Lunes 6 de octubre, 20:00 horas. Sala de cámara del Auditorio, Oviedo. Recital “Voz y Verso”: Juan Noval-Moro (tenor), Borja Quiza (barítono), Ángel Cabrera (piano). Obras de Schubert, Schumann, Wolf y Mahler. Organizado por la Asociación Lírica Asturiana “Alfredo Kraus”. Entrada: 10 € (+ 1 € por “tramitación” por TiquExpress).

El Lied es la forma por excelencia que combina canto y piano, voz y verso como titulaba este concierto la asociación presidida por Carlos Abeledo, que sigue apostando por la música de cámara, esta vez con un dúo asturgallego y un pianista manchego sin el que no podríamos concebir un recital donde el piano es tan importante como la propia voz. Añadir el placer de poder seguir la traducción en vivo de los textos en alemán sobre unas fotografías bellísimas de Carlos Briones.

Dejo aquí el programa con anotaciones puntuales sobre la marcha, destacando el trabajo de ambos cantantes, especialmente del poleso por su memoria para todas sus intervenciones, y de nuevo el piano siempre seguro y pendiente de la voz como debe ser siempre y más en un recital con autores históricos en el terreno del lied.

El recital lo comenzaba el barítono gallego nada menos que con Schubert y Gesänge des Harfners, Op. 12, falto de intimismo y exceso de tensión en los agudos así como una musicalidad que no se correspondía con los textos, tal vez buscando una expresión romántica centrada solamente en la parte musical que nunca es suficiente, y más con referencias de grandes que han afrontado estas canciones con palabras de Goethe. Wer sich der Einsamekeit Ergiebt fue el primero de los números con un Quiza aún sin entrar en calor, Wer nie sein Brod mit Thränen ass donde la fuerza canora no encajaba con la dramática, y finalmente An die Thüren will ich schelichen que redundó en lo mismo.

Juan Noval-Moro se enfrentó con Dichterliebe, Op. 48 de Schumann, el “Amor de poeta” con dieciséis “microrrelatos” de Heine llenos de intensidad condensada donde el tenor asturiano hubo de realizar cambios anímicos en breve espacio de tiempo siempre bien ayudado desde el piano: Im wunderschönen Monat Mai de buen clima global pero agudos algo “apretados”, mejor Aus meinen Thränen spriessen y la rápida Die Rose, die Lilie, die Taube con dificultades para captar todo lo que el idioma alemán esconde en esta canción; Wenn ich in deine Augen seh’  lenta y de intimidad conseguida con contrastes bien marcados; Ich will meine Seele tauchen’ siempre traicionera y debiendo cuidar en no descolocar la voz al abrir en vocales; Im Rhein, Im heiligen Strome presentó unos graves oscuros pero logrando todo el  dramatismo de un número subrayado siempre por el piano; el hermoso y conocido Ich grolle nicht personalmente resultó el lied mejor en todos sus aspectos; Und wüssten’s die Blumen sonó ligero y de dinámicas amplias con un piano exigente frente a un Das ist ein Flöten und Geigen de compás ternario demasiado marcado para mi gusto pero bien cantado; más íntimo el décimo número Hör ich das Liedchen klingen, casi a media voz para degustar esos textos siempre dolorosos y casi susurrados, nuevo contraste con la alegría bien transmitida de Ein Jüngling liebt ein Mädchen. Como si cada página fuese convenciéndonos a todos, Am leuchtenden Sommermorgen la escuchamo como “esas mañanas de estío”, recogidas en el canto y nuevamente con un piano perfecto complemento de la voz. Ich hab’ im Traum geweiner conmovió con los silencios subyugantes referidos a la muerte, solamente rotos por el ruido del aire acondicionado que no cejó a lo largo del recital. Allnächtlich im Traume nos trajo algo de luz pese a las lágrimas del texto y esa congoja tan de Schumann, llegando más claridad y ligereza en Aus alten Märchen por parte de tenor y pianista antes de concluir con Die alten bösen Lieder, remate con fuerza en ambos intérpretes y ese delicadísimo  final del piano tras la tempestad anterior. Impresionante la evolución del tenor poleso a lo largo de este ciclo exigente para cualquier intérprete.

Breve descanso para afrontar la Peregrina de Hugo Wolf con el mismo peligro de descolocar o cambiar el color de voz al abrir las vocales de los textos de Mörike, traicioneras siempre, resultando mejor los pianissimi aunque los crescendo peligrasen en homogeneizar registro y color; el segundo número nos mostró unos buenos medios y matización menos exagerada que en el primero, salvo los agudos donde primó emisión sobre emoción en otra demostración de poderío y trabajo por parte de nuestro tenor.

Como si de una lección histórica del “Lied” no podía faltar Gustav Mahler de quien Borja Quiza cambio el orden programado de los Rückert-Lieder, por otra parte algo habitual y buscando cierta regulación anímica que creo resultó positiva aunque no del todo completa: Liebst du um Schönheit, personalmente con excesivo volumen para un texto que no lo exige; Blicke mir nicht in die Lieder mucho mejor sin necesidad de sobreactuar vocalmente y donde el piano es quien recrea y subraya unas palabras que dan mucho juego tanto en la pronunciación como en su significado; Ich atmet’ einen linden Duft! es la respiraciónde esa dulce fragancia donde el barítono comenzó a  centrarse tanto en tema como expresión hasta “abandonar el mundo” de Ich bin der Welt abhanden gekommen, más contenido inicialmente para ir creciendo en dinámicas y jugar con ellas a pesar de una sensación de ligera desafinación o voz fuera de lugar mejorando el final de registro grave y medio para un fortísimo excesivo antes del pianísimo final de las últimas palabras “In meinem Lieben, in meinem Lied” y llegar la medianoche, Um Mitternacht donde nuevamente el barítono de Ortigueira exageró en el agudo rompiendo esa intimidad necesaria como confundiendo intensidad emocional con dinámica, mejor la media voz en toda la tesitura y ese final potente para las palabras finales cargadas de todo el simbolismo que queramos ponerle.

El punto final resultó de nuevo Schumann a dúo con el Blaue Augen hat das Mädchen de las Spanische Lieber-Lieder sobre textos de Juan del Enzina, buen empaste de ambas voces transmitiendo la alegría de los “ojos garzos ha la niñatraducidos al idioma de Schiller que no perdieron emoción en ningún aspecto.

De regalo otra “del mismo precio” si yo fuera un pajarito aunque cantado como Wenn ich ein Vöglein wär realmente hermoso y con buen gusto.

Difícil para todos así como exigente el recital de este lunes que pone en valor lo que supone preparar conciertos de lieder poco agradecidos para los no iniciados y durísimos para los intérpretes. No sirve con leer la partitura, sentirla en un idioma ajeno y extraer la carga emocional de cada palabra, cada párrafo, cada color vocal, sigue siendo asignatura pendiente aunque optativa de muchos jóvenes cantantes actuales. Borja y Juan se han atrevido, aunque la nota no haya sido la misma. El sobresaliente para Ángel, no siempre valorado como la mayoría de los pianistas mal adjetivados acompañantes: ni una obra de las escuchadas tendría la misma carga emocional sin su interpretación cuidada en cada poema hecho música.

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