Viernes 21 de octubre, 21:00 horas. Catedral de León, XXXIII FIOCLE: Jean Guillou (órgano). Obras de Widor, Guillou y Liszt. En colaboración con el CNDMEntrada libre.

Intérprete, compositor e improvisador, disfrutando de su órgano y traducido por Susan, su esposa, Jean Guillou (1930) volvía a “la Pulchra” con el órgano por él diseñado y construido por Klais, seis años atrás para el primer contacto y arranque más tres años que lo inauguraba. En cierto modo es el padre del “bicho” que en sus manos y pies vuelve a rugir, no importan detalles técnicos porque cada visita suya a León es un regalo y pienso que gozar con “su hijo” es algo compartido por un público que le admira y guardó larga cola una hora antes del concierto.

El programa lo dejo escaneado arriba, ya de vuelta a la aldea, así como las fotos y enlaces (o links) habituales pero no quiero perder ni un solo detalle de este concierto.

Widor el sinfonista y casi un modelo a seguir en el “Allegro” de su 6ª sinfonía para órgano en si menor, op. 42, nº 2, donde la orquesta son los teclados increíbles de múltiples combinaciones, con cadencia propia del intérprete y todo un derroche en los tubos, sonidos propios más allá de buscar emular los orquestales que para eso el órgano es el rey y se basta por sí solo, sumándole el haber buscado el propio para “el Klais”.

Éloge, op. 52 (1995) del Guillou compositor, más que elogio es elegía que recuerda a Messiaen y Dukas, juegos tímbricos de oboes y flautas como pinceladas impresionistas que van llenando el lienzo sobrio lentamente, antes de los vigorosos brochazos que hicieron gemir “su bicho”, cual Ligeti explosivo, mares debussianos en galernas y calma chicha sonando en las dos fachadas. Guillou rejuvenece y actualiza esta pulcra elegía que guiña al final con el flautado casi messianico y termina al pie, fino humor francés. Obra personal de mucha solera vivida en primera persona.

Fantasía y fuga sobre el coral ‘Ad nos salutarem undam’ S. 259 (1850), Liszt inspirado en Bach, el órgano que supera al piano y guía un lenguaje siempre moderno que Guillou moldea en los registros, fantasía húngara y fuga germana además de hermanar con acento francés por lenguaje y registros casi ravelianos, pues nadie como monsieur Guillou para encontrar el sonido adecuado (siempre buscando incluso desde el jueves como escrupuloso y refinado intérprete). Ritmo marcial casi marsellés en esa fuga diabólica del húngaro en manos galas de galo, el virtuosismo al órgano.

Y del improvisador tras beberse todo lo anterior de memoria, solo con su chuleta de combinaciones numéricas (excepto la partitura propia, probablemente menos interpretada que el resto), para seguir contagiando amor por el instrumento al que ha dedicado toda su vida que esperamos continúe longeva. El arranque de la Quinta de Beethoven fue el motivo y disculpa tras los agradecimientos de Samuel Rubio para que “el padre Guillou” disfrutase del “hijo Klais” en sonoridades sugerentes con dos notas, cuatro figuras y el maestro improvisando al genio porque se tratan como iguales.

Tres facetas de este genio de 86 años que no descansa, y agradecido al público que expresaba su veneración aún se atrevió con la Badinerie bachiana de la Suite nº 2, no flauta y orquesta sino otro muestrario del “bicho Klais” en la cabeza de Guillou, plenamente feliz y bachiano que aún se marcó otro más (la “Sinfonía” de la Cantata 29).

Tras el concierto atendiendo al público
P. D.: Lo dicho, ya en casa, con ordenador y teclado mejor que el incómodo escribir desde una pantalla del teléfono.
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