Miércoles 20 de abril, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Egils Silins (bajo-barítono), Olesya Petrova (mezzo), Andrejs Žagars (narrador), Coro de la FPA (director: José Esteban García Miranda), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). S. Prokofiev: Iván El terrible, op. 116 (Cantata para narrador, mezzosoprano y bajo barítono sollistas, gran coro de voces mixtas y orquesta sinfónica, adaptación como cantata de A. Stasevich.

Importante reseñar que la versión escuchada de este Iván “El terrible” es la que suele representarse con 25 números (no nos faltaron cinco sino que algunos llevan A y B en la numeración) pero que es la adaptación como oratorio o cantata de la música para la película del mismo título de Sergei Eisenstein para la que el otro Sergei, Prokofiev compone una partitura que dista bastante de la que se ofrece en los escenarios. La historia de esta adaptación hay que achacársela al régimen ruso, pues las tres partes con las que tenía que contar la película nunca llegaron a completarse al no estar de acuerdo  Pepe Stalin con la visión que el Sergei cineasta ofrecía del Zar Iván IV Vasilievich, debiendo esperar la muerte del Sergei compositor acaecida en Moscú, 5 de marzo de 1953, el mismo día en que se dio a conocer la muerte de Stalin, para quien confiscaron todas las flores naturales y fueron de papel las destinadas a Prokofiev) para completar esta adaptación que no se estrenaría hasta 1958.
Y así también me parece triste traer a un cantante como Silins para cantar apenas dos minutos el papel de Fiódor (nº 18) con el coro, imponente por supuesto, pero dejando el Iván para Žagars que además de narrador, naturalmente en ruso a pesar de que Michael Lankester la tradujo al inglés y fue quien le dio el gran protagonismo al narrador (pero hoy no era plan de poner los textos en cirílico y contamos con todas las traducciones al español de los textos de Vladimir Lugovskoy en el programa de mano) que también recitó el papel del verdadero protagonista.
Del original “fílmico” se han quitado números con lo que debería figurar en letras grandes el adaptador para evitar malentendidos y no tener que leerse las notas de Guillermo Martínez para enterarnos de la “versión”. Es como el infausto “Mesías de Goossens” o las orquestaciones de Stokovski, cuyo nombre figura al lado del compositor. Tampoco escuchamos el previsto estreno del periodista y compositor luarqués Guillermo García Alcalde, que por otra parte y tras lo visto, no debía encajar con esta cantata de Prokofiev-Stasevich.

De la hora y cuarto el verdadero protagonista de esta inmensa cantata rusa fue el Coro de la Fundación que dirige mi admirado José Esteban García Miranda, en número adecuado para tan magna obra, con cuerdas muy compensadas y donde los bajos sin ser rusos cumplieron con solvencia. Ideales las intervenciones a capella tanto de las voces blancas como las graves, sobre todo en el número 13A La estepa Tártara, difícil a boca cerrada pero presente, lleno de matices, seguro, por momentos pletórico y bien concertado por un Conti muy atento a todas las dinámicas. Convincentes en ¡Larga vida al zar! (nº 6B), uniendo lirismo y expresión en El cisne y la Celebración (nº 8, 8B y 8A), y así en cada todas y cada una de las intervenciones hasta el impactante coro final. Esta temporada han tenido verdaderos retos sinfónicos manteniendo siempre el tipo para concluir con esta magna obra sin importarles la dificultad del ruso para volver a convencer de su excelente momento y el esfuerzo de una formación amateur pero de nivel profesional en la línea de nuestros vecinos donostiarras.

La Oviedo Filarmonía sigue dándonos alegrías fuera del foso, y aunque la plantilla exigida por Prokofiev pediría más cuerda, lo cierto es que el esfuerzo de la misma por compensar volúmenes con el resto unido al magnífico trabajo desde el podio del director titular por mantener el balance idóneo, permitió disfrutar tanto de las partes instrumentales como de las solistas y corales.

La mezzo moscovita Olesya Petrova me dejó gratamente impresionado con su calidad y graves poderosos sin perder color, con una emisión presente incluso con el coro en Mar océano (nº 3) merced a su perfecta proyección, y en la hermosa Canción de cuna de Efrosinia (nº 15). Del bajo barítono Egils Silins lo apuntado, lástima el esfuerzo económico que debe suponer traer una figura como él para tan poco papel. Y del narrador supongo que como protagonista debería ser el triunfador, leyendo la traducción de lo que contaba si resultaba creíble pero mi ruso es más bien de filete. Pasar de narrador a Iván sólo el texto nos lo aclaraba y no había cambios de color ni inflexiones de voz para percatarse el “doble papel”. Me consta que ha habido representaciones con narrador y texto en español que pese a perder “originalidad” hubieran servido para acercar más esta obra donde la ausencia de la película nunca puede suplirse con la narración, y eso que los músicos dieron todo lo mejor para olvidarnos del blanco y negro en pantalla, con Conti dirigiendo una multicolor recreación sonora de este terrible Iván IV Vasilievich, zar de zares.
Sirvan estas letras sin papel como las flores, para recordar a Sergei Prokofiev que nacía un 23 de abril de 1891, ya que su muerte quedó eclipsada por la del dictador, pero su música sigue ofreciéndonos lo mejor de la tradición del pueblo ruso, con Tchaikovski o Rimski-Korshakov entre los precedentes y en cierto modo “homenajeados” en este Iván terriblemente musical.

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