Lunes 17 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Bach Collegium Japan, Joanne Lunn (soprano), Clint van der Linde (alto), Gerd Türk (tenor), Peter Kooji (bajo), Masaaki Suzuki (director). Obras de J. S Bach.

No cansaré nunca de “Bach, Mein Gott”, del que escucharemos también en este mismo auditorio sus dos pasiones. Atrás han quedado las interpretaciones románticas de grandes formaciones para volver a los orígenes en Leipzig, algo que el maestro Suzuki y su “colegio” llevan por el libro. Tres cantatas y una misa donde los cuatro solistas invitados se integraron en el coro, dando el paso al frente cuando correspondía, más una formación instrumental de primera para gozar sin pecado de la palabra de Dios, textos originales y traducidos en el programa, con la música del Kantor desde un conocimiento directorial que transmite a intérpretes y aficionados.

Las notas de la profesora Miriam Perandones se titulaban con palabras del propio Johann Sebastian: “La música nos ha sido ordenada por el espíritu de Dios” que podemos parafrasear cambiando por “el espíritu de Bach” que flotó en el auditorio cual templo luterano en Cuaresma.

Primera parte con la Cantata Alles nur nachGottes Willen, BWV 72 (Todo sea según la voluntad de Dios) desde la oscura introspección, donde los solistas estuvieron desiguales, despuntando algo más la soprano inglesa (bien en estos repertorios) que el contratenor sudafricano, al que en su anterior visita a Oviedo hace cinco años achaqué los mismos problemas de poco volumen en el registro grave, así como un color característico de ese registro alto menos frecuente que los contratenores más sopranistas pero cercano al original del Leipzig bachiano. El coro siempre perfecto de color, empaste y afinación, equilibrio exacto con los instrumentos.

Para la Cantata Mit Fried und Freud ichfahr dahin, BWV 125 (En paz y alegría me iré) pudimos disfrutar de la flauta (con Kyomi Suga) que también dominase el Kantor, y donde los solistas vocales masculinos resultaron más coristas de lujo que propiamente figuras, más en el dúo acompañados por los dos violines solistas (Terakado y Yamaguchi), cello (Balssa) y órgano (Masato Suzuki), pues de intimismo volvieron a quedar algo oscuros en los graves con un texto que habla de la luz que llena toda la tierra con poderosas palabras que resonaron más bien poco. El recitativo anterior contó con el barítono más que bajo (no hay coro tal y como figuraba en el programa) encareciendo una cuerda auténticamente en crisis, salvo honrosas excepciones, pero más en la música sacra que en escena. El alto al menos se portó en su aria y recitativo antes de volver a disfrutar del coral final “Él es la salvación…” antes de la pausa (descanso no eterno).

La Cantata Bekennen will ich seinen Namen, BWV 200 (Proclamaré mi fe en su nombre) nos cambió en el órgano al Suzuki Masato por el maestro Suzuki Massaki, con los dos violines y el cello acompañando el aria del alto, auténtico acto de fe que resultó más luminoso pese a la precariedad de medios utilizada por Bach pero perfecto preámbulo para la Misa luterana en Sol mayor
BWV 236
, breve por utilizar solamente el Kyrie y el Gloria pero donde el griego primero y el latín después consiguen contagiar la musicalidad eterna del texto a un compositor cercano a Dios. El coro siempre perfecto, el aria de bajo (Te damos gracias) con cuerda y continuo mejor que en las cantatas, pletórico el duetto soprano-alto del “Domine Deus” con el acompañamiento de cuerda, órgano y (contra)fagot, aceptable el aria del tenor con continuo y oboe para tocar el cielo coral “con el Espíritu Santo en la gloria de Dios-Bach” por siempre Amén.

Felicidad venida de Japón con refuerzos internacionales para esta música universal en un concierto del espíritu capaz de acallar “tisis y toses” aunque la hora actúe cual resorte en ciertas posaderas de mal asiento. Desconozco si el “padre Bach” lo perdonará eternamente…

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