Jueves 7 de mayo, 20:00 horas. Sala de cámara, Auditorio de Oviedo. “Primavera barroca“: Ángeles y demonios: Valentina Varriale (soprano), I Turchini, Antonio Florio (director). Obras de Leonardo Vinci, Pietro Marchitelli, Leonardo Leo, Domenico Sarro, Niccolò Piccini y Nicola Fiorenza.

Tras ligeros chubascos la primavera barroca ovetense con la colaboración del CNDM volvió a florecer este jueves de la mano del maestro Antonio Florio al frente de I Turchini con un programa donde brilló con luz propia la soprano Valentina Varriale, todo un descubrimiento del profesor de Bari que continúa sacándonos a la luz no ya el repertorio del barroco napolitano sino versiones limpias, contrastadas, con una formación pura de cuerda que funciona a la perfección con Alessandro Ciccolini de concertino con otros cinco violines más un instrumento por cuerda donde no faltó el clave de Patrizia Varone, complemento ideal de cuerda percutida redondeando un continuo presente, auténtico cimiento tímbrico para un sonido global siempre poderoso, limpio, con ligeros problemas de afinación por este calor húmedo asturiano aunque consiguiendo siempre convencer.

El concierto, sin pausa, estuvo centrado en arias de la ópera belcantista barroca que la soprano napolitana bordó desde una voz con cuerpo, potencia y gusto a partes iguales, expresividad máxima con una dicción y técnica espectaculares que le abrirán muchas puertas. Vinci como Piccinni tienen nombre propio y la elección de las arias estuvo muy acertada para comprobar la vigencia de un repertorio cada vez más presente, fresco y agradecido para el gran público, que esta vez volvió a responder en la sala de cámara con madera crujiente en espera de reparación. El aria de “L’Alidoro” (Leonardo Leo) no desentonó al lado de sus “hermanas mayores” siendo un lujo Son Regina e son amante de “Didone abbandonata” (Piccini)  y las dos del “Artaserse” (Vinci), esplendor vocal, pasión inflamada, auténticos ángeles y demonios que titulaba el programa con una Varone pletórica de matices, agilidades de vértigo siempre precisas y arropada por una cuerda al mando de un Florio dominador absoluto de las partituras.

Las intervenciones instrumentales brillaron igualmente en el Concerto grosso en la menor (Marchitelli) donde el clave es más que relleno y percusión armónica, cinco movimientos de extraordinaria inventiva melódica en auténtica fórmula barroca, la movida Sinfonía de “Ginevra principessa di Scozia” (Sarro) y especialmente la Sonata para violín y cuerda en la menor (Fiorenza) con Ciccolini maestro y director junto a un instrumento por cuerda en virtuosismo y presencia de todos los músicos para una innovadora sonata barroca llena de pasiones, Nápoles como Sevilla con la luz del sur y el estilo contagioso e inimitablemente italiano.

Para cerrar una canzonetta napolitana anónima contemporánea de las figuras, enlace con la tradición bufa y la inspiración popular, “Lu cardillo“, en compás ternario contagioso y una instrumentación “callejera” con el clave cual mandolina, pizzicati guitarristicos, contrapunto del violín y devolvernos a “La Varriale” popular, animada, entregada, pletórica e incluso pícara, inyección de optimismo donde el contraste estuvo siempre presente.

La propina otro juguete popular para volver a disfrutar de la soprano napolitana en un tema de amor y traición, la vida misma hecha música y elevada al altar del belcanto nacido en las cálidas calles de la Italia meridional, en otros tiempos españolas, con quien tantos parecidos tenemos. Quedan dos sesiones primaverales con músicos nacionales y repertorio internacional, pero la carga de energía de estas músicas cantadas por Valentina Varriale con FlorioI Turchini nos han devuelto calor y color.

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