Es de agradecer que en tiempos de pandemia no se acalle la música ni el trabajo de grabación de nuestras formaciones históricas, pero fundamentalmente la recuperación de nuestro patrimonio que ha encontrado su lugar necesario desde el patrocinio de becas como las Leonardo de la Fundación BBVA, la ardua investigación de asociaciones como Ars Hispana con los musicólogos Antoni Pons y Raúl Angulo al frente, más la de músicos como el malagueño Daniel Pinteño que con su formación Concerto 1700 han sacado un nuevo trabajo dedicado al mallorquín Antonio Literes (1673-1747) titulado Sacred Cantatas for alto, con la participación del contratenor vitoriano Carlos Mena, tras el aquí comentado hace un año de Italy in Spain.

Grabación realizada en San Lorenzo de El Escorial en julio del pasado año para su propio sello 1700 Classics, gracias a la Beca Leonardo de 2019, supone tras su recuperación el estreno en tiempos modernos, así como la primera grabación en disco de estas cuatro “Cantadas al Santísimo” del compositor de Artá, uno de nuestros grandes del barroco que poco a poco va ganando presencia en nuestro panorama musical, con partituras que habían permanecido olvidadas en los archivos de la catedral de Guatemala durante dos siglos pero donde la rigurosa investigación musicológica toma su necesario papel por salvar del olvido obras que corroboran la importancia de nuestros compositores barrocos también en Hispanoamérica, y la obligada presencia en la historia universal de músicos como Literes.

Tres de las cuatro cantadas sacras ya han podido escucharse en vivo hace apenas un mes dentro del FIAS madrileño que ha dirigido hasta ahora Pepe Mompeán, y del que merece la pena leer la crítica de Mario Guada para Codalario. El disco es una joya en sí, no solo como documento sonoro sino literario, que abre Antoni Pons citando al Padre Feijóo, tan vinculado a Oviedo, referido al mallorquín: «Don Antonio Literes, compositor de primer orden, y acaso el único que ha sabido juntar toda la majestad y dulzura de la música antigua con el bullicio de la moderna» (Teatro crítico universal, 1726), poniendo en contexto no ya la biografía sino la recuperación de estas cuatro cantadas sacras al Santísimo, menos conocidas que su producción escénica, obras tardías que reflejan la evolución compositiva de Literes asimilando estilos de otros países como Francia o Italia que comienzan a ponerse de moda en el mundo hispano sin renunciar a nuestra propia tradición musical. Magisterio en traducir al pentagrama las imágenes y “afectos” que los textos transmiten y que en la voz de Carlos Mena podemos disfrutar además de seguirlos con el libreto en mano.

El orgánico instrumental de este Concerto 1700 lo forman músicos reputados y experimentados en nuestra música antigua, encabezados por el malagueño Daniel Pinteño en la dirección y violín junto a Pablo Prieto, más Ricard Casañ (trompeta), Jacobo Díaz (oboe),
Ester Domingo (violoncello), Ismael Campanero (violone), Pablo Zapico (tiorba) e Ignacio Prego (clave y órgano), plantilla perfecta para las cuatro cantadas con intervenciones siempre acertadas, protagonismos puntuales y un equilibrio con la voz que las grabaciones permiten mucho más que el directo.

Abre el disco Ya por el horizonte para violines, oboe y clarín (1728) con un Mena pletórico, virtuoso como la trompeta de Casañ, canto bucólico a la vez que marcial, el vivo “suene el alboreada” contratado con el grave “Ay, que si yo pudiera”, las coplas vibrantes y el recitado “Repite, ave canora” donde la tiorba de Zapico arropa la belleza vocal del contratenor antes del vivo final “De su aplauso en el empleo”, seguridad en ambos protagonistas, con exposiciones claras y sonoridades brillantes en esta “italianización” de un género típicamente hispano como la Cantada al Santísimo que no pierde su esencia, recordando el cinematográfico duelo entre Farinelli el castrado y la trompeta.

Continúa con Si el viento con violines y oboe (ca. 1725) que arranca con el recitado “Si el viento busca ave placentera” con protagonismo de tiorba más órgano delicado y expresivo, la voz de Mena en su registro medio-grave ideal y homogéneo igualmente en el aria “Es el divino centro del hombre”, buenos balances con la orquesta en un bello y acertado juego entre violines y oboe. Impecable dicción del vitoriano para unas melodías bellas bien armadas en la instrumentación desde un tempo medio ideal antes del aria con el violonchelo y el continuo elegante para destacar esa voz pletórica y medida en expresión antes del aria “Como alegres placenteros”, disfrutando de nuevo con los  violines y el oboe en un aria perfectamente trabajada con un ritmo vibrante que nunca enturbió el fraseo y articulación del contratenor vasco.

La tercera cantada, Cuando a pique señor con violines (1733) metáfora de tormenta que son las tentaciones y el creyente guiado por la gracia de Dios, un cuadro musical de virtuosismo vocal y violinístico iniciado el recitativo por el flautado del órgano antes del aria “Va zozobrando la navecilla” vitalista y bien equilibrada de contrastes donde la riqueza de las cuerdas mantiene esa inestabilidad buscada que la voz lleva con mano firme al timón, el recitado “¿Qué tiene que temer?” con la tiorba  asturiana sustentante agrandada por el cello maño y las perlas del clave antes del aria final “Llegue ansioso tu cuidado” de brillo italiano y esmaltes hispanos. Interesante juego de estilos en Literes que mantiene una línea argumental en los instrumentos siempre remando a favor de los textos en un barroco religioso plenamente nuestro.

Finaliza el disco con De aquel fatal bocado para violines y oboe (1730), cuatro movimientos que alternan dos recitados y sus respectivas arias, inmensidad melódica y belleza apabullante en la voz de Carlos Mena, musicalidad pasmosa por la que no pasan los años y con ese timbre único que parece ideal para este Literes recuperado. Órgano aterciopelado y rasgueo de tiorba vistiendo el inicio antes de un aria versallesca, “Pan de llanto y de dolor” con un oboe casi clarín, un violín elegante y un “ensemble” sobrio en todo momento pero colorista por contrastes manteniendo la pulsación y el balance exacto con el solista, nuevamente preciso y claro en la dicción para una música del Literes universalmente hispano al que Guatemala ha conservado para al fin disfrutarlo de nuevo.

Destacar una toma de sonido impoluta con el conocido Jesús Trujillo a los mandos, que pude disfrutar a todo volumen apreciando cada detalle cual concierto íntimo en este Viernes Santo.

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