Viernes 13 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo. Concierto de abono nº 9: OSPA, Patricia Kopatchinskaja (violín), Rossen Gergov (director). Obras de Berthold Goldschmidt, Bernstein y Schubert.

El cabreo al descanso era casi superior al goce de un concierto que resultó redondo desde la Conferencia previa sobre el Schubert desconocido a cargo del pianista y musicólogo mexicano Rogelio Álvarez Meneses (autor de las notas al programa) hasta la última nota de “La Trágica”, y escribir en caliente me llevó directo al teléfono. Ahora, más reposado y desde casa intentaré contar el placer de la madurez bien entendida, pues la maleducada de toses, móviles, comentarios en voz baja, aperturas de bolsos rebuscando caramelos y demás colección de ruidos que impiden disfrutar un placer inigualable como es la música en directo, no tiene explicación a estas alturas de mi vida.

Mi admirado Rogelio dejó en el aire interrogantes sobre lo poco programadas o conocidas que resultan, incluso a los melómanos recalcitrantes, muchas obras de los grandes, y Schubert (1) es uno de ellos, resaltando lo arriesgado unido a la excelencia del programa a escuchar, lo que corroboro punto por punto.

El compatriota y tocayo de nuestro fichaje Milanov, Rossen Gergov fue la primera alegría de un viernes pasado por agua haciendo bueno el refrán abrileño del aguas mil. Escuchar por primera vez la Chacona sinfónica (1936) de B. Goldschmidt (1903-1996) en una OSPA tan madura y cohexionada otra delicia para el oído. La sonoridad para esta obra plena ha quedado en los archivos de Radio Clásica esperando la emitan para recrearla desde el Allegro inicial hasta la Giga siendo el Andante sostenuto central de una melancolía total que lució en todas las secciones rotunda, convincente y con una dirección que mostró una mano izquierda soberbia en el amplio sentido de la palabra.

La llegada de “la condesa descalza” sería el cénit del día aunque nuevamente el dicho se cumpliese (“Hoy hace un día hermoso… verás como llega álguien y lo jode”). La Kopatchinskaja nunca deja indiferente y en vivo resultó impactante en ese banquete musical que es la Serenata para violín y orquesta de cuerda de Bernstein. Desde el Phaedrus – Pausanias los pelos se me pusieron de punta, con la cuerda asturiana nuevamente preñada de gusto e inspiración (no ya un felicitadísimo Atapin siempre artista, como Vasiliev, sino un Alama de principal exquisito), Miriam al arpa incluída, perfectamente respaldada por la excelencia de una percusión para la que Lenny escribió como nadie (2). Gergov dio una lección de concertar, tratando a la solista como se debe y sacando de la orquesta unas sonoridades nuevas. Claro que Patricia enamora con su violín, el color de cada cuerda, su técnica al servicio de la música más una pasión contagiosa capaz de llevarnos por una montaña rusa de sentimientos. Sustrayéndome al odioso acompañamiento del maduro coro insano, el Erixymathus parecía un clímax imposible de mejorar y faltaba Agathon más esa “borrachera” de Sócrates – Alcibíades sustitutiva del “cigarrilo de después”.

Éxtasis tras la pasión y dos propinas increíbles como las chanclas plateadas azotadas en un rincón de la alfombra: el humor hecho arte de Crin, del compositor venezolano actual Jorge Sánchez Chiong (1969), hijo de cubano y china, más un Enescu del que ella saca fuegos artificiales y que un teléfono abortó cual coitus interruptus retomado en segundos para el final de apoteosis compartida. El puro lo fumé bajo el “orbayu” del descanso regodeándome en ese placer mezclado con dolor cual nuevo enamoramiento de La Kopatchinskaja.

Si la primera parte apostó por lo nuevo y menos conocido, la segunda en formación totalmente adaptada al Schubert de la Sinfonía nº 4 en Do m., D. 417 “Trágica” recuperaba ese mundo sinfónico con el que mi generación ha crecido de la siempre adorada Viena capital de la música. El dominio del joven maestro búlgaro se transmitió en los cuatro movimientos a una orquesta madura -todos los solistas dieron lo mejor de ellos- capaz de vestir tejanos y galas con más clase que parte del otro público maduro (“trágica” su actitud repetitiva en cada concierto junto a la prisa por abandonar las butacas). Nueva lección de buen gusto interpretativo sólo al alcance de los años de convivencia que toda pareja desea. OSPA y Gergov resultaron envidiables, ímpetu juvenil y poso de sabiduría descubriéndonos cada día la belleza que nunca desaparece cuando sabemos comprenderla.

(1)  Tomo una frase de Rogelio: si el buen gusto tuviese nombre, sería el de Schubert.
 (2) Y otra del gran Bernstein: La música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido.

P. D. 1: Disfrutar con la entrevista de OSPA TV a Patricia, que también enamora cuando habla…

P. D. 2: Crítica de Ramón Avello en la edición papel de El Comercio de Gijón recogida en el Facebook© de la OSPA.

P. D. 3: Genial Pepe Monteserín sobre “Crin” en LNE.

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