de 1492, la pernocta en las tres carabelas de unos judíos que les expulsarían de la Península en tres días, la imposición y la convivencia, la ausencia del laúd en nuestra dolorida España por su procedencia árabe como el furor por “sepultarla” en la Mezquita de Córdoba o la Alhambra granadina, su propio viaje vital y musical, el de Savall, recordando y recorriendo Irlanda y Estambul, Armenia o Marruecos y hasta el Nuevo Mundo sin olvidar el cariño francés y su cercanía, el Nápoles catalán o la improvisación como algo natural, una vida por y para la música que ha marcado muchas otras biografías, incluyendo la mía. Si para morir también está la música, su grabación del Requiem de Mozart sigue siendo la más luminosa y liberadora, como la de los esclavos, los judíos expulsados de nuestra piel de toro reflexionando sobre el dolor como verdadero motor vital con la música de último testigo, la tradición oral y popular frente a la escrita y palaciega o incluso eclesiástica.

El concierto sería el reflejo de este periplo, un cuento para todas las edades, verdadero viaje desde el Oriente sefardí en travesía mediterránea (Sarajevo, Israel, Afganistán) escrita y descrita por Cervantes o Lope, incluso Bartolomé de las Casas, una primera escala en nuestra querida patria con Diego Ortiz (1510-1570), sin olvidar las tradiciones de su Cataluña natal, el inevitable paso y tributo francés con Marin Marais (1656-1728), el siempre peligroso crucero al Nuevo Mundo improvisando con canarios y folías (locuras) de jarabes jarochos antes del retorno al Mare Nostrum para variar una melodía común que todos consideran propia aunque la escuchemos en Grecia, Rodas, Marruecos o Turquía. La web del CNDM presentaba mejor que un servidor el programa:
Bajo el título Diálogos e improvisaciones, Jordi Savall, su hijo Ferran Savall y David Mayoral viajarán por una geografía sonora cartografiada entre Oriente y Occidente. Músicas de múltiples orígenes que recuerdan la diáspora sefardí, la propia cuna israelí, que rememoran el aniversario cervantino, reviven el acervo catalán, nos trasportan al lejano Afganistán, nos embarcan en la travesía por el Atlántico, hasta que nos devuelven luego a Europa, volviendo a sonar Ortiz y Marais, y nos bañan finalmente en las orillas mediterráneas, con sus tan diversas culturas“.

Pasando de la lira de gamba (ese viola de brazo que tiene parentesco con nuestra bandurria asturiana o rabel) a la hondura de la viola de pierna en la que Savall ha sido referente, el trayecto resultó comercial, diría que cercano, pasando de las velas en las carabelas a unos ferries de lujo, esos transatlánticos que hacen escala para regocijo del comercio del puerto de amarre momentáneo, y Oviedo fue uno de ellos. Ya no hay la frescura de antaño, su hijo Ferran ha heredado una musicalidad heterogénea y una voz natural como la de su madre, la recordada Montserrat Figueras, que venderá por apellido y compañía pero no está entre mis preferidas. Acompañándose de una tiorba cual guitarra acústica “vintage” de siglos y con una leve amplificación fue desgranando unos textos de los que carecíamos en el programa de mano con el apoyo grave de “papá Jordi” y sobre todo el verdadero protagonista del concierto, un David Mayoral en la percusión capaz de magnificar el más mínimo detalle con un gusto y profesionalidad que le hacen estar en las mejores formaciones de música medieval, renacentista o medieval además de ser la mitad de Eloqventia, y el mejor compañero de viaje posible, algo que los Savall saben muy bien. Todo un despliegue de membranas, pinceladas de campanas, claves y sonajas, percusiones mediterráneas que marcaron la calidad de un recital donde la improvisación en el amplio sentido de la palabra, tiñó incluso la propina final… Dos mundos y dos generaciones con Mayoral de mediador quitando importancia a un debate más subjetivo que artístico pero que dio el equilibrio necesario para evitar un fiasco equiparable en esto que se suele denominar “bolos”.

