Sábado 2 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Año Nuevo “El León de Oro”. Entrada: 12 €.

No hay mejor forma de comenzar el año que con un concierto y además en el Auditorio de Oviedo con música coral a cargo de un proyecto que es una gozosa realidad tras 24 años de mucho trabajo, implicación y amor por la música, llamado “El León de Oro“, que comandan desde entonces Marco Antonio García de Paz y Elena Rosso Valiña, pasión coral que contagia, implicando a varias generaciones desde una cantera que no para de dar frutos, llevando la calidad por bandera más allá de nuestras fronteras.

El ambiente gélido del exterior, las medidas de seguridad, el aforo limitado, cantar con mascarillas y distancia con todo lo que supone, no son obstáculos para que los “leónigans” estuviésemos disfrutando de todos los coros luanquinos, desde Los Peques y Aurum hasta el gran LDO, con un programa variado, difícil, espectacular por momentos, manteniendo la línea que ha caracterizado este proyecto desde sus inicios y que sigue creciendo con la máxima belleza vocal en la búsqueda de la perfección, un ideal inalcanzable pero que siempre está al alcance de estos leones, leonas y cachorros con Marco y Elena generando ilusión, amor, exigencia y placer por el canto coral.

Los Peques del León de Oro son un placer visual y auditivo, ya sea cantando con el piano de Maite García Heres abriendo concierto con Whitacre y su The Seal Lullaby, como “a capella” el O nata Lux (Richard Ewer), mecernos con la tradicional A la nanita nana (en arreglo de Greg Gilpin) o la última de G. Gershwin con Óscar Camacho al piano y toda una coreografía para el movido Clap yo’hands, un derroche de buen hacer de Elena Rosso con estos peques de oro a los que da gusto escuchar, interpretar disciplinados, afinados, educados en el buen gusto y contagiando ese ímpetu que nos hace olvidar tragedias y sinsabores, metáfora vocal para un 2021 lleno de esperanza.

Aurum siguen brillando con luz dorada propia y rojo pasión, también con Elena al mando, esfuerzo enorme de ubicaciones, repertorio de memoria y sonido inigualable. Comenzar con Einförmig ist der Liebe Gram (Brahms) es todo un reto, colocadas en distintos círculos para inundar el auditorio de belleza coral con estas voces blancas increíbles en registros y dinámicas. El guipuzcoano Josu Elberdin es uno de los compositores de cabecera del LDO y su Salve Regina para Aurum un regalo en estas voces. Encontrar una formación que interprete las obras con esta calidad espolea a los grandes y Elberdin mantiene este idilio mutuo con este proyecto que todavía seguirá dándonos muchas alegrías.

Los nuevos repertorios hay que buscarlos, viajando, escuchando, estudiando… y con Camacho al piano afrontaron a Thomas Vulc con su O Sapientia, literal, un derroche de música coral más allá de las palabras, susurros, patadas acompasadas y una  originalidad vocal de dificultad máxima que Aurum y Elena disfrutaron compartiendo belleza actual, contemporánea, al igual que ese amor vocal de Elaine  Hagenberc, O love con el cello de Virginia Álvarez Fernández como una voz más, el piano de Óscar Camacho y el empaste impecable de estas voces femeninas para una belleza coral embriagadora, novedosa, arriesgada y largamente aplaudida. El trabajo de estas obras lleva muchas horas de ensayo detrás, pero merece la pena escuchar estos tesoros corales.

Aún quedaba concierto, aparente sencillez del grupo de voces blancas, Aurum con Los peques arropados por los “mayores” pertrechados de seis pares de “boomwhackers” (la didáctica musical bien entendida), el juego musical bien afinado, el piano de respaldo, las palmas acompasadas y el buen hacer de un compositor “rompedor” como Jim Papoulis (a quien me descubrió otro proyecto americano como LinkUp) con su Gnothi Safton, conjunción coral de nuestro tiempo, de la generación que viene con fuerza resucitando un mundo coral casi agonizantes que en Asturias mantiene este proyecto ejemplificador de cómo trabajar en actualizarse e implicar a la juventud en la música a partir de cantar todos juntos que siempre nos hará más fuertes. No hay desaliento sino pasión contagiosa para la que los conciertos, el contacto con el público y los aplausos sean el mejor premio, y se lo merecen además de ganárselos con creces este primer sábado del año.

No era de extrañar que antes del colofón tomase la palabra el presidente de SATEC, Luis Rodríguez-Ovejero, siempre apoyando la cultura y especialmente la música pese a que en nuestro país sigamos sin una Ley de Mecenazgo más necesaria que nunca en estos tiempos, agradecimiento mutuo porque hace falta más confianza en nuestra tierra y los valores que este león representa.

Ya en la recta final el LDO con Marco García de Paz nos volvieron a hacer olvidar que cantaban con mascarillas o que las medidas de prevención impedían jugar con la espacialidad habitual de sus actuaciones. Las obras elegidas a capella siguen siendo modélicas, el relevo vocal en sus cuerdas no se nota porque hay una “marca de león” que se transmite, una escucha recíproca para el empaste y afinación perfectas, la veteranía como pilar que pasa su legado vocal desde el conjunto.

Michael Praetorius con su villancico Est ist eine Ros entsprungen (en arreglo de J. Sändstrom) es un ejemplo, voces unidas, cuerdas equilibradas, dicción clara, y por supuesto siempre Pärt con el silencio expresivo, las medias voces y los delicados fuertes de agudos cristalinos de The Deer’s Cry o el Whitacre como amuleto dorado, su Child of Wonder con el piano delicado de Óscar, otra prueba de calidad y emoción con casi 40 voces unidas olvidando que las mascarillas apagan la emisión porque diría que hasta la embellece.

Para rematar el esloveno Andrej Makor (1987), otro “fichaje” en el repertorio coral de los leones, O lux beatas Trinitas, la música religiosa más allá de creencias, el latín eternamente cantado, armonizaciones brillantes que se hacen de oro en este coro inigualable, la búsqueda de obras exigentes y bellas, inasequibles al desaliento, viajeros defensores de la perfección inaccesible esperanzados en un camino en el que entregan su quehacer diario con pasión imperecedera.

Todos juntos nos regalarían el hermosísimo No hay tal andar, un villancico asturiano del gijonés Enrique Truán en versión de Albert Alcaraz (también con lazos de león) que debía sonar en esta bienvenida coral del año nuevo.

La pasión coral mantiene vivo el fuego, Marco y Elena siguen como desde sus inicios pero con la sabiduría y experiencia que da el paso de los años. Matrimonio y patrimonio coral asturiano y español, siempre internacionales.

Gracias de este “leónigan.