En una fecha tan señalada como este 23 de abril, nos dejabas Fernando Menéndez Viejo (1940-2020), carbayón de pura cepa aunque afincado en Gijón, donde solíamos vernos en torno a unas cervezas, también en muchos conciertos tanto de espectadores, especialmente de nuestro dios Bach, como en tus intervenciones al órgano o dirigiendo desde tu amplio magisterio, pidiéndome siempre mi opinión, que como amigo tenías en alta consideración. Compartimos críticas clericales desde el respeto, la defensa de tantas obras tuyas donde se ninguneaba tu autoría, y tuve el honor de conocer muchas de tus composiciones antes que nadie, todo un orgullo del que ahora presumiré con tu permiso.

La vida se vive pero la muerte también, y fue nuestro común amigo Ramón Sobrino quien transmitió tu despedida, tu alumno de órgano y orgulloso como profesor suyo.

Habrá semblanzas variadas de tu larga trayectoria, para mí siempre compañero docente y modelo donde mirarme en mis primeros años de profesor en BUP, después preparando la LOGSE, apostando con nuestro otro Ramón común, Avello, por las nuevas tecnologías en un todavía todopoderoso MEC cuando nadie manejaba los ordenadores salvo el médico genial que decidió ser “solo músico” (y siempre se lo agradeceremos).

Conservo como un tesoro tu libro de texto en Ediciones Júcar para el primer ciclo de ESO y el posterior “Cuaderno de actividades complementarias” a partir de doce canciones populares asturianas para instrumental Orff, siempre con Torner en la memoria.

Pedagogo además de músico, pasiones corales más allá de tu paso por la querida Escolanía de Covadonga, el Grupo Melisma o el primer Coro de la Ópera del tu Oviedín del alma, amigo de tus amigos, a los que siempre defendías, espléndido nunca grandón, donando el órgano que tantos años te acompañó en el Instituto Calderón a nuestro común y querido Candás y su iglesia de San Félix que al fin pudo abandonar el Hammond© que no pegaba ni con cola aunque lo disfrutásemos igualmente… mejor aquello que nada, pero así fuiste toda tu vida, echau p’alante, charlando en nuestru asturianu de casa, mestáu, siempre con tu coña marinera y el amor por la tierrina expresado en tantas partituras.

No aparecerá en muchas biografías tuyas los desvelos pasados (Jo, les vueltes que hay que dar cuando unu ye un simple compositeru… ) para estrenar tus “12 villancicos asturianos” donde musicaste los textos de tu querido amigo y compañero de fatigas José Antonio Olivar con el que seguro estás ahora. Aunque sin el elenco deseado pese a los contactos y “teclas” que tocaste, finamente y tras muchas puertas cerradas lograste abrirlas aquel 18 de diciembre de 2014 con la Orquesta de Cámara de Siero dirigida por Román Álvarez y la Coral Polifónica Gijonesa “Anselmo Solar” con el escolano Santi Novoa al frente, y nada menos que en el Jovellanos gijonudo, con el cuarteto vocal no soñado pero que trabajaron bien para poder escucharlo “de verdad” y no con esos programas endiablados de ordenador a los que te adaptaste como un rapacín hasta el último momento. Tengo el DVD que me mandaste a buen recaudo y te prometo revivirlo estas próximas Navidades.

Tu último regalo de septiembre pasado quedó en el cajón, en el disco duro de casa: Cantarinos de mi Asturias, conjugando como nadie las melodías populares, trabajando modulaciones, texturas sinfónicas, tesituras cantables y buscando la obra global con cuatro solistas, coro y orquesta sinfónica con los intérpretes “in mente”. Aprovechaste siempre el tiempo a pesar de los achaques y sustos, e incluso el puñetero bicho te sirvió de inspiración para esta magna obra que tendré que seguir escuchando en MIDI o seguirla en unas partituras impresas que comentamos largo y tendido hace un par de meses, compartiendo anotaciones (tengo cierto resquemor de conciencia por haberte hecho trabajar en días de descanso. Mil gracias. Creo que he sacado, al menos, un bene probatur, no?) y de nuevo buscando quién pudiese armarlas con la calidad que atesoran. Cuatro pupurris bien agrupados y seleccionados, titulados “Añadas”, “Cumbres”, “Vaqueirada” y “Fiesta”, tetralogía astur póstuma que prometiste prepararla para mi Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres que te enseñé por las redes sociales donde también y tan bien te manejaste. ¡Eso sí ye una banda! y tendré que dai unes vueltes

Queda entre las cosas pendientes de las que el Covid nos privó, como otra ronda de cervezas en la aldeona mientras Mari Paz y Asun nos dejaban todo el tiempo del mundo para explayanos abondo. Me las debes y yo estas letras sentidas porque no me avisaste de tu partida ni podrá sonar tu música en esta despedida que no lo es sino otra caminata sin prisas hacia ese más allá donde nos encontraremos todos y ya tendremos todo la eternidad por delante.

Que tengas un bien viaje querido amigo.