Sábado 7 marzo 2015, 12:30 horas: Músika-Música 2015, Bilbao. Palacio Euskalduna, Auditorio Jorge I: Raquel Lojendio (soprano), Eugenia Boix (soprano), Maarten Engeltjens (contratenor), Andrew Tortise (tenor), Stephan Loges (bajo-barítono), Sociedad Coral de Bilbao, OSPA, Aarón Zapico (director): Haendel: Dixit Dominus HWV 232; Bach: Magnificat BWV 243. Entrada: 10€.

No parece ser buena hora una mañana de sábado para un concierto, pero en este “maratón” dedicado a los dos alemanes tan cercanos y distintos con dos de sus obras más alegres y además interpretadas por músicos conocidos y conocedores, son más que razón para continuar disfrutando de la capital vizcaína, capital musical este primer fin de semana de marzo. El éxito de público volvió a ser increíble, dando gusto contemplar la gran sala llena para escuchar un concierto “made in Asturias” y traído a la ría del Nervión.
Abría Händel y una selección de su Dixit Dominus HWV 232, que como toda obra con solistas, coro y orquesta necesita tener muy equilibrado el reparto y elección de intérpretes. Los solistas, con diferente peso en la partitura, mostraron lo mejor de ellos, destacando la soprano Raquel Lojendio que repetía junto al tenor Andrew Tortise y la dirección de Aarón Zapico tras el “estreno” del viernes, uniéndose a ellos el contratenor Maarten Engeltjes al que ya conocía de Oviedo, el bajo-barítono Stephan Loges, y muy especialmente Mª Eugenia Boix que gana enteros cada vez que la escucho en estos repertorios, con un color denso que empasta a la perfección con la soprano canaria y que en los solos resultó convincente, incluso cautivadora.
La OSPA en formación para barroco contó con Eva Meliskova de concertino liderando unos intérpretes que volvieron a gustarme en cada sección, dentro de un repertorio poco o nada programado durante la temporada de abono pero que es tan necesario a los músicos como al público.
Aarón Zapico la llevó con mano firme y pulsación matemática cuando así lo requería, especialmente en los números corales, que comentaré más adelante, manteniendo buenas dinámicas en las arias y los concertantes, pudiendo escuchar a todos los intérpretes en el plano correspondiente. Aunque no es su formación, el recorrido del director asturiano con otras orquestas está cuajando (venía de ponerse al frente de la OEX) y la del Principado suena realmente bien con Zapico, que tiene una visión del barroco tan clara que la transmite a los instrumentistas sin problemas, uniéndose la calidad de todos para alcanzar un resultado encomiable.
Capítulo aparte la Coral de Bilbao que nunca encontró su sitio vocal, inseguros, desafinados por momentos, agilidades poco claras, emisión defectuosa, gritona en exceso y problemas en mantener la pulsación que es el eje vertebrador de este repertorio barroco. Una pena que empañase el resultado notable del resto.
El Magnificat BWV 243 de Bach era el complemento perfecto para esta matinal, con arias para lucimiento de todos los solistas, un Et exultavit primoroso de Eugenia Boix en su timbre aterciopelado contrastando con el brillante de Raquel Lojendio en Quia respexit, Loges impresionando con Quia fecit resonando potente, el Deposuit de Tortise más que digno y sin tiranteces, un Esurientes de Engeltjes muy musical y presente con un delicado acompañamiento orquestal, y destacando el dueto Et misericordia con el tenor y el terceto Suscepit Israel con las sopranos en el número más logrado por parte de todos.
El coro local volvió a dar la de arena, un auténtico jarro de agua fría para esta maravillosa obra en latín de “El Kantor de Leipzig”, pues repitió errores del Dixit aún más graves ante las dificultades de esta partitura. No hubo química ni impacto, faltó seguridad y sólo puedo destacar las ganas de gustar y el esfuerzo que a la vista de los resultados no fue suficiente.
La OSPA nuevamente enorme como grupo y por secciones, trompetas vigorosas desde la precisión y color, maderas pletóricas, especiales con los acompañamientos vocales (en el Quia respexit un placer) y una cuerda que siempre es segura (excelente el cello con el bajo en Quia fecit), plegados a las órdenes de Aarón Zapico siempre atento a las dinámicas contrastantes y los amplios matices que los atriles respondieron “al pie de la letra”.
La orquesta asturiana sigue dejando el pabellón en alto, además con un director también de la tierra para interpretarnos a un Bach que no debería faltar todas las temporadas. Casi sin respiro volverían por la tarde con su titular, pero será otra toma. La mañana resultó agridulce aunque el sabor predominante siga siendo barroco.
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