Puedo entender el amor de padre, el paternofilial admirable y la promoción de unos diálogos siempre difíciles entre ambos, generaciones distintas incluso desde una posición omnívora como mi caso y el del propio hijo por todas las músicas, siempre que estén bien hechas. La idea es buena, el guión mejor y la economía de medios muy rentable, pero sin Mayoral esta música histórica no hubiese funcionado. Parte del público enfervorecido con Savall lo es en cualquier repertorio (aunque su última visita en solitario ya apuntaba cierta decadencia interpretativa) y todos atesoramos grabaciones que serán irrepetibles, casi “incunables”. El marketing y la propia figura, casi mítica, del músico catalán atrae público joven, siempre de agradecer, pero los que ya peinamos canas esperamos, como en otros casos, una retirada a tiempo aunque se necesite seguir trabajando para vivir.

Las sagas en la música no siempre funcionan, ni siquiera los Bach. Las apuestas por renovar o remozar repertorios deben sopesar calidad y comercialidad, así no importaría otro entorno o ciclo, pero cerrar así esta luminosa primavera barroca ovetense pareció más “un ocaso otoñal”. Jordi Savall tiene todavía mucho que enseñar a los que vienen detrás, una nueva generación de JASP (jóvenes aunque sobradamente preparados) y el escenario es tan magnético pero más exigente que muy pocos saben bajar cuando se está en lo más alto, cuesta tomar la decisión y acertar. Si el barco empieza a “hacer agua” no es ningún deshonor atracarlo en buen puerto y dejar de navegar, siempre mejor que provocar una catástrofe. Los viejos lobos de mar engrandecen la historia, pero morir en un naufragio no les hace inmortales.

Dos mundos y un solo lenguaje

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Lunes 29 de mayo, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio. Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG), Cuarteto Brodsky, Roberto Beltrán-Zavala (director). Obras de: J. González Compeán, B. Martinů y D. Shostakóvich.

En la recta final del ciclo y a la espera de Joyce DiDonato para clausurar el próximo día 6 de junio (Martes de campo en Oviedo) una temporada de altos vuelos que siguen convirtiendo a la capital asturiana en “la Viena del Norte” de España, cruzaba el charco para su gira europea la OSUG con Beltrán-Zavala al frente conmemorando los 65 años de la orquesta mexicana para dejarnos el último concierto sinfónico y un programa, comentado por el doctor Julio Ogás (enlazado al inicio en los compositores) donde no faltó un estreno, un concierto difícil de escuchar por la exigencia de encontrar un cuarteto que funcione como un solo instrumento, y una sinfonía que no debe faltar porque además “no hay quinta mala”.

La orquesta mexicana trajo una plantilla muy equilibrada salvo una sección de violas algo “corta” a la vista de los efectivos (1210787), con primeros atriles de calidad aunque la cuerda destaca por encima de madera, metales (las trompas, o cornos como dicen allá, siguen siendo traicioneras cuando fallan) y percusión, destacando el trabajo del maestro Beltrán-Zavala en la búsqueda de color y una amplia gama de matices en todas las obras.

Como debe ser normal, apuestan por obras actuales y además de un compatriota compositor guanajuatense, estrenando en Europa Las mujeres de Pénjamo. La marcha de las rehenes de Francisco Javier González Compeán (1978), obra comentada por Julio Ogás que recoge las palabras del propio compositor, hoy presente en el auditorio ovetense: «Basándose libremente en la
investigación inédita Las mujeres en la Independencia de México de la maestra Rocío Corona Azanza, Las mujeres de Pénjamo. La marcha de las rehenes es un homenaje a las víctimas de guerra de la ciudad de Pénjamo (Guanajuato-México) que fueron
aprehendidas por órdenes del General Iturbide bajo el único argumento de ser “parientes de insurgentes”
». Un poema sinfónico expresivo y descriptivo como tal, casi banda sonora de la historia de esa tan cantada ciudad del profesor y músico amén del estado de la propia orquesta, donde desde un atonalismo no muy brusco, con alguna melodía más tonal, prima el empuje rítmico a base de ostinati frente a otros momentos de una inquietante quietud, trabajando la tímbrica y las texturas en una obra que mostró las credenciales de esta formación fundada en 1952 perteneciente a la Universidad del Estado de Guanajuato, donde la ciudad de León es la más poblada y con quien Asturias sigue manteniendo excelentes relaciones abriendo el Instituto Oviedo. Buena química entre el maestro nacido en Ciudad de México (antes México DF) con su formación, de la que es titular hace dos años, gesto claro y preciso con buenos balances entre secciones y buscando el colorido en todo momento de una obra que aún tiene mucho recorrido.

