Sábado 19 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, Avilés: XXXIX Semana de Música Religiosa. Coro Universitario de Salamanca, Delia Manzano (órgano), Bernardo García-Bernalt Alonso (director). Obras de Miguel Manzano (Villamor de Cadozos, Zamora, 13 de febrero de 1934).

De camino hacia Avilés pasaba por Trasona donde a mediados de los años 70 acudía a “la Sacramental” con la Escolanía del Santísimo Cristo de Candás, con quienes canté, entre otras obras, una que va unida a mí desde entonces, Alma mía, recobra tu calma (Salmo 114) compuesto por Miguel Manzano, partitura que cantaron en el XI Congreso de “Pueri Cantores” en El Vaticano, actuando mi querido Pipo Prendes, y la misma que me acompañaría tantas veces en mis misas dominicales tanto en el Coro de la Parroquia de Siana como en San Juan de Mieres. Y cuando una obra se convierte en popular en todas partes es un hecho muy significativo de la grandeza de esa música y su compositor, pese a ser el gran olvidado la mayoría de las veces. El repertorio litúrgico estaba cambiando en aquellos años de esperanza, y era habitual encontrarse obras de este zamorano al que en la onomástica de San José iba a conocer personalmente en Avilés, cuya SMR ya programase obras suyas para órgano y el pasado año la primera parte de su Lucernario.
Antes del concierto, con otro lleno en la iglesia nueva de Sabugo, el eterno organizador de la misma José María “Chema” Martínez presentaba este concierto y recordaba no ya las obras o el compositor, sino la importancia que Avilés tiene y debe mantener en un ciclo que se mantiene con apenas 6.000 € de presupuesto en unos tiempos donde las prioridades de los gobernantes van por caminos distintos al pueblo, y cómo hay que acudir a las amistades para estos “favores” de acudir a conciertos por cachés muy inferiores y así ayudar a mantener esta semana donde la Villa del Adelantado y Asturias entera sigan siendo referentes culturales, musicales especialmente.

Imposible destacar la amplia trayectoria de un Músico, con mayúsculas, como el zamorano Miguel Manzano Alonso, totalmente activo y joven pese a los 82 años de su carnet de identidad, precisamente por una trayectoria tan dilatada que le da ese amplio bagaje y experiencia a la hora de componer desde un lenguaje que aúna y actualiza la historia desde su magisterio.
Su hija, la profesora, clavecinista y organista Delia Manzano comenzó el concierto en “El Tomasín” con Duetto sobre el gradual “Excita Domine” (1994) y el Careo de nazardos contra lengüetas (1995), explorando los registros de un Acitores que siguen asombrando, la inspiración litúrgica exhalada por los tubos con juegos rítmicos y armonías parisinas, pero expecialmente el “careo” donde los registros protagonistas emergen universales como la lengua de Cervantes ya evolucionada e igual de rica. Virtuosismo y hondura en dos obras magnas.

El Lucernario (II) se estrena en Salamanca en 2014 y el propio compositor se refiere a él con la siguientes palabras:

