Jueves 9 de mayo, 20:00 horas. Teatro Campoamor, XXVI Festival de Teatro Lírico Español: El Dúo de La Africana, zarzuela cómica en un acto (música de Manuel Fernández Caballero, libreto de Miguel Echegaray). Nueva producción del Teatro Campoamor con dirección musical de Miquel Ortega y escena de Joan Font (Comediants).

Penúltimo título del vigésimosexto festival de zarzuela ovetense que volvía a programar esta obra llena de magia estrenada en el Teatro Apolo de Madrid un 13 de mayo de 1893 que sigue cautivando actualizada con todo el respeto al original, añadiendo lo necesario para mantener vigente el “metateatro” desde antes de comenzar la función.

Oviedo sigue haciendo historia lírica y tras la capital madrileña es referente nacional e internacional produciendo esta mágica zarzuela del murciano Fernández Caballero (1835-1906) donde el “género chico” se hace grande pues todo estuvo medido para hacer disfrutar al público fiel y entendido, que sigue llenando el Teatro Campoamor hasta general, de una tarde entretenida, lluviosa (dentro y fuera), con un plantel completo apostando por la calidad global sin tachas para ninguno.

La magia puso el toque nuevo de esta producción con Raúl Alegría que fue apareciendo a lo largo de la representación “intentando buscar una magia que pueda entrar en esta nueva versión; finalmente, gracias a la magia, se podrá llegar al final de la representación” en palabras del propio Joan Font, otro mago de la escena. Muy aplaudidos los números destacando el final donde la actriz Carmen Gloria García (Dña. Serafina) remataría la ilusión de esta puesta en escena llena de humor, guiños operísticos al propio Meyerbeer que también inaugurase el Teatro en 1892 aunque con Los Hugonotes pero permitámonos la licencia de pensar que fuese con La Africana.

Auténtico divertimento escénico esta preparación de la ópera como “disculpa” para enlazar las relaciones de todo tipo comenzando por las vocales del trío protagonista: nuestra soprano Beatriz Díaz volvía a encarnar La Antonelli (que hiciese hace años en Avilés), no solo acento sevillano sino gracejo, simpatía, llenando escena y enamorando a todos, Yo he nacido muy chiquita pero cantando con grandeza, potencia e intimismo, buen gusto y dicción, empaste en los dúos con Giussepini Comprende lo grave de mi situación y el popular No cantes más La Africana, amén de la comicidad en cada aparición con Oh! Selika, Io t’adoro. Impresionante el tenor santanderino Alejandro del Cerro, el Pepe valenciano tornado a nombre de payaso que esgrimía Doña Serafina buscando a su hijo (genial las proyecciones y efectos), entrega total en escena, torrente de voz siempre con musicalidad y engrandeciendo este personaje con enjundia, galán “bon vivant” de canto poderoso. Y completísimo el Querubini del barítono mejicano Jorge Eleazar, joven bien caracterizado de maduro con un timbre redondo que busca siempre la emisión correcta y el empaste global, al que sumarle una verdadera recreación del celoso y tacaño empresario marido de La Antonelli.
Completó el elenco protagonista el polifacético Josep Zapater quien como Inocencio también se marcó un excelente número de guitarra eléctrica junto a Noèlia Pérez (Amina) haciendo un rockero Oh! Selika, redondeando una interpretación de primera en este ensayo de “gran ópera” con una compañía modesta, barata porque “nadie cobra”, que brilló como todo el espectáculo.

Nuevamente el coro titular que dirige Pablo Moras mantuvo un gran nivel, especialmente las voces blancas desde su aparición por el patio de butacas con paraguas y chubasqueros continuada por las graves algo adelantadas en la primera entrada pero rápidamente “enganchados” a una dinámica ágil, una Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” que esta vez matizó sus muchas intervenciones, tanto en la Mazurca como en el Coro de la Murmuración de una zarzuela que tienen bien trabajada.

Y parte del éxito volvió a estar en el foso donde Miquel Ortega Pujol no solo sacó una sonoridad ideal de la Oviedo Filarmonía sino que nunca descuidó el escenario, atento a cada voz, mimándolas, respetando la esencia y marcando todo para transmitir esa seguridad necesaria “arriba” desde “abajo”. Al maestro compositor catalán también le debemos el fragmento adicional para el cuerpo de baile (otro acierto lleno de calidad las seis) ambientando esa puesta en escena con unas Variaciones “africanas” partiendo de los motivos del coro enriqueciendo la maravillosa partitura del prolífico Fernández Caballero, que con este “Dúo” rinde pequeños tributos a Donizetti o Rossini desde un humor inteligente y una escritura muy completa.

La vida es puro teatro canta un bolero, pero tras este penúltimo título ovetense, la zarzuela es magia, la de la escena musical española.