El Cuarteto Brodsky formado por Daniel Rowland (violín), Ian Belton (violín), Paul Cassidy (viola) y Jacqueline Thomas (violonchelo) merecería escucharle en solitario, más con unos instrumentos que suenan como pocos, algo solo posible en una propina que comentaré más adelante, pero poder tenerlo de “solista” en el Concierto para cuarteto de cuerdas y orquesta, H 207 (1931) del checo Bohuslav Martinů (1890-1959) es todo un lujo. Etiquetado como de estilo “neoclásico” el influjo parisino todavía está presente así como la influencia de Stravinski, así como referencias al concerto grosso de las que también se hace eco el doctor Ogás pero desde una visión contrastante de texturas, con un cuarteto funcionando como un solo instrumento multitímbrico que enriquece la de la propia orquesta. Tres movimientos “clásicos” en alternancia de aires, dinámicas y tonalidad-modalidad como buscando reconfigurar un barroco que nunca deja de inspirar a tantas generaciones, especialmente en el Adagio central verdaderamente primoroso del cuarteto inglés pero con los movimientos extremos (Allegro Vivo y Tempo moderato) plenamente integrados con una formación empastada donde tanto la cuerda que parecía crecer desde “el solista” como la madera alcanzaron momentos realmente inspirados, tersura y presencia, diálogos bien concertados dejando al cuarteto mandar para un perfecto encaje en este original concierto del compositor checo.

Como preparando la segunda parte, escuchar el arreglo de la famosa Polka de “La edad de oro” (Shostakovich) por los ingleses resultó un verdadero lujo, tensión desde una sonoridad amplia, jugosa con el necesario humor británico de los intérpretes para traducir el especial del ruso, siempre contagiosos demostrando porqué tienen su hueco en la música desde hace más de 40 años, el cuarteto como feliz encuentro de sonoridades y microcosmos en un lenguaje universal capaz de alcanzar la unidad deseada, ahora en estado puro tras el concierto del checo.

Siempre digo que no hay quinta mala (ni la de Goya) y la Sinfonía nº 5 en re menor, op. 47 (1937) del ruso Dmitri Shostakovich (1906-1975) es otro ejemplo, independientemente de toda la biografía e historia del compositor y esta joya orquestal de sinfonía que pone a prueba cualquier formación, el mexicano Beltrán-Zavala apostó por el color y unos tiempos casi “al límite” de las indicaciones, conocedor de su orquesta donde volvió a destacar una cuerda de amplios recursos tímbricos y dinámicos, desde el excelente concertino Dmitri Kisselev hasta la sección completa (con piano-celesta y arpa), tersa e hiriente, rica en matices siempre desde la limpieza de un sonido muy cuidado. El Moderato marcó diferencias con un juego de tensiones en la cuerda antes del rítmico avance de trombones y piano que fue engordando en tensión y sonoridades; el Allegretto jugó con un “rubato” casi ideal para este tiempo en ternario lleno de matices y musicalidad por parte de Kisselev y la flauta de Cuauhtemoc Trejo Barajas, mientras la cuerda volvía a sonar punzante y aterciopelada, presencia incluso en los pizzicati empastados con el xilófono y una percusión completando texturas; el Largo devolvió calidades en la cuerda, lo mejor de los guanajuatenses, arpa incluída, junto a flautas y oboe, con emoción contenida desde el podio del capitalense, preciso y claro subrayando fraseos largos y corpóreos casi corales, antes del inquietante a la vez que poderoso Allegro non troppo sujetado con mano izquierda y batuta punzante para alcanzar ese final apoteósico además de sugerente, timbales y bronces bien marcados, ritmo trepidante y exigente de limpieza en la ejecución global en una interpretación aseada y muy digna a cargo de la OSUG.