“Esta bella palabra designa en arquitectura la ventana que deja pasar un chorro de luz desde lo alto de un muro hacia el interior de un recinto oscuro. En los templos antiguos nunca faltaban estos huecos iluminadores, que desde las primeras luces matutinas hasta su extinción vespertina dejaban pasar las variadas luces y colores del celaje. Y era precisamente en esas horas primeras y últimas del día cuando sonaban los vetustos himnos de Laudes y Vísperas que, entonados durante más de 15 siglos, hoy han quedado casi totalmente olvidados en las páginas de los himnarios.
De todos los libros que contienen las músicas gregorianas es el Himnario, quizás, el más rico y variado en sonoridades y matices. Desde la sencillez casi esquelética de algunos de ellos hasta el vuelo sin límites de otros, el repertorio hímnico gregoriano ofrece una variedad inagotable. Y a la vez el más variado colorido musical, por estar en él presentes los ocho modos, cada uno con su especial colorido sonoro y su capacidad de generar profusos e indescriptibles sentimientos y emociones.
El Congreso sobre la Catedral Nueva de Salamanca en el cuarto centenario del comienzo de su edificación, al que fui invitado a participar con una ponencia y con una composición, me ofreció la oportunidad de mostrar un mínimo, pero claro ejemplo de la riqueza musical del Himnario con la obra que, con el título Lucernario, contenía dos himnos del repertorio gregoriano: “Lucis creator optime” (siglo VI) y “Iesu, rex admirabilis” (siglo XIII).
En la estructura musical de los dos himnos que elegí integré dos elementos tradicionales en la música del templo. El primero, el canto coral: el canto unisonal gregoriano alternando con el coro a 4 voces, necesario y a la vez suficiente para dotar de belleza austera los textos cantados, en este caso himnos. Y por otra parte el órgano,
ingenio mecánico sonoro nacido, desarrollado y evolucionado para sonar en los templos de gran amplitud como catedrales, grandes abadías, basílicas, colegiatas y santuarios renombrados.
Animado por la aceptación que tuvo la obra, e impulsado, discretamente, por los que entonces fueron intérpretes y por otras personas que la han escuchado en grabación sonora, me animé a componer, con la misma estructura, el ciclo completo de los himnos que hacen referencia a cada uno de los tiempos del año litúrgico y a algunas de sus fiestas principales. Y ha sido así como ha ido tomando forma este nuevo LUCERNARIO que ahora se estrena.
Además de recuperar el órgano como acompañante de la voz, en este caso con unas armonías que resultan de la mezcla de varios sistemas modales, he querido también recuperar para el recuerdo, como tercer elemento de este LUCERNARIO, una forma musical breve ya extinguida, pero presente durante varios siglos en la liturgia, cuando ésta se desarrollaba sin prisas: el verso de órgano, esa forma breve, pero musicalmente exquisita, que en un corto minuto denso permite seguir ‘saboreando’ sonidos recién oídos, a la vez que facilita detenerse a meditar en la palabra que se ha escuchado cantada. Forma musical lamentablemente extinguida en estos tiempos de prisas y agitaciones que están acabando con una medicina necesaria para la supervivencia del espíritu: el silencio meditativo”
.

Nadie mejor que el compositor para prepararnos a su audición e impresionado por la belleza de estos cinco “Himnos al amanecer y al atardecer” escuchados en Avilés, con Delia Manzano en el órgano positivo que complementa esta maravillosa y luminosa obra sacra, y un coro de 20 voces excelentes en todo: empaste, afinación, emisión, dicción… juventud, magistralmente llevado por Bernardo García-Bernalt (Salamanca, 1960), hijo del fundador de esta formación universitaria allá por 1950, asistente suyo desde 1982 y relevo “natural” en 1990 hasta nuestros días, siendo el responsable del estreno de este Lucernario. Es difícil mantener el “tactus” del canto llano a unísono y transmutarlo en polifonía a cuatro voces sin perder el espíritu original, ocho modos cada uno con su espiritualidad definida, todo de la mano de un órgano rompedor desde lo académico pero tradicional en el verso, y tanto las voces blancas como las graves con ese ropaje más que “acompañamiento” de plena actualidad llenando el templo avilesino, hicieron posible esa transición desde la calidad y perfección compositiva del maestro Manzano. Cinco himnos latinos que transmiten y buscan la paz interior (Inmense coeli conditor; A solis ortus cardine; Tristes erant apostoli; Iesu, Rex admirabilis, y Pange lingua-Tantum ergo), que cierran cada uno con su Amén digno de analizar por la diversidad dentro de la unidad, elevar a actual la arquitectura vocal desde el conocimiento de la raíz, la progresión del románico al gótico de forma natural sin perder esencia para transformarlo en un nuevo templo espiritual del siglo XXI, polifonía enriquecida que no oculta el sustento y lo dota de luz, nunca mejor título Lucernario para una obra en la plenitud vital de un extraordinario Miguel Manzano. De destacar alguno, tarea difícil, Tristes erant Apostoli o el último Pange lingua-Tantum ergo precisamente por captar personalmente y en su totalidad todo el proceso y evolución desde los himnos gregorianos a la armonización modal hermanada con acordes disonantes de espíritu francés tamiados por el carácter y sabiduría castellana, en una comunión musical que sigue resonando en mi interior.

Supongo que manteniendo la tradición podamos volver a escucharlos en el Canal de YouTube© de la Semana de Música Religiosa, así como la esperada grabación sonora con los mismos intérpretes, que resultaron ideales para magnificar más, si cabe, este maravilloso Lucernario de Miguel Manzano.

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