Jueves 15 de mayo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón. Concierto Extraordinario OSPA “Avanti”, David Lockington (director). L. van Beethoven: Sinfonía nº 5 en do menor, opus 67. Entrada sin numerar: 10€.

Probablemente la obra más conocida mundialmente del sordo genial llegaba en versión didáctica para todas las edades de la mano de nuestra OSPA, con la dirección del principal invitado David Lockington.

Durante media hora los músicos de la orquesta John Falcone y Marta Menghini cambiaron sus instrumentos por el micrófono, perfectos narradores que fueron desgranando historias musicales y tarareando distintos fragmentos de “La Quinta del sordo“, con las ilustraciones sonoras de una orquesta colocada a la vienesa como mandaba la ocasión. Enhorabuena por este proyecto “Avanti” que permitió conocer más y mejor, esta vez el segundo programa con la sinfonía nº 5. Desde el conocimiento que el de Bonn tenía de la Sinfonía 89 de Haydn o el propio Concierto para piano nº 4 (con el inicio solo a cargo de Olga Semoushina) sin olvidar su contemporánea Pastoral. El obsesivo Ludwig para intentar explicar motivos melódicos y rítmicos como generadores de la sinfonía, interviniendo también Juan Ferriol hablando y tocando el solo de oboe del primer movimiento, la segunda melodía que algo tiene en germen para “La Novena“.

El siguiente movimiento presentado con la danza amable del primer tema y paralelamente el segundo comentando el intervalo de tercera y el mismo ritmo con otro tiempo, escuchando el fagot de Mascarell cuyo final recuerda el aria del Fígaro mozartiano que Beethoven seguramente conoció mientras componía su Fidelio. No podía faltar la referencia a las burlas aristocráticas como las del propio Mozart y su Sinfonía 40, inspiradora pero transformada en melodía turbia y misteriosa ejecutada por José Luis Morató.

Curioso hablar de “start-stop” como técnica muy utilizada en esta magna obra para seguir contando el inicio de tercer movimiento, siempre jugando con 3 cortas y 1 larga, hablando Cadenas del Beethoven comprometido con la gente, con el pueblo y admirador en principio de Napoleón, para incidir en el Trío con cello y contrabajo, así como el desarrollo retrasando del Scherzo con los “pizzacati” y la tensión en aumento con ayuda de los timbales de Prentice que nos llevarán al último movimiento. Aquí Christian Brandhofer nos habló de que los trombones aún no habñian tocado nada, tampoco el contrafagot, y es que en este último movimiento será la primera vez que se usen los trombones en la música profana, habiendo estado hasta entonces unidos a la voz en las iglesias y catedrales. La grandeza y el paso de do menor a do mayor, la energía imparable y las relaciones amorosas impetuosas de Beethoven, sus continuas mudanzas (37 pisos contaban como anécdota) así como las enfermedades conocidas, el intento de suicidio componiendo “La Segunda“… Cuánto aprendimos con estos comentarios, recordando las enciclopedias por fascículos que nos empapaban cada semana puntualmente de detalles e historias de la música, gotas de esencia suficientes para preparar la escucha antes de ahondar en las profundidades. Perfecta guía de audición para concluir con la explosión de ideas, el motivo lento, luego muy rápido, para seguir la repetición obsesiva, creando un estado de ánimo para un mundo nuevo de misterios, luces y sombras, natural y sobrenatural, la filosofía moral leyendo a E.T.A. Hoffmann lo escrito tras escuchar “La Quinta“, ese final explorando emociones, explosiones y silencios suspendidos, ¡esto es música! que corearon a unísono John y Marta.

La obra completa, sin pausas, llegó a continuación. La elegancia del maestro Lockington, su claridad expositiva, los contrastes dinámicos, los tempi metronómicos aunque Beethoven los azotase a la mínima, el rigor en la dirección, no tuvieron del todo la respuesta esperada por parte de los músicos en un programa que buscaba la esencia como el perfume francés también nº 5. A menudo las obras conocidas relajan la atención y puede dar lugar a desajustes como los percibidos en la ejecución.

El Allegro con brio inicial mostró dudas pese a la claridad del gesto del maestro británico, mejor la dinámica que los ataques aunque la cuerda fue calentando unos motores que el viento ya tenía en su punto. El Andante con moto resultó lírico y muy contrastante, jugando con toda la riqueza de matices y texturas, ingredientes que iban logrando los primeros aromas. Por fin el Scherzo Allegro sacó al alquimista que es Lockington para con las proporciones exactas de cada ingrediente instrumental conseguir la esencia, un tercer movimiento realmente exquisito, especialmente el duo de trompas empastado a la perfección, antes de verter las gotas para la explosión del Allegro. Presto, exigente en todas las familias, con la pizca algo opaca del flautín, tal vez el miedo a exceder la cantidad sonora pero dejando mezclar con cada piel para conseguir del mismo perfume distinta presencia, con velocidad suficiente sin exagerar, nuevamente buscando alcanzar detalles que los excesos dejarían imprecisos.

Sobresaliente el trabajo del director afincado en Estados Unidos para conseguir un notable perfume de los que tardan en perder aroma. Varios músicos charlaron en el hall del teatro una vez acabado el concierto con quien a ellos se acercó, sumándome a la tertulia final.

En Oviedo disfrutarán del mismo frasco porque una vez abierto todavía perdura la esencia.

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