Haciendo patria y transmitiendo el ritmo puro mexicano nos dejaron de propina el Huapango de José Pablo Moncayo, con un despliegue sonoro lleno de matices antes de unir los dos mundos con un sentido y bien ejecutado Asturias, patria querida entonado por todo el público en el “da capo” puesto en pie.

P. D.: Prensa del 30 de mayo: crónica en La Nueva España; noticia de El Comercio. Las redes sociales también informaron, y así OFil comunicaba en su perfil de Facebook©​ el mismo lunes: “¿Conocéis el efecto mariposa?
Por un problema informático en British Airways, cuatro de los integrantes de la orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato se han quedado en Londres sin vuelos. Sara Chordá y Svetlana Manakova, ambas chelistas de Oviedo Filarmonía, han acudido a tocar con nuestros colegas para su concierto de mañana en el Auditorio Palacio de Congresos Príncipe Felipe de Oviedo.
Siempre es gratificante colaborar con colegas, SHOW MUST GO ON😉
Buen concierto, compañeros!
” sumándose otra chelista de la OSPA.

Nota: La crónica la escribí de madrugada tras el concierto, esperando a subir las fotos a esta hora que se publica, actualizando la prensa del martes.

Una vida, dos pasiones y diez años

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Sábado 27 de mayo, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres: X Gala Coraldanza 2017 “La décima”. Centro de danza KarelVirginia Herrero (bailarina y directora), Coros de la Escuela de Música de Mieres, Reyes Duarte (directora), Verena Menéndez (piano), Ángela R. Corta (piano), Francis Ligero (guitarra y cante).

Reyes Duarte ha conseguido aunar sus dos pasiones a lo largo de diez años, toda una hazaña en nuestro Mieres y con el apoyo del ayuntamiento local: la danza por amor no solo cercano (faltaba Raquel en las antípodas pero entre nosotros) y la música coral desde su labor docente y divulgativa en la Escuela de Música que ha sentido siempre como suya, varias generaciones de coristas que siguen acudiendo a esta cita. Nuevamente lleno el auditorio que lleva el nombre de nuestro bate y músico mierense con los protagonistas esperados que, como sucede en la vida, se renuevan y cumplen años pero con la semilla bien plantada que en esta décima edición pudimos disfrutar, coros y danza, cantantes y bailarines en una velada colorida en todos los sentidos con el programa abanico, todo un clásico de CoralDanza y catálogo de intenciones afianzadas desde hace una década.

Organizar una gala variada de hora y media sin apenas respiro tiene mucho valor, comentar cada parte organizada en cinco bloques imposible, reflejar emociones aún más complicado. Todo perfectamente engranado, desde una iluminación ideal para cada momento, una megafonía adaptada y adecuada combinando mucha música en directo y grabada (para varias partes bailadas) hasta el presentador “oficial” de las galas, Alberto Cienfuegos, Michel para todos, quien comenzó con el guitarrista todoterreno Francis Ligero
para cantar el bolero Piel canela adaptando la letra al día aunque el estribillo “me importas tú” vale para todo y “que se quede el infinito sin estrellas” porque Marcos a los mandos técnicos es capaz de recrear universos sonoros y lumínicos como nadie, proyectándose además imágenes de las galas anteriores recordando los temas interpretados a lo largo de estos diez años con nuevos arreglos, formaciones y la misma ilusión.

Primer bloque con Francis al cante y toque más Virginia Herrero al baile se marcaban unas Alegrías transportándonos con todo el embrujo del flamenco a una tierra cercana en nuestra memoria colectiva.

Michel comentaba lo curioso y simpático de los nombres con los que Reyes ha bautizado los distintos coros que dirige en Mieres: “Precorín” los que comienzan a cantar casi como un juego, el “Corín” con los pequeños, “Vox Junior” las adolescentes que unen dos generaciones, y el “Corón” de todas las edades, aquél que surgió para los papás y mamás emulando a los vástagos pero que se han asentado como un coro de adultos cantando repertorios nada tradicionales que el público conoce de siempre.

