Lunes 3 de junio, 20:00 horas. Salón de Actos de la Casa de la Música, Mieres: Daniel Jaime Pérez (violín), Teresa Pérez Hernández (piano). Obras de Franck, Sarasate y Sibelius.

Dos artistas que ya pasaron por el escenario de nuestro conservatorio local (el mismo al que han vuelto a denegar la categoría de Profesional) de una familia muy musical y querida allá donde van. Daniel Jaime nos visitó con su padre hace tres años, y esta vez con su madre Teresa Pérez, también protagonista hace poco más de un mes de este año celebración de las Bodas de Plata de nuestro Conser. Hablar de Mayte al piano siempre es un placer y escucharla un lujo, máxime compartiendo escenario con su hijo, no ya acompañarle porque la música es el primer lenguaje de esta familia y se nota. El magisterio en esa joya de Franck, el plano perfecto para acompañar Sarasate más el siempre sacrificado papel orquestal “reducido” de Sibelius que mamá engrandeció.

Y supongo que todos me permitan centrarme en este violinista nacido en 1991 que sigue creciendo como intérprete cada vez más, desde el sacrificio que conlleva un instrumento como el elegido aunque tenga todo el apoyo, comprensión y sabios consejos de su familia. Como añadido personal, alegría de haber elegido ese camino cuando a menudo puede resultar lo contrario: odiado sino aparcado como mera afición, esta vez adicción permitida y agradecida.

Daniel Jaime Pérez, con un violín de 2011 construido por el luthier catalán David Bagué, eligió un programa difícil en el que volcó no ya una técnica que sigue mejorando a pasos agigantados, o sonoridades amplias, sino también la musicalidad innata, genética diría yo, que marca la diferencia entre un músico y un artista.

La Sonata en la mayor para violín y piano de César Franck la han bautizado como “una de las joyas más valiosas dentro de la música de cámara”, la base de todos, intérpretes y público, hoy músicos en ciernes, docentes pero también aficionados a la buena música. Cuando dos artistas se entienden en el planteamiento resulta joya total, no ya de la composición sino de la interpretación: el Allegretto ben moderato tiene un piano redondo, poderoso, un violín carnoso y bello líricamente, formando un dúo para paladear, como así fue. El Allegro resultó vehemente y y vigoroso, madurez de un Daniel Jaime tan inspirado como el propio movimiento del compositor belga afincado en Francia, jugando con los claroscuros temáticos siempre bien secundado por Teresa Pérez, coprotagonista hasta la doble barra final. El Recitativo-Fantasía volvió a deleitar con emociones cálidas, tranquilas y a la vez apasionadas, cuerpo sonoro y visión juvenil. El Allegretto poco mosso, considerado lo mejor de esta conocida sonata, realmente hermoso, resultó rico y denso como su textura, sonoridades ampias y brillantes en ambos intérpretes que nos dejaron una excelente versión, próximamente “subida a la nube” por Roberto Serrano, como nos tiene acostumbrados este curso que está llegando lentamente a su final.

Sarasate es un hito para lo que entendemos como virtuosismo violinístico pero más allá de la endiablada técnica que exige, la musicalidad de su Habanera, Op. 21 nº 2 irradia desde el inicio. Las dificultades se superan con mucho trabajo pero el sabor musical parece genético y así apostó el dúo familiar, protagonismo del violín con todo el apoyo del piano en esta partitura del pamplonés más universal.

Por si la dureza exigida hasta el momento no fuese alta, el “Allegro moderato” del Concierto para violín y orquesta en re menor, Op. 47 de Sibelius es de sobresaliente para ambos. Las madres siempre se sacrifican por sus hijos, esta vez literal y musicalmente por tener que sacar del piano toda la compleja orquesta diseñada por el finlandés para arropar esta enorme partitura de la literatura violinísitica. Como público y también docente es un orgullo comprobar el avance de los jóvenes y los logros en tres años que son en estas edades un auténtico paso adelante o toque de calidad.

Daniel Jaime Pérez puede presumir no ya de madre sino de tener la orquesta en casa. Espero poder escucharlo completo porque el despliegue emocional y técnico mostrado con Sibelius apunta alto.

Todavía hubo tiempo de disfrutar el “Adagio” del Concierto de violín nº 3 de Mozart, siempre traicionero por la engañosa dificultad, que tras las tenebrosas sombras finlandesas trajo la alegría vienesa de una velada familiar con altas cotas musicales.

¡Gracias familia!