Reyes con el Precorín y Verena al piano abrieron la parte coral con tres temas que llevan su coregrafía adaptada a estas edades donde se construyen los cimientos musicales: coordinación, afinación, dicción, idiomas, movimiento y juego, tres números comenzando con el italiano Sotto la luna (Tullio Visioli – A. Vernata) y dos preciosidades del vasco Jesús Guridi: Cazando mariposas y La vacación (de sus “Seis canciones infantiles”).

La danza de la escuela Karel, siempre con un vestuario elegante y vistoso sin “folclorismos”, abría el segundo bloque de la gala con un excelente tema titulado Río de plata combinando estilos de baile y música, un mix de lo más moderno –Santa María (del Buen Ayre) de Gotan Project– que conjuga clásico y tango, guitarras y bandoneón con un ritmo mecanizado con mucho gusto, el mismo que el cuerpo de baile mostró: danza española y ballet unidos en una coreografía logradísima que fue de lo más destacado por su creatividad y buen hacer.

El Corín nos trajo tres temas: el conocido Hallelujah de Leonard Cohen con Verena acompañando al piano, para seguir “a capella” los siguientes: la popular asturiana ¿Quién quier?, ¿Quién quiere entrar?) armonizada por Xabier Sarasola, con dos grupos frente a frente sumando palmas, y la habanera popular La Bella Lola con vaivén marinero de L’Arena.

Desde el teclado electrónico, la profesora  y pianista habitual Verena Menéndez, también cantante en el corón, interpretó el tema principal de Memorias de Africa (John Barry) antes de la pareja de baile Borja Villa y Susana García con un delicado Just the way you are, delicadeza o como bautizó Michel en la presentación de este bloque, “poesía en movimiento“, la danza clásica atemporal con este tema romántico de Billy Joel que me transportó a mi juventud entonces en blanco y negro, coloreada por estos bailarines en bella plasticidad subrayada por una iluminación cinematográfica perfecta para este tema de siempre.

Renovándose y manteniendo el espíritu adolescente llegaron las Vox Junior con Blue Moon (L. Hart/R. Rodgers) cantado “a capella” y con mucho swing antes del Cabaret de Liza Minelli con Ángela R. Corta al piano, difícil mantener el tono del que se aprende al recuperarlo, pues el directo también hace escuela. Alfonsina y el mar (de Ariel Ramírez en arreglo de Hugo C. de la Vega) nos permitió escuchar cantar a Reyes, con “las vox” de acompañamiento (un vértigo de afinación para esta página tan complicada y emotiva).

El baile de Karel cerraría este cuarto bloque con Francis tocando y cantando un animado Garrotín, coreografía con sillas y zapateado visualmente bellísimo, impactante y alegre nuevamente “revestido” por una iluminación que engrandeció al poderoso sonido del directo

El fin de fiesta lo ocuparía el Corón, que se renueva y mantiene temas de los primeros años que nunca se archivan: la lograda armonización realizada por el cubano Electo Silva de Dulce embeleso (Miguel Matamoros) con claves y maracas, el verso de Benedetti con la música de Alberto FaveroTe Quiero armonizado por Liliana Cangiano con cuatro solistas de timbres variados enriqueciendo siempre el original, y la brasileña Rosa amarela (H. Villalobos),

antes de la sorpresa que no puede faltar, esta vez el baile de salón latino con Rocío A. Duarte, arte en los genes y alegría para toda la familia, mamá, papá y abuela apoyando su carrera de siempre,

y el nunca deseado final porque cuando todo funciona el tiempo pasa volando, con todos los participantes sobre el escenario cantando Imagine de John Lennon con el piano de Verena y Alegría con Francis a la guitarra y Virginia al cajón antes de la propina sobre la marcha, un himno de despedida como el Color esperanza de Diego Torres que sigue en la recámara y surge del recuerdo y el optimismo de “la décima” esperando ya el 2018.

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